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La naranja mecánica exprimida de nuevo Publiqué la novela A Clockwork Orange en 1962, lapso que debería haber bastado para borrarla de la memoria literaria del mundo. Sin embargo se resiste a ser borrada, y de esto la versión cinematográfica de Stanley Kubrick es la principal responsable. De


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 LA NARANJA MECÁNICA Antny Burg Ir al íi
IICE Digitazi Datos editorial Contrartada (Texto) Introi Glorio Primera parte 1.1 1.2 1.3 1.4 1.5 1.6 1.7 Seda parte 2.1 2.2 2.3 2.4 2.5 2.6 2.7 Terra parte 3.1 3.2 3.3 3.4 3.5 3.6 3.7
DIGITALIZACIÓN ________________________________________ EscaneoOCR y revisin: 3DQFK'UDNH Buenos Aires, invierno de 2002 ________________________________________ Copia para uso persona Prohibida su distribucin con fines comercial. (*) Ca término de la jerga "nadsat" ha sido vinculado digitalmente a su significado en espal, estlecido en el glosario; tales vínculos no han sido destacados, para mantener el formato original.
DATOS EDITIAS Título original A Clockwork Orange Traduión de Aníbal Leal «Capítulo vein» e «Intrcción» Traduión de Ana Quijada Prera edici: enero de Reimpresiones: , , 1988, ,1996 Segunda edici: viembre de Terra edici: octre de Prera represi: jio de Segunda reimpresi: marzo de Terra reimpresi: marzo de @ Anty Burgess, @ Edicies Mitauro, 6 Rambla de Catalya, 08007 Barcelona Fax: 93487 1849 Impreso por Romanya/Valls Verdaguer, 1. Capellades (Barla) ISBN: -450-7302-8 Depóso legal: B. .442-2001 Impreso en España Printed in Spain
CONTRAPORTADA (Tto) ANTHONY BURGESS (19-19) ha erito música de cámara y algus obras ra orqsta, y ha plicado entre otros libros un ensayo sobre Joyce, un panorama de la ficción contempor, y varias velas: Inside Mr. Enrby, Nothing Like the Sun, The Wting Seed, Trémula intención, Pores teeles. La naranja menica cnta la historia del nadsat-adolescente Alex y sus tres dros-amis en un mundo de crldad y destrucci. Alex tie, ha erito Burge, "los principales atributos humos; amor a la agresión, amor al lenguaje y amor a la belleza. Pero es joven y no ha entendido n la verdera importancia de la libertad, la que disfruta de un modo tan violento. En cierto sentido vive en el Ed, y sólo cuacae (como en verdad le ocue, desde una venta) parece caz de ller a transformarse en un verdadero ser huma". "Uno de los pocos broque he sido capaz de leer en los últimos años". WILLIAM BURROUGHS
INTRODIÓN La naranja mecánica exprimida de nuevo Pubqué la novela A Clockwork Orange en 1962, lso que debería haber basto para boarle la memoria literaria del mundo. Sin embargo se resiste a ser a, y de esto la versin cinematrfica de Stanley Kubrick es la principal respsable. De bua na la rudiaría por diferentes razos, pero eso no est permitido. Recibo cartas de estudiantes que tratan de eribir tesis sre la novela, o peticiones de dramaturgos japesepara convertirla en una suerte de obra de teatro n. Así ps, es altamente prable e sobreviva, mientras que otras obras mías que valoro ms muern el polvo. Esta no es una experiencia inusual ra los artistas. Rachminoff solía lamentarse de que se le conociera principalmente por un Preludio en Do menor sostenido que compuso en la olecia, mientras que sus ras de madurez no entran nca en los prramas. Los nis afilan sus dientes piísticos en un Minueto en Sol que Beethoven compuso slo para poder detestarlo. Tendré e seguir vivido con La naranja menica, y eso significa que me liga a ella un cierto deber de autor. Tgo un der muy escial hacia ea en los Estados Unidos, y ser mejor e explique en qué consiste. Exporé la situacin sin rodeos. La naranja menica nunca ha sido publicada completa en Norteamérica. El libro que eribí est dividido en tres partes de siete capítulos ca u. Recua a su calculadora de bolslo y ubrir que eso hace un total de veintin capítulos. 21 es el símbolo de la marez humana, o lo era, puesto que a los 21 tías recho a votar y asumías las responsabilides de un ulto. Fuera cual fse su simbología, el caso es que 21 fue el nmero con el e empecé. A los novelistas de mi crda les interesa la llamada numerología, es decir que los nmeros tien que significar algo para los humanos cuao éstos los utilizan. El nmero de culos nunca es del todo arbitrario. Del mismo modo que un compositor musical trabaja a partir de una vaga imagen de magnitud y duracin, el novelista parte con una imade extensin, y esa imen se expresa en el nmero de partes y culos en los e se disndr la obra. Esos veintin capítulos eran importantes para mí. Pero no lo eran para mi editor de Nueva York. El bro que public slo tenía veinte capítulos. Insisti en eliminar el veintiu. Naturalmente, yo día haberme oesty llevar mi bro a otra rte, pero se consideraba que él esta siendo caritativo al aceptar mi trajo y e cualquier otro editor de Nueva York o Boston rechazaría el marito sicontemplacios. En 1961 necesitaba dinero, aun la miseria que me ofrecían como anticipo, y si la coiciara que aceptasen el libro significaba también su truncamito, que así fra. Por tanto hay una profunda diferencia entre La narja mecánica que es conocida en Gran Bretaña y el volumen algo ms deldo que evl mismo título en los Estos Unis de América. Sigamos elante. El resto del mdo recibi sus ejemplares a través de Gran Bretaña, y r eso la mayoría de las versies (ciertamente las traies francesa, italia, rusa, hebrea, rumana y alemana) tienen los veintin capítulos originales. Ahora bi, cuao Stanley Kubrick rod su película, nque lo hizo en Inglatea, sigui la versin norteamericana, y al blico fuera de los EstaUnidos le pareci que la historia acaba algo prematuramente. No es que los espectareexigieran la devolucin de su diro, ro se preguntaban r é Kubrick hía suprimido el deslace. Mucs me escribieron a propsito de eso; la verdad es que me he pasado buena parte de mi vida haciendo claraciones xerrficas, de intencin y de frustracin de intenci, mitras
que Kubrick y mi editor de Nueva York zaban trauilamentde la recompensa por su mala conducta. La vida, r supsto, es teible. ¿Ou ocua en ese visimprimer capulo? Ahora tienen la ortunidade averiguarlo. En resumen, mi joven criminal protanista crece unos as. La violcia acaba por uirlo y recoce que es mejor emplla energa humana en la creacin que en la destruin. La violencia sin sentido es una preativa de la juventud; rosa energa pero le falta talento constructivo. Su dinamismo se ve forzo a manifestarse destrozdo cabinas telefnicas, aildo trenes, robdo coches y lgo estrelldolos y, por supsto, en la mucho ms satisfactoria actividad de destruir seres humos. Sin embargo, lla un momento en que la violencia se convierte en algo juvenil y uido. Es la rliclos estpis y los igrantes. Mi joven rufin site de prto, como una revelacin, la necesidad de hacer algo en la vida, casarse, engdrar hijos, mantener la naranja del muo giraen las rucas de Bogo, o mos de Dios, y izs incluso crear al, msica por ejemplo. Desps de tMozart y Mendelohn compusieron una msica celestial en la adolesccia o nadsat, mientras e lo nico que haca mi hroe era rasrecear y el viejo unods-unsEs con una especie de vergnza que este joven est creciendo mira ese pasado de destruin. Desea ufuturo distinto. En el vigsimo captulo no hay nin indicio de este cambio. El chico es condiciono y lgo dedicionado y contempla con jbilo la recuperacin de una voltad libre y violenta. «S, yo ya estaba curad, dice, y as ccluyen el libro norteamericano y la pelcula. El captulo veintiuno concede a la novela una cuadade ficcin genuina, un arte asentado sobre el principio de los seres manos cambi. De cho, no tiene demasiado stido eribir una novela a menos e eda mostrarse la posibidad de una transformacin moral o un aumento de sabidura que opera en el persaje o rsonajeprincipales. Incluso los malos stseermuestran a la gente cambiando. Cndo una obra de fiino consigue mostrar el cambio, cudo slo muestra el carcter humano como algo rgi, ptreoimnitente, abdona el campo de la novela y entra en la fula o la alegora. La Narja norteamericana o de Kubrick es una fbula; la britnica o mundial es a novela. Pero mi editor de Nueva York vea mi vigsimo primer captulo como una traicin. Era muy britico, blany mostraba una renuencia pelagiana a aceptar que el ser humo poda ser un modelo de maldad impenitente. Vena a decir que los norteamericanos eran ms fuertes que los britnicos y no teman enfrentarse a la realidad. Pronto se veran enfrentados a en Vietnam. Mi libro era kennediano y aceptaba la nocin de progreso moral. Lo que en readad se erera un libro nixoniano sin un hilo de optimismo. Dejemos que la maldad se pavonee en la pgina y hasta la ltima lnea y se ra de todas las crnciaheredas, juda, cristiamusulmana o cualquier otra, y de que los humanos eden er a ser mejores. Un libro as sera sensacial, y lo es. Pero no creo que sea una imagen justa de la vida humana. Y no lo creo porque, por definicin, el ser humano est dotde libre albedro, y pue elegir entre el bien y el mal. Si slo puede actuar bien o slo puede actr mal, no ser ms que una naranja mecnica, lo que quiere decir que en arienciser un hermoso organismo con color y zumo, pero de hecho no ser ms que un juguete mecnico al que Dios o el Diablo (o el Topoderoso Esta, ya que est sustituynlos a los dos) le rn cuerda. Es tan inmano ser totalmente bueno como totalmente malvoLo importante es la eleccin moral. La maldad tiene que existir junto a la bondad para que eda darse esa elein moral. La vida se sostiene gracias a la encoda
oposicin de entides morales. De eso hablan los ticiarios televisivos. Desgraciadamente hay en nosotros tto pecado original que el mal s parece atractivo. Destruir es ms fcil y mucho ms espectacular que crear. Nos gusta morirnos de miedo ante visies de struin csmica. Sentarse en una habitacin oury comner la Missa Solemnis o la Anatomía de la melancolía no da pie a titulares ni a flashes informativos. Desgraciamente mi quo libelo atrajo a muchos rque despeda los miasmas del cado original como un cartn de huevos podris. Parece mojigato e ienuo negar e mi intencin al eribir la novela era eitar las peores inclicionede mis lectores. Mi salable rencia de pecado original se exterioriza en el bro y disfruto violando y destruyendo por deres. Es la cobarda innata del novelista, que delega en personajes imaginarios los cadoque l tiene la prudcia de no cometer. Pero el libro tambin guarda una lein moral, la tradicional repeticin de la importancia de la elein moral. Es precisamente el cho de que esa lein destaca tto la que me hace menospreciar a veces La naranja mecánica como una obra demasiado didctica para ser arstica. No es misin del vesta predicar, sino mostrar. Yo he mostrado suficiente, nque a veces lo oculta la cortina de un idioma inventa; otro aspecto de mi carda. El dsat, una versin rusificada del ingls, fue concebido para amortiguar la cruda respuesta se espera de la pornografa. Convierte el libro en una aventura linstica. La gente prefiere la pelcula porque el lguaje los asusta, y con razn. No creo tener que recorr a los lectores el significado del tulo. Las naranjas mecnicas no existen, eto en el bla de los viejos londinenses. La imagen era extraa, siempre aplicada a cosas extras. «Ser ms raro que una naranja mecnica» quiere cir e se es extrao sta el lmite de lo extrao. En sus orne«raro» [eer] no notabmosexualidad, aque «raro» era tambin el mbre que se daba a un miembro de la fraternid inverti. Los ropeoe trajeroel tulo como Arancia a Orologeria o Orge Mécanique no alcanzan a comprenr su resonancia cockney y alno pens e se refera a una granada de mano, una pia explosiva ms barata. Yo la uso para referirme a la aplicacin de una moradad mecnica a un orgismo vivo que rebosa de jugo y dulzura. Los lectores del captulo veintiuno deben decidir por s mismos si mejora el bro qupresumiblemte conocen o realmente se trata de un miembro preiible. Mi intencin era que el libro concluyese de esta mera, pero tal vez mi juicio esttico no era coecto. Los escritores raras veces son sus mejores crticos, y tamco son cricos. Qd ripsi scripsi, dijo Poncio Pilatos cndo hizo a Jesucristo rey de los judos. «Lo que he erito, escrito est». Pomos destruir lo que hemos escrito, pero no podemos boarlo. Con lo que el ctor Jnson amaba fra indiferencia expondr lo erital juicio de ese 0,000001 de la poblacin norteamericana al que le importan esas cuesties. Coman esta porcin dulce o ela. Son libres. ANTHONY BURG Noviembre de 16 _____________________________ NOTA DEL EDITOR La traduccin casteana de A Clockwork Oraitauro, Barcela76) es la versin completa de la edicin inglesa lida en 2 r Pein Books Ltd, Hasworth, Milex, Eland, y que no incluye el "pítulo 21".
PRIMERA PARTE 1 -¿Y ara qu pasa, eh? Estbamos yo, Alex, y mis tres drus, Pete, Georgie y el Lerdo, que realmte era ler, sentas en el bar lcteo Korova, exprimindos los rasuques y decidiendo qu podramos hacer esa noche, en un invierno ouro, helado y stardo aunque seco. El bar lcteo Korova era un mesto doe servan leche-plus, y quizs ustes, oh hermas mos, n olvidado cmo eran esos mestos, es las cosas cambian tan scoo en estos dasy todos olvidan tan rpido, aparte de que tampoco se leen mucho los diarios. Bue, all vendan leche con algo ms. No tenan permiso para veer alcol, pero en ese tiempo no haba ninguna ley que prohibiese las nuevas vesches que acostumbraban meter en el viejo moloco, de modo que se poda pitearlo con velocet o synthemesco o drencrom o una o dos vesches ms que te dan unos buenos, tranilos y joroschs quince minutos admirando a Bogo y el Coro Celestial de Angeles y Santos en el zapato izquier, mientras las luces te estaabaen el mosco. O podas pitear leche con cuchlos como decamos, e te avivaba y preraba para una piojosa una-menos-veinte, y eso era lo que estbamos pitedo la noche que empieza mi historia. Tamos los bolsioede deo, de modo que no haba verdadera necesidad de crastar un poco ms, de tolchocar a algn anciano cheloveco en un callejn, y vidrlo nando en sangre mientras contbamos el botn y lo dividamos r ctro, ni de hacernos los ultraviolentos con alguna ptitsa temblue, staia y canosa en una tienda, y salir smecao con las tripas de la caja. Pero como se dice, el dinero no es to en la vida. Los ctro estamos vestis a la ltima ma, que en esos tiempos era un par de pantalones de malla negra muy ajusta, y el viejo molde de la jalea, como le decamos entonces, bien apretado a la entrepierna, bajo la nalga, cosa de protegerlo, y ams con una especie de dibujo que se poda videar bastte bien si le daba cierta luz; el mo era una ara, Pete tena una ruca (es decir, una mano), Georgie una flor muy vistosa y el pobre y viejo Lerdo una cosa bastante fiera con un litso (quiero decir, a cara) de payaso, pore el Lerdo no tena mucha idea de las cosas y era sin la ms mnima duda el ms obtuso de los ctro. Adems, llevamos chuetaortas y ajustadas a la cintura, sin solapas, con esos mbros muy abultados (les decamos plechos) que eran una especie de parodia de los verdaros hombros anchos. Adems, hermas mos, usmos esas corbatas de un blanco sucio que parecan de pur o cartfilos lastados, como si les bieran hecho una especie de dibujo con el tedor. Llevamos el pelo no demasiado largo, y calzmos botas joroschs ra patear. -¿Y ara qu pasa, eh?
Haba tres dchcas juntas frente al mostrar, pero nosotros ramos cuatro mlchicos, y en general licamos lo de uno para todos y tos para uno. s pollitas tambin estaban vestidas a la ltima moda, con pelucas rpuras, verdes y aranjadas en las golovs, y calculo que cada una les bra costo por lo menos tres o cuatro semas de salario, y un maquiaje ciendo juego (arcoiris alredor de los glasos y la rota pintada muy ancha). Llevan vestidos largos y negros muy derechos, y en la parte de los grus peainsignias plateaon los nombres de distintos mlchicos. Joe, Mike y otros por el estilo. Seramente los nombres de los difertes mlchicos con los que se haban toqteadantes de los catorce. Miran para nstro lado, y estuve a punto de decir (por supsto, torcieo la rota) e saliramos a polear un poco, jando solo al pobre y viejo Lerdo. Sera suficiente cuperarle un demi-Iitre de blanco, auue esta vez con algo de synthemesco; pero la verdad es e no habra sido jgo limpio. El Lerdo era muy fiero y tal cual su mbre, ro un peleador de la gran siete, de veras jorosch y un as de la bota. -¿Y ara qu pasa, eh? El cheloveco que estaba sentado a mi lado -pore haba esos asientos lars, de felpa, gados a las tres paredes- tena una expresin perdida, con los glasos vidriosos masculldo slovos, como «De las inspidas obras de Aristteles, que producen ciclmenes, brotan elegantes formanineros». Por suesto, estaba en otro mundo, en rbita, y yo saba cmera eso, porque lo ha probado como todos los dems, pero en ese momento me se a pensar, oh hermanos, que era una vesche stante cobar. Te estabas ah dess de beber el moloco, y se te ocua el meselo de que las cosas de alredor rtenecan al paso. Todo lo vidbas clarsimo -las mesas, el estreo, las luces, las niy los mlchicos- pero era como una vesche que sola estar a y ya no estaba. Y te quebas hiotizado r la bota, o el zato o la ua de un dedo, sen el caso, y al mismo tiempo era como si te aaral uezo y te sacudieran igual que a un gato. Te sacudan sin rar sta vaciarte. Perdas el nombre y el cuerpo, y te perdas t mismo, y esrabas hasta que la bota o la ua del dedo se te ponan amarillas. cada vez ms amarlas. Despslas luces comenzan a restallar como tomos, y la bota o la ua del de, o quizs a mota de polvo en los fuillode los ptalonee convertan en un mesto erme, grasimo, ms grande que el mdo, y ya te iban a prestar al viejo Bogo o Dios, y entonces to cclua. Gimotndo volvas al preste, con la rota prarada para llorar a grito pelado. To muy lin, pero muy cobarde. No hemos venido a esta tierra para estar en contacto con Dios. Esas cosas pden liquidar ta la fuerza y la bdad de un cheloveco. -¿Y ara qu pasa, eh? El estreo funciona, y uno se ca la idea de que la golosa del ctante volaba de una punta a la otra del bar, remontaba hasta el techo y volva a caer y zumba de pared a pared. Era Berti Lai aulldo una antigualla realmente staia que se llamaba Me levantas la pintura. Una de las tres ptitsas del mostrador, la de la peluca verde, entraba y sacaba la baial coms de lo que amaban msica. St que los cuchlos del viejo moloco empezan a punzar, y que ya estaba prarado para un poco de la una-menos-veinte. Entonces grit: -iFuera fuera fuera fuera! -y al veco e estaba sentado junto a m, en su propio mundo, le largu un alarido jorosch en el uco o la oreja, ro l no lo oy y sigui con su «Quincaa telefnica y la farapse pone rataplanplanplan». Se sentira perfecto cuando volviera, jando de las alturas. -¿Adde vamos? -dijo Georgie.
-A caminar un poco -le contest- y a viar qu pasa, oh hermanitos mos. As que nos largamos a la gran noche invernal y dedimos por el bulevar Margnita, y lgo doblamos trando en la avenida Boothby, y all encontramos justo lo que bubamos, una broma malca para empezar la noche. Era un veco tipo mstro de euela, staio y tembleque, con antjos y la rota ierta al fro aire de la naito. Llevaba unos libros bajo el brazo y un paraguas rado y daba vuelta a la esquina vinido de la biblio plica, frecuentada por no muchos lios en esos tiempos. Despus del anochecer no se vean demasiados tipos l viejo estilo burgs, por la easez de poca y por sotros los magnicoy jves mlchicos que rondbamos, y este cheloveco de tipo profesoral era el nico que caminen toda la cae. As e gulamos hacia l y le dijimos muy corteses: -Disculpermano. Pareca un malco puglio cndo nos vide a los cuatro, que nos acercmos tan seres, corteses y sonrientes, pero dijo: -¿S? ¿Qu pasa? -con una golosa muy alta, de maestro de euela, como si intentara demostramos que no era un puglio. Le dije: -Veo e llevas obrobajo el brazo, hermano. Rlmente, es un placer raro en estos tiemtrezar con alguien que todava lee, hermo. -Oh -dijo, to itado-. ¿De veras? Ah, compreo. -Y sigui mirndos, y se enctraba en medio de un grmuy sonriente y corts. -S -a-. Me interesara mucho, herma, que tuvieras la amabidde dejarme ver qu son esos libros que evas bajo el brazo. Un libro bueno y limpio, herma, es la cosa ms linda del mun. -Limpio -repiti-. Limpio, ¿eh? -Y entonces Pete le scvate los tres libros y verderamente scoo los distribuy entre nosotros. Como eran tres, todos menos el Lerdo tenamos uno para vidr. El mo se llamaba Cristalograa elemental, as que lo abr y dije:- Excelente, rlmente de primera -mientras volva las ginas. Entonces exclam, con la golosa muy eaaza-: Pero, ¿ es esto? ¿Qu significa este sucio slovo? Me ruborizo de ver esta palabra. Me decepcionas, hermano, de veras te lo di. -Pero -quiso replicar-, pero, ro... -Aqu -dijo Georgie- hay algo que me rece una verdadera porquera. Aveo un slovo e empieza con p y otro con c. -Ta un libro llamado El milro del copo de nieve. -Oh -dijo el pre rdo, smotando sobre el hombro de Pete, y como siempre se le f la mano- y a y aqu dice lo que l le hizo a ella, con foto y to. Pero si no eres ms que un carcamal relsivo de mente podrida. -Un viejo como t, hermano -dije, y emc a destrozar el libro que me haba tocado, y los otros hicieron lo propio con los suyos, el Lerdo y Pete a los tirones con El sistema romboricoEl staio de tipo profesoral comenz a crichar-: Pero si no son mos, son del municipio, esto es asivo y vlico -y otros slovos r el estilo. Y trata de aetarnos los libros, y resulta una eena bastante pattica-. Mereces una lein, hermo -dije-, te la has gana. -El libro sobre cristales que yo tena estaba slidamente encdernado, y era difcil rasrecrlo en pedazos, era lo que se dice staio, como e era l tiempo en que las cosas se hacan para durar, ro me las aegl ra aancar las pinay echarlas al aire como copos de nieve, auue grandes, sobre el viejo veco
que cricha; y tonces los otros hicieron lo mismo con los suyos, y el viejo rdo, iqu payaso!, comenz bailar alredor.- Ah tienes los restos -dijo Pete-, asqroso lector de basura y poreras. -Viejo veco perverso -dije, y comenzamos a jugar con l. Pete le sostuvo las rucas y Grgie consigui abrirle la rota, y el Lerdo le ac los subos postizos, aiba y abajo. Los tir al slo, y yo se los macqu con las botas, aunque eran ms duros e una piracomo que estan hechos con un nuevo y jorosch material plstico. El viejo veco empez a refunfuar no s qu chumchum- uuf aaf uuf -de modo que Georgie le solt las gus y le dearg ena en la rota desntada con el puo ia, y tonces el viejo veco comenz a qjarse de lo lindo y le brotla sangre, hermas mos, y qu hermosa era. As que nos limitamos a sacarle los platis, y lo jamos en chaqueta y calzcillos lar(muy staio; el Lerdo casi se enferma de tanto re, y filmente Pete le cajna cariosa patada en el culo y lo soltamos. Se alej tambaleose, a pesar de que no haba sido un tolchoco tan impresionante, pero l gimoteaba oh oh oh, sin saber dde estaba o qu pasaba, y nosotros remos con gas; dess le vaciamos los lslos, mientras el Lerdo baaba una nza con el paruas rado; ro no enctramos gran cosa. Haba unas cas cartas staias, alnas de 1960 e empezaban «Mi muy querido» , y tos esas checas, ems de un llavero y una lapicera staia que perda. El Lerdo acab su nza del paruas, y turalmente no se le ocuinada mejor e empezar a leer en voz alta una de las cartas, como para demostrar a la caesierta que saba leer. «Querido m, recit con golosa muy uda, sar en ti mientras ests lejos, y esro e recuers abrigarte bien cuando salgas de noche». Alarg una smeca muy chumcm-. Jo, jo, jo -haciendo como que se limpia el yama con la carta-. Bueno -dije-. Basta, hermanos mos. -En los ntalones del veco staio slo encontramos malenco diro, anas tres gos, as que tiramos esa porera de monitas, comida para pjaros comparaon lo que tamos encima. Dess rompimos el paraguas y le rasrecmos los platis, y tiramos los pazoal aire, hermos mos, y as acamos con el asto del veco staio de aire profesoral. No era gran cosa, ya lo s, pero no por eso voy a pedir disculpas a nadie, y adems la noche apas comenza. Los cuchiode la leche-plus ya estaban deargao pinchazos frtes y joroschs. Ahora haba que hacer una buain, que era un modo de gastar un poco de diro, cosa de tener ms de un incentivo para crastar a tiea, y tambin de prerarnos de antemano una coarta; de modo que fuimos toal Due de Nueva York, en la calle Amis, y por supuesto all se haban refugiado tres o cuatro viejas bchcas pitedo caf y menjunjes padoon nos AE (Ayuda del Estado). Ara ramos los mlchicos bdadosos, que saludaban sonrientes a to el mundo, pero las viejas y augas harpas comenzaron a agitarse, les temblan las viejas rucas vosas y los vasos salpicaban las mesas con sus mjunjes. -Djens tranquilas, muchachos -dijo una de ellas, la cara con ms lneas que un ma-, no somos ms que unas pobres viejas-Pero nos contentamos con mostrar la dentadura, flash, flash, flash, nos sentamos, tocamos la campaniy esperamos e viniese el camarero. Cndo apareci, todo nervioso y frotse las rucas en el lantagrasito, le pimos cuatro veteranos: una mezcla de ron y jeremuy pular entces, y que algus preferan a la canadiense, con un choito de ma. Le dije al camarero: -Srvales a esas prebchcas viejas algo amenticio. Whiy en abundancia para todas, y lo que ieran. -Y vaci sobre la mesa tmi deo, y lo mismo hicieron los otros, oh hermanos mos. As que les sirvieron fgodoros dlea aquellas damas staias y asustas, y ellas no saban qu cir o hacer. Una solt un «Gracias, muchachos» pero sin duda bataba que se vena algo fulero. En fin, tos recibieron
su botella de Yank Geral; quiero decir, coc para llevar, y pu ra que a la maansiguiente les mdaran a todas una docena de menjunjes y caf, de modo que las chis viejas y hedioas dejaron las direcciones en el mostrador. Dess, con el deo que nos quaba compramos, hermos mos, tos los pasteles de carne, pretzels, bocillos de queso, tatas fritas y baas de chocolate que haba en aquel mesto, y tambin eso era para las viejas harpas. Entonces dimos:- Volvemos en una minuta -y las ptitsas ctuean-: Gracias, mucchos -y- os los bdiga, muchachos -y samos sin un centavo en los carmas. -Uno se siente rlmente do -dijo Pete. Se vidba que el bre y viejo Lerdo no ponimaba un cuerno de lo que pasaba, pero no hablaba por miedo de que lo amaran glo y ceza de meln. Bno, blamos la esquina para ir a la avenida Alee, y enctramos abierto el gocio de golosinas y cancrlos. Haca casi tres meses que no andamos por ah, y en general todo el baio haba estado muy trauo, y por eso los militsos armoo las patrullas de militsos no rondaban demasiado, y ms bien se los vea al norte del ro. Nos pusimos las mscaras: unas cosas nuevas, rlmente joroschs, lo que se dice bien hechas. Eran caras de personajes histricos (te decan el mbre cuao las comprabas); la ma era Disraeli, la de Pete representaba a Elvis Presley, Grgie tena a Enrique VIII, y el pre y viejo Lerdo andaba con un veco poeta llamado Pebe Shelley; eran disfraces tticos, con lo y to, fabricas con una vesche plstica muy especial, que cuando uno se la quitaba se la poda enroar y meter en la bota. Entramos tres, y Pete edde chaso afuera, aune en readno haba por qu preocuparse. En cuanto nos metimos en la tida nos acercamos a Slouse el encargado, un veco como un montn de jalea de oporto que vide en seguida la que se le vena encima y enfil recho para la trastienda, nde estaba el telfo y quiz la puschca bien aceitada, con las seis miersabalas. El Lerdo dio la vuelta al mostrar, scoo como un jaro, hacieo volar paetes de cancrlos lastando un gran letrero de proganda en e una fosa les mostraba a los centeunos subos relampaeantes, y bamleaba los grus anciando una nueva marca de cancrlo. Lo que se vide entonces fue especie de pelota grde que rodaba r el interior de la tienda, detrs de la cortina, y e era el viejo Lerdo y Slouse trenzados en algo as como una lucha muerte. Se slusan jads, rquidos y gols detrs de la cortina, y vesches e caan, y palrotas y el vidrio que saltaba en mil pezos. La vieja Slse, la mujer, esta competrificada detrs l mostrador. Calculamos que se pondra a crichar asesinos si le dmos tiempo, as e gula vuelta al mostror muy scoo y la sujet, y vaya paete jorosch que era, ta nueando a perfume y con los grus flojos e se bamleaban como flanes. Le apqu la ruca sre la rota ra que dejase de auar muerte y destruin a los cuatro vientos celestiales, ro la muy a me dio un mordisco grande y perverso y yo fui el e cric, y ea abri la bocaza chillando para atraer a los militsos. Buo, bo que tolchocarla como Dios mda con una de las sas de la balanza, y spus darle un bolpe con una babrir cajos, y ah le sali la colorada como una vieja amiga. La tiramos al suelo y le aancamos los platis ra divertirnos un poco, y le dimos a tadita suave para que dejara de quejarse. Y al verla ah tendi, con los grus al aire, me prent si lo ra o , pero decid que eso era para dess. De modo que mpiamos la caja, y las nanciade la noche fueron jorosch, y dess de servirs algos paetede los mejores cancrlos, hermos mos, nos larmos a la calle. -Era un grandsimo hijo de puta -deca el rdo. No me gust el aspecto l rdo; estaba sucio y desaeglado, como un veco que anduvo peleando, precisamente lo que haba hecho, pero uno nca ha de parecer lo que hace. Tena la corbata como si se la hubieran pisoteo, la marancay el litso sucio de lvo, as e lo llevamos a un caejy lo limpiamos un malco, mojando los tastucos en saliva para sacarle la
roa. Las cosas que hacamos por el pobre Lerdo. Volvimos muy scoo al Due de Nueva York, y calcul en mi reloj que a lo sumo habamos estado afuera diez minutos. Las viejas y staias bchcas todava estan all, con los whiskies, los cafs y los menjunjes que les habamos pado, y les dimos-: Hola, chicas, ¿ tal? -Y otra vez la vieja cancin:- Muy amables, muchachos, Dios los bdiga, chicos -y sotros tocamos el colocolo y esta vez vino un camarero diferty pedimos cerveza con ron, pore estamos mrtode sed, hermos mos, y ordenamos que sirvieran a las viejas ptitsas lo que quisieran. ego, les hl a las viejas bchcas: -No salimos de aqu, ¿verdad? Todo el tiempo estuvimos aqu, ¿no es cierto? Tas pescaron scoo, y respdieron. -De veras, muchachos. Claro que los vimos siempre ah. os los bendiga, chicos -y seguan ndole al tra. En realidad, no es que importara demasiado. Pas una media ra antes de que los militsos dieran sales de vida, y los que llegaron fron muy jves, muy srosados bajo los granschlemos de cobre. Uno do: -¿Sen algo de lo que s esta noche en la tiee Slouse? -¿Nosotros? -prent, haciome el inocente-. Caramba, ¿qu pas? -Robo y lpes. Dos hospitalizados. ¿Dde estuvieron esta noche? -No me blen en ese tono asqueroso -dije-. No me interesan esas rugnantes insinuacies. To esto revela una naturaleza muy suspicaz, hermitos mos. -Estuvieron aqu toda la noche, muchachos -empezaron a crichar las viejas harpas-. Dios los ndiga, no hay muchachos ms enos y generosos. Se han pasado u toda la noche. Ni moverse los vimos. -No hacamos ms que preguntar -dijo el otro mitso joven-. Tenemos que hacer nuestro trabajo como cualquiera. -Pero antes de marcharse nos ecron una desradable mirada de vertencia. Cuao se alejaban les prinamoun musical peeo con los lios. Pero me sent un poco cepcionado; en realidad, no ha contra  lear en serio. Todo pareca tan fcil como un bsame los schaos. De cualquier mo, la noche era todava muy joven.
