RELACIONES ÍNTIMAS: ATRACCIÓN, AMOR, APEGO Y CULTURA

RELACIONES ÍNTIMAS: ATRACCIÓN, AMOR Y CULTURA Silvia Ubillos Darío Páez Elena Zubieta Dos fenómenos asociados a las relaciones íntimas son la atracción personal y el amor. De hecho, la atracción es una de las razones que nos puede llevar a establecer una relación amorosa.


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CAPITULO XV
RELACIONES ÍNTIMAS: ATRACCIÓN, AMOR Y CULTURA

Silvia Ubillos
Darío Páez
Elena Zubieta

Dos fenómenos asociados a las relaciones íntimas son la atracción personal y el
Algunos autores consideran que la afiliación es el fenómeno básico sobre el que descansan los procesos de atracción y el amor. La afiliación es una tendencia humana básica que lleva a buscar la compañía de otras personas y cuya función primordial

Atracción
Tal y como la definen Baron y Byrne (1991) la atracción interpersonal se puede entender como el juicio que una persona h
La búsqueda de consistencia cognitiva. Las teorías, como la de la disonancia cognitiva de Festinger, consideran que las personas intentamos mantener la coherencia
Las consecuencias de la asociación y del refuerzo. Los efectos de la asociación sobre la atracción interpersonal, siguiendo los principios del condicionamiento clásico, consisten en que nos sentiremos atraídos hacia quienes aparezcan asociados a
Intercambio e interdependencia. Autores como Blau (1964) y Kelley y Thibaut (1978) consideran que de acuerdo a la teoría del intercambio social una persona nos resultará atractiva si creemos que las recompensas que se derivarán de tal relación son mayores

que los costes que implica. El juicio del atractivo de la persona implicada en dicha relación depende de las comparaciones que realizamos utilizando dos criterios: a) el nivel de comparación, que se basa en las experiencias pasadas. Cualquier situación actual sólo será juzgada como beneficiosa dependiendo de dicha comparación, que puede estar formada por anteriores relaciones amorosas; y, b) el nivel de comparación con alternativas, según el cual una relación algo satisfactoria puede ser la mejor evaluada si es la única alternativa que tenemos.
Además de estas explicaciones psicosociales, existen una serie de factores que desempeñan un papel fundamental en la aparición y mantenimiento de la atracción que llegamos a sentir hacia determinadas personas. A continuación haremos una revisión de los más relevantes.

Proximidad
La proximidad no sólo hace que la gente llegue a conocerse, a menudo influye también en las citas y matrimonios. La investigación de Festinger, Schachter y Back (1950) mostró que las tres personas con las que mantenían mejores relaciones los estudiantes universitarios que vivían en una residencia eran las personas que vivían más próximas. Asimismo, autores como Byrne y Buehler (1995) han constatado que las relaciones establecidas por los estudiantes durante el semestre están en función de la distancia entre los asientos, es decir, que la proximidad física influye en el hecho de que los estudiantes lleguen a conocerse. No obstante, las correlaciones encontradas entre distancia física y atracción no nos aseguran que la proximidad provoque las relaciones, pudiera ser que las personas que comparten ciertas características (p. e., religión, status económico, etc.) prefieran vivir unas cerca de las otras.
Existen varias explicaciones sobre la influencia de la proximidad física a la hora de establecer relaciones (Moya, 1999):
a) Las personas más cercanas físicamente son también, generalmente, las más accesibles.
b) Con la exposición repetida, los sentimientos de ansiedad ante lo desconocido decrecen y esa persona nueva se va haciendo gradualmente más familiar.
c) La proximidad puede incrementar la familiaridad y ésta puede, a su vez, aumentar la atracción. El efecto de la mera exposición (Zajonc, 1968) consiste en que la percepción de forma repetida de un estímulo que inicialmente es neutral o positivo lleva a una mayor atracción hacia el estímulo.
d) La semejanza también puede incrementar esta familiaridad ya que las personas que compartimos ciertos espacios solemos tender a parecernos en otros aspectos, como son la ideología, aspiraciones, problemas, etc. Tenderemos a juntarnos bien por ser semejantes o porque nos hemos ido haciendo semejantes como consecuencia de estar juntos.
e) Por último, según las teorías de la consistencia cognitiva, cuando tenemos que pasar mucho tiempo con una persona y la relación nos resulta desagradable tendemos a restablecer el equilibrio, bien intentando apartarnos de ella o descubriendo que esa persona no era tan desagradable como presuponíamos.
La proximidad influye positivamente en la atracción siempre que la persona inicialmente nos resulte positiva o neutra, no negativa.
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Afecto Negativo y Positivo
Los experimentos constantemente ponen de manifiesto que los sentimientos positivos llevan a evaluaciones positivas sobre los demás, a agrado y a simpatía, mientras que los sentimientos negativos llevan a hacer evaluaciones negativas, a desagrado y a antipatía (Dovidio et al., 1995). El afecto puede influir en la atracción de dos formas:
1. En primer lugar, otra persona puede hacer algo que te haga sentir bien o mal; la gente que te haga sentir bien tenderá a gustarte y si te hacen sentir mal te serán antipáticos (Shapiro, Baumeister y Kessler, 1991).
2. En segundo lugar, si una persona está presente únicamente cuando se activen tus sentimientos positivos y negativos (por cualquier causa) como consecuencia esta persona también te será simpática o antipática (Byrne y Clore, 1970). La idea general está basada en el condicionamiento clásico, es decir, cuando un objeto actitudinal se asocia con un estímulo que provoca sentimientos negativos o positivos, el observador desarrolla actitudes negativas o positivas hacia el objeto. Numerosos experimentadores han mostrado que el afecto positivo deriva en agrado hacia los demás, mientas que el afecto negativo lleva al desagrado (Krosnick et al., 1992).
Si las reacciones positivas pueden ser transferidas de persona a persona, lo mismo sucede con las reacciones negativas. Si las emociones negativas hacen que otras personas nos resulten antipáticas, y si el afecto se asocia fácilmente con cualquier persona, entonces transferimos nuestros sentimientos negativos de una persona a otra si las vemos juntas. Las investigaciones sobre los estigmas, características percibidas de forma negativa (p. e., raza, edad, acento extranjero, discapacidad física, etc.), indican que esta asociación negativa tiene lugar tan fácilmente como las asociaciones positivas. Aunque un estigma sea superado, el afecto asociado con el anterior estigma no necesariamente se disipará (Rodin y Price, 1995).

Características de la Personalidad
Anderson (1968) encontró que los cinco rasgos más valorados eran ser sincero, honesto, comprensivo, leal y digno de confianza. Asimismo, en la investigación de Moya (1990), las características de personalidad mejor evaluadas fueron la comprensión, lealtad, capacidad para captar los sentimientos de los demás, sinceridad y alegría. Otros estudios han mostrado que los rasgos más valorados en las personas se agrupan en dos conjuntos: a) afecto (p. e., afectuoso, amigable, feliz y considerado), señales no verbales (p. e., sonreír, mirar con atención, expresar emociones) y disposiciones actitudinales (p. e., mostrar agrado por las personas); y, b) competencia, que comprende habilidades sociales e inteligencia (p. e., tener una conversación interesante, etc.) (Lydon et al., 1988).
Otra serie de atributos relacionados con el poder, prestigio o posición social de la persona con la que interactuamos son de considerable importancia para calificarla como atractiva, especialmente cuando se trata de varones. De hecho, en los anuncios de prensa, las mujeres ofrecen atractivo físico y buscan seguridad financiera, mientras que los hombres ofrecen posición financiera y solicitan ciertas características físicas (Deaux y Hanna, 1984).