2 Cudo salimos del Due de Nueva York vidmos al Iado de la umina vidriera principal del bar un viejo y gorteante piitso o boacho, auando las sucias canciones de sus padres y eructdo blerp blerp entre un trozo y otro, como si ardase en la tripa podrida y maloente una hedionda y vieja orqsta. Ésa es una vesche que nunca de agntar. Nunca pude soportar la vista de un cheloveco roso, tumba, eructando y boacho, fuera la que fuese su edad, pero muy especialmente cndo era de veras staio como ste. Estaba como aplastado contra la pared, y ta los platis en un estado vergzoso, audos y en desorden, cubiertos de cala y bao, de roa y alcohol. Bue, lo agarramos y le encajamos upocos tolchocos joroschs, pero sii cantao. La cancin deca: Y volveré a mi nena, a mi ne, cuao tú, nena ma, te hayas ido. Pero cudo el Lerdo le dio unos cutos petazos en la hedionda rota de boacho, par el canto y se puso a crichar: -Vamos, pgumecobardes hijos de puta... no quiero vivir en este mdo podrido. Le dije al rdo que se apartase un poco, pore a veces me gustaba slusar lo que alnos de estos decritos staios can de la vida y el mundo. -Bue¿y qu tiene de podrido? -le dije. -Es un mundo podrido porque permite que los jves golpn a los viejos como ustedes hicieron, y ya no y ley ni orden. -Esta crichdo muy alto y itaba las rucas, y deca palabras realmente joroschs, slo que ams le vena de las quischcas ese blurp blurp, como si adtro tuviese algo en rbita, o como si lo inteumpieran bruscamente haciendo chumchum, y el veco amezaba con los poy gritaba:- Ya no es muo para un viejo, y r eso no les temo ni as, chiquitos mos, pore estoy demasiado boacho para sentir los golpes si me pegan, y si me matan, ¿qu ms quiero? -Smecamos, divertisy el viejo continu:- ¿ Qu clase de mundo es ste? Hombres en la luna y mbres que giran alrededor de la tiea como mariposas alredor de una lmra, y ya no importa la ley y el orden en la tiea. As e gan lo que se les ocua, sucios y cordes mates. -Y para remate nos ral un poco de msica labial- Pzrrr -la misma que les habamos ofrecido a los jves militsos, y read el canto: Oh, patria, patria queridaluché por ti y te di la paz y la victoria. De modo que lo cracamos bien, sonrieo entretanto, ro sigui ctando. Le hicimos una zancadly cay pesadamente, y como un surtidor brot un choo grande de vmito de cerveza. Era regnante, as que comenzamos el tratamiento de la bota, una patada cuno; y tonces de la roosa y vieja rota le brot sgre, no msica ni vmito. Al fin seimos nuestro camino. Cerca de la central elctrica municipal nos topamos con Biyboy y sus cinco drus. Ahora bien, en esos tiempos, hermos mos, los groeran de ctro o cinco: ctro,
un nmero cmodo rir en auto; y seis, el lmite mximo de una pandilla. A veces las pandillas se juntaban, formao ejrcitos malcos para la guenocturna, ro en geral era mejor moverse r  con poca gente. Na ms que verle el litso gordo y sonriente a Billyboy me enferma, y siempre despeda ese vaho de aceite muy rancio que se ha usado para frer una y otra vez -y ola as nque estuviera vestido con sus mejores platis, como ahora. Nos vidron al mismo tiempo que nosotros a ellos, y ora nos medamos en completo silencio. Esto sera la cosa verdadera y real, usaramos el noc, el usy y la britba, no slo los puy las botas. Billyy y sus drus inteumpieron lo que tenan entre manos, que era prepararse para hacerle algo a una llorosa y joven dchca a la que tenan all, y e no pasara de los diez as, y estaba crichdo con la ropa todava puesta. Billyboy la sosta de una ruca, y su lugartiente Leo de la otra. Probablemente estaban en la parte de los slovos sucios, antes de iniciar un trozo malco de ultraviolencia. Cuao s vidron llar, soltaron a la quea ptitsa lloriquete -de doella vena haba muchas ms- y la chiccoi con las delgas piernas blancas relampueando en la ourid, siempre gritando oh oh oh. Yo dije, con una sonrisa ampa y dru: -Bue, e me cuelgsi no es ese gordo maloliente, el cabrn Billy y ta la porera. ¿Cmo ests, botelln de aceite de cocina rato? Acrcate, e te dar una en los yarblocos, si es que los ties, eunuco grasiento. Y  ms empezamos. Como ya dije, ramos ctro y ellos seis, pero auue obtuso, el pobre y viejo Lerdo vala r tres de los otros cuando haba lear sucio y fuerte. El Lerdo tena un usy o cada verdaderamente jorosch, una cosa que le envolva dos veces la cintura, y entonces la solt y comenz a revolearla de lo lindo en los ojos o glasos. Pete y Georgie tan enos y afas nocs, y yo r mi parte evmagnfica y staia britba, afilada y jorosch, que en ese tiempo en mis moortaba y relampagaba con arte consumado. Y ah estmos dratsao en la sombra, y la vieja luna con sus hombres acaba de aparecer, y laestrellas relucan como cuchios e desban intervenir en la dratsa. Al fin consegu tajearle el frente de los platis a uno de los drus de Billyboy, un corte limpio que ni siquiera roz el ploto jo la tela. As, en medio de la dratsa este dru de Billyboy de pronto se encontr abierto como la vaina de un guisante, la baiga desda y los brey viejos yarblocos al aire, y como se vio as todo rasrecdo, agita los brazos y gritaba, de modo que descuid la guardia, y el viejo Lerdo con su cada hizo juisssss y le peg justo en los glasos, y el dru de Blyy sali trastillando y crarcao como enluecido. Nos estbamos aeglao muy jorosch, y poco despus bajamos al nmero uno de Billyboy, enceguecido por un cadenazo del viejo Ler, y que se aastraba y aullaba como un imal. Una buena patada en la golov lo sac de la carrera. Como siempre, de los ctro fue el rdo el e sali con ariencims maltrecha, la cara toda ensangrentada y los platis un desastre, pero los dems estbamos frescos y comestos. Yo quera alcanzarlo al rdo y malolite Billyboy, y ahora baotba con mi britba, como el barro de un barco que navega en mar muy picado, y trata de hacerle unos enotajos en el litso grasiento y sucio. Blyy tena un noc lar, pero era un poco demasiado lento y pesado para brer seriamente a nadie. Hermos mos, qu satisfain valsar -izquierda dos tres, derecha dos tres- y un tajo en la mejla izquierda, y otro en la derecha, y de pronto parece que bajan al mismo tiempo dos cortinas de sangre, a a cada lde la trompa gor, grasienta y aceitosa en la noche estrellada. La sangre caa como cortinas rojas, pero uno poda videar e Blyy
no sa nada, y avanzaba pesado como un oso hediondo y gor, aptme con el noc. De prto slusamos las sirey simos e los militsos se acercaban con las puschcas aptando por las ventanlas de los automviles policiales. La pequea dchca oriqante seguramente les haba pasado el to, como que haba una cabina para llamar a los militsos poco ms all de la central elctrica municipal. -No temas, ya te atrapar -grit-, crn maloliente. Te cortar dulcemente los yarblocos. -Se alejaron lentos y jeantes, en direin al ro, eto el nmero uno, o, e se qued durmiendo la mona en el slo, y sotros fuimos para el otro lado. A la vltde la esquina ms prxima haba un callejn, ouro y vaco y abierto en los extremos, y all tomamos aento, al principio jadeantes y desps ms trauilos, hasta que al fin pudimos respirar normalmente. Era como ansar entre los pies de dos mtaas teorficas y muy enormes, que eran los bloede casas, y r las vtanapoda vidrse un baoteluces azules. Seramente la tele. Esa noche pasaban lo que solan llamar un programa mundial, porque todos los habittedel mundo podan ver si lo seaban el mismo programa; y el pblico era casi siempre los lios de edad madura de la clase media. Prestaban a algn famoso cmico, un cheloveco perfectamte estido, o una cantante negra, y todo esto, os mos, lo soltaban al espacio exterior usando satlites especiales para la tele. Esperamos jaantes, y alcanzamos a slusar las sirenas de los militsos e se alejaban hacia el este, y entonceimos e todo estaba bien. Pero el pobre y viejo rdo miraba sin parar las estrellas y los platay la luy tena la rota ierta como un chico que ncvide da ial, y de pronto do: -Me gustara sar qu hay all. ¿Qu habr en esas cosas? Le di un buen codazo, y le dije: -Vamos, si eres un glo bastardo. No pienses en esoMuy proble que haya vida como aqu, y a algunos los acuchillan y otros acuchillan. Y ora andando, e la naito tova es mola, oh hermanos mos. Los otros smecar, pero el pobre y viejo Lerdo me mir serio, y desps levant otra vez los ojos hacia las estreay la la. Recoimos el callej, mientras el prrama mundial azuleaba a los dos costos. Lo ora necesitamos era un auto, de modo que saliendo del callejn doblamos a la izquierda, y compreimos e estbamos en plaza Priestley enas vidmos la gran estatua de bronce de un staio poeta, de labio superior de mono y pipa clavada en la rota vieja y llovida. Camindo hacia el rte llamos al roso y viejo Filmedromo, ascarado y ruinoso porque nadie iba mucho por all, eepto algos mlchicos como yo y mis drus, y aun as slo para gritar, rasrecr o hacer un poco de us uns en la ourid. Pimos vidr en el cartel pedo al frte del Filmedromo que daban la habitual aada de vaqros, con los arceles a favor del marshal que a tiro limpio liquidaba a los cuatreros, salidos de las legiones comtientes l infier, el tipo de vesche mtirosa que la nematogrfica del Esto ca en esos as. Los autos estaciodoal Iado del siny no eran joroschs ni cosa parecida, la mayora vesches staias y mierdosas, ro hn Durango 95 nuevo que me pareci bien. Georgie tena en el llavero una de esas poliaves, como las llaman, de modo que poco despus estmos aiba -el rdo y Pete atrs, fumando cancrlos como graes sores- y yo apliqu el encdido y lo puse en marcha, y el motor ronrone verderamente jorosch, y sentimos en las tripas una vibracin hermosa y caliente que nos recoa todo el crpo. ego le met no, y retrocimos perfecto, y nadie nos vide salir. Jugamos un rato fuera del centro, asustando a viejos vecos y chis que cruzaban las calles, zigzagando detrs de gatos y todo eso. Lgo enfilamos r el camino hacia
el oeste. No ha mucho trnsito, de modo quconti dndole a la vieja no casi hasta el piso, y el Durao 95 se tragaba el camino como esguetis. Poco despus coamos tre rboles de invierno y sombras, hermanos mos, todo estaba ouro, y en un lar los faros alumbraron algo grde con una rota e grua y mostra los dientes, y luo grit y revent bajo el auto, y el viejo Lerdo en el asito trasero casi se orina de risa. «Jo, jo, jo.» ego vimos a un joven mlchico con una fosa, lubilubdo bajo un rbol, de modo que paramos y loaludamos a gritos, les dimos a los dos un par de tolchocos sin muchas gas, hacindolos gritar, y seimos nstro camino. Lo que queramos hacer ara era la vieja visita de sorpresa. Era la emocin auttica, bna para smecar y sentir el latizo de lo ultraviolento. Bueno, al fin llegamos a una especie de ald, y justo fuera de la aldea ha una casita, serada de las dems, con un poco de jardn. La luna ya estaba bien alta, y dimos vidr la casita que areci claramte cuao par el coche y fr, mientras los otros tres rean como besus, y tonces vidmos que sobre la entrada a la casita se lea HAR, un nombre bastante glo. Baj l auto, ornando a mis drus e acaran las risitas y estuviesen serios, y dess de abrir la malca prta me acerqu a la entrada de la casa. Cl suave y discreto y no vino nadie, de modo que insist y esta vez de slusar us sos, y e retiran un ceojo; la prta se abri us centmetros, y tonces pude vidr un glaso que me miraba, y la puerta estaba asegurada con cena. -¿S? ¿Quin es? -Era la voz de una fosa, a dchca joven por el timbre, de mdije con lenguaje muy refinado, la golosa de un autntico cabaero: -Pern, sora, lamento muchsimo molestarla, ro mi amigo y yo salimos a pasr, y mi amigo enferm de pronto y se siente realmente mal, y ahora est ah en el cami, inciente y gimieo. ¿Me permitira usar su telfo ra llamar a ambulanci -No tenemos telfo -dijo la dchca-Lo siento, pero no tenemos. Ter que ir a otro lado. -Del interior de la casita se poda slusar el clac clac clac claiti clac clac de un veco que dactilografiaba, y entces el ruido se inteumpiy se oy la golosa del cheloveco e deca:- ¿Qu pasa, querida? -Bueno -dije-, ¿sera tan amable de darme un vaso de agua? Sabe, rece un desmayocomo si hiese perdido el sentido. La dchca vacil un poco, y luego do: -Espere. -Se alej, y mis tres drus haban bajado en silencio del auto y se acercaron jorosch furtivos, y ya se estaban poniendo las mscaras, de mo que me sla ma; y u fue suficiente meter la vieja ruca y soltar la cadena, ps como haba landado a esta dchca con mi golosa de caballero, ella no cela puerta como ta que har cho, ps ramos gente descocida, que vena de la noche. Los cuatro entramos como una tromba, el viejo Lerdo hacindose el schuto como de costumbre, ddo cabriolas y ctuedo slovos sucios, y era una bonita y malca casita, do recocerlo. Entramos todos smecao en el crto donde haba luz, y estaba esa dchca como acordada, un pedacito de fosa con unos grus verdaderamente joroschs, y con ella este cheloveco tambin jov, con ochicos de montura de carey, y sobre una mesa una muinribir y pales por todos lados; pero ams una pequea pe papel que seguramente era lo que ya haba dactilografiado, as que aqu tenamos otro intelinte, estilo hombre de libros como el e habamos tolchocado unas horas tes; pero ste eriba, no lea. Bueempez a hablar: -¿Qu es esto? ¿Quines son ustes? ¿Cmo se atreven a entrar en mi casa sin permiso? -To el tiempo le temblaba la golosa, y tambin las rucas. Le dije:
-No temas. Si en tu corazn, oh hermano, ida el temor, te ruo lo deseches ahora mismo. -Aqu Grgie y Pete fueron a buar la cocina, mitras el viejo Lerdo esperaba rdenes, a mi lo, con la rota muy ierta.- Y esto qu es, ¿eh? -prent, levtando la pa de la mesa, y el cheloveco de la armazn de carey dijo temblndole la voz: -Eso es lo que quiero saber. ¿Qu es esto? ¿Qu quieren aqu? Salgan antes que los ec. El bre y viejo Ler, con su mara de Pebe Sheey, smec entces ruisamente y rugi como algn animal. -Un bro -dije-. Usted est eribiendo un bro. -Habl con una golosa muy spera.- Siempre experiment la mayor miracin por los que saben eribir libros. -Luo mir la primera hoja, y tena eritel mbre, LA NARANJA MECANICA, y dije:- Caramba, es un tulbastante glo. ¿Quin oy blar jams de una naranja mecnica? -Segu leydo, e iba alzando la golosa, sta el agudo del tipo predicador: «Para onermal intento de imponer al hombre, criatura que crece y pde demostrar boad, e es capaz de beber el nctar que brota de loliobarbados l Ser, ra operme al intento de imponerle leyes y condicielo apropiadas para una creacin mecica, levto la acerada pluma.» El Lerdo larg la vieja msica labial, y yo mismo tuve que smecar. As que comenc a rasgar las hojas y desamar los pazos r el slo, y el veco escritor se volvi casi besu y se me tirencima rechinando los subos y sacdo las as como garras. Era el momento de la aira el viejo Lerdo, y se movi sonrieo, y ciendo eh eh y ah ah ah aptl puo a la rota temblorosa del veco, primero el puo izquierdo y desps el derecho, de modo que nuestra vieja dru la colorada -la colorada que brota igual por tas rtes, como procida por la misma antigua y gran empresa- comenz a deamarse y mch la linda alfombra nueva, y los pezol bro que yo contiaba rasrecndo. Aqu la dchca, la amante y fiel esposa, estaba como paralizada al lado de la chimenea, y ara ha empezado a largar menudos y malcos crichos, como acomando la msica de los petazol viejo Lerdo. Entonces aparecieron Georgie y Pete, viniendo de la cocina, los mastican, auue con las mscaras estas; no era necesario quitrsela para comer. Georgie con una la fra de algo en una ruca, y media hogaza de kle y maslo encima en la otra, y Pete con una botella de cerveza que echaba espuma, y un trozo jorosch de tarta de ciruelas. Comenzaron a hacer ja ja ja cuao vidron al viejo Lerdo que iloteaba y argaba petazos sobre el veco escritor, y el veco escritor placaba e le haban auinla obra de su vida, y haca buu juuu juu con la rota ta sangrentada; ro las risas de Georgie y Pete eran el jo jo jo medio ahogado del que est comieo, y sta se podan ver trozos de lo que coman. No me gust la actitud, pore era sucia y bosa, as que dije: -Basta de muncr. Yo no les di permiso. Tgan a este veco para que pueda vidrlo todo y no se eape. As e Georgie y Pete dejaron las grasitapiscs sobre la mesa, tre los pales rotos, y se echaron sobre el veco eritor, cuyos ochicos de armazn de carey estaban rajados ro seguan sostenindose, mientras el viejo Lerdo bailoteaba y haca temblar los adornos de la chimenea (de un golpe los ba todos, y ya no pudieron suir temblan, hermitos), y trabajao con el autor de La ranjmecánica, de me ahora tena el litso to prpura, y solta sgre como una clase muy especial de fruta jusa.
-Est bien, Lerdo -dije-. Ahora, vamos a la otra vesche, Bogo ampare. Lerdo se acerc a la dchca, que sea haciendo crich crich crich, y le sujet las rucas a la espalda, mitras yo le sgaaba esto y uello, y los otros largan los ja ja ja, y vimos e ta unos buogros joroschs, que exhiban unos glasos sonrosados, oh hermanos mos, entre tanto yo me sacaba los pantaloy me preparaba para la zambuida. Mientras me zambullia pude slusar los gritos de sufrimito, y al veco escritor lleno de sangre que Georgie y Pete sostenan y e casi se soltaba, aulIando como besu las palabras ms sucias e yo conoca y algus e l estaba invtando. Desps de m era justo le tocase el turno al viejo Lerdo, y lo hizo resoplando y jadeao como una bestia, sin que se le moviera un cenmetro la mara de PSlIey, mitras yo sujetaba a la fosa. Despus hicimos cambio de parejas, el Lerdo y yo aferramos al boseante veco escritor, que ya no luchcasi, y anas musitaba algn slovo a y all, como si estuviese muy lejos, en el r donde sirven la lec-plus, y Pete y Grgie tuvieron lo suyo. Lgo, todo se seren, y nosotros estamos llos de algo parecido al odio, de modo que cracamos lo que tava quaba sano -la mine eribir, la lmpara, las sillas- y el Lerdo, como era ya tpico en l, apag el fuego orinay se dispona a cagar sobre la alfombra, ps por all abdaba el pal, pero yo dije no. -Fra frfuera -au. El veco escritor y su chi no estarealmte en sus cales, lastimas, sangrentados, y ciendo ruidos. Pero viviran. De modo que subimos al auto que esperaba y dej el volante a Georgie, porque yo me sena un malco destemplo, y rresamoa la ciud, y en el camino samos por encima de cosas raras e chillab.
3 Yecamos de regreso a la ciudad, rmanos mos, pero justo a la entrada, no lejos de lo que llamaban el canal iustrial, vidmos la aguja indicadora del combustible que casi se caa, precisamte como nuestras propias ajas, ja, ja, ja, y el auto tosa cashl cashl cashl. Pero no haba mucho de qu preocuparse, rque all cerca las luces azules de una estacin feoviarise apagaban y encdan, se apaban y cendan. La cuestin era si dejaramos el auto para que lo sobiraran los militsos o si (ya que bamos con gas de destruir y matar) le daramos una buena tolchocada cia las uastaias para presenciar un hermoso y ruidoso plesco teque acabara la noche. Decidimos esto ltimo, y desps de bajar y soltar los fros, los ctro lo tolchocamos sta el rde del agua sucia, que era commelaza mezclada con productos l agujero humano, y all le dimos un tolchoco jorosch y adentro se fue. Tuvimos que retroceder de un salto para que la roa no nos salpicase los platis, ro all f, espluhh y glolp glolp glolp, discreta y svemente. -Adis, viejo dru -exclam Georgie, y el Lerdo lo acompa con una gran risotada de payaso-: Ju ju ju ju. -Nos acercamos a la estacin para abordar el tren al ctro, como se amabtonces al sector mio de la ciudad. Pagamos sin chistar estros pasajes, y esramos coectamte y sin endalo en la plataforma, y el viejo Lerdo se puso a jugar con las muitragamonedas, es tena los carmas llos de peos neles; y si biese sido necesario se habra dedicado a distribuir baas de chocolate a los prey los cesitados, nque no haba ninguno por , y luo ll resoplando el viejo expreso, y subimos a un coche l tr, que pareca casi vaco. Para entreternos durante el viaje de tres minutos jamos con lo que ellos llaman el tapizado, y aancamos unos lioy joroschs pezode las tripas de los asitos, y el viejo Lerdo dearla cadena sobre el ocno, hasta que el vidrio cruji y salt dejdo entrar el aire invernal. Pero todos estbamos fra de caja, cansados y aplastados, ps la noche nos haba oblido a gastar un poco de energa, hermanos mos; slo el Lerdo, como el yaso y animal que era, reca mejor que nunca, todo sucio y spidiendo un vono de sudor que era una de las cosas que yo tena contra el viejo Lerdo. Bajamos en el ctro y caminando lentamente volvimos al bar lcteo Korova, auando malco y jugdo a la luz de la luna, las estrellas y las lmras, pore al da siguiente tenamos que ir a la euela; y cudo entramos en el Korova lo enctramos ms eno que antes. Pero el cheloveco que haba estado chumlando en su propio paraso, con blanco o synthemesco o lo que fuera, sea en el mismo asunto: «Pilletes descastos bajdo a la nada en un tiempo platnico climatrico». Era probable que estuviese en la tercera o cuarta dosis de la noche, etena ese aire plido e inhumano, como si se hubiera cvertido en una cosa; la cara del veco pareca de veras un pedazo de tiza tallada. En rlidad, si quera pasarse tanto tiempo en el paraso, ba ber ido a uno de los cubculos privados de la trastida, en lugar de edarsen el mesto grae, pues u alnos de los mlchicos querran jugar un poco con l, auue no mucho ya que eel viejo Korova haba porosomatones cacede impedir cualquier desorden. De todos modos, el Lerdo se anim al veco, y mirndolo con una cara de payaso, mostrando la lengua, clav el sabo grde en el pie del veco. Pero el veco, hermos mos, ni se enter, pues daba all ani, muy lejos de su prio cuerpo. Casi todos eran nadsats (as llammos a los adolesctes) que toman leche y coca y jaban, pero tambin algus ms staios, tanto vecos como chis (ro nca de los rgueses), que rean y goraban en el bar. Por los peinay los platis sueltos
(casi tos tejidos de fibra) se vea claramte que haban estsayando en los estudios de televisin que funcionaban a la vuelta de la esina. Las dchcas l gro tan litsos muy vivaces y rotas muy ancs, y mostraban mucho los dientes, y smecan sin importrseles un rno del prfido mundo. Y entonces el dio del estreo hizo cc clac (era Johnny Zhivago, un coschca russky que cantaba Solamente da por medio), y en el intervalo, el breve silencio antes e se oyera el prximo, una de las dchcas -muy rubia, con una gran rota roja y sriente, yo dira que bien entrada en la treintena- de prto empez a cantar, apas os comses, como si estuviese ofreciendo un ejemplo de algo tos estaban gorando, y rante un momento, oh hermos mos, fue como si un gran jarhubiese entrado volando en el bar lct, y sent e todos los quoy malcos los del ploto se me pan de punta, y el estremecimito me sa como lagartos ltoy malcos, e luego bajaban otra vez. Porque yo conoca el trozo que esta ptitsa canta. Era de una pera de Friedrich Gitterfenster, Das Bezg, el pasaje en que ella se muere con la garganta cortada en dos, y los slovos dicen: «Quiz sea mejor as». De cualier mo, sent un ealofro. Pero el viejo Lerdo, enas slus el dazo de ccin como un lontico de carne roja aojado sobre el plato, solt una de sus vulgarides, e en este caso fue un trompeteo labial, seguido de un ldo peuno, suido r un doble silbido con los s des en la boca, y rematado por una risote payaso. Sent que me atacaba la fiebre, como si me ahogara en sangre roja y caliente, slusdo y vidndo la vulgaridad del Ler, y de: -Bastardo. Inmdo bastardo sin moles. -Me incn para evitar a Georgie, que estaba entre el ible Lerdo y yo, y scoo descargu un puetazo en la rota del Ler. El Lerdo recimuy sorprendido, enjugse el crobo de la gu con la ruca, y observando rotiabierto el crobo rojo, y mirme.- ¿Por qu hiciste eso? -prent, torpe como siempre. No muchos vidron lo que yo haba hecho, y a los que vidron no les importaba. El estreo tocaba de nuevy ahora se slusa una repugnante guitaa electrnicaLe contest: -Por ser un bastardo que no tiene ecaci, y ni duco de idea de cmo comportarse en pblico, oh hermano mo. El Lerdo me ech una mirada perversa y dijo: -No me gust e hicieras lo que hiciste. Y ya no soy tu hermano, y no quiero serIo nunca ms. -Haba extrado l lslo un tastuco mocoso y se enjugel hilo rojo con aire deoncertado, y lo miraba con el ceo fruncido, como si pensara la sangre era algo propio de otros vecos, ro no de l. Pareca como si el Lerdo estuviese cantando sangre y gara as r la vulgaridad que haba mostrado antes, cndo la dchca cantaba msica. Pero ora la dchca estaba smecao ja ja ja con unos drus en el bar, y mova la rota roja y le brian los subos; ni haba notado la puerca vulgaridad del Lerdo. En realidad era a m a quien haba molestado el Ler. Dije: -Si no te sta lo que hice, y no quieres retirlo, ya sabes lo que te conviene, hermito. -Y tonces bl Georgie, con una voz spera y rara. -BueNo emcemos. -Eso es cosa del Lerdo -dije-. El Lerdo no ede pasarse toda la chis hacise el niito. -Y mir con dureza a Georgie. El Lerdo habl, y ahora el crobo esta aflojdo: -¿Qu derecho natural le hace crr que puede dar rnes y tolchocae cuando se le antoja? Yarboclos le di, y le voy a meter la cena en los glasos antes que grite ay.
-Cuidado -dije, con la voz ms discreta que pude, pues el estreo estalla entre las pares y el techo, y el veco l paraso, cerca del rdo, aullaba de nuevo-: Chispootea ms cerca, ultptimo. -Re: -Cuida lo que dices, oh Lerdo, si en verdad deseas seguir vivido. -Yarboclos -dijo el rdo, burlose-. Yarboclos bolches para ti. No tenas ninn derecho. Te pelear con la cadena, el noc o la britba cndo quieras. No me sorprders con tolchocos inesrados, y ya vers tonces. -Con el nocho cndo quieras -le contest. -Bue, vamos, ustedes -intervino Pete-Somos drus, ¿no es as? No es justo que los drus se comporten de ese modo. Ve, esos mlchicos de lenlarga estn smecao a costa nuestra, parece que se burlan. Na de peleas entre nosotros. -El Lerdo -dije- tie que aprenr a quedarse en su lar. ¿Es as? -Un momento -dijo Georgie-. ¿Qu es esta vesche del lugar? Nunca o decir que los lios tien que aprender cl es su lar. Pete do: -A cir verdad, Alex, no debiste darle al viejo Lerdo ese tolchoco sin provocacin. Dir eso, y si me hubieras pedo a m, bras tido tu respsta. Y no digo una palabra ms. Pete hundi la cara en el vaso de leche. Sent un rasdrs que me suba todo por dtro, y trat de disimular, blando con calma: -Tiene que haber un lr. Es cesario e haya diipna, ¿no es as? -Niuno scas una palabra, y ni siquiera asinti. Por ntro ms rasdrs, r fuera aparent ms calma.- Hace mucho -dije- que estoy al frente. Todos somos drus, pero alguien tiene que estar al frte. ¿No es as? ¿No es as? -Tos asintieron, aque de mala gana. El Lerdo estaba osuchse el ltimo resto de crobo. Y fue l quien habl: -De acuerdo, de acuerdo. Tal vez estamos toun poco cansados. Mejor no hablemos ms. -Me sorprendi y un cme puso puglio slusar al Ler, gorando de ese modo, tan sensato. El Lerdo do:- Lo mejor es irse a dormir, de modo que andando para casa. ¿De acrdo? -Me sorprendi mucho. Los otros dos asintier, dicido de acuerdo de acuerdo de acuer. Yo agreg: -Tienes que comprender el tolchoco en la rota, Lerdo. Era la msica. Me pongo besu cndo un veco interfiere en el canto de una ptitsa. Ya entiendes. -Mejor s vamos a casa y spachcamos un poco -dijo el Lerdo-Fue una larga noche para mlchicos e estn creciendo. ¿De acrdo? -Los otros dos asintieron. Yo de: -Creo que ora mejor nos vamos a casa. El Lerdo ha tenido una idea verderamente jorosch. Si no nos vemos en el da, oh hermanos mos, buo... ¿el mismo lugar a la misma hora, maa? -Oh, s -dijo Georgie-. Creo que s. -Tal vez -dijo el Lerdo- yo llegue un malco tarde. Pero el mismo lugar y casi a la misma rmaa, seguro que s. -Segua limpindose la gu, nque ya no le coa el crobo.- Y -agr- esperemos que no haya u ms ptitsas cantao. -Y lanz la
risotada del viejo Lerdo, un jojojojojo grande y payaseo. Pareca que era demasiado obtuso para ofenrse mucho. De mctom por su lado, y yo eructando agh por la coca fra que haba piteo. Tena la britba lista por si alno de los drus de Billyy esta esperando cerca del bloque de viviendas, o para el caso cualquiera de las dems ndas, o grupos o schaicas que de tanto en tanto estaban en guecon uno. Yo viva con mi pe y mi eme en las casas del bloque municipal 18A, entre la avenida Kingsley y la calle Wils. Llegu la puerta de calle sin inconveniente, auue pasal Iado de un joven mlchico extdido, que gema y cricha en la calzada, bien cortadito por tos los, ya la luz l farol vi tambin manchas de sangre aqu y all, como firmas, oh hermanos mos, de los juede la noche. Y tambin vi, junto al 18A, un par de nizs de dchca, seguramente aancados con brusquad en el calor del momto, rmanos mos. Entr en el edificio. En el vestbulo se vea lena y vieja pintura municipal sobre las paredes -vecos y ptitsas muy bien desaoados, severos en la dignidad del trajo, en el nco o la mquina, sin un centmetro de platis sobre los plotos bien conformados. Por supuesto, como divinarse, alnos de los mlchicos del A han embeecidy decorado el gran curo con lpiz y lgrafo hbiles, regando pelos y palos bien rgidos y slovos sucios a las rotas digs de estos vecos y dchcas nas. Me acerqu al aensor, pero nera necesario apretar el nopca para saber que no funcioba, pore esa noche lo hatolchocado realmte jorosch; las puertas de metal estan completamente abolladaslo que iicabna fuerza de veras notable. De modo que tuve que subir por la escalera los diez pisos. Lo hice maldicido y jadndo, cansado del cuerpo ya que no del cerebro. Esa noche necesitaba urgentemente or msica, quizs a causa de la dchca e ha cantado en el Korova. Qra darme un atrac, rmanos mos, antes de que me searan el pasorte en la frontera del suo y levantaran el schesto rayado para dejarme pasar . Abr la erta ll 10-8 con mi propio quuchito, y en estrmalco refugio no se oa nada, pues pe y eme estaban en el pas de los suos, y eme me haba dejado sobre la mesa una cena malca -un par de lonticos de carne y un pedazo o dos de kle y manteca, y un vaso del viejo moloco. Jo jo jo, el viejo moloco, sin cuchios ni synthemesco ni ncrom. Hermas mos,  rversa me parecer sde ahora la inocente leche. De todos modos com y beb vorazmente, pues esta ms hambriento de lo que haba credo, y saqu el stel de frutas de la despensa, y le aaazos con los e me rell la rota hambrita. Desps me mpi los dientes y eruct, repasando la vieja rota con la yasicca o lgua, y luego fui a mi cuartito o madriguera, mientras comenzaba a aflojarme los platis. Aqu estaban mi cama y mi estreo, orllo de mi chisy los discos en el estte, y las nderas y gaartes sobre la pared, e eran como recuers de mi vida en los coeionales desde los once as, oh rmanos mos, cada uno brillando y respldeciendo con un nombre o un nmero: SUR 4; DIVISIÓN AZUL METRO COROLLOS MUACHODE ALFA. Los pequealtavoces de mi estreo estaban todos disestos alredor l cuarto, en el techo, las pares, el suelo, de modo que cuando me acostaba en la cama para slusar la msica, estaba como envuelto y reado por la orquesta. Lo que primero desba euchar esa noche era el nvo concierto para violn, l norteamerico Grey Plautus, tocado por Odiseo Choerilos con la Filarmnica de Macon (Georgia), de modo que lo saqu del estante, cect y esper, y tonces, hermos, eg la cosa. Oh, qu celestial felicidad. Esta totalmente na mirando el tec, la golov sobre las rucas, encima de la almada, los glasos ceos, la rota abierta en xtasis, slusdo esas gratas sonorides. Oh, era suntuoso, y la suntuosidad hecha carne. Los tromnecrujan como lminas de oro jo mi cama, y detrs de mi golov las tromtas lzaban
leuas de plata, y al Io de la puerta los timbales me asaltan las tripas y brotan otra vez como un trno de caramelo. Oh, era una maravilla de maravias. Y entonces, como un ave de hilos entretedol ms raro metal celeste, o un vino de plata que flotaba en una nave del espacio, perdida toda gravedad, lleg el solo de violn impise a las otras cuers, y alz como jaula de seda alrededor de mi cama. Aqu entraron la flauta y el ob, como gusanos platinados, en el espeso tejido de plata y oro. Yo volaba sedo por mi propio xtasis, oh hermanos. Pe y eme en el dormitorio, al Io, ban aprendido ahora a no clor la pared quejse de lo ellos amaban rui. Yo les ba enseado. Ahora toman pldoras para dormir. Tal vez advertidos de la alegra que yo obtena de mi msica nocturna, ya las haban toma. Mientras slusa, los glasos firmemente ceas en el xtasis e era mejor que cualquier Bogo de synthemesco, entrev maraviosas imges. Eran vecos y ptitsas, os jvey otros staios, tiras en el slo y pidiendo a gritos pied, y yo smeca con toda la rota y descargaba la bota sobre los litsos. Y haba dchcas desgaas y crichdo contra las pares, y yo me hda en ellas como una schla, y cuao la msica, que tena un solo movimiento, lleg a su total culminaci, yo, tdido en mi cama con los glasos bien apretos y las rucas tras la golov, sent que me quebraba, y spata, y elamaba aaah, rumado por el xtasis. Y as la bella msica se desliz hacia el final resplandeciente. Dess o el hermoso Mozart, la Jiter, y se presentaron otras imges de diferentes litsos e yo deiba y pisotea, y despe me ocuiue eucharn disco ms tede cruzar la frontera, y me vino el deseo de algo staio y fuerte y muy firme, de modo que eleg J. S. Bach, el Concierto de Brandeburgo, por las crdamias y graves. Y slusdo ahora con un xtasis distinto del anterior, pude vidr evamente el nombre en el paque haba rasrecdo esa noche, hubiera dicho que mucho tiempo antes, en la casita llamada HOGAR. El mbre aluda a unranjmecnica. Escuchdo a J. S. Bach, comenc ponimar mejor lo que significa, y mientras slusa la parda suntuosidad del staio maestro alemn se me ocuiue me hubiese gustado tolchocarlos ms fuerte, a la ptitsa y al veco, y abrirlos en tiras all mismo en el suelo de la casita.
4 A la mana siguiente me desrt oh a las ocho oh oh horas, hermos mos, y segua cansado, stadoabrumado y deprimido, y ta los glasos ceode sueo verdero y jorosch, de modo que pens no ir a la euela. Se me ocui qdarme un malco ms en la cama, digamos a hora o dos, y lgo vestirme con tranid, quizs incluso da chapuzn en la bera, hacerme tostadas y slusar la radio o leer la gasetta, todo odinoco. Y por la tarde, dess de almorzar, iz dra, si se me dla ga, irme a la vieja scolivola y ver lo que estaba varitose en ese gran templo del saber glo e it. Hermanos mos, o a mi pe greny trozando, y luego marcndose a la tintorera dorabota, y luego a mi eme que me llamaba con una golosa muy atenta, como haca ahora que me estaba convirtiendo en un hombre grande y frte: -Son las ocho pasadas, hijo. No ques llegar tarde otra vez. Le ctest: -Me duele un poco la golov. Me aeglar durmido y despus estar perfectamente. Slus a especie de suspiro, y ella dijo: -Te dejar el desayuno en el rno. Ahora tengo que sar. -Lo cual era cierto, por esa ley segn la cual los que no eran nios, o no taos pequeo no estaban enfermos tan e salir a rabotar . Mi eme trabajaba en uno de los mercos estatales, como los llaman, apildo en los estantes sos y guisantes envasos, y ta esa cala. As e la slus meter a fnten el horno de la cocina, y dess se puso los zapatos, y deolg el abrigo coldo detrs de la puerta, y suspir otra vez, y explic: -Ahora me marcho, ho. -Pero yo me dej regresar al pas de los suos, y me adormil realmente jorosch, y tuve un snito extrao y muy rl, y no s r qu pero lo cierto es que so con mi dru Grgie. En este snito era mucho ms viejo y muy spero y ro, y goraba de diipny ediencia, y de que todos los mlchicos e estaban bajo sus rdenes deban sometrsele sin chistar, y cer el viejo saludo como en el ejrcito, y yo estaba en la lnea, como los ms, dicieo s seor y no seor, y entcepe vidr clarito que Georgie tena esas estrellas en los plechos y que era como un general. Y luego ord comparecer al viejo rdo con ultigo, y el Lerdo era mucho ms staio y canoso, y le faltaban algunos subos, como se pudo ver cndo smec, al vidrme, y entonces mi dru Georgie me sel y dijo: -Ese hombre tiene roa y cala en los platis -y era cierto. Entonces me o cricr: -No me peguen, r favor, hermanos -y ech a coer. Coa en crculos, y el rdo me persegua, smecao ruidosamente y restaando el viejo lti, y cada vez que yo reciba un tolchoco verdadero y jorosch saba una campanla elctrica muy sonora, ringringringring, y la campanilla tambin me haca sufrir. Entonces me despert verderamentscoo, el corazn me haca bap bap, y por suesto sonaba una campanilla b, y era el timbre de la puerta de calle. Pens hacerles crr que no hie en casa, pero ese brrrrr sua sando, y tonces o una golosa a travs de la puerta: -Vamos, breme de vez, s que ests en la cama. -En seguida reconoc la golosa. Era P. R. Deltoid (un naso verdaramente glo), lo que ellos llamaban Asesor Postcorrectivo, un veco sobrecardo de trabajo, con centenares de tis en su sta. Grit eno bueno eno, con golosa de sufrimiento, baj de la cama y me ves, oh rmanos mos, con una hermosa bata de smil sa, ta estampada con
dijos de las grdeiades. Lgo me calc en las nos utuflos de lana muy cmos, me pein los glorias y me csiderlisto para recibir a P. R. Deltoid. Cndo abr la puerta el veco entr mbolndose, con un aspecto gastado, el maltrecho schla sobre la golov, el impermble sucio. -Ah, Alex, muccho -me dijo-. Me enctr con tu madre, s. Dijo algo acerca de que sufras no s qu dolor. Por lo tanto no fuiste a la euela, s. -Un dolor stante insortable en la cabeza, hermosor -dije con mi golosa de caballero-. Creo que para la tarde se me pasar. -Seguro que a la noche no tendrs na, s -dijo P. R. Deltoid-. La noche es el gran momento, ¿cierto, muchacho Alex? Sintate -dijo-, sitate, sintate -como si fuera su domo y yo su invita. Y se acomod en la mecedora de mi eme y empez a mecerse, como si hubiera venido slo a eso. Le dije entces: -¿Una taza del viejo chai? Quiero decir, de t. -No tgo tiempo -me replic. Y se meci, ecndome la vieja mirada, bajo el ceo fruncido, como si dispusiera de todo el tiempo del mun-. No tengo tiempo, s -dijo, con aire glo. De modo que dej la tetera, y pregunt: -¿A qu debo este notle placer? ¿Algo anda mal, seor? -¿Mal? -repiti el veco, muy scoo y astuto, mio encorvado y mirme, pero siempre mecise. De pronto le llam la atencin un anuncio en la gasetta, e estsobre la mesa: una ptitsa joven y smecante, con los grus sueltos, e pregaba, hermos mos, las Glorias de las Playas Yugoslavas. Y desps de comrsela en dos bocos, el veco riti: -¿Por piensas e algo amal? ¿Acaso estuviste haciendo lo que no debas, s? -Era un modo de decir -expqu-, sor. -Bien -dijo P. R. Deltoid-, por mi parte no es ms que un modo de decir recomdarte que te cuis, pueo Alex, ps la prxima vez, como sabes de sobra, ya no irs a la ela coectiva. Esa vez ser la crcel, y todo mi trajo quedar auina. Si no tienes consideracin por tu hoiblersonalidad, al menos pues tener alna por m, e he sudado tinta tratando de salvarte. Perdemos puntos, te lo digo en confianza, por cada joven que no receramos; si uno de ustes acaba en el ujero es un fracaso para nosotros. -No estuve haciendo nada pribido, ser -dije-Los militsos da tienen contra m, hermo, quiero decir sor . -Basta de esa charla sobre los militsos -dijo P. R. Deltoid con voz cansa, pero siempre mecindose. -El mero hecho de la lica no te haya atrapado ltimamente no significa, como t lo sabes muy bien, que no yas estado cometiendo alnas fechoras. Hubo una pelea anoche, ¿no es cierto? Un encuentro con nocs, y cades de bicicleta, y cosas r el estilo. Uno de los amigos de cierto joven gordo fue recogido por la amlancia cerca de la central elctrica y hospitalizo, y ta heridas bastante desradables, s. Se mciotu mbre. La noticia me lleg r las vas usuales. Tambin aparecemcionados algos de tus amigos. Segn dic, anoche se cometieron detos bastante varias. Oh, die puede probar nada acerca de die, como de costumbre. Pero te lo advierto, pueo Alex, rque como siempre soy tu en
ami, el nico miembro de esta maltrecha y enfermiza comidad que desea salvarte de ti mismo. -Aprecio su actitud, sor -dije-, muy sinceramente. -La recias, ¿verdad? -observ el veco, rlndose de algn mo-. Entces, te con cuida, eso es todo, s. Sabemos ms de lo que crees, peqo Alex. -Y agr, con una golosa muy doda, pero siempre mecindose: -¿Qu les pasa a ustedes? Estudiamos el problema, y venimos estudiolo durante casi un siglo, y no hemos avzado nada. Tienes un buen hogar, padres bnos y carisos, y un cerebro no del todo malo. ¿Qu demio te carcome? -Nadie me est carcomido, sor -dije-Hace ya mucho tiempo que no tengo nada que ver con los mitsos. -Eso es lo que me preocupa -suspir P. R. Deltoid-. Demasiado tiempo para tu bua salud. Se acerca el momto de presentar mi claracin. Por eso te advierto, peo Alex, que mantengas mpia tu hermosa y joven probois, s. ¿Hablo claro? -Como un le uaristalinas, seor -dije-. Claro como un cielo azul en lo mejor del vera. Puede confiar en m, seor. -Y le ofrec una simticsonrisa mostrando los sos. Pero cudo se hubo ucadido y yo estaba prarndome esa taza muy fuerte de chai, me re para mis adentros psando en la vesche e tanto preocupaba a P. R. Deltoid y a sus drus. Pues bien, me porto mal, con las crastadas, los tolchocos y los juos con la britba y el viejo uns ods, y si me lovet, tto peor, oh hermanos mos, y a decir verdad no pue gernarse un pas si tos los chelovecos se comportan como lo hago yo de noche. De modo que si me lovet y son tres meses en este mesto y otros seis en aqul, y luo, como tan bondadosamente me lo advierte P. R. Deltoid, la prxima vez, a pesar de la gran ternura de mis veros, rmanos mos, es el propio y gran zoo del Ms All, yo digo: «Lo justo es justo, ro una lstima, seres mos, porque ocue que no puedo soportar el cieo. Mi empresa ser, en ese futuro que extiende unos brazos nevados y prstinos te m, antes de el noc se impongo la sgre entone un coro final en el metal retorcido y los vidrios lastados del camino, que no me lovetn otra vez». Hermoso diurso. Pero, rmanoseste morderse las uas acerca de la causa de la maldad es lo me da verdadera risa. No les preocupa saber cul es la causa de la boad, y entces, ¿por  ieren averiguar el otro asunto? Si los lios son enos es rque les gusta, y ni se me ocuirinterferir en sus placeres, as que lo mismo derahacer en el otro necio. Y yo soy clite del otro negocio. Adems, la mald es cosa del yo, del t o el m en el odinoco de cada uno, y as es desde el principio rorgullo y radosto del viejo Bogo. Pero el no-yo no pue ter lo malo, de modo que los vecos del gobierno y los jcey las esclano edepermitir lo malo, pues no edemitir el yo. ¿Y acaso nuestra historia moderna, rmanos mos, no es el caso de los bravos y malcos ypeleao ctra esas ermemuinarias? Todo esto lo digo en serio, oh hermanos. Pero lo que hago lo hago porque me gusta. Y ora, en esta sonriente maana de invierno, me bebo el chai muy frte con moloco y cuchara tras cucrada tras cucharada de azcar, rque me gusta todo muy slauino, y saco del horno el desayuno que mi pre y vieja eme bjadrm. Era un huevo frito, y nada ms, pero me prepar unas tostadas, y com hvo y tostadas y compota, sarndolo todo mientras lea la gasetta. Traa lo habitual acerca de la ultraviolencia, las hlgay los asaltos a bancos, y los futlistas e parazae
miedo a todo el muo amazando no jar el domingo prximo si no obtaumento de sueldo, de puro mlchicos perversos e eran. Tambin haba ms viajes por el espacio y televisores estereofnicos mayores, y ofertas de paqtes gratis de jabn en polvo a cambio de etiqtas de sopa en conserva, sorprennte ganga por slo una sema, que me hizo smecar. Haba un bolche artculo sobre la Juventud Moderna (es decir yo, de modo que hice una reverencia, rido como besu) erito por un cheloveco calvo y muy inteligente. Lo le con cuidado, hermanos mos, mientras beba el viejo chai, vaso tras taza tras chasc, masticando mis lonticos de tostada ourciertos de compota y evo. Este veco erudito deca las cosas habitles, acerca de la falta de disciplina de los padres, y de la easez de maestros autnticos y joroschs que zuaran sin pielos inocentes traseritos y obliran a gritar bujujuj clamdo compasin. Todo esto era glo y me haca smecar, pero era buenterarse de que uno segua siendo noticia en el mun, oh hermanos mos. Tos los das se publicaba algo acerca de la Juventud Moderna, pero la mejor vesche e jams itaron en la vieja gasetta fue el arculo de un staio que llevaba un collar de pey opina reflexivamente, y aqu nos goraba como hombre de Bogo, que EL DILO ANDABA SUELTO, y comenzaba a insinuarse en la carne joven e inocente, y la culpa era del muo de los altos, un mundo de gueas, bombas y dems estupideces. Lo cl esta muy bien. Sa lo que deca, es era hombre de Dios. Y nosotros, los jvenes e inocentes mlchicos, no tamos la culpa de nada. Cierto cierto cierto. Cudo eruct erc erc un par de veces para aliviar mi bre e inocente estmago, me puse a elir los platis del da en el grdaopa, al mismo tiempo que encenda la radio. Haba msica, un hermoso y malco crteto de cuerdas, hermos mos, r Cldius Birdman, una pieza que yo conoca muy bi. Pero no pude menos que smecar, recorndo lo que haba viddo cierta vez en uno de esos artculos sobre la Juventud Moderna, sre cmo ella estara mucho mejor si piese fomentarse Una Viva Apreciacin de las Artes. Se deca la Gran Msica y la Gran Poesa tranquilizaran a la Juventud Moderna y consuiran Civilizarla. Civizacin de mis yarboclos sifilticos. La msica siempre me eitaba, oh hermanos mos, cindome sentir como si fuera el propio y viejo Bogo en rsona, listo ra arr rayos y centellas y ter a los vecos y las ptitsas crichdo en mi ja ja ja poder. Y a vez e me chist un poco el litso y las rucas y termin de vestirme (mis platis de da se parecan al traje estudiantil: los viejos pantalones azules con ster con la A de Alex) me pareci tena tiempo al mes de itear a la disquera (y tambin deo, pues me abultaba en los bolsios) y ver si ba llado la obra pedida y prometida haca mucho tiempo, la Nmero Nueve de Beethoven (es decir, la Coral) en estreo, registro Masterstroke por la Sinfnica Esh Sham conducida por L. Muhaiwir. Y para all march, rmanos. El da era muy diferte de la noche. La noche era ma y de mis drus, y de todo el resto de los nadsats, y de los staios burgueses agazadoentre cuatro paredes, absorbiendo los glos programas mdiales; pero el da era para los staios, y en esas horas de luz siempre pareca haber ms militsosTom el mnis en la esquina y viaj al centro, y caminao rres en direin a plaza Taylor, y all estaba la disquera que yo apoyaba con mis valiosas compras, oh hermanos mos. Ostenta el glo nombre de MELODA, pero era un mesto realmente jorosch, y casi siempre conseguan scoo las nuevas graciones. Entr en el negocio y los icos cliteeran dos jvenes ptitsas que sorban helas (y recrden que estbamos en lo peor del invierno) y revisan, pareca, los evodiscos pop -Johy Burway, Stash Kroh, The Mixers, Quate trquila un rato con Id y Ed Molotov- y todo el resto de esa cala. Las ptitsas no tdran ms de diez os, y reca que tambin eas, como yo, ban decidido tomarse la manlibre de la scolivola. Era evidte que ya se consideraverderas dchcas crecidas; vaya con el meneo de caderas cuao vieron a vuestro Fiel
Naor, hermanos, y los grus acolchay el rojo despaamadn las gus. Fui al mostrador, abordando con la sonrisa corts de los subos al viejo Ay e atenda (siempre amable, siempre dispuesto a ayur, un verdadero jorosch tipo de veco, auue calvo y muy muy delgo). Andy me do: -Aj, creo que s lo que usted iere. Buenas noticias, enas noticias, ya eg. -Y movido las rucas como un eminente director se fue a buarlo. s dos ptitsas jvenes soltaron unas risitas, como cen a esa edad, y yo les clav un malco los glasos fros. Andy rres rlmentscoo, itando la gran cubierta blanca y briante de la Novena, que mostraba, rmanosel litso adusto y fruncido como lpeado por un rayo del propio Ludwig van. -Aqu est -dijo Andy-. ¿Lo pramos? -Pero yo quera llevrmelo a casa para slusarlo odinoco en mi estreo, y senta una prisa infernal. Su el deo ra pary una de las peefiaptitsas me dijo: -¿Qu cseguiste, bratito? ¿Algo grande, para ti solo? -Estas dchcas jovencitas tan su propio modo de gorar.- ¿El Paraso Diecisiete? ¿Luke Ster¿Goggl y Gol? -y las dos larron esas risitas, menese y balanceose. Entces se me ocui una idea, y la angustia y el xtasis casi me volte, oh rmanos mos, de modo que durante os sundono de respirar. Ri, y les de mostrando los subos blcos y brilltes: -¿Qu tienen en casa, rmanitaspara or esos gorgoritos ludos? -Porque ya haba visto los discos que estaban comprando eran esas vesches pop para chicos.- Apuesto a que lo icue tienen son esos juetes portteomo vitrolas de picnic. -Al or esto las ptitsas frcieron las buitas.- Venn con pap -les dije-, y euchen como es dido. Las trompetas de los ley los trombones del infierno. Estn invitadas. -Y les hice una especie de reverencia. Otras risitas, y una de ellas, dijo: -Oh, pero tenemos mucho apetito. Oh, cmo podramos comer. -Y la otra agreg: -S, ella lo dice, y as es. -De modo que contest: -Coman con pa. Digan dde. Ahora se crean verdaderas sofisticas, lo que era casi pattico, y empezaron a hablar con golosas de dama acerca del Ritz, el Bristol, el Hilton, Il Ristorante Granturco. Pero inteump la charla diciendo «Sigan a pap», y las ev al Salón de la Pasta, a la vuelta de la esquina, y dej que se llenaran los inoctey jves litsos con espaetis y salchichas, y helados de cremas y banasplits y salsa de chocolate caente, hasta que casi tuve nuseas a la vista de todo eso, rque yo, hermanos, almorc fralmente una rebada de jamn fro y un yoco de chile bien picante. Las jvenes ptitsas se parecan mucho, aune no eran hermanas. Tenan las mismas ideas, o la misma falta de ids, y el mismo color de pelo: una especie de jizo teido. Buo, hoy creceran mucho. Hoy sera un da memorable. No iran a la euela por la tar, pero habra educacin, y Alex sera el profesor. Se llamaban, der, Marty y Sonietta, y eran bastante besus y estan en la cumbre del inftilismo de moda. -PerfectamteMarty y Siea -les dije-. Lle g la hora de or los discos. Vgan. Cudo samos al fro de la cae, cidieron no iran en mnibus, oh no, queran un taxi, de modo que les di el sto, aque con una sonrisa interior
verderamente jorosch, y llam un taxi estaciodo en la fa. El chofer, un veco staio y bigoto con los platis muy mchados, do cudo nos vio: -Nada de navajas ora. No quiero tonteras con los asientos. Acabo de retapizar el coche. -Le calm esos glos temores y fuimos al bloque municipal 18A, y las dos auces y peas ptitsas rean y murmuran. Para abreviar dir que llegamos, oh hermitos mos, y las llev hasta el -8, y mientras san la ealerjadeaban y smecan, y una vez all dijeron que tenan sed, de modo que abr el cofre de mi crto y ofrec a las jvenes dchcas de diez aos un verdadero y jorosch escocs, aque bien mezclado con agujas-y-alfileres. Se staron en mi cama (todava sin arreglar) y balancearon las piernas, smecao y pitedo la bebida, mientras yo pasaba en mi estreo sus patticos y malcos discos. Era compitear una suave y perfumada bebida sin alcol ra nios en vasos de oro muy beos, trabajas y costosos. Pero ellas decan oh oh oh y elamaban «Desmayante» y «Cumbroso» y otros slovos raros e estaban de moda en ese grupo infantil. Mitras pasaba esa cala para la oyesen, las anim a ber y luo a tomar otra copa, y la verdad no se opusieron, oh hermanos mos. De mque cuando ya habamos escucdo dos veces los tticos discos p (eran dos: Nariz lce, cantado por Ike Yard, y Noche tras da tras noc, gemido r dos hoibles eucodesyarblocados que no recuerdo cmo se llamab) ya estan cerca de la histeria mxima de las ptitsas jves, saltao de un extremo al otro de mi cama, y alredor del cuarto, y yo con ellas. Hermos, no necesito deribir lo que hicimos esa tarde, ps toeden imagirlo fcilmente. Las dos fron desplatisadas en un instante, mientras smecan como locas, y lepareca que la diversin ms bolche era vidr al viejo pap Alex todo na y erecto, empando la hipodrmica como un doctor desdo, y apcose en la ruca el viejo pinchazo de secrecin de gato monts. Entonces sa de su fua la hermosa Novena, de modo que ahora Ludwig van tambin estaba na, y liqu la aguja silnte en el ltimo movimiento, que era puro xtasis. Y ah estaban, las cuerdel contrajo gorando al resto de la orquesta desde debajo de mi cama, y luego la golosa de mbre entrando y proclamando a todos la alegra, y la frase hermosa y exttica acerca de la Alegra que era una chispa gloriosa brotada del cielo, y entces sent los viejos tigres que brincaban em, y me aoj sobre las dos jvenes ptitsas. Esta vez no les reci nada divertido, y dejaron de crichar, y tuvieron que someterse a los extras peculiares dess de Alejarel Grande que con la Nova y el pinchazo de la hipo eran chusos, samectos y muy exigtes, oh hermanos mos. Pero las ptitsas estaban muy muy boachas, de modo que dicilmente hayan sentido muc. Cudo el ltimo movimiento termin por senda vez, con todo el estrpito y los crichos acerca de la Alegra Alegra Alegra, las s jves ptitsas ya no se hacan las damiselas sofisticas. Estaban despertando a lo e les ocua a sus malcas persitas, y decan que eran volver a scasa y algo as como que yo era una bestia salvaje. Pareca como si hubieran intervenido en una gran bitba, lo en efecto era el caso, y estaban todas lastimay enfuuas. Buosi no queran ir a la euela, de tos motenan que educarse. Y lo haban cseguido. Cricban y can ou ou ou mientras se ponan los platis y me hacan nchipunchicon los minsculos puitos, y yo estaba todo sucio y na, y cansado y descho en la cama. La joven Sietta cricha: -Bestia, imal odioso. Mstruo hoible y rugnante. -Dej e juntaran sus cosas, y se marcharon diciendo que los militsos deban ocuparse de m, y otras calas por el estilo. Se fueron ealeras ajo y yo me hu en el sue, y la vieja Alegra Alegra Alegra golpeaba y aulla lejanamte.
5 Sin emrgo, ocui que me despert tarde (segn mi reloj, cerca de las siete y treinta) y tal como se vio dess eso no fue muy inteligte. En este mundo perverso to cuenta. Hay que ponimar que una cosa siempre eva a otra. Cierto cierto cierto. Mi estreo ya no ctaba la Alegra ni los Abrazos a Todos Oh Mios, de modo que algn veco ha apagado el aparato, y se tena que ser pe o eme; a los dos se los slusa claramente en la sala, y r el cnc clinc de los platos y el slurp slurp de los que pite t, se notaba que estaban acabando una fatigada cena despus de pasarse el da rabotdo, pe en la fbrica y eme en el surmercado. Los preiejos. Los lamtables staios. Me puse la bata y me asom, ciendo el pel de carioso hijo nico, y dicien: -Hola, eh. Estoy mucho mejor spus de uda de anso. Listo rel trabajo de la noche y ra garme unos billetes. -Porque eso era lo que yo haca entonces sen ellos.- Yum yum, eme, ¿hay algo de eso para m? -Era a especie de pastel helado, que ella ha degelado para calentarlo luego, y que no pareca muy apetitosopero yo tena que decir lo que dije. P me mir con a expresin suspicaz y no muy complaci, pero nada do, porque no se atreva, y mam me ech una sonrisita descolorida, estilo fruto de mi vientre y nico hijo. Fui con paso airoso al cuarto de by scoo me di un buen lavado en todo el cuerpo, pore me senta sucio y gajoso, y volv a mi madriguera para vestir los platis de la noche. Lue, brilltepeinocillado y suntuosome sent frente a mi lontico de pastel. Pap dijo: -No quiero curiosear, pero ¿ndxactamente trabajas por las nocs? -Oh -repqu, mientras mastica-, son trabajos casuales, dar a mo aqu y all, lo s. -Le lanc un glaso maligno y sin vltas, como dicile que se ocupara de sus asuntos, que yo me ocupara de los mos.- Nunca pido dinero, ¿verdad? ¿Ni para ropas ni para diversiones? Entces, ¿r qu pregtar? Mi pap estaba concior murmurar masticar. -Lo siento -dijo al fin-. Pero a veces me preocupo. A veces tengo sues. Pdes rerte si ieres, ro hay mucho de verdad en los sos. Anoche so ctigo, y la verdad que no me gust da. -¿Cmo? -Ahora me interesaba que pe hubiese soconmigo. Tena la impresin de que yo tambin haba soado, pero no poda recordar bien qu.- ¿S? -dije, jando de masticar mi pastel pejoso. -Era muy claro -dijo mi p-. Te vi tirado en la cae, y los otros muchacs te haban pegado. Eran como los muchacs con quies aabaantes e te enviaran al ltimo coeional. -¿S? -Me re para mis adtros: pap creyeo yo me haba reformado realmente, o creyendo que crea. Y luego record mi prio sue, el e haba tenido esa maa, Georgie dando rdenes como un general y el viejo Lerdo s-+mecan por ah, sin dientes y con un ltigo. Pero se cir los suoignifican lo contrario de lo que parecen.- Nunca te inquietes por tu nico hijo y heredero, oh prmo -dije-. No temasrlmente sabe cuidarse bien.
-Y -dijo mi - estabas como impotte en un crcde sangre y no das contestar los golpes. -Eso era realmente lo contrario de lo que ocua, de modo que otra vez sonre diretamte para mis adtros, y lgo saqu todo el deo e tena en los carmanos, y lo hice sonar sobre el mantel de colores chillones. -Toma, , no es gran cosa -le de-. Es lo que gan anoche. Pero tal vez les alcce para una pitea de whiy e se puetomar los dos por -Gracias, hijo -repc pe-Pero ahora no salimos muc. No nos atrevemos, en vista de e las calles estn muy pegrosas. Mates jves, y todo eso. De cualquier mo, gracias. Mana traer una botede algo. -Y pe se metiel deo mal hido en los carmas l pantaln, mientras ma chista los platos en la cocina. Y yo me march repartiendo sonrisas carisas. Cudo llegu al pie de la ealerme sent un poco sorprendido. Ms tava. Abr la boca mostrao verdarsombro. Han venido a buarme. Me esperaban junto a la red garabateada, como yexpliqu: vecos y chis desdoen actitud severa exhibido la na dignidad del trabajo, frte a las rues de la iustria, y toda esa basura que les brotaba de las rotas, obra de los mlchicos rversos. El rdo tena en la mano una grsaa de color, y esta dibujando slovos sucios muy grandes sobre to el cuadro, y estalldo en las risotadel viejo Ler, bu ju ju, mientras escriba. Pero se volvi cuaGrgiy Pete me saludar, mostrndome los subos drus y briantes, y trompet: -Ya est u, ya ha venido, ah -e hizo una torpe pirueta que quera ser un paso de baile. -Estbamos preocupos -dijo Georgie-. Estuvimos esperdo y pitedo el viejo moloco acuchillado, y pensamos que tal vez estas ofdido por alguna vesche, de modo que vinimos a tu casa. ¿No es cierto, Pete, e -Oh, s, cierto -dijo Pete. -Apolologas -dije, cauto-. Me dola la golov, de modo que tuve que dormir. No me desrtaron cuando orden. En fin, aqu estamos todos juntos, listos ra lo que ofrezca la vieja naito, ¿s? -Pareca habrseme pegado ese ¿s? de P. R. Deltoid, mi consejero postcoeional. Muy raro. -Lamto lo del dolor -dijo Georgie, como si la cosa le preocupase mucho-. Tal vez estuviste usao demasiado la golov. Tal vez mucho trabajo ndo rdenes y cuindo la diipna, y cosas as. ¿Sero que se te pas el dolor? ¿No prefieres volverte a la cama? -y tos me ofrecieron una escie de malca srisita. -Un momento -dije-. Poamos clarito todo. Este sarcasmo, si as puedo llamarlo, no les sita bien, amiguitos mos. Quizs estuvieron gorando tranquamte a mis espaldas, haciendo algunos chistecitos y cosas por el estilo. Como para ustedes soy dru y lr, tgo derecho a saber lo que pasa, ¿eh? Ahora dime, Ler, ¿ ancia esa sonrisota de caballo? -Pues el Lerdo tena la rota ierta en una especie de smeca besu y silenciosa. Georgie intervino muy scoo: -Est bien, deja de tomrtelas con el rdo, herma. Eso es rte del nuevo estilo. -¿Nuevo estilo? -repet-. ¿Qu es eso de nuevo estilo? Seguro que se habl mucho a mis durmientes espaldas. Djenme slusar un poco ms. -Y mio cruc los brazos y me apoy cmamentcontra la deuida barda, siempre ms alto que ellos, los que se llaman mis drus, en el tercer ealn.
-No te ofens, Alex -dijo Pete-, ro la verdad, queremos que las cosas sn ms democrticas, y no te lo pases dicido lo que hay que hacer y lo que no. Pero sin ofenderte. -No hay ofensa para ti ni para nadie -dijo Georgie-. Se trata de saber quin tiene ids. ¿Qu ias tuvo el hombre? -y clava en m los glasos muy fros.- Peqeces, malcas vesches como lo de anoche. Estamos crecien, rmanos. -Ms -insistsin moverme-. Quiero slusar ms. -Bien -dijo Georgie-, si quieres enterarte, entrate. Anmos por ah, crastan necios y cosas por el esto, y a cada uno le toca un miserable pue deo. Y ah est Will el Ils en el Musculoso, y dice que acepta cualquier cosa que un mlchico se atreva a crastar. Lo que brilla, el hielo -dijo, siempre con los glasos fros clavas en m-. En lo que dice Will el Ingls hay dinero del gran. -Aj -coment, como si no me importara, pero sintime de veras rasdrs r dentro-. ¿Desde cnddas en componendas y tratos con Will el Ingls? -Ahora y siempre -contest Grgie-. Ando por  odinoco. El sdo pasado, r ejemplo, druito, pdo vivir mi pria chis, ¿verd? Hermos mos, to eso no me gustbsolutamente nada. -¿Qu harn -prent- con el gran gran deo, o dinero como tan prestuosamente lo llaman? ¿No tienen todas las vesches e cesitanSi ieren un auto lo sacan de la calle. Si necesitan deo lo toman. ¿S? ¿A qu viste sila reptino? ¿Ahora quieren ser os gordos capitastas mugrientos? -Ah -dijo Georgie-, a veces piensas y goras como un nio. -El Lerdo tosu juj juj juj.- Esta noche -conti Georgie- crastaremos como hombres. De modo que mi sueo ha sido verdadero. Georgie el geradicido lo que debamos hacer y lo que no, y el Lerdo con el ltigo como un bulldog sonriente y sin cerebro. -Bue. Verdaramente jorosch. La iniciativa se ofrece relada. Te ense muchas cosas, druito. Y ahora, dime  ties pensado, erido Georgie. -Oh -dijo Georgie, con sonrisa astuta y ladina-, primero el viejo moloco, ¿no te parece? Algo que nos levte, muchacho, ro a ti especialmente, e siempre nos guas. -Has gorado mis propios psamiento-sonre, sin actar la provocacin-. Justamente pensaba proponer el viejo querido Korova. Bien bien bien. Adelante, peo Georgie. -E hice scie de reverencia profunda, sonrieo como besu, y pensando a todo vapor. Pero cuando llegamos a la cae pude vidr claramente que el pensar es ra los glos y que los umnos usan la inspiracin y lo que Bogo les mda. Pues en ese momento una hermosa msica vino en mi aya. Pasaba un auto con la radio encendida, y alcanc a slusar un comps o dos de Ludwig van (era el ltimo movimiento del Concierto para violn), y pude vidr en seguida lo que tena que hacer. Dije con voz espesa y profda: -Muy bi, Grgie, ahora -y su mi filosa britba. Grgie do-: ¿Qu? -pero fue bastante scoo con el noc; el filo sali de la funda y los dos s frentamos. El viejo Lerdo elam: -Oh, no, eso no est bien -y comz a
desroar la cana que llevaba alrededor de la talla, pero Pete do, trabdo firmemte con la ruca al viejo Lerdo-: Djalos, as est bien. -De modo que Georgie y Vuestro Humilde hicieron los viejos y senciosos pasos de gato, buando la ortunidad, y cociendo cada uno el estilo del otro un poco masiado jorosch, y de tanto en tanto Grgie haca lurch lurch con el noc respldeciente, ro sin egar a tocarme. Ya cada momento pasaban lios y vidban to, pero no se me, pore dcirse que erun espectculo coite. Pero tonces cont odin dva tri y me tir ak ak ak con la britba, aque no al litso ni a los glasos, sino a la ruca de Georgie que sostena el noc y entces, rmanitos mos, lo solt. S, eso hizo. Solt el noc que cay haciendo tincle tancle a la fra vereda invernal. Le haba cortado un tajo en los dos con mi britba, y ah esta, mirdo el malco goteo de crobo que se desplegaba como unmancha roja a la luz l farol.- Ahora -dije, y era yo el e tomla iniciativa, pues Pete haba dado al Lerdo el soviet de no sacarse el usy de la talla, y el rdo lo haba acatado-. Ahora, rdo, vmos cmo estn las cosas tre nosotros, ¿? -El Lerdo hizo aaaaargh como un animal bolche y besu, y senroll la cana verdaderamente jorosch y scoo, y yo no tuve ms remedio que admirarlo. Ahora deba usar otro estilo, agazaparme como en el salto de rana para proteger el litso y los glasos; y eso hice, hermo, y el bre y viejo Lerdo se sinti un malco sorprendido, pore esta acostumbrado a deargar lash lash lash sobre la cara expuesta. Ahora bien, bo recocer que me la dio hoiblemte sobre la espalda y que me ardi como besu; pero el lor me do ba dar scoo y acabar de una vez con el viejo Lerdo. Tir con la britba a la no izquierda, un golpe muy ajusta, y cort dos lgadade ropa y le saqu una malca ta de crobo, suficiente para ponerlo verdaramente besu al Ler. ego, mientras l haca jauuu jauuu juu como un peito, say el mismo estilque con Grgie, jugdome todo a un solo movimiento: aibacruce, corte, y sent que la britba entraba bastante hondo en la carne de la mueca; el viejo Lerdo solt allmismo el usy silnte y se puso a gritar como un nio. Luo intent berse toda la sangre que le sala de la meca, auao a la vez, y ha demasiado crobo, y el Lerdo se atragtaba y la colora le brotaba como de una fuente, auue no por mucho tiem. -Bien, drus mos -dije-, ara sabemos cmo estn las cosas. ¿S, Pet -Yo nunca dije nada -contest Pete-. Nunca gor ni un slovo. Mira, el viejo Lerdo se est desgrando y morir. -No -repqu-. Slo se muere vez, y el Lerdo muri antes de nacer. Ese crobo colorado parar muy pronto. -Porque en realidad no le haba cortado los cables principales, y sacdo un tastuco limpio del carma le vend la ruca al bre, viejo y morindo Lerdo, que aullaba y gema, y el crobo r como yo hdicho, oh hermos mos. As que ahora saban quin era el amo y lder, o as lo crea yo. No se necesit mucho para calmar a los dos soldoheridos en la comodidad l Due de Nueva York, con grans braie(pagas con el dinero de mis drus, ps yo haba entregado el mo a mi pe) y a lavada con los tastucos mojos en la jae ag. Las viejas ptitsas con las que habamos sido tan joroschs la noche anterior estaban otra vez a, y sean con los -Graciasmucchos- y -Dios los bdiga, chicos-como si no pudieran parar, a pesar de que no habamos retido la eensamantina. Pero Pete dijo-: ¿Qu quieren tomar, chicas? -y les pag caf y menjjes, ps aparentemente ta bastante deo en los carmas, as que insistieron ms alto que antes con -Dios los beiga y les d salud, muchachos- y -Nunca les jaremoucio- y -Son los mejores muchachos e pisan la tiea, eso son. -Finalmente dije a Georgie: -Ahora estamos lo mismo que antes, ¿s? olvimos lo pasado, ¿cierto?
-Cierto cierto cierto -dijo Georgie. Pero el viejo Lerdo pareca un poco aturdido, y hasta egcir: -¿Sen?, podra habrsela dado a ese bastardo con mi usy, ro se me interpuso un veco -como si hiese estado dratsao con otro y no conmigo. je entonces: -Bue, Georgie erido, ¿qu ests psando? -Oh -dijo Georgie-, esta noche no. Por favor, no esta naito. -Eres un cheloveco grae y fuerte -afirm-, como todos nosotros. No somos nios, ¿verdad, Georgie querido? Vamos, dime, ¿qu pensabas cer? -Podra berlsacado los glasos rlmente jorosch -dijo el Lerdo, y las viejas bchcas ctinuaban la cantinela: -Ahgracias, muchacs. -Se trata de esa casa -dijo Georgie-. La que tiene las lmparas afra. La del nombre glo. -¿Que nombre glo? -La Mansin o la Manse, o cualquier otra idiotez as. Donde vive una ptitsa muy staia con los gatos, y todas esas vesches muy staias y vaosas. -¿Por ejempl -Oro y plata y joyas. Fue lo que do Will el Ils. -Vid -coment-. Vid jorosch. -Saba de qu habla: los ioiejos, poco ms all del edificio Victoria. Bi, el lr verderamente jorosch sabe cudo tiene que ceder y mostrarse neroso. -Muy bi, Grgie -dije-. Una idea eelente, y la seguiremos. Salgamos ara mismo. -Y cuao salamos, las viejas bchcas repe: -No hablaremos, mucchosUstedes estuvieron u sin moverse. -Y yo les dije: -Magnfico, muchacs. Volveremos a parles tragos en diez minutos. As, al frente de mis tres drugos, march en bua de mi propia perdicin.
6 Pasao el Due de Nueva York, en direin al este, se levantaban edificios de oficinas, luego la staia y carcomida biblio y el bolche edificio llamado Victoria, seguramente por alna victoria; y lgo se eba a las casas staias de la llamada ciud vieja. Aqu se levantaban algunos de los tiguodomos rlmente joroschs, hermos mos, habitados por lios staios, viejos coroneles ladradores armados de bastos y viejas ptitsas enviadas y damas sordas staias aficiodaa los gatos y quehermanos mos, no haban sentido el tue de ningn cheloveco en todos los das de la pursima chis. Y en esas casas ba, es cierto, vesches staias que valan dinero en el merco turstico: curos y joyas y otras calas staias de la misma clase, de la oca anterior al plstico. As que nos acercamos discretamte al domo amado Manse, y afuera haba focos de luz sre stes de hieo, como grdando los ostade la entra, y tambin una luz ms numbrosa en uno de louartos de abajo, as que buscamos un lugar ouro en la calle para mirar r la ventana dentro de la casa. Esta ventana tena baotes de hieo, como una prisin, pero pudimos vidr claramte lo que pasaba antro. Lo que a itea era que esta staia ptitsa, de bolosos muy grises y litso augo, estaba echando el viejo moloco de una botella en varios platitos, y piendo los platitos en el piso, de modo que poda adivinarse e ha montones de cotos y cotas menese r all. Y dimos vidr uno o dos, scotinas graey gordas, saltando a la mesa con las rotas abiertas ciendo meeer meeer meeer. Y tambin se vidba a la vieja bchca habloles, gorando con lenaje regan a los gatitos. En la sala se vidba un montn de antiguas fotos sre las pares, y relojes staios y muy complicos, y tambin algunos vasos y arnos que parecan staios y doros. Grgie murmur: -Por esas vesches cseguiramodeo de verdad y jorosch. Will el Ils est muy tusiasmado. -Pete dijo: -¿Cmo tramos? -Ahora era mi turno, y scoo, tes que Georgie s dese su idea.- La primera vesche -murmur- es pror lo comn, por el frente. Le hablar con cortesa y le dir que uno de mis drus ha tenido un raro desmayo en la calle. Grgie pue hacer la demostracin, cudo ea abra. Dess pedimos ag, e s deje telefonear al mico. Lo que sigue es fcil. -Tal vez no quiera abrir -dijo Georgie. -Probemos, ¿? -le ctest, y Georgie medio encogi los plechos, niendo rota de so. As e les de a Pete y al viejo Lerdo: -Ustedes, drus, o a cada lado de lpuerta. ¿De acuerdo? -Asintieron en la ourid, cierto cierto cierto.- Bueno -dije a Grgie, y avanc derecho hacia la puerta de calle. Haba un timbre, y apret el bot, y brrrrr brrrrr son en el vestbulo. Pareca que se haban parado a slusarnos, como si la ptitsa y los cotos estuviesen con las orejas vueltas cia el brrrrr brrrrr , pruntndose qu saba. De modo que apret el viejo svonoco un malquito ms urgente. Acer la rota al ajero de las cartas y habl con golosa refida: -Auxilio, serapor favor. Mi amigo acaba de enfermarse en la calle. Le ruego que me permita telefonear a un mdico. -Ah pude vidr que se encenda luz en el vestbulo, y luego o las nos de la vieja bchca y las chilas que hacan flip flap fflap, acercndose a la puerta, y se me ocui, no s r q, que eva un gato grande y gordo dajo de cada brazo. Me habl, y la golosa era extraamente profunda: -VyanseVyanse o disparo.
Grgie la oy y casi larga una risita. Repqucon acto de lor y apremio en mi golosa de caballero: -Oh, se lo ruego, seora. Mi amigo est muy mal. -Vyanse -repiti-. Conozco esas sucias trampas, me hacen abrir la puerta y desps me obligan a comprar cosas que no necesito. Les digo que se vay. -Verderamente, qu hermosa inocencia.- Vyanse -repiti- o les echo los gatos cima. -Esta un malquito besu, era evidente, de pasarse toda la chis odinoca. Entonces levant los ojos y pe vidr e encima de la puerta haba una ventana de guiotina, y que sera mucho ms scoo trar a fuerza de plechos y entrar de ese modo. De lo contrario, esa diusin poda durar toda la larga naito. As e dije: -Muy bi, sera. Si no quiere ayarme, llevar a otro lado a mi dolite amigo. -E hice un guio a mis drus para que se estuviesen calladitos, mitras yo segua hablando: -Est bien, viejo ami, sero enctraremos en otro sitio alguna buena samantina. Quiz no sea justo censurar a esta ciana sora se muestra tan suspicaz, con tantos grajas y vabundoque andan por la noche. No, realmente no pomos criticarla. -Esperamos nuevamente en las sombras, y yo murmur: -Bue, vol- vamos a la puerta. Me alzo sobre los plechos l rdo. Abro la venta y entro. Lgo le to la boca a la vieja ptitsa y ro a los dems. Sin problemas. -Yo estaba demostrando que era el lder y el cheloveco que tena ideas.- Vean -dije-. Sre la puerta hay un jorosch reborde de piedra, justo para mis nos. -Tos lo videaron, se me ocui e con admiracin, y dijeron y afirmaron cierto cierto cierto en la ourid. As e volvimos en ntas de pie a la puerta. El Lerdo era nuestro mlchico ancho y fuerte, y Pete y Georgie me alzaron hasta los plechos bolches y maulis del Ler. Y mientras tanto, gracias sn das a los programas mundiales de la gla televisin, y sobre todo al temor de los lios a aar de noche por la cae, en vista de la falta de poca: la cae estaba desierta. De pie sobre los plechos del Lerdo vi que el rerde de pira aantara bien mis tas. Primero ay las rodias, hermos, y un segundo dess me encontraba de pie en el rebor. Como haba supsto, la ventana estaba cea, ro le di un golpe con el o de hueso de la britba y romp mpiamte el vidrioMientras tanto, ajo, mis drus respiran afanosos. Met la ruca r el ajero y sub despacio y en silencio la mitad inferior de la ventana. Y as fue, como meterse en la bera. Y ajo estaban mis ovejas, las rotas iertamirome, oh heos. To estaba ouro, y por a y r all camas y armarios, y bolches y sadas bauetas y pas de cajas y libros. Pero yo camin virilmente hacia la puerta del cuarto, pore de all vena un rayo de luz. La erta hizo euiiiiic, y me encontr en un coer polvorito, con otras puertas. Qu despilfao, hermanos, me refiero a tantos cuartos y a sola fosa staia y sus relones, pero tal vez los cotos y las cotas tan dormitorios serados, y vivan tomao crema y comieo cazas de pecomo reis y prncipes rles. Desde abajo vena la golosa agada de la vieja ptitsa e deca: -S, s, s, eso es-, pero seguramente goraba a las bestias mauantey meneantes que hacan miaaaaaa pidiems moloco. Entonces vi la ealerue bajaba al vestbulo y pens les mostrara a miitey veleisos drus que yo vala tanto como los tres y ms. Lo hara todo odinoco. Si era necesario aplicara la ultraviolencia a la ptitsa staia y a sus relones, luo tomara rucas de lo que me pareciera realmente poleso, e ira bailando hasta la puerta de calle y rira para mostrar el oro y la plata a mis drus, que esperaban afuera. As aprenran quin era el jefe. Empec a bajar la ealera, lento y silencioso, mirando en el deenso grasas imnes de otros tiempos -dchcas con pelo largo y cueo alto, cosas del campo con
rboles y callos, el santo veco bardo todo na colndo de la cruz. Haba un vono realmente mohoso a gatitos y a peady a lvo staio en este domo, diferte de lo que se ola en los edificios de vivieas. Y cuando llegula planta baja pude vidr el cuarto ilumido del frente, nde ella haba estado sirviendo moloco a los cotos y las cotas. Ms, pude ver las graescotinas bien rellenas que iban y venan ondulando la cola y como frotando el piso con la baiga. Sre un arcn de madera, en el vestbulo oscuro, haba una bonita y malca estatua que briaba a la luz de mo que decid crastarla ra m: era una dchca lgada y joven, de pie sobre una no con las rucas extendidas; en seguida vi e era de plata. De modo que la tena en la mano cuando me met en el cuarto ilumido, dicieo: -Ja, ja, ja. Al fin nos encontramos. Nuestra breve gorada por el ajero de las cartas no fue, digamos, satisfactoria, ¿s? Reconozcamos que no, oh ciertamente no lo f, hionda y staia vieja fosa. -Tuve que frotarme los ojos cuando vi el cuarto y a la vieja ptitsa. Haba cotos y cotas por tos partes, ydo y viniendo sobre la alfombra, y mechos de lo amontonados, y las scotinas rdaeran de diferentes formas y colores, blanco, negro, motdojengibre, carey, y tambin de tas las edes, as que haba cachoitos que jugaban, y gatos crecis, y otros realmente staios y de muy mal carcter. La due, la vieja ptitsame mir resiva como un hombre, y dijo: -¿Cmo entr? Mantenga la distancia, perverso joven, o me ver ligada a pegarle. No tuve ms remio que smecar realmente jorosch, vidndo que ella tena en la ruca vosa un bastn de madera oure alz, amezante. As que mostrndole los subos blancos me le acer un poco ms, sin prisa, y en eso vi sre un estante una veschita rmosa, la cosa malca ms linda que un mlchico aficionado a la msica como yo hubiese podido vidr con los propios glasos, pues era la golov y los plechos del prio Ludwig van, lo qullaman un busto, a vesche como de piedra, con largos cabellos de piedra y los glasos cies, y la corbata suelta y ancha. Me le ech encima sin pensarlo, mitras ca: -Bue, qu rmoso y todo para m. -Pero al acercarme, los glasos clavados en la vesche, y la ruca mbrienta extendida, no vi los platos en el suelo, met el pie en uno y casi pierdo el eilibrio.- Hup -dije, tratdo de eerezae, pero la viejita ptitsa se haba acercado por trs sin que yo la tara, con mucho scoo para su edad, y  comenz a hacer crac crac sobre la golov con el lo. Y entonces me enctr ayado en las rucas y las rias, tratando de incorporarme y dicido: -Mala, mala, mala. -Y ella segua crac crac, gritando:- Perverso piojo de albal, metindose en las casas de la ntautntica. -No me gustaba el crac crac crac, as que tom un extremo del palo cudo volvi a bajarlo sobre mi golov, y ella perdi el uilibrio y quiso apoyarse en la mesa, ro entces se vino abajo el mantel con la jay la botella de lec, y se oy splossplosh en todas direcciones, y la vieja ptitsa cay al suelo grendo y gritdo: -Maldito seas, muchacho, esto me lo gars. -Ahora todos los gatos comzaron a spurse, y coan y saltan ateorizados, y se aan entre ellos, y ba tolchocos de gatos con mucha movida de las, y ptaaa y grrrr y craaaarc. Me enderec sobre las nos y ah esta la maligna y vgativa forella staia con los pelos alborotados y grendo mientras trataba de levantarse del suelo, de modo que le di un malco ntapi en el litso, y no le gust na, y grit: -Gaaaaah -y se poda videar que el litso venoso y mancdo se le pa rpurdoe yo ba apcado la vieja no. Cudo retroced spus de encajarle la patada, seramente le pis la cola a uno de los tocrichtes y dratsantes, pore slus un gronco yauuuuu y der que un montn de pelos, dientes y gaas se me haba afeo a la pierna, y de pronto me enctr lanzando maldiciones y tratando de sacudirme el coto, mientras sostena la malca estatua de plata en ruca y procuraba pasar sobre la vieja ptitsa en el suelo
para alcanzar al hermoso dwivan que me miraba con ojo de piedra. Y aqu met el pie en otro plato lleno de moloco cremoso, y as sal voldo de nuevo, y ta la vesche era realmte muy graciosa si o pa imaginarse que le slucba a cualquier otro veco, y no a Vuestro Humde Naor. Y entonces la staia ptitsa del suelo extdi la ruca sando por encima de todos los gatos dratsantes y maullantes, y me aga la no, sin dejar de gritar -Gaaaaah-, y como yo casi ha rdido el equibrio, ara me fui de veras al slo, en medio del moloco deamo y los cotos scraictes, y la vieja forella empez darme puetazos en el litso -los dos estbamos en el suelo- al mismo tiempo que cricha: -Denle ltigo, penleauenle las uas, es una chinche venos-y slo blaba a sus gatitos; y entces, como obedeciendo a la vieja ptitsa staia, un par de cotos se me aojencima y comenzaron a ararme como besus. As que, hermanos, yo mismo me puse verdaderamente besu, y repart alnos tolchocos, ro la bchca dijo: -Escuerzo, no toques a mis tito-y me ara la cara. De modo que yo crich: -Sumca vieja y hedioa -y alc la malca estatua de plata y le di un buen tolchoco en la golov, y as la call realmente jorosch. Ahora, mitras me incorporaba entre todos los cotos y las cotas cracantes, slus nada menos que el chumcm de la vieja sirena pocial a la distancia, y comprend scoo que la vieja forella de los gatos ha estado hablando por telfo con los militsos cuao yo cre e goraba con sus stias mlladoras, pues se le haban despertado scoo las sospechas cuando yo toqu el viejo svonoco preteiendo que necesitaba ayu. As que ahora, al slusar el temido chumchum l coche de los militsos, co hacia la erta del frente y me cost un raboto del infierno quitar todos los ceojos y canas y cearas y otras vesches protectoras. Al fin consegu rir, y quin esten el umbral sino el viejo rdo, y ah mismo alcanc a vidr la huida de los otros dos de mis llamas drus. -Largo de aqu -cric al Ler-. Llegan los militsos. -El Lerdo dijo: -T te quedas a recibirlos juh juh juh juh -y entonces vi que haba desenroado el usy, y ahora lo levantaba y lo haca silbar juisssss y me ba un golpe rpido y artstico en los prdos, es alcc a cearlos a tiempo. Y cudo yo estaba auando y tratando de vidr y agntar el teible lor, el Lerdo dijo: -No me gust e hicieras lo que hiciste, viejo dru. No fue justo e me trataras de ese mo, brato. -Y luo le slus las tas bolches y pesadas que se alejaban, mitras haca jujuh juh juh en la ouridad, y apas siete segundos despslus el coche de los militsos que vena con un roso y largo auie la sira, que iba apndose, como un animal besu que jaa. Yo tambin estaba aullando y manoteao, y en eso me di con la golov contra la parel vesloes tena los glasos completamente ceados y el jugo me brotaba a choos, y dolor lor dolor. As daba a tientas r el vestbulo cuallaron los militsos. Por supsto, no poda vidrlos, pero s da slusarlos y ola condenadamente bien el vono de los bastars, y prto pude sentirlos cuando se pusieron bruos y practicaron la vieja eende retorcer el brazo, sacndome a la calle. Tambin slus la golosa de un militso e deca desde el crto de los cotos y las cotas: -Recibi un feo golpe, ro tava respira -y r tas partes mauiy fidos. -Un verdadero placer -o decir a otro militso, mientras me tolchocaban y mean scoo en el auto-. El peqo Alex, todo para nosotros. -Estoy ciego -cric-. Bogo los maldiga y los aplaste, grasos stardos. -Qu lenguaje -dijo la golosa de otro que se estaba rieo, y ah mismo recib en pla rota un tolchoco con el revs de a mano, que tena anlo. Elam: -Bogo los laste, bracos vonosos, maloentes¿Dde estn los dems? ¿Dde estn mis drus hions y traidores? Uno de mis malditos y grasos bratos
me dio con la cadena en los glasos. Agenlos antes que eapen. Eos quisieron hacerlo, rmanos. Casi me obligaron. Soy icente; que Bogo termine con ellos. -Aqu tos estan smecose con gas, y la mayor rfidia, y as, tolchocdome, me empujaron al interior del to, ro yo continu hablao de esos supuestos drus mos, y entonces comprend e era intil, porque todos estaran ya de vuelta en la comodidad del Due de Nueva York, metiendo caf y menjunjes y whiies bles en los gorlos sumisos de las hiondas ptitsas staias, mitras ellas decan: -Gracias, muchachos, Dios los ndiga, chicos. Aqu estuvieron todo el tiempo, muchacs. No les quitamos los ojos de encima ni un instante. Y tretanto, con la sira a todo volum, itemos en direin al cuchitril de los militsos, yo encajonado entre dos, y de vez en cndo los protentematome larban algn gero tolchoco. Entonces descubr que poda abrir un malco los prdos de los glasos, y a travs de las lrimai la ciudad que coa los costas, como si las luces se persiguieran us a otras. Y con los glasos e me eocan vi a los dos militsos smecantes sentados atrs conmigo, y al cductor de cueo delgo, y al lado el stardo de cuello grueso, y ste me goraba sarco, y me deca: -Buequerido Alex, toesperamos sar una grata velada juntos, ¿no es cierto? -¿Cmo sabes mi mbre, vonoso matn hediondo? Que Bogo te hunda en el infierno, graso braco, sucia sura. -Al or esto tos smecar, y uno de los militsos malolientes que estaban atrs me retorci el uco. El veco de cuello gordo que iba adelante dijo entonces: -Tos conocen al queo Alex y a sus drus. Nuestro Alex ya es un chico bastante famoso. -Son los otros -cric-. Georgie, el Lerdo y Pete. Esos hijos de puta no son mis amis. -Bien -dijo el veco de cuello gordo-, tienes toda la noche para contamos la historia completa de las notables hazade esos jvenes calleros, y cmo llevaron por mal camino al pobrecito e inocente Alex. -En eso se oy el chumcm de otra sirena policial que se cruz con la nuestra, pero avanzando en direin contraria. -¿Va a buar a los bastars? -prent-. Ustedes, hijos de puta, ¿van a deterlos? -Eso -dijo el veco del cueo ancho- es una ambulancia. Suramente para tu anciana vctima, regnante y perverso gruja. -Ellos tienen la culpa -cric, staeandopues los glasos me ardan-. s bastardos estarn pitedo en el Due de Nueva York. Aglos, malolites mitsos. -Y ah ms recib otro malco tolchoco y o risasoh rmanos mos, y la pobre rota me dola ms que antes. Y as llegamos al hediondo cuchitril de los militsosy a patadas y empujones me ayudaron a sar del auto, y me tolchocaron escaleras aiba, y compre que estos pestferos grasos bracos no me trataran bien, Bogo los maldi.