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Semejanza
Los resultados de la investigación psicosocial muestran que, en general, conforme aumenta la semejanza entre las personas también aumenta la atracción. Las dos dimensiones de semejanza que han sido más estudiadas por los psicólogos sociales son la semejanza actitudinal y la de personalidad.
La semejanza de actitudes se refiere a la medida en la cual dos individuos comparten las mismas actitudes sobre una serie de temas. Byrne et al. (1971) indican que cuanto mayor es la semejanza, mayor es la atracción. Este resultado ha sido encontrado en personas de todas las edades, en grupos muy diferentes y en diversos países.
El estudio de Smeaton, Byrne y Murnen (1989) confirmó la hipótesis de la proporción que predecía que la atracción difería según la proporción de actitudes similares que se comparten. A pesar de estos resultados, una serie de investigaciones indicaron un efecto ligeramente mayor de las actitudes distintas que de aquellas similares (Chapman, 1992), en parte porque la mayoría de la gente supone que un desconocido, especialmente uno atractivo, alberga actitudes similares a las suyas (Krueger y Clement, 1994). Este supuesto de acuerdo general con las opiniones de uno mismo se denomina efecto del falso consenso y una consecuencia es que el acuerdo es esperado mientras el desacuerdo es sorprendente. Si, en algunos temas especiales, un individuo cree que él o ella tiene una opinión minoritaria y que la mayoría de gente está en desacuerdo, el desacuerdo será esperado y tendrá menos efecto que un desacuerdo inesperado (Smeaton et al., 1995).
En el caso de la semejanza de la personalidad, los resultados de las investigaciones son menos consistentes. Moya (1999) argumenta que la falta de relación entre semejanza de personalidad y atracción puede explicarse porque las características de la personalidad no suelen ser públicamente exhibidas. Otras veces puede ser que la propia naturaleza de la característica de personalidad provoque la atracción tanto de quienes son semejantes como de quienes son diferentes. En general, se ha mostrado que la semejanza produce mayor atracción que la diferencia, al menos en el caso de las siguientes características: orientación sexual (es decir, si la persona es masculina, femenina o andrógina), depresión, conducta tipo A, búsqueda de sensaciones y estilo cognitivo (Baron y Byrne, 1991).
Las siguientes explicaciones dan cuenta de cómo la semejanza puede influir en la atracción, tanto de forma positiva como negativa (Moya, 1999):
a) Las actitudes similares activan un afecto positivo, mientras que las actitudes distintas activan un afecto negativo, y el afecto lleva a la atracción.
b) Según las teorías de la consistencia cognitiva, y en particular la teoría del equilibrio, la gente organiza naturalmente sus simpatías y antipatías de un modo simétrico. De esta forma, las relaciones equilibradas se dan cuando alguien es semejante y nos gusta.
c) La semejanza es reforzante. La prueba más valiosa de que los demás aprueban nuestras ideas, costumbres y gustos la constituye el hecho de que las tengan precisamente (Festinger, 1954). Esta formulación sugiere que estamos interesados en las opiniones de otras personas no porque busquemos precisión, sino únicamente porque queremos verificar lo que nosotros ya creemos. No obstante, cuando las personas se asemejan por poseer alguna característica negativa, entonces es posible que la semejanza en vez de llevar a la atracción, lleve al rechazo. En ocasiones, la diferencia puede ser más reforzante que la semejanza, ya que nos permite aprender cosas nuevas y
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valiosas (Kruglanski y Mayseless, 1987). Además, sentirse único y especial es algo muy valorado (Snyder y Fromkin, 1980).
d) La elección de personas semejantes a nosotros en ciertas dimensiones (p. e., nivel educativo, clase social o atractivo físico) puede ser fruto de un proceso de comparación y evaluación de las diversas alternativas que tenemos y de sus costes y beneficios. Esto es debido a que generalmente las personas más valoradas son las más difíciles de conseguir. Según las teorías de la expectiva-valor, en la vida real nos sentiremos atraídos hacia las personas más valoradas dentro del campo de aquellas personas que pueden correspondernos. En este sentido, la hipótesis del emparejamiento (Feingold, 1988; Berscheid et al., 1971) se refiere al hecho de que los matrimonios y las parejas de enamorados tienden a hacerse pareja basándose en su atractivo físico similar (Zajonc et al., 1987).
Finalmente, los estudiantes universitarios al ser interrogados directamente no consideran la similitud social, ideológica y religiosa como un atributo relevante en la elección de pareja (Buss et al., 1990). Dos explicaciones podrían dar cuenta de este resultado: a) las personas no son conscientes de la importancia que tienen los determinantes situacionales de la conducta; y, b) este atributo puede ser importante en el inicio de la relación, pero no para la elección de una pareja íntima. Es relevante destacar, sin embargo, que según datos franceses (Bozon y Heran, 1988), para personas de nivel socioeconómico alto los espacios de encuentro de parejas serían sitios cerrados o reservados y para las personas de nivel socioeconómico bajo serían los lugares públicos, abiertos a todo el mundo. Esto nos sugiere que pese a que ciertas similitudes no son relevantes a la hora de la elección de la pareja, es más probable que finalmente las parejas posean ciertas semejanzas (sociales, ideológicas, religiosas) en la medida que los espacios de encuentro para parejas difieren según el estrato económico.