7 Me aastrarna cantora muy uminada y calada, y haba un vono fuerte, mezcla de enfermera y lavatorios, cerveza rancia y sinfectante, y todo vena de las piezas enrejadas que estaban cerca. Algunos de los plios enceados en las celdas malcan y cantan, y me pareci slusar a uno que aulla: Y volver a mi na, a mi na, cuao tú, nena ma, te hayas ido. Pero tambin se oan las golosas de los militsos que ordenaban sencio, y hasta se slusa el svuco de alguien al e tolchocaban verdaramente jorosch y que haca ouuu, y era como la golosa de una ptitsa staia ac, no de un hombre. En la cantora estaban cmigo cuatro militsos, y tos pitean chai en gran estilo: ba a gran jaa sobre la mesa, y sorban y eructaban y las jetas eran sucias y bolches. Por cierto no me ofrecieron ni una gota. Lo nico me dieron, hermas mos, fue un espejo staio y caloso para que me mirase, y de veras yo ya no era vuestro llo y joven Naor, sino un autntico straco, con la rota hincha, los glasos enrojecidos, y la nariz un poco machucada. Todos smecar realmte jorosch cndo vidron mi cara de desaliento, y uno do: -Como una joven sadilll amor. -Y entonces areci un jefe de los militsos con cosas como estrellas en los plechos, ra demostrar que picaba alto alto alto, y al vidrme dijo: -Hum. -Y as emzaron. -No dir un solo y solitario slovo si no viene mi agado -les grit-. Conozco la ley, bastars. -Por suesto, tos largaron una gronca smeca al orme, y el militso de las estrellas me mir y do: -Muy bi, muchacscomenzaremos demostrole que tambin nosotros conocemos la ley, pero que conocerla no es suficiente. -Ta una golosa de callero y hablaba con aire muy fatigo; y al hacerlo asinti con sonrisa de dru a un bastardo grae y rdo. El bastardo grande y gordo se quit la tnica, y uno poda vidr que ta una panza grande y staia; y entces se me acerc no muy scoo, y cuao ri la rota en una mueca laiva y muy cansa, le ol el vono del chai con leche que haba estado pitedo. Para ser militso no tena la cara muy bien afeitada, y uno poda vidrle parcs de sudor seco en la camisa, jo los brazos, y despa ese olor parecido a cera de os. De pronto ce la ruca roja y dionda y me la dearg justo en la baiga, lo que no estuvo bien, y tos los dems militsos smecar con ganas, eto el jefe, que conserv la sonrisa como cansada y abuida. Tuve oyarme en la pared calada, de modo que los platis se me mancharon de blanco, y trat de recobrar el aliento, sintiendo un dolor udo, y me pareci que iba a vomitar el pastel prioso que haba trado por la tarde. Pero no pude soportar la idea de vomitar sobre el suelo, de mo que me contuve. Entonces vi que el matn rdo se volva cia los drus militsos para festejar rlmente jorosch lo bcho, as e levant la no derecha, y antes que pudieran cricharle aviso le apliqu un puntapi limpio y claro en la espinilla. Crich como un besu, y se puso a dar saltos de un lo a otro. Pero spus todos se dieron el sto, aojdome de al otro como si yo hubiera sido una condenada pelota, muy gasta, oh hermanos mos, y me dieron petazos en los yarblocos y la rota y la bai, y me largaron ptapis, y al fin tuve que vomitar en el suelo, y sta dije como si yo frun autntico besu: -Disculpen
disculpen diuln. -Pero ellos me dieron pedazos staios de gasetta y me hicieron limpiar, y despus me hicieron trabajar con el asen. Y spus dijeron, casi como si hubieran sido viejos y queris drus, que yo deba sentarme para tener a trquila gorada. En eso entr P. R. Deltoid para vidr un poco, como que tena el descho en el mismo ificio; y pareca muy cansado y graso, y empez dicieo: -As e ocui, Alex erido, ¿s? Lo que yo presena. Querido querido querido, s. -Luo se volvi hacia los militsos y contin: -Bues ches, insctor. Buas, sargento. Bues, buas a tos. Bien, aqu termino yo, s. Qridoeste chico no est muy bi, ¿verd? Mrle un poco el ascto. -La violencia engendra violencia -dijo el jefe militso con voz untsa-. Se resisti al aesto lal. -Aqu termino yo, s -repiti P. R. Deltoid. Me observ con glasos muy fros, como si ahora yo fuese una cosa y ya no un chevoleco muy csado, ensgrentado y apaleado-. Tdr e presentarme en la corte, masongo. -No fui yo, hermoseor -dije, un malquito oroso-. Defimeseor, tan malno soy. Seor, los otros me traicionaron y me llevaron por mal camino. -Canta como un jilguero -dijo burln el jefe de los militsos. -Hablar ante el tribul -dijo framente P. R. Deltoid-. All estar maa, no te preocupes. -Si quiere darle un en golpe en la trompa, sr -dijo el jefe de los militsos-, no se preocupe por nosotros. Lo tendremos sujeto. Sero que fue una tremenda decepcin para usted. Entonces P. R. Deltoid hizo algo que yo jams hubiese credo, un hombre e tena como funcin convertirnos a los mallos en chelovecos rlmente joroschs, y sobre to con los militsos alredor. Se acerc un poco y eupi. EupiMe eupi en el litso, y dess se limpi la rota meda y eupira con el rso de la ruca. Y yo me limpi y me limpi y me limpi el litso escupido con el tastuco ensangrentado, y le dije: -Gracias, sor, muchas gracias, seor, eso fue muy amable de su parte, sor, muchsimas gracias. -Y  P. R. Deltoid sa sin decir un slovo ms. Entonces los militsos se dedicaron a preparar una larga declaracin que yo tera que firmar; y yo ps, infierno y basura, si ustes bastarestn del lo del Bi, me alro de pertenecer al otro club. -Muy bien -les dije-, bracos grasos, sodos vonosos. Escrib, eriban, no pienso aastrarme ms sobre el bruco, merscas suras. ¿Por de iereempezar, animales calosos? ¿Desde mi ltimo coeiol? Jorosch, jorosch, ps ah lo tien. -Y empec a hlar, y el militso tagrafo, un cheloveco trquilo y mido, e no era un verdadero militso, comenz a enar pina tras pgina tras pgina. s confes la ultraviolencia, el crasteo, los dratsas, el us uns, todo lo haba hecho hasta la vesche de esa noche con el robo a la ptitsa staia y buta de los cotos y las cotas maulltes. Y procur e mis llamados drus estuviesen bien metidos en el asunto, hasta el schiya. Cuando termin, el militso taqugrafo pareca un poco enfermo, pre infeliz. El jefe militso le dijo con una golosa casi amable: -Bien, hijo, vete a tomar a butaza de chai, y luego eribes toda esa mugre, con un broche de ropa en la nariz, en tres copias. Despus se las tral hermoso y joven amigo, para que las firme. Y t -me dijo- puedes pasar a tu suite matrimonial, con
agua coite y todas las comodidades. Bno -dijo con golosa cansada a dos de los matones-, llvenselo. En fin, a patadas, lpes y empujos me llevaron a las cels, y a me sieron junto a diez o doce pliosmucs de eos boachos. Entre eos ha vecos uchass, como imales, uno con toda la riz comida y la rota ierta como un gran agujero negro; uno que estaba apoyado ctra la puerta, roncdo ruidosamente, mientras de la rota le sala sin parar una especie de hilo baso, y o ta los ptalonetos sucios de cala. Haba dos que me parecieron maricas, y en seguida se interesaron en m, y uno me salt cima, y tuvimos una dratsa muy desradable, y el vono que despeda, como de gas y perfume barato, me enferm otra vez, slo que ora tena la baiga vaca, oh rmanos mos. Entonces el otro marica quiso echarme los brazos, y bo una ruisa pelea tre los dos, rque ambos me buan el ploto. El chumchum am la atencin de un r de militsos que vinieron y lpearon a los dos con las cachias, y as se callaron y se quedaron con los ojos perdidos, y el viejo crobo gotea pim pim pim por el litso de uno de ellos. En la celda haba camastros, pero estaban todos ocupos. Tr al ms alto de una hilera que tena cuatro, y all encontr un veco staio y boacho que roncaba, prablemente tirado all aiba por los militsos. Bueno, lo baj otra vez, no era muy sado, y cay sobre un cheloveco gordo y acho tirado en el slo, y los s desrtaron y emzaron una eenttica de crichas y petazos. Hermanos mos, me tend sobre la cama vonosa, y me hund en un sueo muy fatido, agotado y doloroso. Pero no fue un verdadero suo, era como meterse en otro mdo mejor. Y en ese mundo mejor, oh hermanos mos, yo estaba en un campo de flores y rboles, y se vea un macho cabro con litso de hombre y tocaba una especie de flauta. Y entces pareci que sala el sol, el propio dwivan, con el litso rugiente, la corbata suelta y el boloso sordenado y sro, y tonces o la Novena, ltimo movimiento, con los slovos un poco cambiados, como si ellos mismos supieran que deban ser distintos, ya que se trata de un sueo: Muchacho, rugiente tiburón del paraso azote del Elseo, corazes de fuego, transrtados, extáticos, te tolchocaremos en la rota y patremos el culo grasño y vonoso... Pero la meloda estaba bien, como lo supe cuando mspertaros o diez minutos o veinte horas o das o aos dess, ps me haban quitado el reloj. Ah estaba umilitso, como a kmetros y kilmetros ms ajo, y me pinchaba con un gaote que tena un clavo en el extremo, al tiempo que deca: -Despierta, ho. Despierta, hermosura. Aiba que te espera un lindo problema. -¿Por q? ¿Dde¿Qu sa? -atin a decir. Y la msica de la Oda a la Alegra, en la Novena, se oa a lo lejos y adtro, y era hermosa, verdaramente jorosch. El militso dijo: -Ven ajo y debrelo t mismo. Te esperan unas rmosanovades, hijo mo. -Baj como pude, muy rgido y dolorido, y en realidad no spierto del todo, y el militso, que ola de veras a queso y collas, me emj fra de la sucia celda de los ronidos, y caminamos por varios coedores, y ni un momento la vieja meloda, Alegra, Fgo Glorioso del elo, dej de resonar en mi interior. As llegamos a una especie de cantora muy ordeda con muis de eribir y flores en las mesas, y en la que pareca ms
grae estaba el jefe de los militsos, con expresin muy seria, un glaso muy fro clavado en mi litso ormilado. -Bienbien, bien -dije-u tal, brato¿Qu pasa en esta hermosa mitad de la naito? El veco replic: -Te doy exactamente diez seguns para que se te vaya de la cara esa sonrisa estida. Y luego me euchars. -Bien, ¿ pasa? -prent, smecao-. ¿No estn satisfechos desque casi me mataron a golpes, me eieron, me obligaron a confesar litos rante horas y horas, y me encearon con unos pervertidos besus y vonosos en esa grasa celda? Vamos, braco, ¿tiene una nueva tortura para m? -Ser tu propia tortura -dijo con aire serio-. Quiera os que te torture sta volverte loco. Y ah comprend, antes que me lo dijeran. La vieja ptitsa de los cotos y las cotas haba pasado a mejor vida en uno de los hospitales de la ciad. Parece que se me haba ido un co la mano. Bien, bien, eso era to. Pens en los cotos y las cotas que pedan moloco, y ya diles haca caso, ya no por lo mos la forella staia. Eso erto. La haba hecho buena. Y yo apenas ta quince as.
GUNDA PARTE 1 -¿Y ara qu pasa, eh? Hermos mos y mis icos amis, aqu empieza la parte realmente dolorosa y casi trica de la historia, en la staja (la prisin del Estado) nmero 84F. Ustes no tdrn muchas ganas de slusar toda la cala y el ible rascaso de mi pe que alzaba las rucas gastay crobosas contra el injusto Bogo que est en el Cielo, y cmo mi eme retorca la rota haciendo uu ouuu ouuu, mostrdo el lor de una madre ante la prdida del hijo ico, fruto de sus traas, de modo que todos estaban deprimidos realmente jorosch. Luo vino el magistro staio y muy severo en el tribunal de primera instancia, y gor algos slovos muy duros contra vuestro Amigo y Humilde Naor, spus de toda la cala y las grasas mentiras que dijeron P. R. Deltoid y los militsos, Bogo los confua, y me tuvieron un tiempo en custodia, entre perversos vonosos y presticos. Y lgo sigui el proceso en el trinal surior, con jueces y un juro, y por cierto que hubo algus slovos muy muy feos, pero las golosas eran muy solemnes, y luo goraron Culpable, y mi eme hizo mucho bujuj juj cudo dijeron catorce aos, oh hermanos mos. Y u estaba yo ahora, dos aos desde el da que me metieron en la staja F, vestido a la ltima moda de la prisin, e era un traje terizo de un hediondo color cala, y el nmero cosido a la altura l gru, justo encima del viejo tic-tac, y tambin en la espalda, de manera que yendo o viniendo yo era siempre 66321, ya no vuestro drugito Alex. -¿Y ara qu pasa, eh? No haba sido edificante, de veras que no, verse metido dos aos en este graso agujero del infier, el zoo humano, patdo y tolchocado r guardias brutales y matonesjunto a criminales vonosos y degerados, algos verderopervertidos, muy disestos a aprovecharse de un mlchico joven y rozante como vuestro naor. Adems, ba que rabotar en el taller ciendo cajas de cerias, iteao itndo iteando en el patio, can ra hacer ejercicio; y r la tarde algn veco staio de tipo profesoral s hlaba srlos ajoos, o la Va Lctea, o las Excelsas Maravillas del Copo de Nieve, y esto ltimo me haca smecar bastante, porque me recordaba la tolchocada y Puro Vandasmo le aplicamos al veco a la salida de la bibo pbca en aqlla noche inverl; cuando mis drus no eran todava traires y yo me senta como feliz libre. Luo, un da, pe y eme vinieron a visitarme, y me deron que Georgie estaba muerto. S, muerto, rmanos mos. Muerto como cala de peo en el camino. Grgie haba llevado a los otros dos a la casa de un cheloveco muy rico, y lo ban deibado puntis y a tolchocos, y lgo Georgie empez a rasrecr los almodones y las cortinas, y el viejo Lerdo destroz algunos arnos muy preciosos, como estatuas y cosas as, y el cheloveco rico y apaldo se haba puesto realmente besu, y se lanz sobre ellos con una bae hieo muy pesa. El rasdrs le haba dado la fuerza de un ginte, y el rdo y Pete haban consuido ear por la ventana, pero Georgie trez en la alfombra, y tonces la teible bahieo se alz y cay sobre la golov, y ah termin el traidor Georgie. El staio asesino qu bre por defsa propia, lo e era realmente justo y adecua. Mrto Georgie, aque haba pasado ms de un
ao desde el da que me atraparon los militsos, to pareca justo y ecuado, y como obra del Destino. -¿Y ahora qu pasa, e Yo estaba en la capilla, pues era domingo por la maana, y el chaplino de la prisin estaba gorando la Palabra del Ser. Mi raboto era tocar el staio estr, piendo msica solemntes y dess, y tambin en la mitad, cudo se cantaban himnos. Yo estaba al fondo de la capl(haba cuatro en la staja 84F) cerca de donde los guardiaslos chasos, estan apostas con los rifles y las quijas sucias y bolches, azules y brutales, y da vidr a tos los plios sentos, slusdo el Slovo del Ser, vestidos con aeos hoibleplatis color cala, y emitido una escie de vono malolienteno esa suciedad de los cuerpos sin lavar, no un olor a roa, sino un verdadero vono useabundo que slo tienen los criminales, hermos mos, como un vono mohoso, grasiento y desespero. Y se me ocui que quiz yo tambin tena este vono, pues haba llegado a ser un ttico plio, nque tova muy joven. De manere para m era muy importte, oh hermanos mos, salir lo ms pronto posible de ese zoo hediondo y graso. y como podrn vidr si sign leyen, no pas mucho tiempo antes que lo consiguiera. -¿Y ara  sa, eh? -dijo el chaplino de la prisir tercera vez-. ¿Se estarn la vida entera en instituciones como sta, entrdo y saeo, trando y salien, auue la mayora estar ms antro que afra, o se propen euchar la Divina Palra y comprenr los castigos que esperan al pecor recalcitrte en el ms all as como tambin en este muo? Un montn de coenados idiotas, todos ustes, vendiendo el recho de primogenitura por un plato de lentejas. La emocin del robo, de la violencia, las ttacionede una vida fcil, ¿valen la pena cuando tenemos prbas ingables, s, s, pruebas incontrovertibles de que hay un infierno? Lo s, lo s, amigos mos, he tenido visiones de un lur ms sombro que cualquier prisin, ms ardiente que tas las llamas del fuego humano, donde las almas de los pecadores y de los crimiles recalcitrantes como ustedes, y no se burlen, malditos se, no se ran, crimiles como ustedes allan en una aga infinita e insoportable, la nariz sofoca por el olor de la podredumbre, la boca atosigada por la basura ardiente, la piel que se les cae a tiray se les pre, y a la de fuego que arde qmndoles las traadesas. S, s, s, lo s. En este punto, herma, un plio e estaba cerca del fdo dej or un chumcm de msica labial -pp- y los chasos stias se sierotrabajar sin demora, coido realmente scoo a la eendel chumcm, deargao feos golpes y tolchocando a derecha ya izquierda. Al fin los chasos cayeron sobre un plio pobre y tembloroso, muy flaco, malco y staio, y lo sacaron a la rastra, ro el plio no raba de crichar: -No fui yo, ve, fue l. -Nadie le hizo caso. Lo tolchocaron a fondo y al filo sacaron de la caplamientras el veco cricha como un besu. -Escuchemos ara la Palabra del Seor -dijo el chaplino. Recogi el libraco y s las pinas, lamindose los dos: splush splush. Era un bastardo bolche, grande y corpulento, de litso murojo, ro me tena simpaa, pues yo era joven y me mostraba muy interesado en el libraco. Se haba dispsto, como rte de lo que llamaban mi educacin, que yo leera el libro, y tambin que dtocar el estreo de la capilla mientras lea, oh hermanos mos. Y eso era realmente jorosch. Me encean la capla y me permitan slusar msica sagrada de J. S. Bach y G. F. Hdely yo lea las historias de esos stios yajos que se tolchocaban us a otros, y luego pitean el vino hebreo y se metan en la cama con essas e eran casi doncellas, to realmte
jorosch. Eso me encenda la sangre, rmano. Yo no copa mucho de la rte final del libro, que se parece ms a toda la gorada de los predicadores, y no tiene peleas ni el viejo unods us. Pero un da el chaplino me dijo, apretme fuerte con la ruca bolche y carna: -Ah, 66551, pisa en el sufrimiento divino. Medita en eso, muchacho. -Y el chaplino despeda todo el tiempo ese vono a licor eocs, y lgo se meti en la quea cantora para pitear un poco ms. De mue le todo lo que haba acerca de la flagelacin y la coronacin de espinas, y desps la vesche de la cruz y toda esa cala, y as llu vidr que all haba algo de veras. Mitras el estreo tocaba trozos del hermoso Bach, yo ceablos glasos y me vidba ayuddo y sta ordando la tolchocada y la clavada tambin, vestido con una toga que era el ltimo grito de la moda romana. Como v, mi permancia ela staja 84F no fue toda tiempo perdido, y el propio director se puso contento cuao supo que la religin me gustaba ttoy que yo haba puesto en ella todas mis esperanzas. Ese domingo por la mana el chaplino ley un pasaje l libro acerca de los chelovecos que slusan el slovo y se les importa un cuerno, y dijo que eran como un domo levantado sobre ara, y spus vena la lluvia golandy el viejo bum-bum raja el cielo, y  se terminaba el domo. Pero se me ocui e nicamente un veco muy estido poda levantar un domo sobre arena, y qu montn de drus aprovechos y malos vecinos da de tener un veco como se, ps nadie le explicaba qu estpido era construir esa clase de domo. Entonces el chaplino cric: -Bien, ustedes. Termiremos con el himno mero 4, del Himrio de los Prisioros. -Se oy pum y plop y jush juish jush mientras los plios recog, soltan y lamivolvan las pginas de los roosos y malcos himnarios, y los ardiapretentecrichan: -Dejen de hablar, bastardos. Te estoy miran, 9537-Por suesto, yo ya tena prerado el dio en el estreo, y la sencilla msica de rgano se inici con un grououuuouuu. Y los plios empezaron a ctar y las voces eran de veras hoibles: Somos un t flojo, recin hervido, si nos revuelven nos colormos. No cocemos el amento de los ángeles y largo es este momento de prueba. Tos auaron y gimieron esos slovos estidomitrael chaplino los fustiga gritao: -Ms fuerte, malditos, levanten la voz -y los guardias crichan-: Esra ya te echar las manos encima, 77422- y -Ya vers lgo, roa. -Al fin todo termin y el chaplino dijo: -Que la Sagrada Trinidad os grde por siempre, y os ha enos, amn -y un hermoso trozo de la SendSinfa de Adrian Schweigselber, elegido por vstro Humilde Naor, oh hermanos, son en los parltes. Qu mada, ns de pie al Io del staio estreo de la capilla, videlos sar con mucho aastrde pies, haciendo muuuu y aa como imales, y antndome con los grasos des, pues se deca yo gozaba de cierto favoritismo. Cuando se fue el ltimo, las rucas colgle como un mono, y el guardia que haba quedado en la capllo sigui asestndole un tolchoco bastante fuerte en la golov, y una vez que apagu el estreo, el chaplino se me acerc fumaun cancrlo, todava con los platis staios de ceremia, to ntilla y blco como una dchca. -Gracias como siempre, quo 6655321 -me dijo-¿Y qu noticias ties hoy para m? Como yo bien saba, este chaplino qra er a ser un cheloveco muy grande y santo en el mdo de la RegiCarcelera, y desba obtener un testimonio realmente jorosch del director, y por eso de tanto en tanto se le acercaba y le goraba
discretamente acerca de los sombros complots que se cocinaban entre los plios, y gran parte de toda esa cala la reciba de m. Mucho era puro invento, ro haba cosas ciertas, como por ejemplo la vez que eg a nuestra celda por las caras cnoc cnoc cnocicnocicnoc cnoec que el gran Haiman pensaba earse. Quera tolchocar al guardia a la hora de comer, y desps se eara con los platis del otro. La idea era tirar al diablo la hoible pisc e nos dan en el comer; y yo saba el plan, y lo pas. Luo, el chaplino lo transmiti, y fue elogiado por el director, quien do que tena mucho Espritu Pco y un do Agudo. Esta vez le dije, y no era cierto: -Bue, seor, r los cas lleg la ticia de que entr iegularmenta partida de coca, y de que el centro de distribucin se instalar en una celda del bloque 5. -Imin todo mientras camibamos, como haba hecho otras veces, pero el chaplino de la prisin se mostr muy agrecido y dijo: -Bien, bien, bien. Se lo comunicar a Él mismo -asse refera siempre al director. Luo dije: -Seor, he hecho todo lo posible, ¿verdad? -Cudo yo goraba con los vecos de autoridad mi golosa era siempre muy corts y de caballero.- Me he esforzado,¿verdad? -Creo -dijo el chapli- que en general te has rtado bien, 55321Colaboraste, y creo has mostro verderos dess de reformarte. Si sies as, cseguirs fcilmente que te reduzcan la pena. -Pero, seor -lo inteump-, ¿qu ede decirme de eso que se comenta ara? ¿Qu y de ese nuevo tratamiento que permite salir en seguida y gartiza que uno nunca vuelve? -Oh -dijo el chaplino, de pronto muy cauteloso-¿De oste eso? ¿Quin te cont -Esas cosas se comentan, seor -dije-. A veces hlan s grdias, y uno no pue dejar de or lo que dicen. O uno recoge un pedazo de diario en los talleres, y hay un artculo que lo explica todo. ¿Qu le parece si me propone para ese asunto, seor, si me permite la aacie insinrselo? Se podvidr que el chaplino pensaba en el asunto mientras fumaba el cancrlo, prentndose qudra decirme, y lo que yo sra de esa vesche. Al fin habl, ro sin dejar de mostrarse cauteloso: -Supgo que te refieres a la tcnica de Ludovico. -Ioro cmo la llaman, seor -dije-. Slo s que a uno lo saca rpidamente de a, y aseguran contra toda posible vuelta. -As es -dijo el chaplino, mirndome y frciendo el co-. As es, 55321. Por supsto, no ha pasado de la etapa experimental. Es algo muy sencillo, pero muy drstico. -¿Pero no la estn usando aqu, sor? -prent-. Esos nvoedificios blancos en la pared sur. Vimos cmo los construan mitras hacamos gimsia. -Tava no se la ha aplicado -dijo el cpno-, por lo menos en esta prisin, 66321. Él mismo tiene graves das acerca del asto, y he de confesar que yo las comparto. El problema es ser si esta tcnica puede hacer rlmente ena un hombreLa bdad viene de adentro, 65321. La bons algo que uno elige. Cudo un hombre no puede elegir, deja de ser hombre. -Hubiera seguido dme ms montones de la misma cala, ro alcanzamos a slusar el grupo siguiente de plios, e bajaba clanc clanc los escalos de hieo en bua de un pezde Regi. El
chaplino dijo: -Hablaremos de este asunto. Ahora, mejor sigue con tu trabajo. -Asque me acer al estreo y puse el coral prelio Wachet Auf de J. S. Bach, y aquellos crimiles y pervertidos, grasos, vonosos y stardos, traron atropellse como un montn de monos domos, y los chasos atrs, como perros que lrabay atropellan. Y co despus el chaplino de la prisin les deca: -¿Y ara qu pasa, eh? -y as la eencomenz a repetirse. Esa maana tuvimos cuatro lonticos de religin carcelera, ro el chaplino no me dijo una palabra ms acerca de la tcnica de Luvico, fra lo que fuese, oh mis hermos. Cudo terminmi raboto con el estr, se limit a gorarme us cos slovos de radecimiento, y lgo me privaron de rreso a la celda del blue 6, que era mi muy roso y estrecho hogar. El chaso en realidad no era un veco muy malo, y cuao abri la puerta no me tolchoc ni t, y se limit a decirme: -Aqu estamos, hito, de rreso en el viejo ujero. -Y as volv con mis evodrus, tos muy crimiles pero, Bogo sea loado, ningo inclinado a las perversiedel cuer. Ah estaba Zofar en su camastro, un veco muy delgo y parduo, e blaba y hablaba y hablaba con una golosa spera, de modo que nadie se molestaba en slusarlo. Lo que ahora estaba dicieal aire era: -Y entces uno no poda conseguir un ggy (quin sabe qu era eso, rmanos)aque estuviese dispuesto a pagar diez millos de archibaldos, y entces qu ho, , me voy a lo del Turco y le digo que esa maana consu este sprugo, sen, ¿y qu pucer l? -En realidad, lo que hablaba era el leuaje de los viejos criminales. Tambin estaba all la Pared, e tena un solo glaso, y se aancabedazos de las uas de los pies en honor l domio. Y el Gordo Judo, un veco muy grasiento y cho que pareca como muerto, tirado en el camastro. Ams, era la celda de Jojohn y el doctor. Jojohn era menu, gil y seco, y se haba especializo en ataques sexuales, y el ctor afirmaba que poda curar la sfilis, y la goea, ro slo inyectaba agua, y as ha matado a dos dchcas; bno, ¿acaso no haba prometido quitarles esa pesada carga? Realmente, eran una pandilla grasa y teible, y no me gustaba convivir con eos, oh hermanos mos, tanto como ahora no les agra a ustes, pero no sera por mucho tiempo. Bue, quiero que seue cudo construyeron la celda la hicieron para tres persas, y ara ramos seis, apretos como sardinas. Y as eran las celdas de todas las prisiones en esa poca, mis hermanos, una vergnza de cala, pues no haba lugar para que un cheloveco estirase las piernas. Y no me creern si les digo que ese domingo brosaron a otro plio. S, ya habamos recibido la hoible pisc de budn de carne y guiso vonoso, y estamos fumdo tranquilamente un cancrlo en nuestros camastros, cuao s echaron encima a este veco. Era un veco staio y lena larga, y comenz a crichar teque hubisemos tenido tiempo de vidr la situacin. Trat de mover los baotes, al mismo tiempo que cricha: -Exijo mis dridoderechos, esto es el colmo, es una maldita imposici, eso mismo es. -Pero vino uno dlos chasos y le dijo que tena que arreglrselas como pudiera, y compartir un camastro, si alguien se lo permia, pues de lo ctrario tendra que echarse en el suelo.- y -concluy el guardia-, las cosas sern siempre peores, nunca mejores. Qu nuevo mundo estn preparse ustedes.
2 Bue, la entrada de este evo cheloveco fue realmente el comizo de mi salida de la vieja staja, porque era un plenio tan podrido y camoista, con una mente muy sucia y torcis intencios, que ese mismo da nachinaron los prlemas. Tambin era muy pretente, y comenz a miramos a tos con un litso burln, y a hablarnos con golosa alta y orllosa. Aclar que era el ico prestico jorosch de todo el zoolgico, y afirm a hecho esto y aeo, y liidado a diez militsos con un golpe de la ruca, y toda esa cala. Pero nadie se jimpresior mucho, oh hermanos mos. De modo que se las tom cmigo, rque yo era el ms jov, y quiso demostrarme que por esa razn ta que ser yo y no l quien sasnutara en el suelo. Pero todos los dems me defendieron, y cricharon: -Djalo en paz, graso braco -y entonces el cheloveco empez a quejarse de que nadie lo qra. Pero esa misma naito descr e este hoible plio esta acostado conmigo en el camastro, el ms bajo de una fila de tres, y tambin muy estrecho, y estaba gorndome sucios slovos de amor y acaricime esto y aqueo. De modo que me puse realmente besu y le tir un golpe, aque no pude vidr tan jorosch, pues anaha una lucecita roja en el pasillo. Pero saba que era l, el bastardo vonoso, y cndo la dratsa se arm realmente, y se encendieron las luces, pude vidr el ible litso y el crobo que le sala de la rota doe yo le ba clavo la ruca. Por suesto, lo que tonces sluch fue que mis comerode celda se desrtaron y se unieron a la pel, tolchocando un poco a cias en la semiouridad, y el chumcm reci desrtar a todo el pall, de modo que se podan slusar los gritos y los gols de los recipientes de hojalata contra la pared, como si tos los plios de todas las celdas bieran credo que se iniciaba una gran fuga, oh hermanos mos. Se encdieron las luces y vinieron los chasos vestidos con camisa, pantalones y os, sacudiendo los stes. Pudimos vidrnos los litsos enrojecis, y los poe se alzan, y todos crichan y maldec. Entonces formul mi eja, y tos los chasos dijeron que de cualquier modo Vuestro Humilde Naor era el que haba emzado, pues no ta ni un araazo, salvo el crobo colorado de ese iblplio; le caa de la rota, nde yo le haba clavado la ruca. Me srlmente besu. je que no dormira all otra naito si las autoridede la crcel estan dispuestas a rmitir que esos presticos hoibles, vonosos y rvertidos se me echaran cima cuando yo nda defenderme. -Espera hasta la ma-me dijeron-. ¿Su alteza quiere un cuarto privado con o y televisi? Bien, ya lo aeglaremos por la maana. Pero ahora, queo dru, hunde la golov ensangrenta en la pochca de paja, y que nadie nos venga con prlemas. ¿De acuerdo? Y los chasos se marcharon desps de formular severas advertencias a todos, y poco despus se apagaron las luces y yo dije que me quedara sentel resto de la naito, ro primero le habl a ese iblprestico: -Anda, ocupa mi camastro si quieres. Ya no me interesa. Pusiste ah el ploto hoible y vonoso y ahora todo huele a cala. -Pero entonces intervinieron los otros. El Jo Gordo dijo, tava suddo por la bitba en la ourid: -No tienes que hacer eso, rmanoNo le aflojes a este maricn. -Y el nuevo le contest:
-Ciea la trampa, yid -queriendo decirle se callara, pero era una cosmuy insultante. El Judo Gordo ya iba a largarle un tolchoco, y el doctor dijo: -Vamos, calleros, no queremos prlemas, ¿verdad? -y blaba con la golosa refinada, ro este nuevo prestico realmente se la estaba budo. Se vidba que se crea un bolche veco muy imrtante, y que no le coespda, r dignid y posicin, compartir a celda con otros seis y ter e dormir en el suelo. Mir al doctor burlonamente: -Oh, as e no quieres ms problemas, ¿no es as, Archibolas? -Entonces bl Jojn, magro, enjuto y noso: -Si no podemos rmir, seamos educos al menos. Nuestro evo amigo necesita una lein. -Aune se especializaba en ataques sexuales, Jojn saba gorar bien, en un tono direto y preciso. El plio evo le contest: -Ca co cu, teorcito de mi alma. -Y ah empez todo, pero con cierta extra discrecin, pore dielevaba mucho la golosa. Al principio el evo plenio cric un poco, pero la Pared le duetazos en la rota mientras el Jo Gordo lo sostena contra los baotes, para que pudieran vidrlo a la malca luz roja que vena del sillo, y l deca oh oh . No tena mucha fuerza, y los tolchocos que devolva eran muy dbiles, y sungo que eso le vena de hacer mucho chumchum con la golosa y de darse aires. De todos mos, al ver el viejo crobo coloro que le brotaba a la luz roja, st que la vieja alegra se me mova subiendo por las quischcas, y dije: -Djenmelo, salgan, jenmelo ahora, hermos. -Y el Judo Gordo contest: -S, muchacho, es lo justo. Dale, Alex. -Y tos miraron mientras yo castigaba al prestico en la semiourid. Lo ll de golpes, ilando alredor a pesar de que yo ta los tines desatados, y dess le hice una zancadly cay pum pum al suelo. Entonces le tir una patada realmente jorosch a la golovy el plio dijo ooohhh, y larg un rouido como un veco e duerme, y el doctor intervino: -Muy bien, creo que eslein bastar -dijo, y entorn los ojos para vidr al veco golpeado que estaba en el suelo-. Tal vez ora est soo que en el futuro lo mejor ser comportarse bien. -Tos volvimos a nuestros camastros, pues entamos muy cansos. Lo que so, oh hermanos mos, era que yo estaba en una orquesta muy grae, con centenares de msicos, y el director era una mezcla de Ludwig van y G. F. Hael, y pareca muy sordo y ciego y canso del mun. Yo estaba con los instrumentos de viento, pero lo que tocaba era como un fot blanco y rosa, hecho de carne y que me sala del ploto, justo en medio de la baiga, y cudo soplaba tene smecar ja ja ja muy alto, pore me haca como cosqulas, y tonces Ludwig van G. F. se irritaba y se pona besuo. Acerca la rota a mi litso y me cricha frte en el uco, y yo me despertaba sundo. Por suesto, el chumcm muy alto result ser el timbre dla prisin que haca brrr brrr brrr. Era una maninvierno, y yo tena los glasos priosos de sueo, y cndo los abr me doermucho por la luz elctrica ban encdido en todo el zoo. Baj los ojos y vi al evo prestico sobre el suelo, ensgrentado y sucio, y tava fuera fuera fuera de combate. Record la noche anteriory la idea me hizo smecar un poco. Pero cndo baj l camastro y lo mov con mi no desda, tuve una sensacin de fra rigidez, de modo que me acerqu a la litera del doctor y lo sac; siempre le costaba mucho despertarse por la maana. Pero esta vez sali l camastro bastante
scoo, y lo mismo hicieron los otros, eto la Pared, que dorma como un muerto. -Muy lamtable -dijo el ctor-, seguramente fue un ataque al coraz. -Luego conti, recoinos con los ojos:- Realmente, no bieron pegarle as. La verdad, no fue a idea muy buena. -Pero Jojohn dijo: -Vamos, doc, t tambin le diste os enos putazos. -Entonces el Jo Gordo se volvi hacia m -Alex, fuiste demasiado impetuoso. Ese puntapi fil fue una cosa muy fea. -Al or esto sent que el rasdrs me nublaba los glasos, y dije: -¿Quin emz todo, eh? Yo entral final, ¿no es as? -Seal a Jojohn y dije: -Fue idea tuya. -La Pared lanz un rquido, y yo aad: -Despierten a ese braco vonoso. l le trabaj la rota mientras el Judo Gordo lo sostena contra los otes. -Nadie niharle dado algunos golpecitos suaves -coment el doctor-, ra enserle una lein, r as decirlo, pero es evidte que t, querido muchac, con el vigor y n dira la iesnsabilidad de la juventud, le diste el cup de gras. Qu lstima. -Traidores -grit-. Traidores y mtiroso-pues yo vidba que era todo como dos aos tes, cuao mis suestodrus me haban abandonado a las rucas brutales de los militsosEn este muo se poda confiar en nadie, hermas mos, eso estaba muy claro. Y entces Jojohn fue a despertar a la Pared, e se mostr muy dispuesto a jurar que Vuestro Humilde Naor era el auttico culpable de los tolchocos sucios y toda esa brutadad. Cndo vinieron los chasos, y spus el jefe de los chasos y al fin el propio directorodos mis drus de la celda hacan chumcm ctando cmo yo ha ubivado a ese pervertido cuyo ploto croboso estaba aumdo en el piso como un saco de cartfilos. Fue un da muy extra, hermanos mos. Se llevaron al ploto muerto, y luego todos los prisioneros tuvieron que quedarsceos hasta eva orden, y no se reparti la pisc, ni siquiera un tazn caliente de chai. Ca uno sentado en su camastro, y los chasos que se paseaban por los corredores, y de tanto en tanto crichan: -jCllense!- o -¡A cear esa tram! -si slusan siquiera un murmullo de cualquiera de las celdas. Luoa eso de lace hn movimiento neral y cierta eitacin, y como un vono de miedo que vena de fuera de las celdas, y entonces arecieron el director y el jefe de los chasos, y varios chelovecos muy bolches, de aspecto importante, y tos caminan muy scoo y goraban como besus. Pareci e iban derecho hacia el extremo del blue, y dess se los slus regresar, pero ahora iban ms despacio, y se slusa al director, un veco rdo y sudoroso, de callos rubios, que deca slovos como: -Pero, seor...- y -Bien, ¿qu pde hacerse, seor? -etc. Entces el montn de vecos se detuvo frente a nstrcelda, y el jefe de los chasos abri la erta. En seida se vidba quin era el veco realmente importante, un tipo muy alto, de glasos azules, con platis de veras joroschs, el traje ms hermoso, hermanos mos, que yo haya visto nunca, absolutamente el ltimo grito. Anas ech una mirada a los preplios, mitras deca con una golosa muy agradle y ecada: -El Gierno no puede contiar apcando teoras peles pasadas de moda. Amontonamos a los criminales en una crcel, y vea lo que ocue. Slo se consigue criminadconcentrada, delitos en el mismo lugar l castigo. Pronto necesitaremos todo el espacio disponible en las crceles, para los crimilepolicos. -Yo no ponimaba nada de todo esto, hermanos, ro en fin de cutas el veco no goraba cmigo. ego agreg: -El problema de los delincuentes comus como estturba repugnante -hermos, hlaba de m, y tambin de los otros, que eran verdaderos presticos, y ems traicioneros- pue resolverse mejor sobre
una base puramente curativa. Hay que destruir el reflejo criminal. El plan puede aplicarse en un o. Ya ven que para esta ntel castigo no significa nada. Ms n, rece que les agra, y se matan os a otros. -Aqu fij en m los severos glasos azules. As que me anim a hlar: -Con todo respeto, sor, me opongo firmemente a lo e aca de decir. Sor, no soy un delincute comn, ni soy repnante. Los otros eden ser rugnantes, ro no yo. El jefe de los chasos se puso prpura, crichdo: -Ciea esa maldita trampa. ¿No sabes a quin le hablas? -Est bi, est bien -dijo el veco importte. Luego se volvi al director y conti: -Empezaremos con este joven. Es audaperverso. Lo pondremos mana en manos de Brodsky, y ustedeprn observar tambi. El sistema funciona, no se preocup. Lo cambiaremos tto a este joven y maligno granuja que no podrn reconocerlo. Y esos slovos tan duros, hermanos, fueron el comienzo de mi libert.
3 Esa misma tarde fui aastrado mpia y ntilmente por os chasos brutalmte tolchocadores a vidr al director en su pria oficiel sagrado santuario de lo sagrado. El director me mir con aire de fatiga y dijo: -Supgo que no conoces al hombre que vino esta mana, ¿no es as, 65321? -Y sin esperar mi respuesta contin: -Era nada menos que el ministro del Interior, el nuevo ministro del Interior, y lo que llaman una escoba muy eva. Biestas ridculas iamornae aplicarn al fin, y rnes son rdes, aunque puedo decirte en confianzno las aprbo. En efecto, las rechazo vigorosamente. Mi frmula es ojo por ojo. Si alguien te pega, t le devuelves el golpe, ¿no es as? Entonces, ¿por qu el Esto castigado gravemte por esa chusma brutal que son tos usteno ha de devolver el golpe? Pero la nueva ia es cir . La eva idea es la de convertir lo malo en bue. Y eso me parece grave injusticia, ¿? Dije entonces, procurando mostrar resto y uieencia: -Seor. -El jefe de los chasos, rojo y corpulento, de pie detrs de la sla del director, cric tonces: -Ciea esa sucia trampa, basura. -Est bi, est bien -dijo el director, canso y desinflado-. Te reformarn, 66321, mana irs a ver a este Brody. Crn drs dejar la custodia en poco ms de una quincena. ego saldrs otra vez a recoer el mundo ancho y libre, y ya no sers un nmero. Songo -dijo como rezoando- que la idea te agrada... -No le contest, y el jefe de los chasos cric: -Contestaroso cerdo, cuando el director hace una pregunta. De mdije: -Oh, s, ser. Mucs gracias, sor. Realmente me he rtado lo mejor posible. Estoy muy agradecido a todos. -No lo ests -casi suspir el director-. Esto no es a recompensa. Est muy lejos de serIo. Ahora bien, ties que firmar este formulario. Dice que ests dispuesto a aceptar la conmutacin del resto de tu condena sometindote a lo que aqu llaman,  expresin ridculaTratamiento de Recuperacin. ¿Firmars? -Claro que firmar -dije-, ser. Y muchsimas gracias. -As que me dieron un lpiz tinta y firm mi nombre, muy elegante y con muchos arnos. El director do: -Bien, supoo que eso es to. -El jefe de los chasos serv: -El calln de la prisin quiere blarle al preso, sor. -De mme sacaron al coer y me llevaron hacia la capilla, y todo el tiempo uno de los chasos me tolchocaba en la espalda y la golov, ro con aire muy distrado y como al deui. Y as atraves la capia, acercndome a la puecantora l chaplino, y me hicieron entrar. El chaplino estaba sentado frente a su eritorio, y el rico vono de los cancrlos caros y el eocs se ola fuerte y claro. El chaplino me dijo:
-Ah, peo 66553, sintate. -Y a los chasos: -Esperen afuera, ¿quier? -Y eso hicieron. Luo me habl con aire de mucha sinceridad, y me dijo: -Quiero que comprdas una cosa, muchac, y es que no tenada que ver en todo esto. Si hubiese servido de algo habra protesto, pero no serva. Est el prlema de mi propia caera, est el problema de la debidad de mi voz comparada con el grito derosde ciertos elementos privilegiados de la comunidad. ¿Hablo claro? -No, no hablaba claro, hermanos, pero yo asen.- En tsto hay problemas ticos muy complicas -conti el chaplino-. Hacen de ti un buen chico, 66321. No volvers a tener gas de cometer actos de violencia, ni nin tipo de detos contra la paz del Estado. Espero que lo hayas comprdido.+ Confo en que tendrs ideas solutamente claras al respecto. -Oh, me gustar ser bueno, seor -contest, ro por dtro, hermanos, smeca realmente jorosch. Do el chaplino: -Algas veces no es grato ser buo, pueo 55321. Ser eno puede llegar a ser algo hoible. Y te lo digo sabiendo que quiz te parezca una afirmacin muy contradictoria. S e esto me costar muchas nocs de insomnio. ¿Qu quiere Dios? ¿El bien o que uno elija el camino del bien? Quizs el hombre que elige el mal es en cierto modo mejor que aquel a quien se le impone el bi. Son problemas profuoy difciles, pueo 65321. Pero lo nico que desedecirte ahora es esto: si en algn momento del futuro evocas esta situacin y me recuerdas, a m, el ms bajo y mde servir de Dios, te rgo que no me juzgs en tu corazn, ni creas de algn modo que soy parte en eso que te estar ocuieo. Y ara, blando de ruos, advierto con tristeza que ya no servirde mucho rogar por ti. Ests entrando en una regin nueva, fra del alcce de la plegaria. Una cosa teible, si bien se mira. Y sin embargo, en cierto sentido, al aceptar que te priven de la capacidad de tomar a decisin tica, en cierto stido realmente has elegido el bien. O por lo menos eso quisiera creer. Eso quisiera creer, Dios nos asista a todos, 66321-Y aqu se ech a llorar. Pero yo no le prest mucha atencin, hermas, y me limit a smecar discretamente por ntro, porque uno poda vidr e ha estado pitedo el viejo whiy; y en seguida el chlino retir una botella de un estte del eritorio y empez a servirse dosis bolche, rlmente jorosch en un vaso muy grasiento y graso. Trag el lquido, y luego dijo: -Tal vez todo marche bien, ¿in sabe? La voluntad de os sigue caminos misteriosos. -Y empez a cantar un himno con golosa rica y sonora. Se abri la puerta y los chasos me tolchocaron de vuelta a la celda vonosa; pero el viejo chaplino ctinu entando el him. Bien, a la maana siguiente tuve que decirle adis a la vieja staja, y me sent un malco triste, como siempre le ocuuno cuando tiene que irse de un lugar al que ya se acostumbr. Pero no fui muy lejos, oh hermanos mos. A petazos y ptapis me llevaron al nvo edificio blanco que se levantespus del patio donde hacamos ejercicio. Era una construimuy eva y tena un olor evo, pegajoso y fro que lo estremeca a uno. Me qu de pie en el horrible y bolche vesbulo desnudo y mi sensible cluvo olfate otros vonos nuevos. Eran como vonos de hospital, y el cheloveco a quien me entregaron los chasos tena puesta una chaqueta blanca, como un emplee hospital. Firm el recibo por m, y o de los chasos brutales e me haba llevado dijo: -Cuidado con ste, seor. Un bruto stardo ha sido y ser, pese a tos los halagos y lisjas al capelln de la prisin y la lectura de la Biblia. -Pero este nuevo cheloveco tena glasos azules jorosch e rean cuando goraba.
-Oh, no creemos que haya problemas -contest-. Seremos amigos, ¿verd? -Y me sonri con los glasos y la rota grae y bien formada, de subos blcoy briantes, y la verdad que simpatic casi en seguida con este veco. En fin, me pas a un veco de menos categora tambin corts y de chaqueta blanca, que me evun dormitorio agradable, limpio y blanco, con cortinas y a lmpara de noche, y a sola cama, todo para Vuestro Humilde Naor. Lo cual me provoc una smeca interior de veras joroschporque se me ocui que yo era un mlchico realmente afortunado. Me dijeron que me quitase los hoibles platis de la prisin, y me dieron un hermoso piyama, oh hermanos mos, todo verde, la cima de la moda en rde dormir. Tambin me dieron una bata bonity caliente, y un par de hermosos tuflos ra meter las nos snudas, y yo pens: -BueAlex, tes el queo 6655321, sin duda te est cambiando la suerte. Aqu lo pasars realmente bien. Dess que me dieron una buena chasc de caf de veras jorosch y alnas viejas gasettas y revistas para mirar mientras pitea, vino el primer veco de blanco, el que haba firmado el recibo por m, y dijo: -Aj, de modo que ests a -lo era decir una vehmuy tonta, ro no sonaba tonta, porque el veco era muy simptico-. Yo soy el ctor Branom -expc-. Soy el ayudte l ctor Brody. Con rmiso, te har un breve examen neral de rutina. -Y sac el viejo esteto del carma derecho.- Temos que estar seros de que te encuentras bien, ¿verd? S, en efecto, temos e estar seguros. -Y all estaba yo, tdido en la cama, afuera la cqueta del piyama, y l haca esto y uello, y lo otro. Le dije: -¿Qu es exactamente ese tratamiento, ser? -Oh -dijo el doctor Bram, mientras el fro esteto me recoa la eslda-en realidad es muy scillo. Te haremos ver alnas pelculas. -¿Pelculas? -repet, pues apapa creer lo que oan mis ucos, oh hermanos mos, como ya todos brn adivinado-. ¿Quiere decir, ser -insist-, que ser como ir al cin -Se trata de pelculas especiales -expc este doctor Branom-. Pelculas muy especiales. La primera sesin ser esta tarde. S -dijo, derezndose, porque estaba incnado sobre m-, parece que ests en muy buas condiciones. Quizs un poco subalimenta. Culpa de la comida de la prisin. Ponte otra vez la chaqueta del piyama. Dess de cada comida -dijo, stdose al borde de la cama- te daremos una inyeccin en el brazo. Facilitar las cosas. -Me senta realmente agradecido a este doctor Branom tan amable, y le dije: -¿Vitamisser? -Algo por el estilo -contest, con una sonrisa muy jorosch y cordial-Un pinchazo eel brazo desps de cada comida. El doctor Branom se march. Me qued tdido en la cama psandue estaba en un verdararaso, y me diqa leer algunas de las revistas que me haban dejado: Dertes Mdiales, Sinyma (sta dedicada a pelculas) y Metas. Luo, volv a recostarme y ce los glasos y ns qu agrable era volver a ser libre, Alex, quiz con un trabato lindo y fcil rante el da, pore ahora era demasiado viejo para la vieja scolivola, y dess tal vez jtara una nvda para la naitoy el primer raboto sera echarle la mano al Lerdo y a Pete, si ya no los han apresado los militsos. Esta vez tdra mucho cuidado de que no me lovetaran. Me daban otra ortunidad, a pesar de que haba matado, y no era justo que me dejara lovetar de evo, dess e se
tomaban tanto trabajo para mostrarme las pelculas que harade m un muchacho realmente bueno. En realidad, yo estaba smecao rlmente jorosch de la icencia de los tipos, y segua smecao cndo me trajeron el almrzo en una bdejaEl veco era el mismo que me haba evado al malco dormitorio cuando e por primera vez al mesto, y me dijo: -Es buo saber que alguien se siente bi. -En la bandeja haban puesto una pisc rlmente atitosa: dos o tres lonticos de carne asada y caente, y unos cartfilos aplastados y salsa, y dess crema helada y a nda chasc de chai caliente. Hasta me mandaron un cancrlo para fumar y una caja de cerlas con a cerilla adentro. Esto pareca la buena vida, oh hermanos mos. Y desps, cndo ya me haba pasado una media hora dormitando en la cama, entr una enfermera, una dchca joven y bita, con unos grus de veras jorosch (no haba visto ptitsas as durante dos as), y traa una bandeja y a hipodrmica. Le dije: -Ah, las viejas vitaminas, ¿no es cierto? -y le mand un silbidito, pero no me hizo caso. Lo nico que hizo fue clavarme la aguja en el brazo izquierdo, y ientr la vitamina. Y la dochcse fue, clac clac clac sobre las nos de taco alto. Entonces apareci el veco de chaqueta blanca que pareca un fermero trayendo una silla de ruesMe sentun malco sorpreido, y dije: -¿Qu sa, hermo? Seguro que puedo caminar adoe tenga que ir. -Pero el veco replic: -Mejor lo llevo. -Y en efecto, oh hermanos mos, cuao baj de la cama me sent un malco bil. Era la desnutricin de que haba hablado el doctor Branom, esa hoible pisc de la crcel. Pero las vitaminas spude las comidas me pondran bien. De esto no hay ninna duda, ns.
4 Entonces, hermanos, me llevaron a un sitio que no se pareca a los sinys que yo conoca. Es cierto que una pared estaba completamente cubierta con pal platdo, y enfrente tena agujeros cuadrados ra el proyector, y ba altavoces de estreo distriidos por todo el mesto. Pero sobre la pared de la derecha haba un banco con cosas que parecan medidores, y en medio del crto, frte a la ptalla, algo parecido a la silla de un dentista, y de all sala toda clase de alambres, y casi tuve aastrarme desde la sie ruedas al asito, con la aye otro veco fermero de chaqueta blca. Entces vi que debajo de los agujeros de proyeiaba como un vidrio opaco, y me pareci e detrs se movan sombras de personas, y e se slusa a alien que tosa cashl cashl cashl. Pero en eso pude darme cuenta de yo estaba de veras muy bil, y ns que era el cambio de la pisc de la prisin y la nueva pisc, muy alimenticia, y las vitaminas que me haban inyectado. -Bueno -dijo el veco que haba empujado la sie ruedas-, lo dejra. La funcin empieza apas llega el doctor Brodsky. Espero que le guste. -Para ser sincero, rmanosen realidad no me sena con gas de vidr pelculas esa tarde. No tena gas, y nada ms. Hubiera preferido de veras una nda y trquila spachca en la cama, linda y tranquila y completamente odinoco. Estaba muy cado. Y ara un veco de chaqueta blanca me at la golov a una especie de apoyo, y to el tiempo cantaba vonosa y calosa cancin p. -¿Para qu es esto? -prent. Y el veco replic, inteumpido un instante la ccin, que errmtenerme fija la golov y ligarme a mirar la pantaa-. Pero -dije- yo quiero mirar la pantalla. Me trajeron aqu para vidr pelculas, y eso es lo que har. -Y entces el otro veco de chaqueta blca (eran tres, uno de ellos una dchca sentada frente al banco, movieo las llaves) medio smec al or eso, y dijo: -Nunca se sabe. Oh, nunca se sabe. Confe en nosotros, ami, es mejor as. -Y entonces descubr que me estan atando las rucas a los brazos l silln, y las nos a una especie de apoyapis. La vesche me pareci un poco besu, pero no me resist. Yo estaba dispuesto a aantar muchas cosas, oh hermanos mos, si me promeue iban a dejarme libre en dos semanas. Pero una vesche no me gust, y fue cuando me apcaron brocs sobre la piel de la frente, levtme los rpas, y aiba aiba cada vez ms ai, y yo no poda cear los glasos por mucho que quisiera. Trat de smecar y de: -Tiene que ser a lcula rlmente jorosch si tanto les prcupa que la vea. -Y rise do o de los vecos de chaqueta blanca: -Jorosch es la palabra, amigo. Una jorosch de hoores. -Y noms me pusieron un casquete sobre la golov, y pe vidr toda clase de cables que salan del casquete, y luo me aplicaron como una ventosa en la baiga, y otra en el viejo tic-tac, y tambin de las vtosas salan cables. Entonces se oy el chumcm de ertal rirse, y era eba un cheloveco muy importte, pues se vide que los otros vecos de chaeta blanca se ponan muy tiesos. Eso fue cuando coc a este doctor Bry. Era un veco malco, muy gordo, de pelo todo rizado, y oochicos muy gruesos sobre la nariz carnu. Alcanc a vidr e llevaba un traje realmente jorosch, del to a la ltima moda, y despeda un vono licado y sutil como de sala de operacin. Con l estaba el doctor Brom, sonriome, como para darme confianza.- ¿Todo sto? -prent el ctor Brody con golosa muy profun. Entonces pe slusar unas voces que decan listo listo listo sde cierta distancia, spus ms cerca, y se oy un direto
chumcm de zumbido, como si hubiesen encdidal. Y tonces se aparon las luces, y ah esta Vstro Humilde Naar y Amigo sentado solo en la ourid, incaz de mover ni cear los glasos, ni ninga otra cosa. Y entces, hermanos mos, comenz la funcin con una msica muy gronca para dar atmsfera; vena de los altavoces spera y muy diornte. Y sobre la ptacomz la pelcula, ro sin ttulo ni indicaciones. Todo suceda en una calle, y da her sido cualquier calle de cualquier ciud, y era unnaito de veras oscura, y los faroles estan cendidos. Era cine muy eno, profesialy nada de esos pestaos y cortes e vid en esas pelculas sucias e pasan en la casa de alguien, en una calle apartada. La msica no para, bump bump bump, y la atmsfera era siniestra. En eso apareci un viejo bajdo por la cae, muy staio, y sobre este veco staio saltaron dos mlchicos vestidos a la ltima moda, lo que se usntonces (tova los ptalones estrechos, pero ya no corbatn, sino ms bien una verdadera corbata), y empezaron a divertirse. Se slusan bien los gritos y los gemidos l veco, con mucho realismo, y tambin la respiracin pesa y el jao de los dos mlchicos e lo tolchocaban. Hicieron una verdadera pastcon este veco staio, crac crac crac con las rucas ceas, y le aancaron los platis y acaron patedole el ploto na (que yaca colorado de crobo en el graso bao del alal) y dess escaron muy scoo. Entonces areci en primer plo la golov del veco staio castido, y el crobo le brotaba con un hermoso color colora. Es raro que los colores del mundo real parean reales de verdad slo cuando se los ve en la pantalla. Bue, mientras miraba empec a rme cuenta de que no me senta del todo bien, y ns era la snutricin y mi estmago que no estaba preparado para la rica pisc y las vitaminas. Pero trat de olvidarme, y me concentr en la pelcula siguiente, que empez en seguida, rmanos mos, sin tiempo ni ra respirar. Esta vez trataba de una joven dchca a quien le daban el viejo uns unoprimero un mlchico dess otro despus otro despus otro, y ella crichdo muy gronco por los altavoces, y al mismo tiempo se oa una msica muy pattica y trgica. Todo era real, muy rl, auue si uno pensaba bien en el asunto, no se poda imaginar que una lia actara que le hiciesen eso en una pelcula, y si esto lo filman en nombre de la moral o el Esto no se poda imaginar que lo permitiesen sin intervenir. De modo que tena que ser un trajo muy hbil, lo que llaman armar, o montar, o clquier otra vesche por el estilo. Porque era muy real. Y cudo le lleg el turno al sexto o sptimo mlchico, que se burlaba y smeca y se dispona a hacer la cosa, y la dchca cricha como besu en la bade sonido, comc a sentirme mal. Me dola todo el cuerpo, y tena gas de vomitar y al mismo tiempo no tena gas, y emc a sentirme rvioso, oh hermanos mos, pues estaba atado y rgido en el silln. Cudo termin la ea, slus la golosa de este doctor Brody que deca desde el tablero de man: -¿Reaccin alredor de doce punto cinco? Promisorio, promisorio. Sin parar pasamos a otro lontico de pelcula, y esta vez era da ms e un litso humo, a cara humana muy plida estsujeta, y a la le hacan diferentes vesches podridas. Yo transpiraba un cr el dolor en las tripas, y la sed hoible, y la golov que me haca zrob zrob zrob, y se me ocui e si no vidba esa pelcula tal vez no me sentira tan enfermo. Pero no poda cear los glasos, y nque trataba no consua sacarlos de llde fuego de la lcula. As que tuve que seguir vidndo lo e saba, y oyendo las ms atroces crichas que salan de ese litso. Sa que no poda ser realmente real, pero eso no cambilas cosas. Yo estaba retorcinme, pero no pvomitar, y vi primero una britba e acaba un ojo, dess corta la mejilla, y lgo haca raj raj raj u y all, mientras el crobo coloro inunba el lente de la cmara. En eso comenzaron a aancarle los dientes con un par de pinzas, y la cricha y
la sangre eran teoricas. Aqu slus la voz del doctor Brody que deca: -Excelte, excelente, eelente. El siguiente lontico de pelcula mostraba una vieja que ta un negocio, y un montn de mlchicos que la patean tre risas groncas, y desps strozaban el necio y lo inceiaban. Se poda vidr a la bre ptitsa staia tratdo de aastrarse fra de las llamas, gritao y crichdo, pero como le haban roto una pierna a tadas, no da moverse. As que las llamas la volvan, y uno poda vidrle el litso doloroso como pidiendo ayuda entre el fue, y que despus desareca tragor las llamas, y entonces se slusa el ms gronco, doloroso y liente grito que haya lanzo nca una golosa mana. Y entonces se que iba a vomitar, de mo que cric: -Quiero vomitar. Por favor, jenme vomitar. Por favor, triganme algo para vomitar. -Pero este doctor Brody replic: -Pura iminacin. No tiene por  preocuparse. Ya viotra pelcula. -Tal vez quiso hacer una broma, porque o como una smeca en la ouridad. Y entonces tuve que empezar a vidr una pelcula repugnante sre la tortura japonesa. Era en la guea de 39-19, y aparecan soldos clavaa los rles, y dajo encendan fuego, y dess les cortaban los yarblocos, e incluso se vidba cmo le cortaban la golov a un soldo de un sablazo; la cabeza rodaba, y la rota y los glasos parecan seguir vivos, y el ploto del soldo ctinuaba coieo, y l cllo le brotaba una fuente de crobo, y al final se umba, y todo el tiempo los janesee rean como locos. Los loreen la baiga, y la cabeza, y la sed que yo seneran teibles, y todo pareca venir de la pantallaAs que cric: -iParen la pelcula! iPor favor, ren eso! iNo puedo soportar ms! -Y la golosa de este doctor Brody dijo: -¿Que paremos? ¿Que paremos, diste? Caramba, si enas hemos comenzado. -Y l y los otros smecar de veras.
5 No iero explicarles, oh hermanos, qu otras iblevesches me obligaron a vidr esa tarde. Las mentes de este doctor Brody y el doctor Broy los otros de chaetas blancas, y recuerden que estaba esta dchca mejando las llaves y mirando los midores, den haber sido ms calosas y sucias que cualquier prestico de la propia staja. Porque no me parece posible que a un veco se le ocuiessiquiera hacer pelculas con lo e me obligaban a vidr, atado al silln y los glasos iertoa la frza. Lo nico yo poda hacer era crichar muy gronco que pararan, e raran, y as en parte ahogaba el ruido de loque dratsan y pelean, y tambin de la msica que acompabtodo. Ya se imaginan qu alivio fue cuando vi la ltima pelcula y este doctor Bry do, con una golosa abuida y somnolita: -Creo que es suficiente para el Da Uno, ¿no le parece, Bram? -Y se encendieron las luces, y la golov me palpita como un motor bolche y grande que fabrica dolores, y tena la rota toda seca y calosay la sensacin de que poda vomitar hasta el ltimo pedazo de pisc que haba comido, oh hermos mos, desde el da que me destetaron.- Muy bien -dijo este doctor Brody-, puen evarlo a la cama. -Me dio us lpecitos en el plecho y dijo: -Bien, bien. Un comizo muy promisorio -sonriendo con todo el litso, y se alejsuido por el doctor Branom; pero antes de irse el doctor Bram me ech a sonrisa muy dru y simptica, como si l no tuviese nada que ver con esta vesche, y lo hiciese obgo como yo. En fin, me soltaron el ploto atado al sin y la piel encima de los glasos, as e pude abrirlos y cearlos de evo, y bien los ce, oh hermos mos, por el dolor y los latis de la golov, y luo me pusieron en la vieja sla de ruedas, y st que me llevaban a mi malco dormitorio, y el subveco que empujaba el caito cantueaba una podrida cancin p, de modo que casi rug: -Cate de una vez -pero se limit a smecar y dijo: -No te preocupes, amigo -y sigui cantams fuerte. Me pusieron en la cama, pero yo segua bolnoyo y no poda dormir, aune pronto emca sentirme un malco mejor, y ah noms me trajeron un chai caliente con mucho moloco y sacao, y al pitearlo comprd e la horrible pesadlera cosa pasy concluida. En eso trl doctor Branom, todo simpata y sonrisas, y me dijo: -Bien, segn mis cntas ahora comizas a stirte mejor, ¿no es as? -Seor -respd con voz cansa. No entend muy bien de qugoraba con ese asunto de las cuentas, porque sentirse mejor desps de estar bolnoyo es asunto de uno, y nada tiene que ver con cuentas. El doctor Brom se sent, muy amle y dru, en el borde de la cama, y me dijo: -El doctor Brody est muy contto contigo. Tuviste una reain muy sitiva. Por suesto, mana habr dos sesios, por la maana y por la tar, y songo que luo te sentirs un poco decado. Pero si qremos curarte tenemos que ser duros. -¿Quiere cir que tendr que aguantar.Es cir, ¿otra vez esas.? Oh, no -dije-. Fue hoible. -Por supsto que fue hoible -sonri el doctor Bram-. La violencia es algo muy hoible. Eso precisamente es lo que ests aprendieo ora. Tu cuerpo lo est aprdiendo.
-Pero -dije- no entido nada. No entiendo por qu me sent tan fermo. Antes no me enfermaba nca. Todo lo contrario. Quiero decir, e si lo haca o miraba, me senta realmente jorosch. No veo ahora por o cmo o q... -La vida es algo maravilloso -observ el doctor Branom con una golosa muy solemne-. ¿Quin conoce realmente esos milros que son los procesos de la vi, la estructura del organismo humano? Por suesto, el doctor Brody es un hombre notable. Lo que ahora te ocue es lo que debiera ocuirle a cualquier orgismo humano normal y sano que observa las fuerzas l mal, el trajo del principio de destruin. Estamos curote, te estamos devolvieo la salud. -No me parece -dije-, y no tiendo nada. Lo que ustedes consiguieron es e me sienta muy fermo. -¿Te sites enfermo ahora? -prent, siempre con la vieja sonrisa dru en el litso-. Ests biendo t, desando, charldo tranquilamente con un amigo... ¿no es cierto que te sientes bien? Busqu como euchao y tantndo dolores y malestares en la golov y el ploto, claro que con algn temor, pero era cierto, hermasme senta realmente jorosch, y hasta tena gas de comer. -No s -dije-. Seguro que hacen algo para que me sienta enfermo-Y frunc el ce, tratando de recordar. -Esta tarde te sentiste mal -dijo el ctor Brom- porque ests mejordo. El hombre sano siente nsy miedo cuando se encuentra con cosas iosas. Te ests curao, eso es to. Y mana a la misma hora te sentirs mejor tova. -El doctor Branom me dio una palmadita en la no y sa de la habitaci, y yo trat de deifrar lo mejor posible tla vesche. Pens que tal vez eran los cables y las otras vesches que me haban esten el ploto los e me provocaban esos malestares, y e en realidad to era un truco. Sea pensando en el asto y pregtme si valdra la pena resistirse al da siguiente, cuando me quisieran atar al sin, armdo una bna dratsa con todos, pore yo ta mis derechos, cndo vino a verme otro cheloveco. Era un veco staio y sonriente, Encargo de Egresos sn dijo, y traa un montn de palitos. -¿Adde irs cuao salgas de aqu? -En realidad, no haba pensado en esa clase de ve, y slo ahora comenzaba a entender que muy pronto sera un mlchico slto y libre; y entces vi que eso ocuirslo si yo aceptaba to, y no empezaba a dratsar, crichar, y rehusarme, y esas cosas. -Oh, ir a casa -dije-. De vuelta con pe y eme. -¿Con quin? -Claroel veco no conoca la jerga nadsat, as que le aclar: -Con mis padres, en la vieja y qrida casa de vecindad. -Comprendo -dijo-. ¿Cndo fue la ltima vez que te visitaron? -Un mes -contest- ms o menos. Susndieron un tiempo las visitas pore una ptitsa le s un poco de plvora a un prestico. y castigaron tambin a los inoctes, lo cual fue una jugada calosa. As e desde hace un mes no tengo visitas. -Comprendo -dijo el veco-. ¿Y sen tus padres de tu traslado y tu prxima libertad? -Ese slovo lirtad ta un svuco rlmente hermoso.
-No -contest, y luo-: Ser ta una sorpresa ra los dos, ¿verd? Yo entro por la prty digo: «A estoy, otra vez un veco bre» .S, realmente jorosch. -Bien -dijo el Encargo de Egresos-, lo dejaremos as. Lo importante es que tengas de vivir. Buo, est tambiel problema del trabajo ¿no? -y me mostr una larga lista de empleos sibles, pero yo pens que para eso haba tiempo de sobra. Primero un lio y malco descanso. Poda buarme una crastada anaaera y llenarme as los carmas, pero tendra que hacerlo con mucho cuido y completamte odinoco. Ya no cfiaba en los suestodrus. As que le dije a este veco que dejramos estar un poco la cosa, y que ya volveramos a gorarla. El veco dijo bien bien bien y se prepar para sar. Deubrque era un tipo muy raro de veco, pues en ese momento solt una risita y luego dijo: -¿Te stara darme un putazn la cara, antes e me vaya? -Me pareci que yo no haba sluso bien, y le pregt: -¿Q? -¿No te gustara -aqu otra risita- rme un puetazo en la cara? -Lo mir con el ceo fruncido, muy asombro, y pregt: -¿Por ? -Oh -dijo-, slo para ver cmo andas. -Y me acerc mucho el litso, con una srisa satisfecha en toda la rota. As que levant el puo y se lo dear sobre el litso, pero el veco se apart realmente scoo, siempre sonriendo, y mi ruca p al aire. Me pareci muy extro, y frunc el co mientras l se alejaba, smecao a todo tra. Y tonces, hermos mos, me sent otra vez rlmente enfermo, lo mismo que durante la tarde, auue slo un par de minutos. Se me pas scoo, y cuao trajeron la cena der que tena buen apetito, y que estaba dispuesto a devorarme el llo asado. Pero era curioso que el cheloveco staio me hiese pedido un tolchoco en el litso. Y ms raro tava que yo hubiese sentido ese malestar. Pero lo or de todo fue que esa noc, cuao me qued dormido, oh hermanos, tuve una pesia, y como todos se imaginarn so con una de esas escenas de pelcula que yo haba visto a la tarde. Un sueo o una pesadia es en realidad una pelcula dentrde la golov, eepto que entces rece que uno puede caminar y participar en todo. Y eso es lo que me ocui. Era la pesadla de una de las pelculas que me haban mostrado al fide la tarde, acerca de los mlchicos smecantes e le hacan la ultraviolencia a una joven ptitsa, y la ptitsa cricha mientras le sala el cro rojo rojo, con tos los platis rasrecdos rlmente jorosch. Yo particiba de la vesche, smecao y siendo el lder de todo, vestido a la ltima moda nadsat. Pero en lo mejor de la dratsa y los tolchocos me sent como paralizado y quise vomitar, y tos los dems mlchicos smecar realmente gronco. De modo que drats para volver a despertar, chateando en mi propio crobo, y haba litros y galos, y al final me contrn este dormitorio, en la cama. Quera vomitar, as que me levant temblando para salir al coer nde estaba el viejo WC. Pero ¿saben?, rmanos, haban ceo la puerta del rmitorio con llave. Y al volverme vide r primera vez que haba baotes en la venta. Y entces, cndo extend la ruca para retirar la bacinilla guardada en la malca mesa de che, al Iado de la cama, vide que no tena modo de ear de todo esto. Pero tova no me atreva a meterme de nuevo en la golov dormida. Pronto descr e, desps de todo, no deseaba vomitar, pero me senpuglio te la iacostarme de nvn la cama. En fin, poco despus me dorm, y ya no volv a soar.
6 -Basta, basta, basta -cricha yo sin parar-. Paren eso, grasos bastardos, e ya no aanto. -Hermos, era el da siguiente, y ba hecho de veras lo posible por la maa y la tarde, siguiles el jue, sentado en esa silla de tortura como un mlchico jorosch amle y bien dispuesto, mitras saban en la pantalla sucias esces de ultraviolencia, y yo tena los glasos bien abiertos para vidrlo to, y el ploto, las rucas y las nos atados al sln, de mue no poda moverme. Lo que ahora me obgaban a vidr no era en realidad una vesche que antes me hubiese parecido muy mala; slo eran tres o cuatro mlchicos crastan una tienda y llndose de dinero los carmas, al mismo tiempo que jugaban con la ptitsa staia y crichte de la tienda, y la tolchocaban y le hacan brotar el crobo rojo rojo. Pero el latido y el m bum bum en mi golov y las gade vomitar y la sed asqrosa y raspte en la rota, todo eso era peor que el da anterior. -Oh, stabasta -exclam-. No es justo, sodos vonosos -y trat de despegarme de la silla, pero no era posible, yo estaba all como clavado. -Excelte -cric este doctor Brody-. Est ydo muy bien. Una ms y hemos terminado. Bue, otra vez la staia ga de 1939-19, y era una pelcula toda manchada, con rayas y grietas, y se poda vidr que haba sido hecha por los alemas. Comzaba con las ilaalemanas y la bandera nazi y esa cruz ta retorcida que a los mlchicos de la ela les sta dibujar, y haba oficiales alemanes muy altaros nadmeos camindo por calles polvoritas, tre agujeros de bombas y edificios cados. Despus se vieron os lios fusilotra la pared, oficiales dao rdes y tambin hoibles plotos nas tiros en las alcantarlas, todos como jaulas de costillas peladas y las nos blancas y delgadas. Desps arecan otros lios que crichan, pero eso no se oa en la bda de sonido, oh hermanos -el ico sonido era la msica-, y los oficiales los tolchocaban mientras se los evaban a la rastra. Y en eso, a pesar de todel dolor y las nss, comprd que la msica que resonaba y crepitaba en la banda de sonido era de Ludwig van, el ltimo movimiento de la Quinta Sinfona, y entces cric como un besu: -¡Basta! -cric-. Basta, sodos grasos y asquerosos. ¡Un pecado, s, eso, eso, un sucio e imperdonable pecado, bracos! -No susndieron en seida la fmacin, rque slo faltaban un minuto o dos- unos lios apaleados y crobosos, ms pelotones de fusamiento, lgo la vieja banrazi y FIN. Pero cudo se encendieron las luces, este doctor Bry y tambin el doctor Branom estan de pie frente a m, y el doctor Brody ca: -¿Qu cas acerca del peco, e -Eso -dije, sintindome muy enfermo-. Usar de ese modo a Ludwig van. l no le hizo do a nadie. Beetven no hizo ms que eribir msica. -Y tonces me sent realmente enfermo, y tuvieron que traerme un recipiente que tena forma de rin. -La msica -dijo el ctor Brody, como bldose a s mismo-. De mque le gusta la msica. No s da de msica, eto que intensifica bien las emocios. Buebuo. ¿Qu ina, doctor Bram?
-No ede evitarlo -repc el doctor Brom-. El mbre destruye lo que ama, como dijo el poeta-prisionero. Quizs mos contrado el factor personal de castigo. Esto seguramente complacer al director. -Denme de ber -dije-. Por amor de Bogo. -Sultlo -ord el doctor Brody-. Trigle una jae ua helada. -As e los subvecos se lanzaron a cumplir las rdes, y poco spus yo estaba pitedo galoy ms galones de ag, y era a felicidoh hermanos mos. El doctor Bry dijo: -Pareces un joven bastante inteligente. Adems, se dira que tienes cierto gusto. El ico inconveniente es esa inclicin a la violencia, ¿no es as? Violencia y ro, y el robo como forma de la violencia. -Yo ngor una sola labra, hermanos. Tova me senta enfermo, nque arn malco mejor. Pero ha sido un da esntoso.- Bien -conti el doctor Brody-, ¿ pisas de testo? Dime, ¿ crees que te estamos hacido? -Me hacen enfermar, me siento mal cada vez e veo esas sucias pelculas perversas. Aunque en realidad no es por las pelculas. Creo que si dejara de verlas no volvera a enfermarme. -Justo -dijo el doctor Bry-. Asociaci, el mtodo educativo ms tiguo del mun¿Y cul es la verdera causa de que te sientas mal? -Esas vesches grasas y podris e me han puesto en la golov y el ploto -repqu-. Eso es. -Muy curioso -coment el doctor Brody- ese dialecto de la tribu. ¿Se usted de de viene, Bram? -Frmentos de una vieja jerga -dijo el ctor Branom, que ya no ta un aire tan amistoso-. Algas palabras gitas. Pero la mayora de las races son eslavas. Propanda. Petracin subliminal. -Bien bien bien -dijo el doctor Bry, un poco impaciente, como si el asunto ya no le interesara-. Bien -repiti, volviose hacia m-, no son los cles. Nada tiene que ver con los cables que te conectamos al cuer. Slo sirven para medirte las reaccios. ¿De qu se trata, ps? Claro, tonces vide qu schuto besu haba sido, no ndome cuenta de que to va de las hiprmicas en la ruca. -Oh -cric-, ahora lo vid to. Un truco sucio, vonoso y caloso. Una traici, sodos, y no me la harn otra vez. -Mejor que protestes ahora -dijo el doctor Brody-. As lo aclararemos todo en seguidaPodramos meterte en el cuerpo esta sustancia de Ludovico por distintos medios. Oralmente por ejemplo. Pero el mto scutnees el mejor. Por favor, no te resistas. No tiene objeto. No s vencers. -Grass bracos -dije, mio oriqando. Y contin: -No me imrta lo de la ultraviolencia y ta esa cala. Puedo uantarlo. Pero no es justo meterse con la msica. No es justo que me enferme cuando estoy slusdo al hermoso Lwig van y G . F. Hael, y otros. To lo cual demstra que ustedes son un perverso mtn de sodos, y nunca los rdonar.