Reciprocidad
Una vez que dos individuos descubren suficientes áreas de semejanzas para ir hacia una amistad, hay un paso adicional que es imprescindible. Uno de los factores que influyen en el desarrollo de relaciones afectivas es la existencia o no de reciprocidad en la relación, esto es, de que también nosotros le resultemos atractivos a esas personas (Condon y Crano, 1988). Casi todo el mundo es feliz al recibir este feedback tan positivo y es bastante desagradable ser evaluado negativamente (Coleman, Jussim y Abrams, 1987). Una excepción es que los individuos con auto-conceptos negativos a veces respondan bien a evaluaciones negativas acertadas (Swann, Stein-Serossi y Giesler, 1992), posiblemente porque estas evaluaciones son coherentes con su auto-esquema.
Aunque el agrado mutuo a menudo se expresa con palabras, los primeros signos de atracción pueden ser indicadores no verbales. Gold, Ryckman y Mosley (1984) encontraron que cuando una mujer respondía de manera positiva a un hombre, por ejemplo, manteniéndole la mirada, hablándole y acercándose, éste tendía a sentirse atraído hacia ella, incluso cuando sabía que sus actitudes eran diferentes.
Evidentemente quien tiene una mala imagen de nosotros no es recompensante. Además, según las teorías de la consistencia cognitiva que yo le caiga bien a una persona y que ese alguien me caiga mal a mí es una situación desequilibrada. Aronson y Coe (1968) encontraron que cuando dos personas compartían el disgusto respecto a una tercera, la atracción entre ellos era mayor que cuando no compartían ese sentimiento.
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Atractivo Físico
Como indican Hatfield y Sprecher (1986), ante las mismas características, una persona con apariencia física agradable resulta más atractiva que otra con menor atractivo físico. El atractivo físico sobre todo es determinante en los primeros encuentros o cuando el contacto es superficial. Según el proceso de ignorancia cognitiva (Rodin, 1987) la persona que inicialmente decidimos que no tiene ningún interés, no se le presta atención y es olvidada. De hecho, las investigaciones han mostrado que los varones suelen ignorar a las mujeres poco atractivas (Feingold, 1990; Pierce, 1992).
En diversos estudios, tanto hombres y mujeres como personas de diferentes razas han coincido que un rostro femenino atractivo es aquel tanto de aspecto infantil (ojos grandes y separados, nariz pequeña, sonrisa amplia y barbilla pequeña) como con rasgos maduros (pómulos prominentes, mejillas estrechas, cejas altas y pupilas grandes) (Cunningham, 1986). La estatura ha sido valorada positivamente en el atractivo físico de los varones pero negativamente en el de las mujeres (Sheppard y Strathman, 1989). Otra característica física que parece influir en el atractivo físico es la estructura corporal, es decir, la relación cintura-cadera en el caso de la mujer (Singh, 1993). Alicke et al. (1986) encontraron que el atractivo decrecía notablemente cuando una cara muy atractiva se correspondía con un cuerpo nada atractivo. Asimismo, la gente con sobrepeso es percibida generalmente como menos atractiva (Larkin y Pines, 1982).
Las siguientes explicaciones muestran por qué nos resulta atractivo un físico agradable (Moya, 1999):
a) Según las teorías implícitas de la personalidad, en nuestra sociedad existen numerosas creencias acerca de qué características de las personas van asociadas entre sí. En este sentido, el efecto halo es la tendencia a considerar que quien tiene una buena cualidad también tendrá otras cualidades buenas. Algunas investigaciones han mostrado que la gente tiende a creer que los hombres y mujeres atractivos son más estables, interesantes, sociables, independientes, dominantes, emocionantes, sexys, equilibrados, socialmente hábiles y con más éxito que aquellos que no son atractivos (Dion y Dion, 1987). No obstante, el atractivo físico puede estar asociado a características negativas. Por ejemplo, las mujeres muy atractivas pueden ser juzgadas como más materialistas y vanidosas que las menos atractivas, o pueden ser consideradas más culpables que éstas últimas cuando se les juzga de un delito en el que media el engaño.
b) Las personas atractivas también nos atraen porque cuando nos asociamos con una persona de estas características, nuestra imagen pública sale favorecida. Así, diversos estudios han confirmado que cuando un hombre aparece acompañado de una mujer muy atractiva, mejora la impresión que causa.
c) Es posible que las personas atractivas se comporten de una manera que incremente su evaluación y las haga realmente más atractivas. Reis et al. (1989) mostraron que los varones atractivos tenían más relaciones con mujeres y desarrollaban un sentido de la competencia social en este campo mayor que los varones menos atractivos. Sin embargo, las mujeres más atractivas no establecían más interacciones con los varones, eran menos asertivas y más temerosas en sus relaciones con éstos que las mujeres de menor atractivo.
d) De acuerdo con el modelo centrado en el afecto, los individuos con una buena apariencia activan un afecto positivo (Kenrick, Montello, Gutierres y Trost, 1993) y el afecto, como ya se ha comentado, es un importante determinante de la atracción.
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Las personas no aciertan totalmente al estimar cómo su propio atractivo es juzgado por los demás. Los hombres (pero no las mujeres) sobrestiman su buena apariencia (Gabriel, Critelli y Ee, 1994). Debido a que muchos prejuicios favorecen el atractivo, no es sorprendente que mucha gente se preocupe por su apariencia. Esta preocupación por el atractivo de uno y el miedo a los juicios negativos por parte de los demás se conoce como ansiedad de apariencia.
Los juicios sobre si una persona es atractiva no son únicamente una cuestión de los detalles físicos de la persona en cuestión. También son importantes los factores situacionales que influyen en el observador. Kenrick et al. (1993) descubrieron que si una persona había visto previamente varios individuos muy atractivos, la persona en cuestión es valorada como menos atractiva.
Los indicadores comportamentales también afectan a las percepciones. La gente reacciona de una forma más positiva hacia una persona cuyo estilo de andar es juvenil que hacia alguien con un modo de andar parecido al de un anciano, independientemente del sexo o de la edad (Montepare y Zebrowiz-McArthur, 1988). Además, los adultos que parecen muy jóvenes también son juzgados como débiles, ingenuos e incompetentes, pero cariñosos y honestos. Aquellos que aparentan ser muy maduros son percibidos como más dominantes y atractivos pero menos cariñosos y simpáticos (Zuckerman, Miyake y Elkin, 1995).

Atracción y Cultura

Atractivo, Percepción y Conducta Social
En contra de las creencias que suponen que la belleza depende de quién mira y de que hay patrones de belleza radicalmente diferentes, quince estudios han confirmado que personas de diferentes naciones y grupos étnicos concuerdan cuando indican qué tipo de individuos son atractivos físicamente y cuáles no (Langlois et al., 2000). Por ejemplo, personas de distintas culturas (13 países y 4 grupos étnicos) juzgaban una cara femenina como más atractiva si mostraba las siguientes características: ojos grandes con pupilas dilatadas, nariz pequeña, pómulos elevados, cara estrecha con mejillas finas, amplia sonrisa, labios gruesos o llenos y barbilla pequeña. Ahora bien, otros resultados muestran una variabilidad cultural: negros de EE.UU. evalúan como más atractivas a las mujeres de mayor peso que blancos de EE.UU. Esto sugiere que si bien hay acuerdo en la estructura corporal y los rasgos faciales que son atractivos, hay variaciones entre etnias en los parámetros de peso y tamaño corporal que definen a una persona atractiva (Cunningham, Roberts, Barbee, Druen y Wu, 1995).
Los estudios permiten concluir que las personas perciben y evalúan más favorablemente a las personas atractivas; es el efecto denominado ‘lo que es bello es bueno’. La revisión de Langlois et al. (2000) confirmó que se evaluaba a los niños más atractivos como más sociables, más competentes, con mejor ajuste y equilibrio afectivo y con mayor competencia interpersonal que los niños menos atractivos. Lo mismo ocurría con adultos atractivos: se les juzgaba como más competentes en el trabajo, más sociables y con mejor ajuste o salud mental.
De forma coherente, también se trataba de forma más positiva a los niños y adultos atractivos. De hecho, con los niños más atractivos se producían menos interacciones negativas, más interacciones positivas y se les cuidada más. Mientras que
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a las personas adultas atractivas se les prestaba más atención, se les daba más recompensas, se establecía con ellos más interacciones positivas, menos interacciones negativas y más ayuda y cooperación.
También se ha confirmado que las personas atractivas actúan de forma más positiva (p. e., son más populares, ligeramente más inteligentes, presentan capacidades sociales y conductas más adaptadas, tienen mejor salud física) y poseen más características positivas (p. e., mayor auto-estima, mejor salud mental, mayor extraversión).
Finalmente, las personas atractivas se auto-perciben o se juzgan a sí mismas ligeramente mejor que las personas menos atractivas (se perciben como más competentes y con mejor salud mental) (Langlois et al., 2000).

Factores Socio-Culturales y Atractivo
Los resultados anteriores confirman la explicación socio-cultural sobre el atractivo: a) las normas y valores culturales determinan la conducta y juicios de los ‘jueces’ y ‘evaluados’ mediante su aprendizaje; b) las expectativas y estereotipos son aprendidos (‘no hay cojo ni tuerto bueno’) y son confirmados a través de las conductas y la profecía auto-cumplida (p. e., ante alguien poco atractivo, lo trato peor, a lo que éste me responde más negativamente).
Aunque la tendencia a percibir que ‘lo que es bello es bueno’ es común en todas las culturas estudiadas, lo que difiere son los rasgos positivos que se infieren. Por ejemplo, en Corea de una persona atractiva se infiere que se preocupa más por los otros y es más integra, coherentemente con los valores colectivistas de esa cultura. Mientras que en EE.UU., se infiere que a mayor atractivo, mayor asertividad, dominancia y fortaleza, coherentemente con los valores culturales individualistas y competitivos dominantes en esas sociedades (Wheeler y Kim, 1997). Otro estudio con asiáticos (chinos de Taiwan) confirmó que las personas atractivas eran evaluadas más positivamente en rasgos socialmente tanto deseables como indeseables, pero no había relación entre atractivo y juicio en rasgos poco normativos (de media deseabilidad) (Chen, Shaffer y Wu, 1997). Es decir, el atractivo físico se asocia a los rasgos que son normativos en una cultura dada.
Ahora bien, tres hechos cuestionan la explicación socio-cultural acerca de ‘lo bello es bueno’:
1. La relación entre el atractivo de una persona y los juicios y conductas que se le atribuyen no es mayor en personas adultas que en niños. Sin embargo, según los argumentos socio-culturales, las personas aprenden los patrones de belleza y sus correlatos a medida que se socializan en una cultura dada, por lo que los adultos deberían mostrar este efecto con más intensidad.
2. Asimismo, la relación entre el atractivo y los juicios y las conductas atribuidas a una persona es similar para hombres y mujeres. Este hecho cuestiona la idea socio-cultural acerca de que este efecto se basa en roles de género diferentes que enfatizan más la belleza física femenina que la masculina.
3. Por último, las auto-percepciones de las personas atractivas son sólo ligeramente más positivas. Este hecho cuestiona la perspectiva socio-cultural que indica que las percepciones e interacciones se internalizan en el auto-concepto (Langlois et al., 2000; Berry, 2000).
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Atractivo y Explicaciones Evolucionistas
El alto acuerdo inter-cultural en los juicios sobre los rasgos atractivos (cara infantil, cuerpo de ánfora para mujeres, cara regular y cuerpo triangular musculoso para hombres) es coherente con una explicación evolucionista.
Sin embargo, también una serie de hechos cuestionan las hipótesis evolucionistas:
1. Dado que los rasgos atractivos influyen de forma similar a hombres y mujeres a la hora de inferir juicios y conductas sobre las personas, se cuestiona la hipótesis evolucionista que afirma que a la hora de elegir pareja el atractivo es más importante para los hombres, ya que indica la mayor capacidad reproductiva de la mujer, mientras que los recursos lo son para las mujeres, ya que indica la capacidad del hombre para asegurar la supervivencia de los descendientes.
2. Dado que la relación entre el atractivo de la persona y el juicio y conducta que se le atribuye es similar para niños y adultos, también se cuestiona la hipótesis evolucionista que afirma que el atractivo debe ser importante porque está relacionado con la reproducción, es decir, con la edad adulta.
Los resultados son más congruentes con la hipótesis evolucionista que afirma que el atractivo es un indicador general de buena salud -la llamada teoría de los buenos genes-. El hecho de que éste asociado el atractivo de una persona con su mejor evaluación y calidad de la interacción en la infancia también es coherente con la teoría evolucionista de la inversión parental, que sugiere que los padres invierten más en los niños con mayor capacidad de supervivencia y reproducción -más sanos porque son más bellos, al margen que sean niños o niñas- (Langlois et al., 2000).

Amor
El amor es un fenómeno tan complejo que ha dado lugar a muchas definiciones amplias y vagas que se pueden aplicar a otros hechos emocionales intensos como son los duelos o las violaciones. Además, el amor es un proceso dinámico que está en continuo cambio en el transcurso de la relación, por lo que su definición variará en función del estado de la relación. Los datos aportados por diversas investigaciones realizadas desde distintas disciplinas muestran claramente que existe una disminución progresiva de la pasión inicial y que ello, junto al paulatino crecimiento del compromiso, da lugar a un ciclo con una fase inicial de amor pasional fuertemente asociado al deseo sexual seguido de una fase de amor de compañero que dura alrededor de los dos años en la mayoría de los casos (Fisher, 1992).

Tipos de Amor
Uno de los tipos básicos es el amor sexual o pasional que se caracterizaría por: a) fuertes sentimientos incontrolables de atracción hacia la persona deseada y de ansiedad y malestar en su ausencia; b) fuerte activación fisiológica y deseo sexual; c) pensamientos obsesivos o rumiación sobre el objeto amado; y, d) cierto patrón de conductas, como expresar los afectos a la persona deseada, apoyarla física y emocionalmente y aceptación incondicional. En cambio, el amor romántico no pasional estaría compuesto por: a) pensamientos de necesidad, de ‘cuidar a’ y de confianza en la pareja; b) sentimiento de bienestar, dificultad de concentración y de ‘flotar en las nubes’
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y, en menor medida, reacciones físicas intensas; y, c) conductas de intimidad, apoyo y tolerancia al otro (Taylor, Peplau y Sears, 1994).
De todas las tipologías amorosas, será Lee (1973) el primero en intentar validar empíricamente su propuesta. Lee distinguió tres estilos amorosos básicos: Eros, Ludus y Storge. La combinación, en diferentes grados, de estos estilos primarios nos daría otros tres estilos secundarios independientes de los primeros: Manía, Pragma y Ágape:
- Eros o el amor pasional se caracteriza por una pasión irresistible, con sentimientos intensos, fuerte atracción física y actividad sexual. El amante Eros valora mucho el amor pero no está obsesionado por él ni presiona a su pareja a la intensidad sino que más bien permite que las cosas se desarrollen mutuamente. La característica de este tipo es la auto-confianza y la alta autoestima.
- Ludus o el amor lúdico, con poca implicación emocional y sin expectativas futuras. Este estilo de amar no tiene un estilo físico preferido sino que más bien le gusta todo tipo de compañero. Aún cuando mucha gente ve este amor como moralmente negativo, Ludus no intenta herir a otras personas, generalmente pone muy claras las reglas del juego antes de comenzar la relación.
- Storge o amor amistoso, se caracteriza por un compromiso durable que se desarrolla lenta y prudentemente, y que se basa en la intimidad, la amistad y el cariño. La similitud en términos de valores y actitudes es mucho más importante para Storge que la apariencia física o la satisfacción sexual porque la orientación de este amor es más la de buscar un compromiso a largo plazo que un apasionamiento a corto plazo.
- Manía es el amor obsesivo, con una fuerte dependencia de la pareja, celos intensos, posesividad, desconfianza y ambivalencia. Este amante trata de forzar a la pareja al compromiso sin poder esperar que éste evolucione naturalmente.
- Pragma se refiere al amor pragmático, amor basado en la búsqueda racional de la pareja ideal. El amante pragmático toma en consideración la edad, el grado de instrucción, el status social, la religión o la facultad de ser un buen padre o una buena madre. A diferencia de Storge, en el que puede crecer un amor sin preocuparse particularmente por las proyecciones a futuro de la pareja o por el bagaje familiar de aquella, el amante pragmático probablemente establecerá condiciones antes de desarrollar una relación.
- Ágape o el amor altruista, de renuncia absoluta y entrega totalmente desinteresada. Es un amor más bien idealista en el que la sexualidad y la sensualidad no son relevantes.
La escala de actitudes ante el amor de Hendrick y Hendrick (1992) es la que evalúa esta tipología desde un abordaje individual de las relaciones amorosas. Con esta escala, Hendrick y Hendrick (1993) clasificaron las historias románticas descritas por jóvenes universitarios en estos seis estilos diferentes: eros o amor a primera vista (34%), storge (66%), ludus (2%), manía (2%), pragma (17%) y ágape (2%). Más de las tres cuartas partes de las historias descritas correspondían al amor de compañero, seguidas de una tercera parte de ellas que se enmarcaban en el amor pasional.
Desde el punto de vista de las diferencias de género, Hendrick y Hendrick (1986) encontraron que los hombres, comparados con las mujeres, conceden más importancia al amor pasional (eros) y al lúdico o de entretenimiento (ludus). Las mujeres, comparadas con los hombres, se inclinan más por el amor amistoso (storge), el lógico (pragma) y el posesivo (manía). Estos resultados se han interpretado desde el
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punto de vista de las funciones que estas formas de amor han tenido para cada sexo en la evolución de la especie.