Pareci que los s se qdaban pensativos. Lgo, el doctor Brody observ: -Siempre es difcil ner lmites. El muo es u, y es una la vida. La actividad ms dulce y celestial rticipa en alguna medida de la violcia; r ejemplo, el acto amoroso, o la msica. Hemos de coer ciertos riesgos, muchac. T elegiste. -No ente todos esos slovos, pero contest: -No cesitamos suir, ser. -Astuto, yo haba cambiado un malco el to.- Ya me demostraron que toda esta dratsa y la ultraviolencia y el asesito estn mal, mal, teiblemte mal. Aprend la lein, sores. Ahora comprendo lo que nunca haba visto antes. Estoy curado, gracias a Dios. -Y levant piasamente los glasos al techo. Pero los dos doctores mearon tristemente las golovs, y el doctor Bry dijo: -Tava no ests curado. Falta mucho por cer. Slo cuando tu cuerpo reaione pronta y violentamente a la violencia, como si estuviera frente a una vbora, sin ayuda nuestra, sin medicinas, entonces dremos. -Pero, sor -lo interrump-, seresya veo que est mal. Est mal rque va contra la sociedad, est mal pore tos los vecos de la tiea tien derecho a vivir y a ser felices sin que los golpeen, tolchuen y apulen. Aprdmucho, de veras lo digo. -Pero el doctor Bry smec ruidosamte, mostrdo todos los subos blancos, y dijo: -La reja de la edad de la razn -o unos slovos por el estilo-. Veo lo s justo y lo apruo, ro hago lo que es injusto. No, no, muchacho, ties que ponerte en nuestras mas. Pero algrate. Pronto todo terminar. En menos de dos semaers un hombre bre. -Brodsky me dio unas palmaditas en el plec. Menos de dos semas, hermanos y amigos mos, fue como toda una vida. Fue como vivir desde el principio al final del muo. Catorce aos completos en la staja hubiesen sido nada comparados con esto. Tos los das lo mismo. Cudo apareci la dchca con la hipodrmica, cuatro das despde esta gorada con el doctor Brodsky y el doctor Brom, no pude ms y le dije: -Oh, no, da de eso -y le di un tolchoco en la ruca, y la jeringa fue a parar tincle-tinc-tinc al suelo. Era para ver lo que haran. Lo que hicieron fue traer a cuatro o cinco subvecos rlmente bolches de chaeta blca que me sujetaron a la cama, tolchocdome con los litsos srientes muy cerca del mo, y entces la ptitsa fermera dijo: -Perverso y malvado demonio -mientras me pincha la ruca con otra jeringa y me mela sustancia de un mrutal y malvolo. Y as, agotado, me llevaron en la silla de ruedas al siny de los infiers. Tos los das, hermanos mos, pasan pelculas parecis, todas con patas y tolchocos y el crobo rojo rojo que goteaba de los litsos y los plotos y se derramaba sobre los ltes de la cmara. Los personajes eran casi siempre mlchicos srientey smecantes vestidos a la ltima ma nadsat; o dientos torturorejaneses, o zis brutales que se libraban de las vctimas a tiros y patadas. Y tos los das empeoran el deseo de erer morir y las nuseas, y los dolores y calambres en la golov y los subosy esa sed teiblteible. Hasta que una mana quise fastidiar a los stardoras ras rasreceme la golov contra la pared, y que los tolchocos me dejaran inconsciente, pero lo nico que ocui fue que me enferm al ver e esta clase de violencia era la misma de las pelculas, y lo nico consu fue agotarme, y entonces me dieron la inyeccin y me llevaron como siempre en el silln de ruedas. Y lleg la mana en qume despert y tom el desayuno de huevos, tostadas y jalea, y chai con leche muy calite, y entces ps: -Ya no falta mucho. Debo de estar cerca del final. Sufr el mximo, y no puedo ms. -Y esr, esper, hermanos, que la
ptitsa enfermera trajese la jeringa, ro no apareci. Y en eso lleg el subveco de chaeta blanca, y do: -Hoy, viejo amigo, camirs sobre tus piernas. -¿Caminar? -prent-. ¿Adnde? -Al lugar de siempre -dijo el veco-. S, s, no te asombres tto. Irs a ver las pelculas, conmigo por suesto. Ya no irs ms en la sla de ruedas. -Pero -prent- ¿ hay de esa hoiblinyeique me tas las maas? -Hermos, la novedad me tena muy sorprendi, rque ellos han mostrado mucho inters en meterme la vesche de Lovico, como la llamaban.- ¿No volvern a inyectarme esa podrida sustancia en la pobre ruca lorida? , -Nunca ms -casi smec el fermero-. Por los siglos de los siglos, am. Ahora te las aeglarolo, muchacho. Irs con tus propios pies a la cmara de loores. Pero tava te atarn y te obgarn a ver. Vamos, pues, mi tigrecito. -Y tuve que ponerme la bata y los tuflos y bajar por el corredor al mesto de las pelculas. Pero esta vez, oh rmanos mos, no slo me sent muy enfermo sino adems muy asombrado. Lo pasaron todo de nuevo: la vieja ultraviolencia y los vecos con las golovs aplastadas y las ptitsas strozaday goteao crobo e crichan pidiendo comsin, y las leas y porqueras privae individuales de costumbre. Dess aparecieron los campos de prisioneros y lojudos, y las griscalles extrjeraatestadas de tques y uniformes y vecos que caan bais por las balas, que era el lo pbcl asunto. Y esta vez no haba motivo para las nss, la sed y los lores, eepto el hecho de que me obligaran a vidrps seguan ponidomlos brocen los glasos, y han asuradlas nos y el ploto al sill, ro ya no ta los cables y dems vesches licadoal ploto y la golov. De modo que lo que me estaba pasando era culpa de las pelculas que vidba, ¿no les parece? Eepto, por suesto, hermas, e esta vesche de Ludovico fscomo una vacuna, y que ahora me estuviese viajando por el crobo, y en ese caso me fermarsiempre siempre siempre cada vez que vidse una escena de ultraviolencia. As que abr la rota y empec bbuuu, y las lrimas enturbiaron lo que yo estaba obgo a vidr, es ta que ir sando como r una cortina de gotas de roco plateas y que coy coan. Pero los bracos de chaeta blanca vinieron scoo a mpiarmlas lgrimas con unos tastucos, diciendo: -Bue, buo, vean qu chiqulo ms llorn. -Y entonces todo reapareci claro ante mis ojos, los alemaque empujaban a los judos supcantes y gimites, vecos y chis, y mlchicos y dchcas, metilos en los mestos doe los agarlan a todos con s venoso. Bu juuu juuu otra vez, y en seguida estabampidome las lgrimas, muy scoo, ra no me rdierni a vesche solitaria l espectculo. Fue un da teible y ible, oh hermanos mos y nicos amigos. Esa naito yo estaba tdiden la cama, completamente solo, spus de mi cena de guiso de cordero, stel de frutas y crema helada, y pensaba para m: Demonios, demios, demonios, hra tiempo an si pudiese sar ora. Pero yo no ta armas. No me permitan usar britba, y da por medio me afeitaba un veco rdo y calvo que vena a mi cama antes l desayu, y dos bracos de chaqueta blanca estaban ah cerca, vidndo si yo me comportaba como un buen mlchico no violento. Me haban cortado y limado las aasi al ras, as que ni siquiera poda araar. Pero todava era muy scoo en el ataq, nque, hermanos, me haban debito casi a una sombra de lo que haba sido en mis buotiempos de mlchico libre. As que ahora baj de la cama y fui a la puerta ceadcon llave y comenc a deargar gols frtey joroschscrichdo a la vez: -Oh, socoo, socoo. Estoy enfermo, me muero. Doctor doctor doctor favor,
rido. Oh, me muero. Socoo-Ta el gorlo de veras seco y lorido antes que apareciese alguien. De pronto o nos que venan r el coedor y una golosa gruona, y recoc entces la golosa del veco de chaetblcme traa la pisc y me escolta a mi cdenacin cotidiana. Gru a travs de la prta: -¿Qu es eso? ¿Qu pasa ah? ¿Qu judrido te traes entre manos? -Oh, me estoy muriendo -casi m-. Teo un teible lor en el costa, aqu. Es apdicitis. Ooohhh. -Apeicitis, mierda -gru el veco, y tonces, oh hermanos, alcanc slusar el clanc clde las llaves-. Si intentas una jugaeta, amimis comperoy yo te patearemos toda la noc. -El veco abri la puerta y junto con l tr el dulce aroma de la promesa de libertad. Bno, yo estaba detrs de la puerta cuael veco la abri, y pude vidrlo a la luz del coer buome con los glasos, un poco sorprendido. En eso alc los pos ra tolchocarlo fuerte en el cuello, y entces, lo juro, cuao medio ya lo vidba de antemano tirado en el suelo gimiendo o fuera de caery comenzaba a sentir el goce que me suba de las tris, la usea cay sobre m como una ola y sent un miedo hoible, como si realmente me fuese a morir. Me acerqu a la cama vacandy ciendo urg urg urg, y el veco, e no estaba con la cquetblanca sino con una bata, vide clarito lo que yo haba psads me dijo: -Bue, siempre se aprende, ¿verdad? Siempre aparece algo evo, ¿? Vamos, amiito, levntate de la cama, y game. Realmente, me gustara. Un buen lpa la mandbula. Oh, vamos, me muero de nas. -Pero lo nico que pude hacer, hermas, fue quedarme tendido sollozando jjju.- Basura -rezo burln el veco-. Mier. -Y me alz r el cllo de la chaqueta del piyama, y yo estaba muy dbil y agoto, y lgo levant y dearg la ruca derecha, de modo que recib un lindo y viejo tolchoco justo en el litso.- Esto -dijo- es por sacarme de la cama, basura. -Y el veco se frot las rucas a contra la otra suich suich suich y sali. Clic clac hizo la llave en la ceara. Y tonces, os, tuve que hundirme en el so para eapar de la hoibly perversa impresin de que recibir un golpe era mejor e darlo. Si ese veco no se hubiese ido, yo tal vez le habra ofrecido la otra mella.
7 Hermos, no poda creer a mis propios odos. Me pareca que haba estado en esmesto vonoso toda una vida, y que me lo pasara a etermentePero siempre ba sido una quincena, y ahora decan que la quincena casi ba termina. -Maaamiguito, fuera fuera fuera. -Y movieron el viejo pulgar, como apuntando a la libertad. Y el veco de chaqueta blcue me haba tolchocado, y que segua trayme ndejas de pisc y me eolta tos los das a la tortura, me dijo lue: -Pero tova te falta un da importte. Ser el examen de sada. -Y el veco smec con una sonrisa recelosa. Supuse que esa maana me llevaran como de costumbre al mesto de las pelculas en piyama, tuflos y bata. Pero no fue as. Me dieron la camisa y la ropa interior, y mis platis de la noche, y mis joroschs botas de patear, to bien preparado y lavado o plchado o lustrado. Hasta me devolvieron la britba filosa que haba usado en los buos viejos tiempos en peleas y dratsas. Decertado, mir todo esto mientras me vesa, ro el veco de la chaqueta blanca se limit a sonrer y no quiso gorar palabra, oh hermanos mos. Me llevaron muy amlemente al mismo viejo mesto, pero haba algunos cambios. Haban puesto cortinas frente a la ptaa, y el vidrio opaco ya no estaba bajo los orificios de proyein, tal vez pore lo haban levantado o plegado a los costos como persianas. Y nde antes se oa solamte el ruido de toses cashl cashl cashl cashl y se vean como sombras de lios ara haba un verdero pco, y en l algos litsos que yo conoca. Esta el director de la staja, y el hombre santo, el chaplino como le decan, y el jefe de los chasos, y ese cheloveco muy importante y bien vestido que era el ministro del Interior o Inferior. A los ms no los coca. Tambin estaban el doctor Brodsky y el doctor Branom, pero no evabchaqueta blanca, y se haban vestido ahora como visten los ctores que son importantes y quieren vestirse a la ltima moda. El doctor Bram esta y da ms, pero el doctor Bry esta y goraba con palabras mucomplicadas a tolos lios reunidos. Cudo me vide venir dijo: -Aj. Aqu, caeros, presentamos al propio sujeto. Como ven, se encuentra en eelentes condiciones y bien alimenta. Acaba de dormir bien y de tomar un abundante desayuno, y no est drado ni hiptizado. Maa lo volveremos confiamente al mundo, un chico tan decente como los que asisten a la euela dominical, dispsto a la palabra amable y la coloracin. Qu cambio, caballeros, comparado con el perverso granuja que el Estado conden a sufrir un castigo estril hace dos aos, y que no cambi na en ese pero. ¿je que no cambi? No, no fue as. La prisin le ense la sonrisa falsa, las mountuosas de la hicresa, la sonrisa sequiosy ja. Le ense otros vicios, ems de confirmar los que practicaba desde haca tiempo. Pero, caballeros, basta de labras. Los hechos blan mejor que las palabras. Bien, ain. Atentos tos. Yo estaba un caturdido por esta gorada, y trata de enteer qu Brody hablaba de m. Entces se aparon todas las luces y se encendieron dos reflectores que venan de los orificios de proyein, y uno de ellos ilumiba directamente a Vuestro Humilde y Sufriente Naor. Y la otra luz fue a fijarse sobre un cheloveco grande y bolche que yo jams haba viddo antes. Tena un litso grasiento, y mostacho, y como meches de pelo pegados a la golov casi calva. Era de unos treinta, crenta o
cincnta aos, es cir un staio que andaba por esa edad. Se me acercy el reflector lo acom, y poco desps las dos luces eran una sola ms grae. El veco me dijo con mucha burla: -Hola, montn de basura. Puff, no te lavas mucho, qu olor tienes. -Luo, como si estuviera dando pasos de baile, me pis las nos, la izquierda y tambin la derecha, y desps me dio un arazn la nariz e me do como besu y me ll los glasos con las viejas lgrimas, y ams me retorci el uco izierdo como si fra la perilla de una radio. Pude slusar risitas y un par de jajajas rlmente joroschs que venan del pblico. La nariz, las nos y las orejas me ardan y dolan como besu, ase le dije: -¿Por  me tratas as? Jams te hice mal, hermano. -Ah -dijo este veco-. Mira esto -arazos a la nariz- y esto -retorcimiento de oreja-, y esto otro -feo pisotn en la no derecha- pues no me gusta la ntcomo t. Y si quieres respoer de algn mo, empieza, por favor empieza. -Entonces comprd que ta que andar verdaramente scoo y sacar la britba fosa antes que se me apareciese uella useespantosa, convirtieo la alra de la batalla en el sentimiento de que era mejor conterse. Pero, oh hermanos, cuando mi ruca busc la britba en el carma interior, mi glaso mental vide a este cheloveco insultante, y ora me peda compasin, y el crobo rojo rojo le coa r la rota, y enas ba aparecido esta imagen cudo llegaron las nss, la garganta seca y los dolores, y comprend que tena que cambiar muy scoo lo que senta por este podrido veco, de modo que bus ciillos o dinero en los carmas, y entonces, oh hermanos mos, como no ta ninguna de las dos vesches, le dije, mio tembleque y balbuceante: -Me gustara darte un cigaillo, hermano, ro parece que no tengo. -Y el veco me dijo: -Bah, bah, juuujuLlora, chiquito. -Y  ms me ara otra vez la nariz con una ua bolche y dura, y de slusar smecas muy ruidosas de diversin que venan del pblico en la ourid. Le de verdaramentsesperado, procurando mostrarme amable con este veco insultante y agresivo, y rar as los dolores y las nuseas: -Por favor, djame hacer algo por ti. -Y rebusqu en mis carmas; pero slo enctr la britba filosa, as que la saqu y se la ofrec, al mismo tiempo que le deca: -Por favor, toma esto, te lo ruego. Un regalito. Te pido que lo actes. -Gurdate esos sornohiondos -dijo el veco-. No me convencers de ese modo. -Me dio un golpe en la ruca y la britba filosa cay al suelo. As que le dije: -Por favor, tengo que hacer algo. ¿Te mpilas tas? Mira, me agacho para lamrtelas. -Y entonces, hermanos mos, crnlo o senmlos schaos, me ai y su un kilmetro y medio de mi yasicca roja para lamerle las botas grasas y vonosas. Pero el veco me contest con una patada -no muy fuerte- en la rota. Entonces pens que no vendran las nseas y el lor si slo le aaba los tobillos con las rucas y lo mandaba al slo a este graso braco. As lo hice y el veco se llev a rl y bolche sorpresa, pore se fue al suelo entre las risas del drido pblico. Pero al vidrlo en el suelo sent que me vena esa sensacin hoible, de modo que le ofrec la ruca ra que se levantara scoo, y aiba fue el ti. Y cndo se dispona a darme un tolchoco realmte feo y perverso en el litso el doctor Bry dijo: -Est bien, suficiente. -As que este veco hoible medio se inclin y se alejmuy elantecomo un actor, mitras se encendan las luces encuecindome, y yo abra la rota llando. El doctor Brody dijo al pblico: -Como ven ustedes, nstro sujeto se
siente impulsado hacia el bien porque paradjicamente se site impulsado al mal. La intencin de recuir a la violencia aparece acomadr hons sentimitos de incomodidad sica. Para aliviarlos, el sujeto tiue pasar a una actitud diametralmte opsta¿Alguna pregunta? -El problema de la elein -dijo una golosa rica y profua, y era el chaplino de la crcel-. En rlidad, no tiene alternativa, ¿verd? El inters propio, el temor al dolor sico lo evaron a esa humillacin grotea. La insinceridad era evinte. Ya no es un malchorTamco es una criatura capaz de una eleimoral. -sas son sutilezas -sonri medias el doctor Bry-. No nos interesan los motivos, la tica superior. Slo queremos eminar el lito. -Y -agr el ministro bolche y bien vestido- aviar la espantosa congestin de las prisiones. -Bien, bien -dijo alguien. Hubo mucha gorada y diusin, y yo estall, hermanos, casi completamente igrado por esos bracos ignorantes, as que cric: -Yo, yo, yo. ¿Qu hay de m? ¿Dtro en todo esto? ¿Soy un animal, o un peo? -Y as provo una gorada de veras fuerte, y tos me aojan slovos. As que cric ms fuerte tova: -¿No soy ms e ranja mecnica? -No s qu me llev a usar esos slovos, rmanosque se me vinieron a la golov sin pensarlo. Y no s por qu, pero los hice callar a todos los vecos rante un minuto o dos. Entonces, un cheloveco staio de tipo profesoral se puso de pie, y ta un cueue era como un montn de cables que le salan de la golov y le bajaban al ploto, y me dijo: -No tienes por qu protestar, mucchoElegiste, y esto es el resulto de tu eleccin. Lo que venga ahora es lo que elegiste t mismo. -Pero el chaplino de la prisin cric: -Oh, ojal diera creerlo. -Y se pa vidr que el director lo miraba como dicile que no aeera en la religin carcelera tan alto como l crea. A recomz la diusiritos, y entonces pe slusar el slovo Amor que iba de un lado para otro, y el propio chaplino de la prisin cricha tan alto como los dems sobre el Amor Perfecto que Destruye el Mio, y el resto de esa cala. Y a el ctor Bry dijosonriendo con todo el litso: -Me alegro, callerosde que se haya suitado esta cuestin del Amor. Ahora veremos en accin una forma del Amor que creamos muerta, junto con la Edad Media. -Se apagaron las luces y otra vez se encendieron los reflectores, o enfocado sobre vuestro bre y doliente Amigo y Naador, y en el pazo umino por el otro rod o se desz la ms hermosa dchca joven que uno hubiera podido imaginar en toda la chis. Es decir, tena unos grus realmente joroschs, que casi se vidban enteros, pore llevaba unos platis que bajaban y bajaban y jaban por los plechos. Y tena las nos como Bogo en el Paraso, y cuao camiba uno senque se le revolvan las quischcas, auue el litso era un litso dulce y cordial, joven e inocente. Se me acerc y era de luz, como la luz de la gracia celestial y toda esa cala, y lo primero que me vino a la golov era que quera tumbarla ah mismo, sobre el suelo, para hacer el viejo unods uns realmte salvaje, ro scoo como un tiro me atac la ns, como un detective que hubiese estado vigilando desdla esquina y ahora viniese a hacer el
aesto. Y el vono l agradable perfume de la dchca inici un movimiento en mis quischcas, y as ente que tena que pensar de otro mo en ella, antes que el lor, la sed y la nsea hoible se me echasen encima verderamente joroschs. As que cric: -Oh, la ms bella y dulce de las dchcas, ngo el corazn a tus pies para que lo pises. Si tuviera a rosa te la dara. Si el suelo estuviera mojado y caloso extdera mis platis para qucamiras cima y no mancharas tus nos exisitaon la roa y la cala. -Y mientras deca todo esto, oh hermanos mos, senta que la nusea iba cediendo.- Permite -cric- que te venere y sea tu auxiy protector en este mundo perverso. -Entonces me vino el slovo justo, y me sent mejor, y le dije:- Djame ser tu autntico caballero -y otra vez me aodl, inclinado casi sta rozar el slo. Y entonces me sent de veras schuto y tto, rque ta sido teatro, y la dchca sonri y se incante el pco, y sali con sgil y elegte, y las luces se encendieron y se oyeron algunos aplausos. Y los glasos de algunos de los staios vecos l pco se les salan de las rbitas al mirar a esta joven dchca, y se vidba en ellos el deseo sucio e impo, oh hermas mos. -Ser nuestro autticcristiano -estaba crichdo el ctor Brody- dispsto a ofrecer la otra mella, dispsto a dejarse crucificar antes e a crucificar, que se enfermar ante la mera idea de matar siiera a una moa. -Y era cierto, os, pore cuadijo eso pens en matar una moa, y comenc a sentir una ligera nusea, pero ahogu la sensacin imaginaue yo alimentaba a la moa con pecitos de azcar, y la cuidaba como a un animato regaln, y toda esa cala.- Receracin -cric el doctor Bry-. Alra ante los Angeles l Sor. -El hecho es -estaba diciendo con voz gronca el ministro del Inferior- e funcio. -Oh -dijo el chaplino de la prisin, medio suspiran-, r cierto que funciona, Dios nos asista a todos.
TERCERA PARTE 1 -¿Y ara qu pasa, eh? Eso, hermos mos, era lo e me preguntaba a la maana siguiente, de pie fuera del edificio blco e estaba como encajado en la vieja staja, vestido con mis platis nocturs de dos as antes, a la luz gris l amacer, con una malca bolsa nde ta mis cas vesches personales y algo de dinero amablemente dodo por las vonosas Autoridades ra ayarme a empezar la nvvi. El resto l da anterior ha sido muy atador, con las trevistas gradapara los telenoticiosos y las fotografas flash flash flash y evas demostraciede cmme repnaba la ultraviolencia, y toda esa basura calosa. Y luo me tumb en la cama, y en seguida, sn me pareci, me despertaron ra decirme que me fuese, que me marchaseque no queran ver ms a Vuestro Humilde Naar, oh hermanos mos. Y  estaba yo muy muy temprano en la mana, con ese dinero malco en el carma izquierhaciendo sonar las modas y pruntndome: -¿Y ara qu pasa, eh? Desayuno en un mesto, pens, ps todava no haba comido en la maana, ya que tos los vecos haban tenido tantas nade tolchocae mostrndome el camino de la lirtad. Slo haba piteo una chasc de chai. Esa staja se alzaba en un sector muy ttrico de la ciudad, pero por todas partes haba malcos cafs para obreros, y pronto descr uno, rmanos mos. Era muy caloso y vonoso, con una lamparilla en el techo y la suciedad de las moscas como oureciendo la luz, y algos rabotores tempros que sorban chai y devoran unas salchicrepulsivas, atragantndose con trozos de kle, trag trag trag, y lgo crichdo ms. Los serva dchca mucalosa, pero que tena us grus muy bolches, y algus de los vecos que estaban all comieo tratan de tocarla, y hacan ja ja ja y ella responda je je je, y el esctculo me dio nuseas, hermanos. Pero ped as tostay jalea y chai, todo muy cortsmente y con mi golosa de caballero, y me sent en un rincn ourcomer y pitear . Mientras estaba en eso, entr malco enito, vdiendo las gasettas de la maa, un prestico graso y deforme con lentes gruesos de armazn de acero, los platis del color de un dde grosellas staio y rcio. Cur una gasetta, con la idea de meterme otra vez en la chis normal vidndo lo saba en el mdo. Me pareci que era una gasetta l gierno, ps en la primera pina slo se hablaba de lnecesidad de que los vecos volviesen a elegir al gobierno en la prxima elein general, que sedecan se hara en unas dos o tres semas. Ha slovos muy soros acerca de lo que el gierno haba hecho, rmanos mos, en el ltimo ao o cosa as, con el aumento de las exportacios, y la polica exterior realmte jorosch el mejoramiento de los servicios sociales y toda esa cala. Pero de lo que en realidad ms se alaba el bierno era de que en los ltimos seis meses haba mejorado la seguridad en las calles para todos los lios amantes de la paz que andaban de noche, y esto gracias al aumento de los sldode la polica y al hecho de que la lica proceda ahora con
mano dura contra los jvenes matos, los ladrones, los pervertidos y toda esa cala. Lo que interes bastte a Vstro Humilde Naar. Y en la segda pgina de la gasetta haba una fotografa boosa de alguien que me pareci muy cocido, y e en definitiva no era otro que yo yo yo. Tena una cara sombria y como atemorizada, pero eso era realmente por los fogozos que hacan pop pop todo el tiem. Dajo de mi foto se deca que yo era el primer graddo del nvo Instituto Estatal de Recuperacin de Criminales, curado de los malos instintos en slo una quincena, y ara un buen ciudano temeroso de la ley y toda esa cala. Desps vi que haba un arculo muy elioso sobre la Tcnica de dovico, y de lo inteligente que era el gobier, y toda esa cala. Desps vena otra foto de un veco e me reciconocido, y era este ministro del Inferior o Interior. Parece que haba estado vaglorisn poco, y pronosticando una oca sin delitos, en la que nadie tendria miedo a loardeatues de los jvenes matones y rvertidos y lrones y ta esa cala. As que hice ajjj y tir al slo la gasetta, y fue a cubrir las mancde chai amo y los gargajos hoiblede los vonosos imalee venan al cafetn. -¿Y ara qu pasa, eh? Lo que ahora me propona hacer, hermanos, era irme a casa y darles una bonita sorpresa a papapa y a ma, yo, el ico hijo y heredero de regreso al seno de la familia. All podria recostarme en la cama de mi pria y malca mriguera, y slusar un poco de bua msica, y al mismo tiempo podria pensar lo que haria yo con mi chis. El Encardo de Egresos me haba dado el da terior una larga lista de los empleos que yo poda probar, y haba telefoneado a diferentes vecos acerca de m; pero yo no qria, hermos mos, perme a rabotar en suida. Ante todo un malco descso, s, y un poco de trabajo mental en la cama, oyeo la buena msica. As que tom el mnibus al centro de la ciud, y lgo el que va a la avenida Kingsley, pore el edificio 18A est ah cerca. Crnmermanos, si les digo que el corazn me haca clop clop clop a causa de la eitacin. Todo estaba tranquilo, es era temprano y una maana de invierno, y cuao entr el veslo del edificio no haba nin veco por ah, slo las chis y los vecos nas de la gnid del Trabajo. Lo me sorprendi, hermanos, fue el mo como los ban limpiado, de modo que ya no les salan slovos sucios de las rotas a los Trabajadores gnificos, ni se vean tampoco las partes incentedel crpo que los mlchicos de mente sucia aficionos al lpiz haban dibujado en los plotos desdos. Y tambin me llam la atencin que el aensor fcionara. Vino zumbando cuando apret el nopca elctrico; entr y me sorprdi de nuevo vidr e todo estaba mpio dtro de la jaula. Sub al dcimo piso, y all vi el -8 como estaba antes, y la ruca me tembl y se estremeci cuando saqu l carma el peo quucho. Met firmemente el quilucho en la ceadura y lo hice girar; luo r y entr y me contrcon tres pares de glasos sorprdidos y casi atemorizos que me miran, y eran pe y eme que estaban tomando el desayuno, pero tambin otro veco al que nunca haba viddo en toda mi chis, un veco bolche y grso en camisa y tirantes, muy en su casa, hermos, tragao el chai con leche y munchmunchmunch los huevos y las tostas. Y este veco extrao fue el primero que habl: -¿Quin es usted, amigo? ¿Dconsigui esa llave? Afuera, antes de que le aplaste la cara. Salga y golp. Explique qu lo trae, pronto. Pe y eme se quedaron como petrificados, y pude vidr que no haban ledo la gasetta, y record entces que la gasetta egaba cuando papya haba salido para el
trajo. Pero entces eme dijo: -Oh, te fugaste. Huiste. ¿Qu remos ahora? Ver la poca, oh oh oh. Oh, muccho perverso y malva, que as -nos averenzas. -Y crnlo o bsenme los schaos, comenz la funcin de buuu buuu. As que empec a expcar la cosa, podan telefonear a la staja si eran, y mientras tanto el onocido estaba ah sento, fruncieo el ceo y mirando como si piera aplastarme el litso con el puo pelo, bolche y carso. As que de: -¿Qu le parece si me contesta unas cuantas, rmano? ¿Qu est hacieo u y por cuto tiempo? No mgust el tono de lo acaba de decir. Andese con cuidado. Vamos, ble. -Era un veco de tipo obrero, muy f, de unos treinta o cuarta as, y ahora me miraba con la rota ierta, sin gorar slovo. Entonces mi pe dijo: -To esto es un poco deoncertte, hijo. ¿Por no nos escribiste que venas? Cremos que pasaran por lo menos cinco o seis as antes que te soltaran. No quiero decir -agr, y su tono era muy sombro- que no nos agrade mucho verte otra vez, y adems libre. -¿Quin es ste? -prent-. ¿Por qu no me hla? ¿Qu cu? -Es Joe -dijo mi ma-. Ahora vive u. Es nstro pensionista. Oh, Dios Dios Dios. -T -intervino este Joe-, s stante de ti, muchacho. S lo que hiciste, y e les destrozaste el corazn a tus prey doloridos pres. As e regresaste, ¿eh? Volviste para amargarles otra vez la vida, ¿? Tdrs que pasar sobre mi cver, porque me han permitido ser un ho ms e un inquino. -Yo casi biese dido smecarme a todo tro al or eso si el viejo rasdrs interior no me hubiese provocado una sensacin de nusea, rque este veco pareca tener casi la misma edad que mi pe y mi eme, y  estaba tratando de razar a mi llorosa ma con una ruca protectora de ho, oh heos mos. -Aj -dije, y sent e yo mismo estaba prximo a orar-. De mque as son las cosas. Bien, le doy cinco largos minutos para sacar de mi cuarto todas sus hoibles y calosas vesches. -Y me fui al cuarto, y este veco era un malco demasio lento para determe. Cuao r la ertse me fue a la alfombra el corazn, es vide que ya no era ms mi cuarto, hermos. Haban quitado de las paretomis banderas, y este veco haba puesto fotografas de boxeadores, y tambin un uipstado con las rucas cruzadas y al frente como un eue plata. Y tonces vide otra cosa falta. Mi estreo y mis estantes de dios ya no estaban all, ni el cofre ceae guardaba las boteay las droy s jerinbrlantey limpias.- Alguien estuvo haciendo un trabajo vonoso y sucio -cric-. ¿Qu hizo con mis vesches persales, hoible bastardo? -Le estaba hlando a Joe, pero fue mi pe el e contest: -La polica se lo llev todo, hijo. ¿Sabes?, el evo reglamento acerca de la inmnizacin a las vctimas. Me cost mucho no enfermarme de veras, ro la golov me dola de lo pr, y senta la rota tan seca que me vi oblido a beber scoo un trago de la botede leche que estaba sobre la mesa, y este Joe dijo: -Modales de cerdo sucio. -Pero la ptitsa muri -dije-. sa muri. -Fue por los gatos, hijo -dijo mi pe con gesto dolorido-, que no tenan quien los cuira hasta que se leyera el testamto, de manera que haba que alimentarlos. Por
eso la pocvendi tus cosas, ropas y todo, para que los cuisen. As es la ley, hijo. Pero a ti nca te preocup mucho la ley. Aqu tuve sentarme, y este Joe dijo: -Pide permiso tes de sentarte, cerdo sin educacin -y yo le respo scoo con-: ea tu sucio y rdo agujero -y me sent enfermo. En seguida procur mostrarme razonle y cordial, en bien de mi salud, as que les dije-: se es mi crto, ¿verd? sta es mi casa tambi. ¿Qu inan ustedes, pe y eme? -Pero los parecan contrariados, mi eme un ccmovida, el litso to audo y medo por las lrimas, y lgo mi pe do: -Hay e pensarlo, Alex. No podemos echar a Joe, as de buas a primeras, ¿no es cierto? Quiero decir e Joe tiene un contrato de trabajo, creo que por dos aos, y nosotros emoa un aeglo, ¿no es verdad, Joe? Quiero decir, hijo, nsamos que estaras mucho tiempo en la crcel, y ese cuarto de nada serva. -En el litso se le vea que estaba un poco avergonzado. As que me limit a sonrer y medio as. -Ya vid todo -dije-. Ustedes se acostumbraron a un poco de paz a un cde deo extra. As son las cosas. Y el hijo que tuvieron no es ni fue otra cosa que una molestia teible. -Y tonces, hermanos mos, crnme o bsenme los schaos, me ech a llorar, y a sentirme muy comdecido de m mismo. As que mi pe dijo: -Bien, ya ves, hijo, Joe pag el aliler del mes prximo. Es decir, no importa lo que hamos, ro no pomos decirle a Joe que se marche, ¿no es as, Joe? -Y este Joe contest: -Yo tengo que pensar en ustedes dos, e sido para m como un padre y una madre. ¿Sera justo o equitativo que me fuese y los dejase a merced de las lces atenciones de este joven monstr, e ncfue un verdadero hijo? Ahora est llordo, pero eso no es ms e maa y trampa. Que se vaya y buse un cuarto por ahQue comprenda sus eores, y que un mal muchacho como l no merece una mam y un p como los que tuvo. -Muy bien -dije, pindome de pie, y las lgrimas seguan coime-. Ara s cmo estn las cosas. Nie me quiere ni me desea. He sufrido y sufrido y sufrido y todos quieren que siga en lo mismo. Ahora lo entiendo. -Hiciste sufrir a otros -observ estJoe-. Es justo que ahora t tambin sufras. Me han contado todo lo que hiciste, sentado aqu por la noche a la mesa famiar, y bastante que me impresion. Cuando conoc tu historia, me sent enfermo de veras. -Quisiera -dije- estar otra vez en la prisin. La vieja y qrida staja. Ahora me marcho. No volvern a vidrme. Seguir mi propio camino, muchas gracias. y que les pese en la conciencia. -No lo tomes as, hijo -contest mi pe, y mi eme empez otra vez bujuuujuuu, con el litso to retorcido y rlmente feo, y este Joe le volvi a ner la ruca sobre los hombros, y la palmeaba y le deca vamos vamos vamos como verdadero besu. y fui vacilando cia la puerta y sal, dejolos e se las alaran a solas con esa culpa hoible que ellos san, oh hermanos mos.
2 lteao r la cacomo sin rumbo fijo, rmanos, en esos platis cturnos que llaman la atencin de los lios cndo me cruzaba con eos, sintiendo mucho fro tambin, ps era un da de invierno bastardo, lo nico yo deseaba era alejarme de to y no tener e pensar ms en ninna vesche. As que toml mnibus al centro, y luo volv caminao cia la plaza Taylor, y all esta la disquera MELODÍA a la que yo sola favorecer con mis istimableompras, oh hermanos mos, y pareca ms o menos el mismo tipo de mesto, y al entrar esr vidr all al viejo Andy, el veco calvo y muy delgo, siempre servicial, a quien yo haba cuperado discos en otras ocas. Pero Andy no estaba ahora, hermas, y slo se oan los gritos y las crichas de los mlchicos y las ptitsas nadsats -adolescentes- e slusan a eva y hoible cancin pop y tambin la bailaban, y el veco que estaba detrs del mostrador no era mucho ms que un nadsat tambin l, y ca sonar los esode la ruca y smeca como besu. As que me acerqu y esr hasta que se dign verme, y  le dije: -Quiero or una grabacin de la Cuarenta, de Mozart. -No s por qu me vino eso a la golov, pero as fEl veco l mostror me do: -¿La Cuarenta qu, ami? -SinfonaSinfona Nmero Cuarenta en sol menor. -Ooh -dijo uno de los nadsats e bailan, un mlchico con el pelo sobre los glasos-. Sinfona. ¿No es gracioso? Quiere una sinfona. Sent por dtro que el rasdrs me dominaba, pero tena que andar con cuidado, as que les sonre al veco que ocupaba el lugar de Andy y a todos los nadsats dzantey crichtes. El veco del mostrador do: -Amigo, mtase ah en esa cabina y le mandar al. As e fui a la cina malca doe uno poda slusar los discos que quera comprar, y el veco me puso un dio, pero no era la Cuarenta sino la Praga -el veco ba sacado lo primero de Mozart que encontr en el estante, ps- y eso empez a rasrecrme de veras, y tena que cuidarme r miedo al dolor y a las nuseas, ro lo que yo haba olvidado era algo que no da de haber olvidado, y ora me dieron nas de acabar de una vez. Era que esos bracos doctores haban dispuesto las cosas de modo que cualquier msica que me emocionara tena que enfermarme, lo mismo que si vidra o isierrecuir a la violencia, y esto porque todas esas pelculas de violcia tan msica. Y record especialmente la hoible pelcula nazi con la Quinta de Beethoven, ltimo movimiento. Y ahora dera que el rmoso Mozart se haba convertido tambin en algo hoible; sal coieo de la tienda mientras los nadsats smecan y el veco del mostrador cricha: -iEh eh eh!- Pero no le hice caso y me fui, y tambalndome como un ciego, cruc la calle y di vuelta la esquina, cia el bar lcteo Korova. Yo saba qu me haca falta. El mesto esta casi vaco, porque todava era de ma. Tambin me pareci extrao, todo pintado con vacas rojas mugites, y detrs del mostrador un veco que yo no coca. Pero cuando ped: -Un moloco-plus, gran- el veco de litso flaco recin afeito slo que yo quera. Me llev el vaso grade leche a uno de los queos
cubculos del mesto, tos con una cortina que lo aislaba del mesto princil, y all me sent en el sin afelpado, y beb y beb. Cndo acabde beber sent que ocuan cosas. Tena los glasos foen el malco trozo de papel de plata de un atado de cancrlos tirado en el suelo, rquehermos, la mpiezste mesto no era tan jorosch. Y este pezde papel de plata empez crecer y crecer y crecer y era tan briante y amenazador e tuve que bizquear los glasos. Se agrand tto que al fin fue no slo todo el cculo donde yo estaba sino tl Korova, la calle, la ciudad. Al fin ocup el mundo entero, hermos, y era como un ocano que indabtodas las vesches e existieron o alguna vez fueron concebidas. Me slusa la propia voz haciendo chumcms especiales, y gorando slovos como «Desiertos muertos y amas, rotas que no tien aparicias variformes», y ta esa cala. Entces la visin naci de todo este papel de plata y spus aparecieron colores e die haba viddo antes, y alcanc videar un grupo de estatuamuy muy lejos, que se acercan ms y ms y ms, todas muy ilumidas, y la luz briante vena de aiy tambin de abajo, oh hermos mos. Este grupo de estatuas representaba Bogo y todos los sagrados les y santos, muy resplancientes como de bronce, con barbas y alas bolches que se agitaban y prucan una especie de viento, as e en realidad no paser de pira o bronce, y adems los glasos se les movan y estan vivos. Estas figuras graes y bolches se acercaron ms y ms y ms, y al final pareci me iban a aplastar, y alcc a slusar mi golosa que deca «Eeee». Y sent que me bra de to -platis, cuercerebro, nombre, to- y me sa realmente jorosch, como en el paraso. Se oy entonces como un chumcm de cosas retaday lastadas, y Bo y los ngeles y los stos mio menearon las golovs al mirae, como si isieran gorar que todava no bedo el momento y e era necesario probar otra vez, y entonces se oyeron burlas y risas y deum, y la luz clida y grande se enfri, y as me enctr en el mismo lugar de antes, el vaso vaco sobre la mesa, y yo quera llorar y senta como que la muerte era la nica solucin a todo. Y as fy pude vidr muy claro lo tena que hacer, pero no saba bien cmo hacerlo, porque antes nca se me haba ocuida idea como sa, oh hermanos mos. En mi bolsita de vesches rsonaleyo llevaba la britba filosa, pero comenc a sentirme muy enfermo cuando pens que yo mismo me ra suiiis, y que luego me saldra el crobo rojo rojo. Yo quera algo que no fuera violento, y que me hiciera dormir dulcemente, y que ah acase Vuestro Humilde Naar, y no ms problemas. Se me ocui e si iba a la biblio blica, a la vuelta de la esqui, podra encontrar un libro sobre el mejor modo de snufar sin dolor. Me imagin muerto, y cmo sufriran tos, pe y eme y ese Joe podrido y caloso que era un usurpador, y tambin el ctor Bry y el doctor Branom y el ministro del Interior Inferior, y todos los ms vecos. Y tambin el gobierno vonoso que tanto se vanagloriaba. As que sal al fro del invierno, y ya era de tarde, casi las dos, como pude vidr en el bolche cuentatiempo pblico, as que mi viaje al raso con el viejo moloco-plus tuvo que llevarme ms tiempo de lo que yo me ba imagido. Baj por el bulevar Maranita, y luo entr por la avenida Boothby, dl otra vez y contr la biblio pca. El mesto, staio y caloso, tena dos partes, una para los libros que prestan, y otra para leer, con atriles de gasettas y revistas, y yo no recordaba haber esto all sino cuao era un mlchico malco, a la edad de seis os. Los vecos, muy staios, tenan en los plotos un vono de vejez y preza; estan de pie frente a los atriles de las gasettas, resoplando y eructando y gorando tre dientes, y volviendo las pinas para leer con tristeza las noticias, o sentos a las mesas mirdo las revistas o fingido leerlas, algus dormidos y uno o dos roncando de veras gronco. Al principio casi no pude recorr  quera, y dess comprd un poco impresionado que haba itea a buscdo el modo de snufar sin dolor, as que me acerqu al estante de las vesches de
consulta. Haba mucs bros, pero ninguno tena un tulo, rmanos, que me sirviera realmente. Sa un libro de medicina, pero cuando lo abr esta eno de dibujos y fotraas de heridas y enfermedes hoibles, y ms empec a sentirme un poco enfermo. As e lo devolv a su sitio y retir el libro grallaman Biba, creydo que me hara sentir un poco mejor, como bocuido en los viejos tiempos de la staja (en rlidad nbsado tanto tiempo, pero ahora me pareca que era mucho), y me acer vacildo a una sla. Pero lo nico que encontr fueron cosas acerca de castigar setenta veces siete, y la historia de un montn de judos que se maldecan y tolchocaban unos a otros, y todo eso me trajo nuseas otra vez. As que casi me echo a llorar, y un cheloveco muy staio y rado sentado enfrente me pregunt: -¿Qu sa, hijo? ¿Qu prlema es s -Quiero snufar -dije-. Ya tengo suficiente, eso me sa. La vida es demasiado para m. Un veco staio e lea a mi lo dijo: -Shh- sin apartar los glasos de una besu revista, llena de vesches bolches y gmtricas. El otro cheloveco dijo: -Eres demasio joven para eso, ho. Caramba, ties la vida por lante. -S -dije con amargura-. Como un par de grus artificiales. -El veco e lea la revista dShtra vez, ro ahora levt los glasos y algo nos hizo clic en las golovs. Vide in era. Y el otro dcon voz muy gronca: -Por Dios, nca olvido forma. Jams olvido la forma de da. Por Dios, cerdo inmdo. Ara te tengo. -S, cristalografa. Eso era lo que haba retire la biblio aqlla vez. Los dites stizos aplastados verderamente jorosch. Los platis desas. Los libros rasrecdos, y tos eran de cristalografa. Hermasse me ocui que lo mejor era salir de all rlmente scoo. Pero el staio y viejo cheloveco se haba puesto de pie, crichdo como besu a tos los staios y viejos tosedores que miran las gasettas frente a la pared, y a los que dormitaban sobre las revistas en las mesas.- Lo tenemos -cric-. El cerdo perverso que destruy los libros de cristalografa, obras raras, obras que es imposible conseguir de nuevo. -Y todo lo deca con un chumcm realmente loquecido, como si el viejo veco hubiese perdido de veras la golov.- Un ejemplar especial de esas ndade jvenes bestias cobardes -cric-Aqu, entre nosotros, y en nuestro por. l y sus amis me golpearon, me patearon y deibar. Me desnudaron y destrozaron la dentadura. Se rieron viendo cmo yo sangraba y ma. Y me despidieron a patadas, mardo y desnudo. -Como ustedes sab, hermos, eso no era l todo cierto. Le jamos alguplatis, y no esta completamte na. Entonces yo cric: -Eso fue hace ms de dos os. Desps me castigaron y he aprdido la lei. Vean all... mi foto est en los diarios. -Castigo, ¿? -dijo un ded que pareca un ex solda-. Habra que exterminarlos a todos ustes. Como si fran una plaga maligna. S, no me vengan con castigos. -Est bien, est bien -dije-. Todos tien derecho a opinar. Pernenme tos, ahora tengo que marcharme. -Y empec sar de este mesto de viejos besus. Aspirina, no se necesitaba ms. Se poda snufar con cien aspirinas. Aspirina que se compra en la vieja farmacia. Pero el veco de la cristalografa cric:
-No lo jen ir. Ara le ensaremos cmo se castiga, basura criminal. Aglo. -Y crnme, hermanos, o hagan la otra vesche, s o tres de estos staios tembleqs, de os novta os por caza, me afearon con las viejas rucas temblorosas, y casi me derrib el vono de vejez y enfermed que despedan estos chelovecos medio muertos, casi me enferm de veras. El veco de los cristales estaba ahora sobre m, y haba empezado a acariciarme el litso con malcos y dbiles tolchocos, y yo trataba de apartarme y de itear, pero esas rucas staias que me sujetaban eran ms fuertes de lo que yo haba credo. En eso otros vecos staios vinieron cojedo desde los atriles de las gasettas ra darle lo suyo a Vuestro Humilde Narrador. Cricban vesches como «Mtenlo, aplstenlo, asesnlo, rmple los dientes» y toda esa cala, y vide stante claro lo que ocua. La vejez ta lortunidad de cobrrselas a la juventud, eso era lo que ocua. Pero algus decan: -Pobre viejo Ja, casi mat al pre viejo Ja, puerco asesino -y as sucesivamente, como si to hubiera ocuidyer. Songo que as era para ellos. Ara una multitud de viejos sucios, agitos vonosos trataba de alcanzarme con las dilerucas y las viejas y afilas gaas, crichdo y jadedo, y el dru de los cristales siempre al frente, tirme un tolchoco tras otro. Y yo no me atreva a hacer una sola y solitaria vesche, oh rmanos mos, porque era mejor recibir lpes que enfermarse y sentir ese hoibllor; nque, por suesto, la violencia de los vecos me haca stir como si la nusea estuviese espido desde la esquina, ra vidr si haba llado el momento de salir al deubierto y minar la sitcin. En eso apareci un veco emplea, un tipo jovencito, e cric: -¿Qu pasa aquBasta ya. Esto es a sala de lectura. -Pero nie le hizo caso. As que el veco empleado anci:- Bien, llamar a la poca. -Y al or esto yo cric, y nca lo hubiera credo en ta mi chis: -S, s, s, llmelos, protjame de estos viejos locos. -Observ que el veco empleado no tena muchas nas de meterse en la dratsa ni de salvarme de la rabia y la locura de esos vecos staios; de modo que enderez para la oficina, o para el lur doe estaba el telfo. Ara los viejos jadban mucho, y me pareci que si les daba un empujn se iran al slo, ro me dej sujetar, muy paciente, por tas esas rucas staias, ceando los glasos y sintiendo los biletolchocos en el litso, y slusdo tambin las viejas golosas jeantey agitadas que crichan: -Puerco joven, asesino, matn, baidoliqudlo-En eso recib un tolchoco realmente lorosen la nariz, as que me dije al dilo al diablo, abr los glasos y empec a pelear para librarme, lo que no fue difc, hermanos, y me fui coiendo y crichdo a la especie de veslo que estaba fra de la sala de lectura. Pero los staios vengareinieron detrs, jadndo como morindos, alzao las gaas animales que trataban de clavarse en Vuestro Amigo y Humilde Naor. All tropec y ca al suelo, y me patearon otra vez, y entonces slus las golosas de unos vecos jves que crichan: -Est bien, est bien, basta ya -y comprd que haba egala polica.