Funciones del Amor y Evolución
La concepción evolucionista (Lampert, 1997; Buss y Schmitt, 1993; Fisher, 1992) nos proporciona argumentos sobre la funcionalidad biológica del comportamiento amoroso para el individuo como miembro de una especie. Este enfoque ve el amor como una parte natural de la condición humana y, quizás, también natural a otras especies. El amor es biológicamente relevante si ayuda a promover la supervivencia de las especies, tema central de la teoría de la evolución. Hace cinco millones de años, la supervivencia de las especies dependía del éxito reproductivo. El deseo sexual y el compromiso, relacionados respectivamente con aspectos previos del éxito reproductivo, fueron reforzados en los primates superiores cuya bioquímica los llevaba a buscar y obtener placer no sólo de la actividad sexual, sino que, también, de la vinculación hembra-macho y padres-descendientes. Los antepasados que actuaban así tenían más probabilidades de transmitir sus genes que los que no estaban motivados a la actividad sexual y/o al establecimiento de vínculos emocionales estables. Como un resultado de este proceso evolutivo, los humanos están genéticamente pre-programados a tener actividad sexual (deseo sexual o amor sexual en los términos de Oatley y Johnson Laird, 1995), a enamorarse (relaciones emocionales estables con una pareja) y a cuidar de los descendientes (amor parental). La perspectiva evolutiva admite que factores ambientales actuales, influencias sociales y aspectos no genéticos del organismo determinen la actividad sexual. Aunque, la influencia histórica o los diez mil años de civilización establecida como en la que vivimos actualmente, ha actuado sólo durante un 5% de la existencia de la especie o sobre 400 de las 100.000 generaciones de la humanidad (Archer, 1996).
Esta teoría socio-biológica nos permite explicar las diferencias de sexo en la conducta sexual y el amor, a partir de dos procesos centrales que tienen que ver con la inversión parental diferencial y con la selección sexual:
1. La selección sexual consiste en dos procesos diferentes: a) La selección intra-sexual se refiere a la presión que los miembros de un sexo ejercen sobre el otro a través de la competición. En una especie en que los machos compiten por las hembras a través de su capacidad cazadora y su fuerza, los ejemplares más fuertes y con mejor capacidad para la caza tienen más probabilidades de dominar la competición y sobrevivir; y, b) La selección epigámica es la otra parte de la selección sexual. Si un sexo selecciona a sus parejas del otro sexo en base a ciertos atributos como la fuerza física y la agresividad, estos atributos deben ser más característicos de un sexo que del otro (Kenrick., 1994; Hinde, 1990).
2. Se define la inversión parental como el gasto de tiempo, energía y riesgo del progenitor en el descendiente que aumenta las probabilidades de supervivencia de éste (y por ende el éxito reproductivo) a costa de la capacidad del padre de invertir en otro descendiente. Mientras la inversión parental típica puede haber sido muy variable a lo largo de nuestra historia evolutiva, la inversión parental mínima posible de las hembras, debido a los nueve meses de gestación y los posteriores de lactancia, ha sido mucho mayor que la de los machos en nuestra especie. Una mujer puede tener un máximo de 25 niños y la media de hijos en sociedades simples de cazadores-recolectores es de cinco (Fisher, 1992). Los machos ancestrales se pueden haber beneficiado reproductivamente de copular con cualquier hembra fértil, si el riesgo era bajo. Por
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tanto, es razonable hipotetizar que la selección natural favoreció a los machos que tenían bajos umbrales de activación sexual y que eran reactivos ante nuevas hembras sexualmente atractivas. Por otro lado, nuestros ancestros femeninos tenían poco que ganar reproductivamente y mucho que perder si copulaban de forma aleatoria con nuevos machos. Es improbable que la selección haya favorecido a las hembras que eran sexualmente atraídas ante una gran variedad de machos o únicamente por su presencia (Kenrick, 1994; Hinde, 1990; Archer, 1988).
Según las predicciones de la teoría socio-biológica, en el caso de la especie humana, ya que las mujeres deben ser fértiles ellas serán mejores objetos sexuales cuando tengan aspecto juvenil y maternal. Por ejemplo, cuanto más estrecha sea la cintura respecto a la cadera, más las preferirán los hombres y las valorarán como más atractivas, sanas y reproductivamente valiosas. También se puede suponer que las mujeres serían más selectivas en la selección de sus parejas ya que tienen una inversión parental mayor en sus descendientes que los hombres y pueden engendrar pocos chicos en un lapso de tiempo limitado. Por tanto, las mujeres van a buscar hombres que se apeguen con recursos para protegerlas a ellas y sus hijos. En particular, eligiendo posibles parejas sexuales pondrán más atención a los atributos de status, dominación y agresividad, y seleccionarán a los que posean una mayor capacidad para obtener recursos (Kenrick et al., 1994).
Las predicciones de la teoría socio-biológica con respecto a las diferencias de género en los comportamientos son comunes con las teorías de roles que enfatizan que las mujeres son asignadas y socializadas en roles pasivos, de menor status y de comunión, mientras que los hombres lo son en roles activos, de mayor status y agénticos; por tanto, las mujeres deberían aprobar menos las relaciones casuales y deberían tener un número menor de parejas diferentes. Los sociobiólogos argumentan que aunque los hombres pueden ser algo más permisivos que las mujeres en las relaciones extramaritales, los hombres desaprueban de forma especial que las mujeres mantengan este tipo de relaciones, ya que deben garantizar con la máxima certitud la paternidad.
Desde esta perspectiva, se predice que los hombres tenderán a valorar más el amor lúdico, coherentemente con su menor inversión parental y su orientación positiva hacia el sexo casual y la obtención del máximo de parejas posibles. Las mujeres, dada la mayor inversión parental y el esfuerzo necesario para sacar adelante unos pocos descendientes, tenderán a valorar más el amor pragmático y amistoso, así como los criterios de poder social y status para elegir su pareja (Buss et al., 1990). Por tanto, el amor lúdico de los hombres y el amor pragmático de las mujeres favorecerían la reproducción de la especie.
De acuerdo a estas predicciones, investigaciones transculturales han confirmado coherentemente con las hipótesis socio-biológicas que las mujeres prefieren parejas sexuales de mayor edad y las evalúan en base a sus recursos, mientras que los hombres prefieren parejas más jóvenes y físicamente atractivas (Bailey et al., 1994; Kenrick y Keefe, 1992). En este sentido, la investigación transcultural de Buss et al. (1990) confirmó en 37 países distintos que las mujeres tienden a evaluar a sus parejas masculinas a partir de su capacidad económica, su ambición y su laboriosidad, mientras que los atributos evaluados positivamente por los hombres para elegir una pareja femenina son la salud, la belleza y la juventud, y elegirán a aquellas que tengan mayores signos de capacidad reproductiva. Asimismo, en el meta-análisis de Oliver y Hyde (1993) los hombres presentaron actitudes más permisivas hacia las relaciones sexuales, un inicio más temprano de las relaciones sexuales coitales, una mayor frecuencia de
12 Psicología Social, Cultura y Educación
coitos y un mayor número de parejas sexuales que las mujeres. Esta mayor centralidad masculina en la sexualidad se ve refrendada por la investigación antropológica: de las 849 sociedades examinadas en el Atlas etnográfico de Murdock, 708 son poligámicas (un esposo para varias esposas) y sólo 4 son poliándricas (una mujer puede tener dos o más maridos). Además de las cuatro poliándricas, todas son poligámicas, no siendo lo inverso cierto (Kenrick, 1994).
Según la argumentación socio-biológica, las diferencias entre géneros se reforzarán especialmente en las culturas que impongan menos constricciones sociales, ya que éstas permiten explorar todo el repertorio conductual y permiten que se manifiesten más fuertemente las diferencias innatas (Lueptow, Garovich-Szabo y Lueptow, 2001).

Carácter Universal del Amor e Influencia Cultural
Desde una perspectiva cultural, algunos autores han postulado la existencia transcultural del amor romántico o pasional. Así, Jankowiak y Fischer (1992), en una revisión de 186 culturas han constatado que en un 88,5% de ellas hay indicadores de amor pasional. Otros autores, en particular construccionistas sociales y relativistas como Averill, postulan que el amor pasional es un fenómeno construido por el discurso social en un momento histórico y culturalmente dados. Así, Hendrick y Hendrick (1992), entre otros, sostienen que éste es exclusivo de la cultura occidental, y surgido hacia el siglo XII. Sin embargo, algunos autores como Berscheid destacan que en documentos muy anteriores, como la Biblia, textos hindúes y chinos clásicos, se encuentran descripciones de experiencias de deseo y amor pasional (Oatley y Jenkins, 1996).
Cada vez más psicólogos, antropólogos y otros estudiosos creen que el amor es un fenómeno universal (Hatfield y Rapson, 1993), aunque su significado concreto puede variar notablemente de una cultura a otra en diferentes épocas (Beall y Sternberg, 1995, Hinde, 1997). Antes de la edad moderna no era prerrequisito para el matrimonio de forma que en muchas sociedades éste era arreglado por los padres o parientes, quizás con la esperanza de que en el futuro surgiera el amor en la pareja, pero no había grandes expectativas de amor romántico. Estudios realizados en culturas occidentales, han encontrado que a lo largo de los últimos treinta años la relación entre matrimonio y amor ha ido cambiando. Una generación atrás, especialmente las mujeres deseaban casarse aún ante la ausencia del amor romántico, pero desde entonces hombres y mujeres han coincidido en el ideal del amor romántico como base del matrimonio. Parece que en el siglo XX en las sociedades occidentales el amor romántico se ha convertido en razón fundamental para mantener relaciones matrimoniales a largo plazo (Simpson, Campbell y Berscheid, 1986).
La creencia de que uno debe casarse sólo por amor se convierte en una ideología cuando ésta es ampliamente compartida por una sociedad. Dado que las personas actualmente comparten esta creencia es difícil entender cómo los matrimonios en siglos anteriores pudieron ser felices. Quizás la gente de otros tiempos compartía otra ideología. Quizás había a menudo una anticipación temprana de compartir la vida con un compañero, de realización sexual o de llegar a amar al compañero más profundamente a través de los años. Algunas de estas anticipaciones sin embargo suenan muy parecidas a las anticipaciones de la actualidad con excepción de ‘enamorarse’. Es posible que el lazo entre el amor y el matrimonio no haya cambiado tanto, lo que puede haber cambiado es la ideología del amor de ‘los matrimonios deben
Capítulo 15: Relaciones Íntimas: Atracción, Amor y Cultura 13
ser arreglados’ a ‘los matrimonios deben basarse en el amor’. En alguna medida esto depende de cómo se define el amor (Hendrick y Hendrick, 1986).

Factores Socio-Estructurales y Relaciones Íntimas
Algunos autores han insistido sobre la influencia de los factores de estructura social en el ámbito de creencias y conductas amorosas.
Guttentag y Secord (1999) plantearon que la razón demográfica entre hombres y mujeres es una variable importante para explicar el tipo de amor dominante. Cuando hay más hombres que mujeres en la población, se valora a las escasas mujeres y predomina una visión idealizada de la mujer, de la familia y romántica no pasional del amor. En este contexto probablemente dominaría un estilo de amor más de compañero. Cuando hay un exceso de mujeres, se desvalorizará la familia y el matrimonio. El sexo extra y pre-marital, la soltería y las separaciones serían frecuentes, el amor comprometido no sería dominante y predominaría un estilo de amor lúdico y erótico. Estos autores revisaron datos demográficos de diferentes países y periodos históricos, como la antigua Grecia, la Europa medieval y EE.UU. durante diferentes siglos que confirmaron estas hipótesis.
Por otra parte, Eagly y Wood (1999) argumentaron que las diferencias sexuales en los criterios para elegir la pareja íntima deberían suavizarse en sociedades caracterizadas por una mayor igualdad de género, ya que las preferencias del hombre por mujeres más jóvenes, capaces de ser buenas dueñas de casa y atractivas, así como la importancia dada por las mujeres a los recursos sociales del hombre reflejan las diferencias de status y roles entre hombres y mujeres. Reanalizando los criterios de selección de pareja, se confirmó que a mayor igualdad entre los géneros, evaluado por un indicador de la ONU sobre el grado de inserción laboral e institucional de la mujer, así como la paridad salarial con los hombres, existían menos diferencias entre los sexos en la importancia que se asignaba a los recursos económicos y al ser buen amo/a de casa como criterios para elegir a la pareja.
Desde esta perspectiva socio-estructural, las diferencias de creencias sobre el amor entre naciones y entre géneros depende de los recursos sociales, demografía y distribución de poder y status entre los roles de género. El desarrollo socio-económico reforzará directamente la importancia del amor pasional, del amor como criterio y pre-requisito para elegir pareja íntima y casarse, ya que permite a la persona valorar aspectos subjetivos más que prácticos. Además, el desarrollo social y económico, que está asociado a una menor diferencia de status y poder con respecto a los roles de género, provocará que haya más semejanzas en las respuestas de hombres y mujeres sobre el amor. Levine et al. (1995) concluyeron que el desarrollo económico reforzaría el individualismo, la igualdad relativa de oportunidades entre hombres y mujeres (mayor educación, mayor participación laboral femenina e igualdad jurídica), aumentaría la importancia de los sentimientos subjetivos y de las decisiones personales en la formación de parejas, lo que se asociaría a un aumento de los divorcios y una disminución de las tasas de natalidad (mayor control por parte de la mujer de la contracepción y mayor planificación de la descendencia, no vivida como obligación). Por tanto, la distribución diferencial de recursos y roles explicaría las diferencias entre hombres y mujeres, así como entre naciones (Eagly y Wood, 1999).