3 Yo estaba aturdido, oh hermanos mos, y no poda vidr muy claro, ro me pareca que haba conocido antes en algn mesto a estos militsos. El que me sostena, diciendo: -Vamos, vamos, vamos- en la puerta principal de la biblio blica, era un litso nuevo, aque pareca muy joven para estar con los militsos. Pero los otros s tenan unas espaldas que yo ha viddo antes, estaba seguro. Rartan golpes a los chelovecos staios y lo hacan con mucho placer y alegra, y los malcos ltigos silban, y las golosas crichan: -Vamos, mucchos desedientes. Esto les ensear a no provocar desrdes rturbando la paz del Estado, individuos perversos-. As empujaron de regreso a la sala de lectura a los staios vendores, jaantes, gimites y casi moribdos; luo se volvieron, smecao tava, luego de tanta diversin, y me vidron. El mayor de los exclam: -Bueno bueno bueno bueno bueno bueno bueno. El pueo Alex en persona. Tto tiempo no nos vidmos, ¿eh, dru? ¿Cmo te va? -Yo estaba aturdido, y el uniforme y el schlemo me impedan videar quin era, nque el litso y la golosa me parecan conocidos. Entonces volv los glasos cia el otro, y sobre ese de litso sriente y besu, no tuve dudas. Entcesodo entumecido y cada vez ms aturdido, volv los ojos al que deca buo bubuo. Recoc na menos que al rdo y viejo Billyboy, mi antiguo enemigo. El otro, r suesto, era el Lerdoque haba sido mi dru y tambin el emigo del gordo cabrn Blyy, pero que ahora era un militso con uniforme y schlemo, y ltigo para mantener el orn. Exclam: -Oh, no. -Sorprdido, ¿eh? -y el viejo Lerdo larg la vieja risotada que yo recordaba tan jorosch.- Ju ju juju. -Imsible -dije-. No puede ser. No lo creo. -La evidencia de los viejos glasos -sonri Blyy-. No nos guardamos nada en la man. Aqu no y trucos, dru. Empleo para dos que ya estn en edad de trabajar. La poca. -Ustedes son muy jves -dije-. Demasio jvenes. No actamilitsos de esa ed. -ramos jve-dijo el viejo militso Lerdo. Yo no poda crrlo, realmente no poda.- Eso ramos, joven dro. Y t siempre fuiste el ms joven. Y aqu estamos ara. -No, es imposible -dije. Y entonces Billyy, el militso Billyboy en quien yo no da creer, dijo al joven militso e me sujeta, y a quien yo no conoca. -Rex, ser mejor si cambiamos un poco el sistema, me parece. s muchachos sern siempre muchachos, como ha ocuidtoda la vida. No es necesario que vayamos ahora a la estacin de polica, y todo lo dems. Este joven ha vuelto a los viejos trucos, los e nosotros recordamos muy bi, nque t, naturalmte, no los coces. Atac a los cianoy los iefensos, y ellos tomaron las coesndienterepresaas. Pero temos que decir nstra palabra en nombre l Estado.
-¿Qu siifica todo esto? -prent, pore casi no poda creer lo que llegaba a mis ucos-Hermanos, fueron eos los e me atacaron. Ustedes no quen ayarlos, no puen. No puedes, Lerdo. Fue un veco con quien jamos a vez en otra poca, y ahora ha buado una malca vganza despus de tanto tiempo. -Lo de tanto tiempo es cierto -dijo el Lerdo-. No recuerdo muy jorosch uellodas. Y ems, no vuelvas a llamarme rdo. Llmame oficial. -Bue, basta de recuerdos -dijo Billyboy asintiendo. No era tan rdo como antes-. Los mlchicos perversos que manejan las britbas fosas... buo, hay e tenerlos a raya. -Y los dos me sujetaron muy fuerte y casi me sacaron en andas de la biblio. Afuera esperaba un auto de los militsos, y el veco que llamaban Rex era el conctor. Me tolchocaron al meterme en el asito de atrs, y no pude dejar de pensar que en realidad to pareca una broma, y e en cualquier momento el Lerdo se quitara el schlemo de la golov y largara el jajajaja. Pero no lo hizo. Detratando de dominar el straco dentro de m: -Y al viejo Pete, ¿ le pas? Triste lo de Georgie. Slus lo que le pas. -Pete, ah, s, Pete -dijo el Ler-. Me rece recordar el nombre. -Vi que estamos saliendo de la ciudad, y pregunt: -¿Adde se supone que vamos? Billyboy volvi la cabeza en su asiento para decir: -Tava hay luz. Un pequeo paseo por el campo, desnudo en el invierno, pero solitario y hermoso. No siempre conviene que los lios de la ciudad vidn demasiado los castigos sumarios. Las calles tienen que mantenerse mpias, y de distintos mos. -Y Blyy mir de nuevo hacia adelante. -Vamos -dije-. No entido. Los viejos tiempos estn muertos y enteos. Ya me castigaron r lo que hice. Y me han curado. -Eso mismo nos leyeron -contest el Ler-. El jefe nos ley to. Do que era un sistema mnico. -Te lo leyeron -le dije, con un poco de malignidad-. Hermo, ¿de modo que eres tava muy lerdo para lr solo? -Ah, no -dijo el Lerdo, muy svemente, como lamentndolo-. No debes hablar as. No bles ms as, dru. -Y me dearg un bolche tolchoco en el cluvo, y el crobo rojo rojo comenz a salirme goteando goteando de la nariz. -Nunca me gustaste -dijo con amargura, mpime el crobo con mi ruca-Siempre me sent odinoco. -Aqu, aqu -dijo Billyboy. Estmos en el campo, y solamente se vean los rles desdos y como unos jarolejay easos, y a la distancia una mquina agrcola que haca chumcm. Anocheca ya, ps estmoen pleno invier. No se vean lios ni animales. Solamte los cuatro-. Afuera, qrido Alex -dijo el Lerdo-. Aqu te levtaremos un malco sumario. Y mientras r todo, el veco cductor se qued stado frente al volante del to, fumando un cancrlo y leyeo un malco librito. Ta encendidas las luces del auto
para poder vidr, pero no se dio r terado de lo que Biyboy y el Lerdo le hacan a Vuestro Humde Naor. No dar detalles, ro todo fue jaos y poazos ctra este fdo de mquis agrcolas que zumbaban y el tuituituitititi en las ramas nas. Se pa vidr un ho de humo a la luz del auto; y el cductor volva tranquilamte las pginas. Y estuvieron sobre m todo el tiempo, oh rmanos mos. Lue, Billyboy o el Lerdo, no podra decir cul de los dos, serv: -Ya es bastante, dru, me parece, ¿no crees? -As que me dieron un tolchoco final en el litso cada uno y ca y qued tdiden la hierba. Esta fro, ro yo no lo senta. Dess se limpiaron las rucas y volvieron a ponerse los schlemos y las ticas, que se haban quitado, y regresaron al to.- Te vidremos otra vez, Alex -dijo Billyboy, y el Lerdo larg una de sus risotadas de payaso. El cductor termin la pgina que haba estado leyendo y art el libro; lgo el auto aancy tose alejaron en direin a la ciudad, y mi dru y mi ex emigo agitaron las mas como desdida. Pero yo me qued all, deshecho y otado. Dess de un rato comc a sentir dolores en todo el plotoy entonces llovi y era una lluvia helada. No haba lios a la vista, ni luces de casas. ¿Adde poda ir, si no ta hogar ni deo en los carmas? Llor por m mismo, ju ju juuuu. Lgo me levant y ech a caminar.
4 Hor, gargar, un hogar era lo e yo quera, y a un HOGAR llegu, hermos. Camin en las sombras, no hacia la ciud, sino buscdo el lur de donde vena el chumcm de una mquina agrcola. As e a una especie de aldea, y se me ocui e ya la haba viddo antes, pero eso era tal vez pore tas las aldeas se parecen, principalmente en la ouridad. Ahaba casas, y una especie de mesto para ber, y justo al fide la aldea una malca casita odinoca, y tonces pe vidr el nombre brillando en la ouridad. HOGAR, deca. Yo estaba empapado en lluvia helada, as que mis platis ya no parecan a la ltima moda, sino os tromiserables y patticos, y mi lujosa gloria era una pasta hmeda y calosa sre mi golov, y esta seguro de que tena cortes y raspoen todo el litso, y sa dos subos flojos cudo me los tocaba con la yasicca. Y me dola todo el ploto y ta mucha sed, de modo que camiba abriendo la rota a la lluvia fra, y el estmago me grua grrrr todo el tiempo, pues no brecibido pisc desde la maa, y n entonces no mucha, oh hermanos mos. HAR, deca, y tal vez u contrase un veco que me prestara ayu. Abr la puerta del jardn y a los tumreco el seero, y pareca que la uvia se cverta en hielo, y luo ama lerta con un golpe leve y pattico. No vino ninveco, as que golpe un malco ms largo y mfuerte, y entonces o el chumcm de unas nos que se acercaban. Se abri la erta, y a golosa de hombre dijo: -S, ¿in es? -Oh -dije- r favor, socoo. La polica me golpe y me dej para que me muriese en el camino. Por favor, deme algo para beber y un sitio al Iado del fgo, se lo ruego, sor. La erta se ri l to, y vi una luz clida y un fuego que haca cracl cracl cracl. -Entre -dijo el veco-, no importa quin sea. Dios lo asista, pobre vctima, y vmos  le pasa. -Entr tambalendome, y esta vez, hermanos, no representaba una ee, rque me senta rlmente acado. Este veco boadoso me pas las rucas por los plechos y me llev al cuarto donde arda el fue, y entonceomprend en seguida por  el slovo HAR sobre la entrada me brecido tan familiar. Mir al veco y l me mir con bond, y tonces lo record bien. Por suesto, l no poda recordarme, pore en aqllos tiempos yo y mis suestos drus hacamos todas nstras bolches dratsas, juos y crastadas con maras que eran disfraces rlmente joroscs. Era un veco ms bien bajo, de mediana ad, treinta, crenta o cincuenta aos, y eva ochicos.- Sintate al Io l fuo -dijo-, y te traer un poco de whiy y agua calite. Dios mo, alien estuvo golpendote con verdadera saa. -Y me ech una mirada compasiva a la golov y el litso. -La polica -dije-, la horrible e inmunda polica. -Otra vctima -dijo el veco, medio suspirando-. Otra vctima de los tiempos modernos. Te traer un poco de whiy, y desps trataremos de limpiarte las heridas. -Ech a ojea la bitacin malca y cmoda. Ahora estaba casi totalmente llena de libros, y ha una chimenea y un par de sillas, y no se saba por qu, pero uno vidba que all no viva una mujer. Sobre la mesa haba una muina de eribir y un montn de peles, y record que este veco era un veco
escritor. La ranjmecánica, s, as se llama. Extrao que me hubiese quedado en la memoria. Pero yo no deba abrir la rota, ps ara necesitaba ayuda y bond. Los hoibles y grasos bracos de aquel teible mesto blanco me haban hecho as, obndome a necesitar bdad y ayuda, e imnime el seo de dar yo mismo boad y aya, si alguien qra recibirlas. -Aqu estamos, ps -dijo este veco, volvienMe dio un vaso caliente y estimulante para pitear, y me sent mejor, y el veco me limpi despus las corturaen el litso. ego do-: Ara un buen o caliente, yo te lo preparar, y spus me cuentas todo lo que pas, mientras yo te sirvo una buena cena caliente. -Oh, hermos mos, dra haber llorado ante tanta bondad, y creo que l alcanz a vidrme las viejas lgrimas en los glasos, porque dijo. -Bueno bueno bueno -al mismo tiempo que me palmeaba el plecho. En fin, sy me di el bao caliente, y el veco me trajo un piyama y a bata ra que me los pusiese, todo calentado al Iado del fuego, y un par de tuflos muy gastas. Y ahora, hermos, auue tena dolores y ntadas por tas partes, me pareci que pronto me sentira mucho mejor. Baj las escaleras y vi que el veco ha preparado la mesa en la cocina con cuchillos y tedores, y una magnfica hogaza de kle, y tambin una botea de salsa, y en seguida sirvi un lindo plato de huevos fritos, lonticos de jamn y salchichas gordas y grandes, y us bolches tazas de chai con lec. Era eno estar sentado ah al calor, y comien, y deubr que tena mucha hambre, as que desps de los huevos y el jamn com un lontico tras otro de kle con maslo y jalea de frambuesas de un frao grande y bolche-Mucho mejor -dije-¿Cmo podr parle todo esto? -Creo que ya s quin eres -dijo el veco-. Si eres quien creo, ami, has venido al sitio que te conviene. ¿No apareci tu foto en los diarios esta maana? ¿No eres acaso la pobre vctima de esa ibltcnica nueva? Si es as, te envi la providencia. Torturado en la prisin, y luo aojado a la calle para que te torture la polica. Mi corazn est conti, bre muchacho. -Hermos, yo no entenda ni un slovo, auue tena la rota bien abierta para responder a todas las preguntas.- No eres el primero que viene apremiado por las dificultades -dijo el veco-. La poctrae a menudo a sus vctimas a las afueras de esta aldea. Pero es providencial e t, e eres tambin a vctima de otra clase, hayas venido aqu. ¿Tal vez me coces? Ta que andar con mucho cuida, oh hermanos. -O blar de La naranja mecánica -le contest-. No la le, pero me hablaron del libro. -Ah -dijo el veco, y el litso le resplancicomo el sol en toda la gloria de la maa-. Ahora, hlame de ti. -No y mucho cir, sr -empec, muy humilde-. Me met en travesura tta e inftil, y mis llamaamigos me convencieron o ms bien me obligaron a entrar en la casa de una vieja ptitsa; una dama, quiero decir. No queramos hacer na malo. Por sgracia, la dama hizo trabajar demasiado su buen corazn cuando quiso expulsarme, a pesar de e yo estaba muy dispuesto a salir por las buas, y luego muri. Me acusaron de ser la causa de su mrte. Y entonces, seor, me mandaron a la crcel. -S s s, ctin.
-Luo, el ministro del Inferior o el Interior me egi para que prasen conmigo esta vesche eva de Lovico. -Cntame todo lo que sepas -pidi el veco, inclindose hacia adelante con ansiedad, los cos de la tricota manchados con la jalea de frambuesa, es ban rozado el plato que yo dej un costado. As que le cont todo, le expliqu la cosa de cabo a rabo, hermanos mos. El veco estaba muy deseoso de serlo todo, los glasos le relucan y tena las gubas treabiertas, mitras la grasa de los platos se pona cada vez ms dura dura dura. Cudo termin de blar el veco se levant de la mesa, asintiendo varias veces y dicien hum hum m, mitras reca los platos y otras vesches y los desitaba en la pila para lavarlos. Le dije: -Con mucho gusto me ocupar de eso, seor . -Descsa, desa, bre muchacho -contest l, y abri el grifo, de modo que to se llen de vor-. Hay pecado supongo, pero el castigo fue del todo desproporciona. Te han cvertiden algo que ya no es a criatura humana. Ya no ests en condiciones de elegir. Ests oblido a tener una conducta que la sociedad considera aceptable, y eres una maquinita que slo puede hacer el bien. Comprdo claramente el asunto... todo ese juego de los cdicionamientos margiles. La msica y el acto sexual, la teratury el arte, ora ya no son fute de placer sino de dolor. -As es, seor -dije, mientras fumaba uno de los cancrlos con filtro de corcho de este hombre bdadoso. -Siempre se een -dijo el veco, secao un plato con aire distrado-. Pero la intencin esencial es el cado real. El hombre que no puede elegir ha perdido la condicin humana. -Eso es lo que dijo el chaplino, ser -observ-. Quiero cir, el capelln de la prisi. -¿Eso dijo? ¿De veras? S, es tural. ¿No es la actitud que coespoe, en un cristia? Bien, ara -conti el veco, frotao el plato que estaba secando desde haca diez minutos- haremos que algunas rsonaenn a verte ma. Creo que nos sers til, bre muchacho. Me parece que ayudars al deocamito de este gobierno que nos lasta. Convertir a un joven decente en un mecanismo de relojera no es ciertamente un trifo para ningn bierno, eepto si se siente orguoso de su propia capacidad de represin. El veco sua secando el mismo plato. Yo dije: -Seor, usted sigue secando el mismo plato. Estoy de acuerdo con usted, ser, en lo de sentirme orguoso. Este giernarece muy inclinado a vagloriarse. -Oh -dijo l, como si vidra por primera vez el plato, y desitndolo en la mesa-. Tava no estoy muy prctico -expc- en las tareas domsticas. Mi mujer lo haca to, y as yo pa dedicarme a eribir. -¿Su mujer, ser? -prent-. ¿Acaso lo abaon? -Realmte deseaba tener noticias de la mujer, pues la recordaba muy bi. -S, me abandon -dijo el veco, con golosa ms fuerte y amar-. S, muri. Fue violada y golada brutalmente. La impresin fue teiblara ella. Ocui en esta misma
casa -contiy le temblaban las rucas, que sostenan la bayeta-, en ese cuarto, al Io. He tenido que endurecerme ra continr viviendo aqu, ro ella hubiese deseado que yo siguiese en el sitio donde todava perdura su fragante recuerdo. S s s. Pobre muchachita. -Pude vidr claramente, hermos mos, lo que haba ocuido aenaito lejana, y al vidrme en esa eena, sent nss de nuevo, y la golov empez a dolerme. El veco vide que pasaba algo, rque el litso se me qu sin el crobo rojo rojo, muy lido, y l poda vidermelo bien.- Ahora, vete a la cama -me dijo boadosamente-. Tgo stla habitacin de los hspedes. Pre pobre muchacho, seguramente ha sido teible. Una vctima de los tiems mernos, lo mismo que ella. Pobre pobre pobre muchacha.
5 Hermos, dorm ta la noche rlmentjorosch, sin ninguna clase dsos, y la maana amaneci clara y fra, y st el agrable vono del desayuno que estaba frise a ajo. Me llev cierto tiempo saber dde estaba, como ocue siempre, pero pronto record, y entces me sent caente y protido. Pero mientras estaba tdido en la cama, esrando que me llamaran a desayunar, pens que tena que conocer el mbre de este veco ndadoso, protector y casi materl, as e camin por el cuarto con las nos snudaao La naranja mecnica, que seguramente tena escrito el imya del veco, ya que l era el autor. En mi dormitorio no haba ms que una cama, a silla y una lmpara, de mque caminsta una puerta ba al dormitorio del vecoy all vi a la mujer en la pared, una bolche foto amplia, de modo que me sent un malco fermo recordao. Pero tambin haba dos o tres estantes de librosy tal como lo haba pensado, encontr un ejemplar de La naranja mecnica, y en el lomo del libro, como en la columna vertebral, esta el imya l autor: F. Alexaer. Gran Bogo, nses otro Alex. Recolas jadel libro, de pie, en piyama y con las nos desdas, pero no senta nada de fro es la casita esttibia. Yo no poda entender de  trataba el libro. Pareca erito en un estmuy besu, de Ah Ah y Oh Oh y ta esa cala, pero lo que se saca en limpio era que arestaban convirtiendo en muinas a todos los lios, y que en realidad tos -usted y yo y l y bsame los schaos- tenan que ir crecido de manera natural, como una fruta. Segn parece, F. Alexder pensaba que tos crecemos en lo que l llama el rbol del mdo y el jardn del mun, e el mismo Bogo o Dios haba plantado, y as estamos all, porque Bogo o Dios nos necesitaba para satisfacer el amor ardiente que tena por nosotros, o alna cala r el esto. No me gust el chumcm de todo eso, oh hermanos mos, y me prent sta qu punto estara besu este F. Alexander, iz rque la mujer ha snufado. Pero en eso me llam desde abajo con una golosa de tipo en sus cabales, con mucha alegra y amor y toda esa cala, y abajo fue Vuestro Humilde Naor. -Has dormido mucho -dijo el veco, mientras saca con una cuchara los evos pasos por agua y retiraba las tostadas oscuras de la tostadora-. Ya son casi las diez. Ya llevo varias horas trajando. -¿Escribido otro libro, ser? -prent. -No, no, ora no se trata de eso -dijo, y nos acomodamos cordiales y drus, y se oy el viejo crac crac crac de los huevos y el crac crunch crunch de las tostaoscuras, y frente a nosotros haba bolches tazas de chai con mucha leche-. No, estuve telefeando a varias rsonas. -Cre que no tena telfono -dije, metido la cuchara en el huevo, sin nsar en lo que deca. -¿Por qu? -prent, como un animal scoo con una cucharita en la ruca.- ¿Por qu creste que no tena telfono? -Nada -repqu-, por da, r na. -Y tonces, hermas, me pregunt si yo recorba bien la primera parte de aquella naito leja, cuao yo me acerqu con el viejo cuento, pidiendo telefonear al doctor y ella me contest que no tenan telfono. El
veco me smot con mucha atenci, pero despus fue bueno otra vez y alegre, comido cucharadas de hvo. Mientras masticaba munch munch me dijo: -S, he telefoneado a varias persas que se interesarn en tu caso. Comprenders ya quedes ser un amuy derosa, e impida el retorno de este gobierno malvo en la prxima elei. Ya ses que el gobierno est muy orguoso hablando de cmo ha resuelto el problema de la delincuencia en los ltimos meses. -El veco me mir otra vez con mucha atencin r cima del hvo meante, y de nuevo me prent si esta tratao de vidr el peque yo haba tenido alguna vez en su chis. Pero continulndome:- Han incorporado a la pocmatones jves. Esas nuevas tcnicas de cdicionamiento dilitan la voluntad del individuo. -Y rmanos, mientras el veco me deca todos esos slovos tan largos, tena en los glasos a mirloco o besu.- Lo mismo ya hicieron en otros pases -dijo-. Se empieza de a poco. Antes que sepamos lo que pasa estaremos tos sometidos al aparato totalitario. -Y yo pensaba: «Caramba, caramba, caramba» mientras coma los evoy morda crunch crunch las tostadas. -¿Y qu tgo que ver con todo eso, seor? -prent. -T -repc, siempre con una mirada besua- eres el testigo viviente de estos proyectos diablicos. La gte, la gte comn tiene que enterarse y comprenr. -El veco se levant de la sly se puso a recoer la cocina, de la pila a la alacena, diciendo con voz muy gronca:- ¿Quen todos que sus hoe conviertan en lo que t eres, pre vctima? ¿No terminar decidiendo el propio gobierno qu es  no es delito, y destruydo la vida y la voluntad de quien se atreva a desobedecer? -F. Alexder se trquiliz un poco, pero no regres al evo.- Escrib un artculo -dijo- esta ma, mientras dormas. Se publicar en un da o dos, con una foto que mostrar la dolorosa expresin de tu rostroTies e firmarlo t, bre muchacho, para que se sepa lo e te hicieron. -¿Y ust, qu saca de testo, seor? -prent-. Quiero decir, aparte el deo que le darn por el arculo, como usted lo llama. Es decir, ¿por  se one tanto a este gobierno, si puo tener el atrevimiento de pruntrselo? F. Alexander se aferr al borde de la mesa y dijo, apretao los subos, calosos y tos mancdoon el mo de los cancrlos: -Alguien tiene que luchar. Hay que defender las grandes tradiciones bertarias. No soy mbre de partido, pero si veo la infamia procuro destruirla. Los rtidonada significan. La tradicin de libertad es lo ms importante. La gente comn est dispuesta a tolerarlo todo, s. Es caz de veer la lirtad por un cde tranquilidad. Por eso debemos aguijonrla, pincharla... -Y aqu, hermos, el veco afe un tedor y arg dos o tres tolchocos sobre la pared, de modo que el tenor se blto. Despslo aoj al suelo. Con voz bdadosa dijo:- Come bien, pre muchacho, pre vctima del mdo moderno -y pude vidr bastante claro que la golov no le funcioba muy bi-. Come, come. Pues comerte tambin mi huevo-Pero yo de: -Y yo, ¿qu saco de todo esto? ¿Me curarn lo que me hicieron? ¿Podr volver a slusar la vieja sinfona Coral sin sentir nuseas? ¿Podr vivir otra vez a chis rmal? ¿Qu me pasar, sor? El veco me mir, hermos, como si no hubiera pensado en eso, y de todos modos no ta mucha importancia comparado con la Lirtay ta esa cala, y me mir
sorprdido pore haba dicho lo que dije, como si pensara yo era egosta porque quera algo para m. Lgo contest: -Oh, como ya te dije, eres una prueba viviente, pobre muchacho. Termina el sayuno y ven a ver lo que erib, rque aparecer en La Trompeta Semal con tu propio nombre, infortuna vctima. Bue, hermanos, lo que l haba eritra a cosa muy larga y lorida, y mientras la lea yo lo senta mucho por el pre mlchico e goraba de sus sufrimientos y de cmo el gobierno le ha carcomido la voluntad, y de que todos los lios no deban permitir e un gobierno tan podrido y rverso gobernase de nuevo, y entonces, claro, comprend que ese pobre y liente mlchico era nada menos que Vuestro Humilde Naor. -Muy bno -dije-. De veras jorosch. Bien erito, oh sor. -Y tonces el veco volvi a mirarme con mucho cuidado y do: -¿Q? -Era como si nca me hubiese sluso tes. -Oh -dije-, es lo que llamamos el habla nadsat. Todos los aleentes lo usan, seor. -As que este veco se fue a la cocina a lavar los platos, y yo me qu con los platis de dormir y los tuflos prestas, esperando que me hicieran lo que tenan que hacermepore personalmente no se me ocua nada, oh hermanos. Mientras el gran F. Alexaer estaba en la cocina, se oy dianling en la puerta. -Ah -cric l, y areci secse las rucas-, ha de ser esa gente. Ir a atder. -As, que abri y los j pasar, y se oy un confuso jajaja de crla y hola y qu malo est el tiempo y cmo andan las cosas, y tonces se metieron en el cuarto dde estaba el fgo encendido, y el libro y el artculo sobre lo mucho que haba sufrido yo, y me vidron y dijeron Aaaaaah. Eran tres lios, y F. Alex me dijo los imyas. Z. Don era un veco que jadeaba y reslaba, y tosa cashl cashl cashl con un pedazo de cancrlo en la rota, deamse ceniza sobre los platis y desps se la limpiaba con rucas muy impacites. Era un veco redondo y malco, de grandes ochicos de marco grueso. Dess estaba qu s yo cuntos Rubinstein, un cheloveco muy alto y corts, con golosa de verdadero caballero, muy staio y con rba en nta. Y finalmte D. E. da Silva, un tipo con movimientos muy scoos y fuerte vono a perfume. Tos me miraron de veras jorosch y parecieron muy conttos con lo que vean. Z. Don dijo: -Perfecto, rfecto¿eh? Este muchacho puser un instrumento perfecto, ¿eh? Hasta convendra que pareciera todava ms enfermo y estpido que ahora. Cualquier cosa por la causa. Suramente se nos ocuir al. No me gust lo de estpido, hermosy dije: -¿Qu pasa, bratitos? ¿Qu le estn prerando a este druito? -Y tonces F. Alexanr murmur: -Es extra, ese tono de voz me da ealofros. Quiz nos hemos cocido antes. -Y frci el ceo, tratando de recordar. Yo tendra que andar con cuidado, oh hermanos mos. D. E. da Silva dijo: -Sobre todo asambleas pcas. Ser tremeamente til exhibirlo en reuniones pblicas. Por supuesto, hay e considerar la prestacien los diarios. Tocaremos el tema de la vida auina. Tenemos que inflamar los sentimientos. -Mostr los subos desrejos, muy blancos contra el litso de piel oura, y me reciue deba ser medio extranjero. Yo le dije:
-Nadie me quiere aclarar lo que sacar de todo esto. Torturado en la crcel, echado de mi casa por mis prioprey ese inquino roso y prepotte, golpdo por los viejos y casi muerto por los militsos..¿qu ser de m? El veco Rubinstein me respondi: -Muchacho, ya vers e el Partido no olvida. Oh, no. Al final ubrirs una pea sorpresa muy aceptable. Espera y vers. -Slo reclamo una vesche -cric- es estar rmal y sano como en los tiempos staios, ter mi malca diversin con verderos drus, y no los que se llaman as y en realidad no son ms e traidores. ¿Pueden darme eso, ? ¿Hay un veco e eda hacerme como era antes? Eso quiero, y eso necesito saber . Cashl cashl cashl tosi este Z. Dolin. -Un mrtir de la causa de la Libertad -dijo-. Tienes que hacer tu parte, y no olvidarlo. Entretanto, te cuiremos. -Y comz a palmearme la ruca izierda como si yo fsun idiota, sonridome como besu. Yo cric: -Dejen de tratarme como si quisieran aprovecharse de m y na ms. No soy un idiota ni har lo que ustes me mden, estidos bracos. Los presticos comunes son estpidos, ro no soy comn ni lerdo de entdederas, ¿me slus? -Lerdo -dijo F. Alexanr, casi musitao-. Lerdo. Yo he odo ese nombre. Lerdo. -¿Eh? -dije-. ¿Qu tie que ver el Lerdo con todo esto? ¿Qu sabe usted del Ler? -y luo elam:- Oh, e Bogo nos ayude. -No me gustaba la expresin de los glasos de F. Alexanr. Me acerqu a la puerta, rque quera subir, perme los platis y dejar la casa. -Casi pra creerlo -dijo F. Alexdermostrando los subos mancdos, y a expresin enloquecida en los glasos-. Pero cosas as son imposibles. Cristo, si as fuera lo matara, lo aplastara, r Dios e s -Vamos -dijo D. B. da Sva, calmndolo, golpele el pecho como si fuese un peito-. Eso es historia antigua. Fue otra gente. Ahora hemos de auxiliar a esta pobre vctima. Es necesario, en beneficio del futuro y la Causa. -Voy a ar mis platis -dije al pie de la ealera-, iero decir la ropa, y luego me marcho odinoco. Quiero decir que estoy agrecido a todos, ro tevivir mi propia chis. -La verd, hermasqra salir de ah de veras scoo. Pero Z. Dolin dijo: -Ah, no. Te tenemos, amigo, y no pensamos jarte. Ven con nosotros, ya vers que to se ala. -Y se acercara afearmotra vez el brazo. Hermanos, ns lucr, pero la idea de pelear provoc el malestar y en seguida la ns, de modo que me qu quieto. y tonces vi otra vez loglasos como enloquecidos de F. Alexaer, y de: -Lo e ustes dig, rque me tien en sus rucas. Pero empecemos y terminemos de unvez, rmanos-La verdad, ahora quera salir de ese mesto llamado HAR. Esta empezando no starmni un malquito la mirada de los glasos de F. Alexder.
-Bien -dijo este Rubinstein-. Vstete y salgamos. -Ler lerdo lerdo -murmura F. Alexder-. ¿Qu o quin era este Lerdo? -Sub de veras scoo y me vest en dos sundos justos. ego sal con estos tres y me met en un auto. Rubinstein a un lado y Z. Dolin haciendo cashl cashl cashl al otro, y D. B. da Silva manejando, y fuimos a la ciudad y a un edificio que en realidad no estaba muy lejos l blue donde yo haba vivido.- Vamos, muchacho, baja -dijo Z. Dolin, tosido de modo que el cancrlo que tena en la rota le bri como un horno malco-. Ae instalars. -Entramos, y en la pared del vestbulo haba otra de esas vesches de la gnidal Trajo, y subimos en el aensor, y nos metimos en una casa que era como todas las casas de todos los bloqs de la ciudad. Muy muy malca, con dos rmitorios y un cuarto para vivir-comer-trajar, pero aqu la mesa estaba cubierta de libros y papeles y tinta y botellas y toda esa cala.- ste es tu nuevo hogar -dijo D. B. da Sva-. Instlate, muchac. Comida encontrars en la alace. Hay piyamas en un caj. Desadeansa, espritu perturbado. -¿Eh? -pregtrque no ponimaba muy bien lo que me deca. -Perfectamte -dijo Rubinstein, con golosa staia-. Ahora te dejamos. Tenemos que hacer. Desps vdremoa verte. Pasa el tiempo la mejor posible. -Una cosa -tosi Z. Dolin cashl cashl cashl-. Hrs observado lo que se movi en la torturada memoria de nuestro amigo. F. Alexander. ¿Tal vez, por caslidad...? Quiero decir, ¿t...? En fin, ya sabes lo que quiero decir. No ahoaremos el asunto. -Ya he pag-repqu-. Bogo se bien que pu r todo. Pa no slo por m sino por esos bracos que se camis drus. -Me senta irritado, y emc a tener nuseas.- Me recostar un poco -dije-. Pas cosas teibles, de veras. -As es -dijo D. B. da Sva, exhibiendo los treinta subos-. Deansa. Y se marcharon, hermos. Fueron a ocuparse de sus asuntos, que segme pareci eran la polica y toda esa cala, y yo me recost, completamente odinoco y muy trquilo. Ah estaba acostado, con la corbata suelta. Tambin me haba alzado los sabogos, y me senta muy aturdido y sin ser  clase de chis me esperaba. Y toda clase de cosas me pasaban por la golov, cosas de los difertechelovecos que haba conocido en la ela y en la staja, y de las diferentes vesches que me haban ocuido, y de que en todo el bolche mundo no haba un solo veco en quien uno pudiese confiar. Y entonces medio me dorm, hermanos. Cudo me despert de slusar msica que atravesaba la pared, de veras gronca, y eso fue lo que termin de despertarme. Era una sinfona que conoca realmente jorosch ro no haba sluso rante muchos as, la Tercera Sinfa del veco Otto Skadelig, una pieza muy gronca y violta, sobre todo el primer movimiento, justo lo que estaban tocando ahora. Slus unos dos sundos, interesado y gustoso, y de pronto to se me vino encima, empez el dolor y la usea, y el gemido me sala de lo ms profundo dlas quischcas. Y ah estaba yo, que tanto haba querido la msica, aastrome fuera de la cama y gimido oh oh oh, y dess bang bang bang en la par, mitras cricha: -¡Basta, basta, paren eso! -Pero sigui, y pareca que ms frteY yo se lpeando la pared hasta que me qdarolos dillos todos ladoy mancdos de crobo rojo rojo, y cricha y cricha, pero la msica no paraba nunca. Entonces pens que tena eapar, as que sal l malco dormitorio y fui scoo a la prta de entrada, ro la hacecon llave por fuera y no consu salir. Y
mientras tanto la msica se ca cada vez ms gronca, como si tuvieran la intencin de torturarme, oh hermanos mos. De modo que me met los deen los ucos, hasta el fdo, pero los tromney los timleresaban stantgroncos. As que les cric otra vez que parasen y otra vez golpes y golpes y lpes en la pared, ro no consegu na.- Oh, ¿ edo cer? -jujuju ra m mismo-. Oh, Bogo del Cielo, Ser, ayme. -Recoa todas las hitaciones, qriendo eapar del dolor y las nuseas, tratdo de no or la msica y sintieo el gemido que me vena de las tripas, y entonces, aiba de la pila de libros y peles y de toda esa cala e estaba sobre la mesa, vi lo que ta que hacer y lo que yo haba querido hacer hasta que me lo impidieron los vecos de la biblio blica y spus el rdo y Biybodisfrazados de militsos, y lo yo haba querido hacer era eliminarme, snufar, saparecer para siempre deste mundo perversy crl. Lo que vi fue el slovo MUERTE en la tapa de un folleto, aque slo se trata de las labraMUERTE AL BIERNO. Y como si hiera sido el Destino botro folleto malco e mostra una ventbierta en la tapa, y deca: «Abra la ventl aire freo, a las nuevas ias, a un nvo modo de vivir». Y entces comprend que era como decirme que acabase todo saltando. Tal vez un momento de dolor, y desps el suo para siempre siempre siempre. La msica subrotando de todos los brcey tamres y violines, a kilmetros de distancia, a travs de la pared. La ventana del dormitorio estaba abierta. Me acerqu, y vi que haba bastante altura hasta los autos y los mniy los chelovecos e camiban abajo. Crich al muo: -Adis, adis, que Bogo los perdone por ber auinado una vida. -Me sub al rorde, y la msica segua sonando a mi izquierda, y ce los glasos y sent el viento fro en el litso, y salt.
6 Salt, oh hermanos mos, y pu frte en la vereda, ro no snuf, oh no. Si hubiese snufado no estara aqu ra eribir lo que erib. Parece que no salt desde una altura suficiente rmatarme. Pero me romp la espalda y las muecas y las nos y st un dolor muy bolche antes de desmayarme, hermanosy vi los litsos sorpreidos y oncertados de los chelovecos de la caue me miraban desde aiba. Y justo antes de desmayarme vide muy claro que en todo el ible muno haba un solo cheloveco que me apoyase, y que la msica a travs de la pared haba sido preparada por los que se suna eran mis nuevos drus, y que queraa vesche as ra imper la poltica que a ellos les interesa, hoible y vanidosa. Todo eso se me pas por la golov en un mlsimo de minuta teque desaparecieran el mdo y el cielo y los litsos de los chelovecos e me miraban desde arriba. Cudo volv a la chis, spus de un eco negro negro a lo mejor dur un milln de aos, yo estaba en un hospital, todo blanco y con ese vono de los hospitales, to cido y pulido y limpio. Esas vesches antisticaque usan en los hospitales tdran que tener un vono de veras jorosch a cebollas fritas o a flores. Muy descio empec a entder quin era yo, y me tenan todo envuelto en cosas blancas, y no poda sentir nada en el ploto, ni dolor ni sensacin ni otras vesches. Me haveadla golov, y tena como unos pedazos de tela pegados al litso, y las rucas tambin todas vendas, y dacitos de madera atos a los dos, algo as como si fran flores e hay que tener derechas, y mis prey viejas nos tambin estaban estiradas, y por tos laeas y jaulas de alambre, y en la ruca derecha, cerca del plecho, el crobo rojo rojo goteaba de un frao boca abajo. Pero yo no senta na, oh hermanos mos. Haba una enfermera sentada al lado de mi cama, y lea un libro impreso con letras muy oscuras, y se poda vidr que era un cuento pora un montn de comas invertidas, y mitras lea respiraba fuerte uh uh uh por la emoci, as que seguramente era un cuento acerca del viejo unos ods. Esta enfermera era dchca de veras jorosch, con una rota muy roja y lars pestaen los glasos, y dajo del uniforme muy alminado se poda vidr que tena unos grus rlmente jorosch. As que le dije: -¿Qu tal, rmanita? Ven y acstate un ratito con tu malco dru en esta cama. -Pero los slovos no me salieron nada jorosch, era como si yo tuviera la rota ta rgida, y sent con la yasicca que algunos de mis subos ya no estan. Pero la enfermera peg un salto y el libro cay al slo, y ella do: -Oh, recer el sentido. Era mucho hablar para una malca ptitsa como ella, y quise decrselo, pero los slovos no se formaron, y slo saalgo como er er er. La fermera se march y me j odinoco, y tonces pude vidr que estaba en un malco cuarto rm solo, y no en una de esas salas largas como la que coc cndo era mlchico muy queo, llena de vecos staios morindoque tosan, de modo que uno deseaba sanarse pronto. Difteria era lo que yo tena entonces, oh hermanos mos. Sen parece ahora no poda mantenerme conientmucho tiempo, es volv a dormirme casi en seguida, muy scoo, ro dos minutos ms tarde tuve la seguridad de que esta ptitsa fermera haba vuelto con varios chelovecos de chaquetas blancas, y que me vidban con el co muy frcido, haciendo hum hum frte a Vuestro Humilde Naador. Y estoy seguro e con ellos estaba el viejo chaplino de la staja
gorando: -Oh, hijo mo, hijo mo -y despidieo un vono muy rcio de whiy y diciendo luo:- Pero no quise quedarme all, oh no. De nin modo poda aceptar lo que estos bracos les estn haciendo a lopres presticos. As que me fui y ahora predico sermones nunciando todo, mi pequeo y biamado hijo en J. C. Ms tarde despert de evo, y alredor de la cama estaban los tres, los vecos de la casa de donde yo ha saltado, es decir D. E. da Silva, qu s yo cutos Rubinstein y Z. Dolin. -Amigo -estaba diciendo uno de esos vecos, ro no de vidr o slusar jorosch quin era-, amiguito -segua diciendo la golosa-, la gente arde de indignacin. Has struido las posibidadede reelein de esos iblee infatuados vlos. Has prestado un en servicio a la Libertad. -Trat de decir: -Si biese muerto habra sido tavmejor ra ustedes, bracos policos, ¿verdad, drus falsos y traires? -Pero lo icque me safue er er er. Entces me pareci que uno de los tres splegaba un montn de recortes de gasettas, y de vidrme en una hoiblfotograa, todo cubierto de crobo y tdido en una camilla e llevaban dos vecos, y me parecirecorr algo as como fogonazos que seguramente eran de los vecos fotgrafos. Con un glaso de leer los titulares de los recortes, e temblaban en la ruca del cheloveco, cosas como NIÑO VÍCTIMA DEL CRIMINAL PLAN DE REFORMA y GOBIEO ESINOy areca la foto de un veco que me pareci conocido, y deca QUE LO ECHEN, y sero era el ministro l Inferior o Interior. En eso la ptitsa feera dijo: -No tienen que eitarlo tanto. No hagan nue lo nga nervioso. Ahora, vamos, saln de aqu. -Intt blar: -Que los echen -pero otra vez sali er er er. En fin, los tres vecos polticos se marcharon. Y yo tambin me fui, pero de regresa mi mun, a la ouritotal e se inteumpa nicamente con sueos raros que yo no saba si eran sos o , oh hermos mos. Por ejemplo, se me ocui que todo mi cuerpo o ploto se vaciaba de algo que era como agua sucia, y que despus lo enan con agua mpia. Y spus tena suos realmente hermosos y joroschs, y estaba en el auto de un veco que yo haba crastado, y recoa el mundo odinoco, atrollando lios y oyndolos crichar e se moran, y yo no senuseas ni dolor. Y tambin otros sueen que les haca el viejo uns a las dchcas, obligdolas a tirarse en el suelo y que me la aantaran bien, y tos alrededor miran, lpeando las rucas y vivando como besus. Y me desrt otrvez y eran mi pe y mi eme que venan a vidr al hijo fermo, y mi eme haca buj realmte jorosch. Yo ya pa gorar mucho mejor, y les dije: -Bueno bueno bueno eno bueno, ¿qu pasa? ¿Qu les hace pensar que son bivenidos? -Mi pap dijo con un aire medio avergonzado: -Saliste en los diarios, hijo. Dicen te hicieron mucho da. Expcan que el gobierno te oblig a que trataras de matarte. Y en cierto mo tambin fue culpa nuestra, hijo. En fin, tu casa es tu casa, ho-Y mi ma segua haciendo bujuju, y fea como bsame los schaos. De modo que les dije: -¿Y cmo est el nuevo ho, J? Bien, sito y prsro, esro y des. -Mi ma dijo: -Oh, Alex, Alex. Ouuuu-Y mi papa ctinu: -Una cosa muy triste, hijo. Tuvo problemas con la polica y lo golpear.
-¿De veras? -dije-. ¿De veras? Un cheloveco tan bueno y tan virtso... Sinceramenteestoy sorprdido. -No se meta con nadie -dijo mi pe-, y la polica le dijo que no se quedara all. Esta en una esquina, hijo, esperao a una chica. Y le deron que se moviera, y l dijo que ta derecho a estar all, y entonces se le fueron encima y lo golpearon mucho. -Teible -dije-. De veras teible. ¿y nde est ora el pre chico? -Ouuu -solloz mi ma-. Volvi a su caaaaasa. -S -dijo pa-. Volvi a su pueblo para curarse. Aqu tuvieron que darle el empleo a otro. -As e ora -dije- ustes ieren yo vlva a casa, y que todo quede como antes. -S, hijo -contest mi papa-. Por favor, hijo. -Lo psar -dije-. Lo pensar con mucho cuidado. -Ouuu -segua mi ma. -Oh, basta -dije-, o te dar algo apropiado para chlar y cricharUn buen puntapi en los subos, eso es lo que necesitas. -Y cudo se lo dije, hermanos mos, me sent de veras un malco mejor, como si el crobo rojo rojo y evo me estuviese subiendo y bajando por to el ploto. Realmente, tena e pensarlo. Era como si para sentirme mejor tuviese que sentirme pr . -No le hables as a tu mre, ho -dijo mi papa-. Despus de todo, ella te trajo al mun. -S -contest-, y  graso mdo vonoso. -Ce fuerte los glasos, como si me doeran, y dije:- Ahora vyanse. Pensar en eso de volver. Pero las cosas tdrn que ser muy distintas. -S, hijo -contest mi -. Lo que t digas. -Tdrn que entender de una vez -conti- in es el amo. -Ouuu -segua mi ma. -Muy bi, hijo -dijo mi papa-. Las cosas se harn como t digas. Pero ahora crate. Cudo se marcharon me qued tendido y pens un poco en diferentes vesches, como diferentes visios que me pasaban por la golov, y cndo volvi la ptitsa enfermera y me aegl las sbanas de la cama, le dije: -¿Cunto tiempo hace que estoy aqu? -Cerca de una semana -dijo ea. -¿Y qu me hicieron?
-Bueno -expc ella-, tena muchas fracturas y golpes, conmocin grave, y ba perdido mucha sangre. Tuvieron que aeglarle todo eso, ¿no es as? -Pero -dije- ¿me hicieron algo en la golov? Quiero decir, ¿estuvieron tuetedome adentro en el cerebr -Lo que hayan hecho -dijo la ptitsa- es ra bien suyo. Pero un par de das desinieron s vecos ctores, jovencitos y con sonrisas muy sladquis, y traan un bro de imgenes. Uno de ellos dijo: -Qremos e mire estas cosas y nos cuente lo que pisa. ¿De acrdo? -¿Qu pasa, druitos? -prent-. ¿Qu nueva idea besu se traen ora? -Los dos se miraron con una sonrisa avergonzada y se sentaron a cada le la cama y abrieron el libro. En la primera pina se vidba la fotograa de un nido con huevos. -¿Qu le parece? -prent uno de los vecos ctores. -Un nido de pjaros -contest-, lleno de hvos. Muy muy lios. -¿Y qu le gustara hacer con esos hvos? -prent el otro. -Oh -dije-, romperlos. Jtarlos tos y tirarlos contra una pared o a piedra, y vidr cmo se rompen realmente jorosch. -Bien, bien -dijeron los dos, y volvieron la pgina. Era como el retrato de una de esas aves graey bolches llamapavos reales, con tas las plumas splegadas, mostrando vanidosa todos los colorines-. ¿S? -dijo uno de estos vecos. -Me gustara -dije- aancarle todas las plumas de la cola y slusar cmo cricha desespero. Por ser tan vanidoso. -Bien -dijeron los s- bien bien bien. -Y siguieron volviendo las pinas. Eran como imnes de dchcas de veras jorosch, y contest que me gustara licarles el viejo uns unoon muchultraviolcia. Ha otras imgenes de chelovecos a quien les ban con la bota justo en el litso y el crobo rojo rojo por todas rtes, y dije que me gustara estar tambin en eso. Y ha una imagen del viejo nago e era dru l chaplino de la prisi, y se lo vea carndo la cruz siendo la cona, y yo expliqu qume gustara mejar el viejo martly los clavos. Muy bien. Pregt: -¿Qu significa todo esto? -Hiopedia profunda -o algn otro slovo por el esto, dijo uno de los dos vecos-. Parece que est curado. -¿Cura? -prent-. ¿Atado as a esta cama y dicen que estoy curo? Bsenme los schaos, es lo que yo digo. -Pacicia -aclar el otro-. Ya no le falta tanto. As e tuve paciencia y, oh hermos mos, mejor mucho, masticando huevos y lonticos de tostada y pitedo tazones bolches de chai con leche, hasta que un da me dijeron ververme una visita muy muy muy escial.
-¿Qui? -prent mientras me aeglabala cama y me peinaban la lujosa gloria, pues ya me haban quitado la venda de la golov y el lo haba vuelto a crecer. -Ya ver, ya ver -contestar. Y por cierto que vi. A las dos y mia de la tarde estaban all todos los fotgrafos y los hombres de las gasettas con bretas y lpices y ta esa cala. La verd, hermoscasi tocaron trompetas y una fanfaia bolche por este veco grde e imrtantque vena a vidr a Vuestro Humilde Naador. Y claro que vino, y por supsto no era otro que el ministro del Interior o el Inferior, vestido a la ltima moda y con la golosa ja ja ja muy de clase alta. Las cmaras hicieron flash flash cuao extdi la ruca ra estrechar la ma. Le dije: -Bueno bueno bububuo. ¿Qu pasa, viejo druito? -Parece que nadie ponim eso, ro alguien me dijo con golosa spera: -Muchacho, demuestre ms resto al hablar con el ministro. -Yarblocos -respd, grendo como un peito-. Bolcs y grans yarblocos para ti. -Est bien, est bien -dijo muy scoo el del Inferior Interior-. Me habla como a un ami¿no es as, ho? -Yo soy el amigo de todos -dije-. Eepto de mis emigos. -¿Y quies son tus emigos? -prent el ministro, mitras tolos vecos de las gasettas le que dale que dale al lpiz-. Cutanos, hijo mo. -Tos los que me hacen o -dije- son mis emigos. -Bien -dijo el Min l Int Inf, sentndose al Io de mi cama-. Yo y el gobierno queremos e nos csidereamigos. S, amigos. Te hemos cura, ¿no es as? Te dimos el mejor tratamiento. Nosotros nunca quisimos e sufrieras, pero algunos s lo quisieron, y todava lo quieren. Y creo que sabes de quies blo. »S s s -dijo-. Hay ciertos hombres que quisieron utizarte, s, utilizarte con fines polticosLes hubiera alegrado, s, alegrado que murieses, y le habran echado la culpa de to al gobier. Creo que sas quieon esos mbres. »Hay un hombre -conti el Minitinf- llamado F. Alexander, un eritor de literatura subversiva que ha estado reclamando tu cabeza. Estaba como loco por atravesarte de una cuchilladaPero ya no coes pegro. Lo hemos ceo. -Se supona que era un dru -dije-. Como una madre para m fue lo que l fue. -Descri que le habas hecho dao. Por lo menos -dijo el min muy scoo- crey que le habas cho dao. Te culpaba de la muerte de alguien a quien ha querido mucho. -O sea -dije- e alguien se lo explic. -Ta esa idea -conti el min-. Era una amenaza. Lo enceamos para su propia protecci. Y tambin -dijo- ra la tuya. -Muy amable -dije-. Amabilsimo.
-Cudo salgas de aqu -dijo el min- no tendrs problemas. Nos ocuremode to. Un en empleo y un buen sueldo. Porque ests ayundos. -¿De veras? -Siempre ayudamos a nuestros amigos, ¿no es as? -Y tonces me estrech la mano y un veco cric:- i Sonra! -y yo sre como besu sin pensarlo, y entonces flash flash flash crac flash bang se tomaron fotos de m y el Minintinf muy juntos y drus-. Buen chico -dijo este gran cheloveco-. Buen chico. Y ara, te haremos un relo. Hermos, lo que trajeron tonces fue gran caja briante, y vi en suidqu clase de vesche era. Era un estreo. Lo pusieron al Iado de la cama y lo abrieron, y un veco lo enchuf en la pared. -¿Qu iere or? -prent un veco con ochicos en la nariz, y tena en las rucas us lbumes de msica, hermosos y briantes. ¿Mozart? ¿Bthoven? ¿Schoenberg? ¿Carl Orff? -La Novena -dije-. La gloriosa Novena. Y fue la Novena, oh hermanos mos. Todos emzaron a salir despacio y en silencio mientras yo deansa, con los glasos ceos, slusdo la hermosa msica. El min dijo: -Buen buen chico -palmendome el plecho, y luego se fue. Slo qued un veco que dijo-: Firme aqu, r favor. -Abr los glasos para firmar, sin saber qu firma, y sin e me importase tampoco, oh rmanos mos. Y as me ed solo con la gloriosa Novena de Lwig van. Oh,  stuosidad, qu yumyumyum. Cndo lleg el rzo de vidrme clarito coieo y coieo sobre nos muy livias y misteriosas, tajendole tl litso al muo crichte con mi fosa britba. Y tava faltael movimiento lento y el canto hermoso del ltimo movimiento. S, yo ya estaba curo.
7 -¿Y ora qu pasa, eh? Estbamos yo, Vuestro Humilde Naor, y mis tres drus, es decir Len, ck y Toro, amado Toro porque tena un cuello bolche y una golosa rlmente gronca e ercomo las de un toro bolche bramando auuuuh. Estmos sentoen el bar lcteo Korova, exprimindos los rasudoes y decidiendo qu podramos cer en esa bastarda noche de invierno, ourahela, aunque seca. Haba muchos chelovecos puestos en rbita con leche y velocet, syntmeo y drencrom, y otras vesches que te llevaban lejos, muy lejos de este infame mureal a la tiea donde viabas a Bogo y el Coro Celestial de Angeles y Stos en tu sabo izquier, mitras choode luces te estallan en el mosco. Estamos pitedo la vieja leche con cuchlos, como decamos, que te aviva y praraba para una piojosa una-menos-veinte, pero ya os he contado to esto. Ímos vestis a la ltima mo, que en esos tiempos era un par de pantalones muy ancs y un holgado y reluciente chaleco negro de piel sobre una camisa con el cueo desrochado y una especie de paelo metido dentro. En esos tiems tambin estaba de moda pasarse la britba r la golov y rasurar la mayor parte, dejando pelo slo a los lados. Pero siempre era lo mismo para nuestras viejas nos, as graebotas bolches, realmente espantosas, para patear litsos. -¿Y ara qu pasa, eh? Yo era el mayor de los ctro y tos me consideraban el lder del grupo, pero a veces se me ocua que a Toro le rondaba por la golov la idea de tomar el man, y esto slo porque era enorme y por la gronca golosa que le sala cuando estaba en pie de guea. Pero todas las ideas venan de Vuestro Humilde, oh hermos mos, y ams estaba la vesche de que yo haba sido famoso y ban publicado mi foto y arculos sobre m y toda escala en las gasettas. Ams yo tena el mejor trabajo de los cuatro, en los Archivos Naciales de Gramodios en el lo de la msica, y ca fin de semana ta los carmas repletos de preciosos gollis, ems de un montn de buenos discos gratis para el malco estte de mi lado. Esa noche en el Korova haba un buen merde vecos y ptitsas y dchcas y mlchicos que smecan y pitean y que interrumpan las goracios y la cchara de los en-rbita barbotando cosas como «Gargariza los falatucos y el sano se disemina en queas lamasacras» y toda esa cala, uno poda slusar a ccin pop en el estreo, Ned Achimota ctdo Ese da, s, ese da. En la baa haba tres dchcas vestidas a la ltima moda nadsat, esto es, lo largo despeino teido de blanco y grus stizos que sobresalan lo menos un metro y fals muy cortas y ajustadas y ropa interior blca y espumosa, y Toro retsin cesar: -Eh, pramos meternos ah, tres de nosotros. Al viejo n no le interesa. Dejemos al viejo Len a solas con su os. -Y Len repeta sin cesar:- Yarboclos yarboclos. ¿Qu ha sido del espritu del tos ra o y uno para tos, , chico? -De pronto me sent muy muy csado y al mismo tiempo con una energa hormigante, y de: -Fra fuera fuera fuera fuera.
-¿Ad? -prent Ri, e tena litso de rana. -Oh, slo a vidr que sucede en el gran exterior -dije. Pero por alga razn, hermos mos, me sent enormemente abuidy algo desespera, y esos das me haba sentido as a menudo. De modo que me volv al cheloveco stado junto a m en el largo asiento de felpa que coa alredor del mesto, un cheloveco somnolito que barteaba, y le atic us petazos en el estmo, ac ac ac, realmte scooPero l ni los sinti, hermanos, y rbot: «Caetea la virtud, ¿de en el extremo de las colas yacen las palolomitas?» As e nos larmos a la gran noche invernal. Descdimos por el bulevar Maranita y como no ha militsos trullando por a, cuao enctramos a un staio veco que vena l quioo nde acababa de cuperar la gasetta le de a Toro: -Muy bi, Toro, elante si as lo deseas. -En aqueos tiempos, cada vez con ms frecuencia me limitaba a r las rdes y vidr cmo las cumplan. Toro se le ech encima y lo crac, er er er, y los otros dos lo pisotearon y patron, smecao todo el tiempo, y lgo dejaron que se aastrara gimotedo hasta dde viva. -¿Qu me dices de un delicioso vaso de algo que nos sae el fro, eh Alex? -proso Toro. No estbamos lejos del Due de Nueva York. Los otros dos dijeron s s s con la cabeza, pero todos me miraron rvidr si eso estaba bien. Estuve de acuerdo, asque hacia all iteamosDtro del tro esperaban aeas staias ptitsas o harpas o bchcas que recordaris del principio y todas empezaron con lo de «Buenas nocs, muchachos, Dios os ndiga, chicos, no hay mejores muchacque vosotros», esperando que nosotros dijramos: «¿Qu vais a tomar, chicas?» Toro hizo sonar el colocolo y acudi un camarero frotnslas rucas en el lantal grasito. -El diro sobre la mesa, drus -dijo Toro sacando un tintinete montn de deo-. Eocs para nosotros y lo mismo para las viejas bchcas, ¿eh? Y entonces yo dije: -Ahal demonio. Que se lo puen ellas. -No saba por q, pero en uellos ltimos tiemme hvuelto algo taca. Se me haba metido en la golov el deseo de guardar todos esos preciosos billetes para m, de atesorarlos r alna raz. Toro dijo: -¿Qu sa, brato? ¿Qu le sucede al viejo Alex? -Ah, al demonio -dije yo-. No lo s, no lo s. Ocue que no me gusta despilfaar los bietes ramente ganados, eso es to. -¿Gados? -dijo Ri-. ¿Gados? No tienen por qu narse, como bien sabes, viejo dru. Tomarlos, basta con tomarlos. -Y smec rlmente gronco y vi e tena uno o dos subos mos estropeos. -Ah -dije-, teo nsarlo. -Pero al vidr la expresin de las viejas bbuchcas, que esperaban ansiosas un poco de alc gratis, encog los plechos, saqu el diro del carma de los ptalones, bletes y modas revueltos, y los dej caer tintiando sobre la mesa. -Escocs para todos, ¿verd? -dijo el camarero, pero por alga razn dije: -No, muchacho, para m ser cerveza pue, ¿de acuerdo?
-Esto no me gusta -dijo Len, y empez a pasarme las rucas r la golov, como queriendo decir e yo tena fiebre, pero le gru como un pey se apart scoo-. Est biest bi, dru -dijo-. Como t dis. Pero Toro estaba smotdo con la rota ierta algo que haba salido de mi carma junto con el precioso dinero que ha dejado en la mesa. -Bueno bueno bueno -dijo-. Y nosotros sin enterarnos. -Dame eso -gr, y se lo aetscoo. No me explicaba cmo ha llegado all, hermos, pero era la fotografa que yo haba recortado de una vieja gasetta, un b que gorjeaba gu gu gu mientras le babeaba leche de la rota y mira aiba como smecando el mdo, y esta tna y la carne toda como pliegues pore era un beb muy gordo. Hubo un ja ja ja mientras eran aebatarme el dazo de papel y tuve que gruirles de nuevo y a la foto y la romp en pedazos diminutos que dej caer como nieve. El whiy ll al fin y las staias bchcas dijeron: -Sal, muchacs, Dios los bdiga, chicos, no hay mejores mucchos e vosotros- y toda esa calaY una de ellas toda lneas y aas, sin un subo en la vieja rota hdida, dijo: -No rompas el diro, hoSi t no lo necesitas, selo a otros -lo cual fue muy dearado y daz. Pero Rick dijo: -No era dinero, oh bchka. Era la fotraa de un pequeo y tierno be. -Ya me estoy cansao -dije yo-. Sois vosotros los s, tos. Mofose y riose y lo icue saben hacer es smecar y ar tolchocos bolches y cordes a la gente, cuando ellos no eden devolverlos. -Bueno -dijo Toro-, siempre te habamos tenido r el rey en esas cuestiones y adems el mstro. No te encuentras bien, eso es lo que te pasa, viejo dru. Vide el turbio vaso de cerveza delante de m sobre la mesa y sent como un vmito dentro de m, as que elam -Aaah- y aoj r todo el suelo la cala esmosa y vonosa. Una de las ptitsas staias coment: -No quiere gastar. -Mirad, drus, eucd me -dije-. Por alga razn esta noche no estoy bien de humor. No s por qu o cmo, pero as es la cosa. Vosotros tres sad r vuestra cnta esta noche y yo me edo fuera. Mana nos contraremoen el mismo lugar y ra, y espero estar mucho mejor. -Oh -dijo Toro-, de veras e lo siento. -Pero se le vidba un brillo en los glasos, pore esa naito l dra evar la batuta. Por, poder, todos quieren poder.- Podemos posner para mana lo que tenamos en mente -dijo Toro-, esa crastada en las tidas de la calle Gagarin. Diversin de pelcula y dinero todo junto, dru. -No -dije yo-. No posponis da. Adelante como si nada y segn vuestro propio estiloAra, yo me iteo -a, y me levant de la silla. -¿Ad? -prent Ri. -No lo s -dije-. Necesito estar solo y aclarar unas cosas. -Era evidente que las viejas bchcas estan realmente confdidas rque me marchara de ael mo
to taciturno y no como el malchiito animado y smecante que eas recordan. Pero dije:- Ah, al demio, al demio -y me largu odinoco a la calle. Esta oury se estaba levantando un viento afilado como un noc, y muy muy pocos lios fra. Por las calles circulan cocs patrulla cargados de brutales ras ras, y de cuando en cuando poda vidrse en alguna esquina una pareja de militsos muy jves que pateaban el suelo rdefeerse del fro malvolo y exhalan un alito de var al aire invernal, oh hermanos mos. Supongo que en verdad se estaban acando los tiemde la ultraviolencia y el crastar, es los ras ras tratan con brutadad a ieneatrapan, nque se haba convertido ms bien en especie de guea entre nadsats desedientey ras ras, e pan ser ms scoos con el noc y la britba y con el stn e incluso la pistola. Pero lo que me ocuen aquellos tiempos era que eso no me importaba mucho. Era como si algo suave estuviese colnseme dentro y no ponimaba r q. Tampoco saba qu era. Incluso la msica e me staba slusar en mi malca guarida era la que antes me habra hecho smecar, hermanos. Slusa ms malcas canciones romnticas, lo que llaman Lier , slo una golosa y un piano, muy trquilas y tiernas, muy diferente de cuando todo eran bolches orquestas y yo me tumba en la cama tre violines, trombos y timbales. Algo estaba ocuienen mi interior, y yo me prentaba si sera alguna enfermad o si lo que me ban hecho aqlla vez estaba trastornome la golov y me iba a volver realmente besu. As pensdocon la golov gacha y las rucas en los carmas l ntal, reco la ciud, rmanos, y al fin empec a sentimuy csado y cesitado de una bolche chasc de chai con leche. Psando en el chai tuve una sita visin, como una fotraa de m mismo sentado en un sln ante un bolche fgo pitedo chai, y lo ms divertido y a la vez extro era que yo pareca haberme convertido en un staio cheloveco, de unos setenta as de edad, porque vide mi propio boloso, muy gris, y adems eva patias, e tambin eran muy grises. Pude vidrme como un ciano sentado junto al fuego y tonces la imagen se deaneci. Pero fue una expericia como extraa. Llu a uno de esos mestos de t-y-caf, os, y a travs de los grdes cristales vide que estaba atestado de lios apados, coientesde litsos pacientes e inexpresivos, que no haran o a nadie, tos stados a gorando qdamente y pitedo unos ts y cafs inofensivos. It en el interior, fui hasta la bay d un buen chai caliente con mucha moloco, y luego ite hasta mesa y me sent a pitearlo. Una pareja joven ocupaba aemesa y ban y fumaban cnceres con filtro, y goraban y smecan en voz ja, pero apenas repar en ellos y se bebido y sodo y prentndome querlo que estaba cambiando en m y qu iba a ocuirme. Sin embargo vide que la dchca de la mesa estcon el cheloveco era de pelcula, no de la clase que querras tumbar en el slo para darle el viejo ods, ussino que tena un ploto y un litso de primera, y una rota sonriente y un boloso muy muy briante y toda esa calaY entonces el veco e la acompa, e llevaba un sombrero en la golov y esta de espaldas a m, volvi el litso para vidr el bolche reloj de red que haba en el mesto, y tonces de vidr in era y l vide in era yo. Era Pete, uno de mitres drus de los das en que ramos Georgie, Lerdo, l y yo. Era Pete, que pareca mucho mayor aque no pa tener entonces ms de diecieve as y llevaba un pueigote y un traje coite y el sombrero psto. -Bueno bueno bueno, dru -dije-, ¿cmo te va? Hace muc, mucho tiempo que no te vidba.
Y l dijo: -Eres el peqo Alex, ¿verd? -El mismo -dije-. Ha sado mucho, mucho tiempo desde aquellos buotiempos de tes, muertos y enteas. Y el bre Georgie, segn me dijeron, est bajo tiea, y el viejo Lerdo es un militso brutal, y u ests t y aqu estoy yo, ¿y qu noticias ties, viejo dru? -Qu manera de hablar ms rara, ¿verd? -dijo la dchca tre risitas. -ste es un viejo amigo -le dijo Pete a la dchca-. Se llama Alex. -Y volvise hacia m adi:- Te presento a mi mujer. Me qued boquiabierto. -¿Tu mujer? -balbuc-. ¿Mujer mujer mujer? Ah, no, eso no es posible. Eres masiado joven para estar casa, viejo dru. Imposible, imposible. La dchca e era la mujer de Pete (imposibleimsible) solt otra risita y le dijo: -¿T tambin hablabas de esa mera? -Bue. -dijo Pete, y sri-. Teo cerca de veinte os. Bastante viejo para casarse, y ya hace dos meses. T eras mujoven y muy adelanto, recuerda. -En fin... -Segua como smado.- Me cuesta de veras cerme a la idea, viejo dru. Pete casado. Vaya vaya vaya. -Temos un piso pequeo -dijo Pete-. Gano muy poco en State Marine Insurance, pero las cosas mejorar, seguro. Y Georgi. -¿Pdes retir el nombre? -dije, con la rota an abierta como un besu. La mujer de Pete ujer, hermos) volvi a soltar otra risita. -Grgina -dijo Pete-. Georgina tambin trabaja. De mecangrafa, ¿sabes? Nos las aeglamos, s las aeglamos. -Hermos, no poda artar los glasos de l, de verdad. Haba crecido y ta golosa de hombre crecido tambin.- Tienes e vir a vernos alna vez -dijo Pete-. Sies reciendo muy joven a pesar de tus teibleexperiencias. S s, s lo lemos to. Pero, por suesto, an eres mujoven. -Dieciocho -dije-. Recin cumpdos. -Dieciocho, ¿? -dijo Pete-. Tan mayor ya. Bueno bueno bno. Ahora tenemos que irnos -ai, y le dedic a su Georgina una mirada amorosa y oprimi una de sus rucas tre las suyas y ella le devolvi una mirada igual, oh hermas mos-. S -dijo Pete mirome-, vamos a una pequea fiesta en casa de Greg. -¿Greg? -dije. -Ah, claro -dijo Pete-, t no coces a Greg. Greg vino despus de tu oca. Entr en eena mientras estas sente. Orniza pequas fiestas, reunios de copas y juos de labras sobre todo. Pero muy radables, muy tranquas. Inofensivas, si entides por nde voy. -S -dije-. Inofensivas. S, s, vid ese verdero espanto. -Al or esto la dchca Grgina se ri otra vez de mis slovos. Y luos los dos itear a sus vonosos juos de palabras en casa del tal Greg, ienquiera que fuese. Y yo me qued odinoco mirando mi chai con leche, fro a aquellas alturas, nsativo e iuieto.
Tal vez fuera eso, ns. Tal vez me esta volvieemasiado viejo para la clase de chis e haba llevado hasta entonces, hermanos. Acaba de cumpr dieciocho aos. Con dieciocho ya no era tan joven. A los dieciocho el viejo Wolfng Amadeus haba compuesto conciertos, sinfas, peras y oratorios y ta esa cala, no, no cala, msica celestial. Y estaba tambin el viejo Fex M. con la obertura de su Suo de una noche de verano. Y ba otros. Y estaba ese pta francs cito por el viejo Benjy Britt, que haba eritsus mejores poemas tes de los quince aos, oh hermanos mos. Su primer nombre era Arthur. Dieciocho no era una edad tan tierna entonces. ¿Pero qu hara? Mientras recoa las calles oscuras y bastardade invierno spus de itear l mesto de t-y-caf, vide visiones parecis a esos dibujos de las gasettas. Alex, Vuestro Humilde Naador, rresaba a casa del trajo para cenar un buen plato calite, y una ptitsa acodora lo reciba amorosamente. Pero no consegua vidrlo, rmanosni imagir quin poda ser. Sin embargo, tuve la profunda certeza de que si entraba en la habitacin prxima a aqulla donde arda el fuo y mi cena caliente esperaba sobre la mesa encontrara lo que realmente deseaba, y de pronto todo cuadr, la fotograa recortada de la gasetta y el encutro con Pete. Porque en esa otra habitacin, en una cuna, mi hijo gorjeaba gu gu gu. S s s, rmanosmi hijo. Y sent un bolche ajero dentro de mi ploto, que me sorprendiincluso a m. Comprend lo que estaba sucediendo, oh hermanos mos. Estaba creciendo. S s s, eso era. La juventud tiene que pasar, ah, s. Pero en cierto modo ser joven es como ser un animal. No, no es tanto ser un animal sino uno de esos mucos malcos que venden en las calles, peqos chelovecos de hojalata con un resorte dentro y una ave para darles cuerda fuera, y les das cuerda grrr grrr grrr y eos itean como si camiran, oh hermanos mos. Pero itean en lnerecta y tropiezan contra las cosas bang bang y no puen evitar hacer lo que hacen. Ser joven es como ser una de esas malcas mquinas. Mi hijo, mi hijo. Cuao tuviera un ho se lo explicara todo en cutfuese lo suficiente staio para comprender. Pero saba que no lo comprendera o no quea comprderlo, y hara todas las vesches que yo haba cho, s, izs incluso matara a alna pobre staia forella entre cotos y coschcas maulltes, y yo no podra detenerlo. Ni tamco l pra detener a su hijo, hermanos. Y as iteara to sta el fin del mun, a vez y otra vez y otra vez, como si un bolche gigante cheloveco, o el mismsimo viejo Bogo (por cortesa del bar lcteo Korova) hiciera girar y girar y girar una vonosa y grasa ranja tre las rucas gigteas. Pero antes de nada, hermos, estaba la vesche de encontrar una dchca que fra madre de ese hijo. Tdra que ponerme en esa tarea al da siguiente, nsEra una ocupacin nueva. Era algo tera que empezar, un evo captulo que comenzaba. Eso es lo va a sar ora, hermos, ara que llego al fide este cuento. Habis acompado a vuestro druito Alex all nde ha ido, his sufrido con l y habis viddo algunas de las accios ms brachnas y grasas del viejo Bogo, tas sobre vuestro viejo dru Alex. Y to se explicaba porque era joven. Pero ahora, al fil de esta historia, ya no soy joven, ya no. Alex ha crecido, oh s
Pero nde vaya ahora, oh rmanos mos, tgo que itear odinoco, no podis acomarme. Maa es todo como dulces flores y la tiea vonosa e gira, y all aiba las estreay la vieja luna, y vuestro viejo dru Alex ando odinoco una compara. Y toda esa cala. Un mundo graso y vonoso, realmente teible, oh hermanos mos. Y por eso, un adis de vuestro druito. Y para todos los ms en esta historia, un profundo chumcm de msica de labios: b. Y puen besarme los schaos. Pero vosotros, oh hermas mos, recordad alguna vez a vuestro pequeo Alex e fue. Am. Y toda esa cala.
GLOSARIO NADSAT - EAÑOL La inclusión en La ranja mecnica de un lxico nadsat, que apareció por primera vez en la edición norteamericana, no fue idea original l autor, para quien una lectura ordada del libro era como «un curso de ruso cuidosamente programado». Este glosario nadsat-espal, en cambio, ha contado con la colaboración de Anthy Bur, quien propuso la mayor parte de las sibleuivalenciaalnas varites fticas. Las labrae no parecen de origen ruso han sido salas con un asterio. (N. del editor) *aloga disculpas bchca anciana besu loco biblio biblioteca bitba pelea Bogo Dios bolche grae bolnoyo enfermo boloso cabello braco bastar brato hermo brer lastimar britba navaja brosar aojar bruco vientre buto rico cala excremto *cancrillo cigaillo cantora oficina carmano bolsillo cartfilo pa clor golpearamar cluvo pico colocolo campia copar enteer coschca gato coto gato *cracar golpearstruir *crarcar auar, gritar crastar robar crichar gritar crobo sangre cuperar comprar chai t *chapno sacerte
chascha taza chaso guardia cheloveco individuo checa tteria china mujer chisna vida chistar lavar chuso extraordinario chumcm rui *chumlar murmurar dchca muchacha dedn viejo deo diro dobo buo, bien domo casa doro estimavalioso dratsar pelear *drcrom dro drugo ami duco asomo, pizca dva dos fosa mujer forella mujer *fuegoro bebida gasetta diario glaso ojo *gloria cabello glo estido gorar hablar, conversar *goli unidad de moda golosa voz golov cabeza gorlo garnta graso sucio gronco estrepitoso, frte grus pecs guba labio guIar camir imya nombre interesobar interesar itear ircaminar, ocuir jorosch buo, bien klebo pan lapa pata litso cara
lio individuo lontico pezo, trozo lovetar atrapar lubilubar hacer el amor mlchico muchacho malco peopoco *maluolo mal, malo maslo manteilla mersco sucio meselo pensamitotasa mesto lur militso poca minuta minuto molo jov moloco lec mosco cerebro *munchar masticar, comer nachinar empezar nadmeo aonte nadsaadolescente nago desdo naito noc naso loco nizs calzes nocho cuchlo noga pie, pier nopca botn nuear oler ocno venta ochicos lentes odinoco solo, solitario odin uno osucr boar, secar *pe y eme pap y mam piitso boacho pischa alimento pitear ber placar gritar platis ropas plecho hombro plio prisionero plesco salpicadura ploto cuer pochca almada polear copular poleso útil
*polillave llave maestra ponimar enteer prestico dencuente privar llevarconcir ptitsa muchacha puglio mieso puschca arma de fuego quilucho llave quischcas tripas rabotar trajar radosto alrla rascaso cuento, historia rasdrs enojo, clera rasrecr trastornar, destrozar rasuque cerebro rota boca ruca mano, brazo sabo zapato sacao azúcar samecto notable samantino geroso *sarco sarcstico sasnutar dormir scasar decir *scolivola escuela scoo rido scotina «vaca» scraicar arar scvatar agaar schaica pailla schaos nalgas schesto baera schiya cueo *schlaga gaote schla sombrero schlemo casco schuto estido *silo preocupacin siny cine slauino dulce slovo palabra slucr ocuir slusar or, euchar smecar rer smotar mirar snito suo *snufar morir sobirar recor *sodo bastar
soviet consejo, orn spatar dormir spachca suo spugo ateorizado staja crcel staio viejoantio straco hoor subos dites sumca mujer vieja svonoco timbre svuco sonido, ruido synthemesco dro talla cintura *tastuco puelo tolchoco golpe tri tres tuflos pantuflas ubivar matar ucadir irse uco oreja uchaso teible umno listo usy cada varitar prerar veco individuo, sujeto *velocet dro vesche cosa vidr ver vono olor *yajudo judo yama agujero *yarclos testculos yasicca leua yecar concir un vehculo

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