14 Psicología Social, Cultura y Educación
Factores Culturales y Relaciones Íntimas
Otros estudios han mostrado la influencia de los valores culturales en las creencias sobre el amor.
Dion y Dion (1993) sugieren que las diferentes orientaciones culturales influyen intensamente en cómo la gente conceptualiza el amor y la intimidad. Las culturas más individualistas, en las que las relaciones íntimas se establecen cara a cara y más o menos simétricamente, valoran más el componente pasional romántico del amor, mientras que en las sociedades colectivistas, las relaciones íntimas se organizan a través de la intervención de la familia extendida y se valoran más los aspectos pragmáticos y amistosos del amor (Dion y Dion, 1988). Por tanto, el amor romántico es una base más importante para el matrimonio en las culturas individualistas que en las colectivistas. En las primeras, el amor y la decisión individual de dos personas parecen la forma natural de formar una pareja estable. En las segundas, en general, la formación de la pareja es una decisión de las personas mayores, se basa en arreglos que responden a los deseos de las familias y es un deber para los individuos (Triandis, 1995). La mayoría de la humanidad vive en culturas colectivistas y en general la familia ejerce una gran influencia en los matrimonios. La mayoría de las novias son adolescentes, en dos tercios de las sociedades se paga una dote por ellas y el matrimonio se concibe como un contrato socio-económico entre las familias. En 1980, en China, sólo un tercio de los matrimonios estuvo libre de influencia familiar. En 1989, en Corea, el 40% de los matrimonios fue pactado, al igual que en el 72% de mujeres turcas entrevistadas en los 70. El matrimonio convenido por los padres era muy frecuente en indios y pakistaníes emigrantes (Goodwin,1999).
Desde esta perspectiva socio-cultural y normativa, más que las diferencias de recursos y roles, serían las normas valorativas las que explicarían las diferencias entre géneros y entre naciones. Aún controlando el nivel de desarrollo económico, las culturas cuyos valores enfatizan la autonomía y decisiones individuales, y valorizan los atributos y sentimientos internos (individualistas), reforzarán la importancia del amor pasional, del amor como criterio y pre-requisito de la elección de pareja y matrimonio. Las culturas colectivistas, que se caracterizan por mayores diferencias de status y que enfatizan las decisiones familiares y los deberes normativos, darán menos importancia al amor como criterio y pre-requisito de la formación de una pareja estable y valorarán más los aspectos prácticos y amistosos del amor. Se puede también suponer que las culturas normativas, que enfatizan la necesidad de obedecer reglas, rechazarán más el amor lúdico y pragmático y enfatizarán criterios como la castidad y el status social. Estas culturas que no toleran la incertidumbre y que son emocionales, también deberían enfatizar más el estilo de amor manía –de fuerte activación emocional y posesivo-. Las culturas jerárquicas, que enfatizan la legitimidad de las asimetrías de status y la obediencia (de hijos a padres y de esposas ante maridos entre otras), y las culturas masculinas, competitivas y que enfatizan las diferencias de género, también reforzarán las diferencias de respuesta entre hombres y mujeres, en particular reforzando el apoyo de las personas a los criterios tradicionales de género (p. e., las mujeres valorarán más el status social y los hombres la castidad y características femeninas como ser buena ama de casa). Recordemos que según una argumentación socio-cultural, las culturas que imponen más constricciones reducirán las diferencias de género en las respuestas normativas (p. e., habrán menos diferencias entre hombres y mujeres en la valoración del amor pragmático, si éste es normativo en las culturas colectivistas).
En resumen, el fenómeno del amor no sólo presenta una variabilidad inter e intra-individual, sino también cultural e histórica. Por tanto, en base a estos
Capítulo 15: Relaciones Íntimas: Atracción, Amor y Cultura 15
planteamientos teóricos y empíricos, a continuación se describen las diferencias culturales y de género en dos formas distintas de conceptualizar el amor, como son los tipos de amor y la consideración del amor como pre-requisito para casarse (Ubillos et al., 2001; Ubillos y Barrientos, 2001).

Sección Práctica: Estilos de Amor

Escala de actitudes sobre el amor: Love Attitudes Scale (Hendrick y Hendrick, 1986)

Se presentan abajo varias frases que reflejan diferentes actitudes en relación con el amor. Para cada frase, señale hasta qué punto está de acuerdo o en desacuerdo con ella. No hay respuestas buenas ni malas, lo que nos interesa es su opinión. Algunos ítems se refieren a una relación amorosa específica, otros se refieren a actitudes y creencias generales en el amor. Siempre que sea posible responda a estas preguntas teniendo en mente a su pareja; si no está enamorado actualmente, responda a las preguntas teniendo en consideración a su pareja más reciente. Si nunca ha tenido pareja, responda pensando cuáles serían sus respuestas en el caso de que la tuviera. Responda teniendo en cuenta que: 5 = Totalmente en desacuerdo; 4 = Más bien en desacuerdo; 3 = Ni de acuerdo ni en desacuerdo; 2 = Más bien de acuerdo; 1 = Totalmente de acuerdo.

1. Con mi pareja, nos sentimos atraídos físicamente desde la primera vez que nos vimos.
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2. Mi pareja y yo tenemos buen contacto físico.
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3. Las relaciones físicas con mi pareja son muy intensas y satisfactorias.
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4. Siento que mi pareja y yo estamos hechos el uno para el otro.
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5. Mi pareja y yo nos hemos implicado emocionalmente muy rápido.
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6. Mi pareja y yo nos entendemos realmente bien.
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7. Mi pareja responde a mi ideal de belleza física.
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8. Trato que mi pareja esté algo insegura con relación a mi compromiso con ella.
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9. Lo que mi pareja desconoce de mí, no debería llamarle la atención particularmente.
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10. A veces evito que mis parejas sepan la existencia el uno del otro.
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11. Me recupero de las decepciones amorosas rápido y fácilmente.
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12. Pienso que mi pareja se enojaría si supiera cosas que he hecho con otras personas.
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13. Al percibir que mi pareja depende de mí, prefiero poner distancia entre ambos.
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14. Me gusta jugar al juego del amor con diferentes parejas.
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15. Es difícil decir exactamente dónde termina la amistad y empieza el amor.
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16. No puedo amar a alguien sin primero haber sentido durante cierto tiempo afecto por
esta persona.
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17. Espero permanecer para siempre junto a mi pareja.
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18. El amor más profundo nace de una larga amistad.
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19. Entre mi pareja y yo, nuestra amistad inicial se transformó gradualmente en amor.
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20. El amor es realmente una amistad profunda y no algo misterioso y místico.
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16 Psicología Social, Cultura y Educación

21. Mis relaciones amorosas más satisfactorias se han realizado a partir de relaciones de
amistad.
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22. Antes de comprometerse con una persona hay que considerar lo que él/ella va a llegar a
ser en la vida.
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23. Hay que planificar cuidadosamente la vida antes de elegir pareja.
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24. Es preferible amar a alguien que proviene del mismo medio
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25. Una de las cosas esenciales a la hora de elegir pareja es la aceptación de nuestra familia
hacia él / ella.
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26. Un criterio importante en la elección de pareja es saber si él / ella podrá ser un buen/a
padre / madre.
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27. Un criterio importante a la hora de elegir pareja es saber si él / ella podrá o no
ayudarnos en nuestra carrera profesional.
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28. Antes de comprometerme con alguien trato de ver en qué medida sus genes son
compatibles con los míos, en caso de decidir tener hijos.
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29. Cuando algo no va bien con mi pareja, se me hace un nudo en el estómago.
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30. Tras una ruptura, me deprimo tanto que puedo llegar a pensar incluso en el suicidio.
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31. A veces estoy tan excitado/a de estar enamorado/a que no logro dormir.
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32. Cuando mi pareja no me hace caso, me enfermo.
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33. Cuando estoy enamorado/a me cuesta concentrarme sobre cualquier tema que no sea
mi pareja.
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34. Si sospecho que mi pareja está con otro/a, no consigo estar realmente relajado/a o
tranquilo/a.
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35. Si mi pareja me ignora durante cierto tiempo, hago cosas estúpidas para tratar de atraer
de nuevo su atención.
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36. Trato siempre de ayudar a mi pareja a sobrellevar los momentos difíciles.
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37. Prefiero sufrir yo antes de que sufra mi pareja.
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38. No puedo ser feliz sin poner la felicidad de mi pareja por encima de la mía.
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5
39. Estoy generalmente dispuesto a sacrificar mis propios deseos para que mi pareja pueda
realizar los suyos.
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40. Mi pareja puede disponer de todo lo que yo poseo.
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5
41. Cuando mi pareja se enfada conmigo, sigo amándole completa e incondicionalmente.
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5
42. Estoy dispuesto a soportar cualquier cosa por estar con mi pareja.
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5

Capítulo 15: Relaciones Íntimas: Atracción, Amor y Cultura 17
Claves de Corrección
Esta escala de Hendrick y Hendrick (1986) permite clasificar las 42 actitudes sobre el amor en los seis estilos de amor descritos (Eros, Ludus, Storge, Pragma, Manía y Ágape). Siga el siguiente procedimiento para obtener su puntuación en cada tipo de amor:
1. Debe invertir el valor de la respuesta dada a la pregunta n° 9, es decir, el valor 5 se convertirá en el valor 1, el valor 4 en 2, el valor 2 en 4 y el valor 1 en 5.
2. Debe realizar el sumatorio de los siguientes ítems: Los 7 primeros para la descripción de Eros, del 8 al 14 para el tipo de amor Ludus, del 15 al 21 para Storge, la visión Pragmática se operacionaliza con los ítems que van del 22 al 28, Manía vendría dada por las actitudes que van de la 29 a la 35 y, finalmente, Ágape estaría definido por los ítems que van del 36 al 42.
EROS: Si has obtenido una puntuación mayor que 17 valoras menos que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor erótico. Por el contrario, si has obtenido una puntuación menor que 15 valoras más que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor erótico.
LUDUS: Si eres hombre y has obtenido una puntuación mayor que 24 (en mujeres mayor que 26) valoras menos que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor lúdico. Si eres hombre y has obtenido una puntuación menor que 22 (en mujeres menor que 24) valoras más que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor lúdico.
STORGE: Si has obtenido una puntuación mayor que 19 valoras menos que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor amistoso.Si has obtenido una puntuación menor que 17 valoras más que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor amistoso.
PRAGMA: Si has obtenido una puntuación mayor que 27 valoras menos que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor pragmático. Si has obtenido una puntuación menor que 25 valoras más que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor pragmático.
MANIA: Si eres hombre y has obtenido una puntuación mayor que 21 (en mujeres mayor que 23) valoras menos que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor obsesivo. Si eres hombre y has obtenido una puntuación menor que 19 (en mujeres menor que 21) valoras más que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor obsesivo.
ÁGAPE: Si eres hombre y has obtenido una puntuación mayor que 16 (en mujeres mayor que 20) valoras menos que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor altruista. Si eres hombre y has obtenido una puntuación menor que 14 (en mujeres menor que 18) valoras más que la media de la muestra de estudiantes españoles el estilo de amor altruista.

Tipos de Amor y Factores Socio-Culturales
Un estudio sobre la importancia otorgada por personas de 15 países y regiones del mundo a los diferentes estilos de amor de Hendrick y Hendrick ha confirmado la influencia que ejercen los factores económicos, sociales y culturales en la valoración de estos tipos de amor (Ubillos et al., 2001).
Teniendo en cuenta que a menor puntuación, mejor valoración del tipo de amor y que puntuaciones por encima de tres indican desaprobación, utilizando las medias nacionales se confirma que el estilo erótico es el más valorado, seguido del estilo storge y manía. ludus y pragma son los estilos menos valorados (véase tabla 1).
Además, las culturas que enfatizan el estilo amistoso y de compañero (storge) también valoran los aspectos prácticos (pragma) y le otorgan menos importancia a la
18 Psicología Social, Cultura y Educación
posesión, los celos y la fuerte activación emocional (manía). En este sentido, las culturas que enfatizan el amor pasional, también, valoran de forma menos importante el amor maníaco.

Tabla 1. Medias de la Importancia Otorgada a los Tipos de Amor en 15 Países y Grupos Étnicos

Estilos de Amor
Países
EROS
LUDUS
STORGE
PRAGMA
MANIA
ÁGAPE
Argentina
2.38
3.49
3.41
3.78
2.88
2.58
Angola
2.30
3.11
1.79
2.25
2.74
2.41
Bélgica
2.44
3.70
3.05
3.92
2.49
2.52
Brasil
2.30
3.30
2.45
2.87
3.12
2.67
Cabo Verde
2.34
3.45
2.12
2.92
3.03
2.47
España
2.04
3.67
2.67
3.75
2.91
2.34
Francia
2.15
3.73
3.29
4.00
2.70
2.57
Mozambique
2.32
2.99
2.35
2.93
3.11
2.50
Portugal
2.23
3.70
2.71
3.48
3.05
2.66
Suiza
2.43
3.53
3.01
4.05
2.92
2.65
USA
2.30
3.35
2.55
2.90
3.05
2.35
USA-asiáticos
2.60
3.20
2.30
2.40
2.80
2.30
USA-latinos
2.26
3.30
2.43
2.83
3.01
2.30
Japón
2.77
3.80
2.89
3.52
2.79

Rusia
2.34
3.11
2.96
3.59
2.71

Media Total
2.35
3.43
2.66
3.28
2.89
2.49
Fuente: Hendrick y Hendrick (1986), Sprecher et al. (1994).

El amor erótico es más valorado en las culturas femeninas, es decir, en las sociedades poco competitivas, que valoran la calidad de vida, así como en los países con un alto desarrollo social y en las culturas con baja evitación de la incertidumbre que se caracterizan por ser menos normativas y ansiosas.
Los estilos de amor storge y pragma, que no tienen matices tan pasionales, son más valorados en las culturas colectivistas en las que las relaciones íntimas se basan en mayor medida en las obligaciones y deberes familiares, así como en las culturas de baja evitación a la incertidumbre, es decir, en las sociedades tolerantes, que son menos emocionales y que valoran más el amor paulatino y calmado. También, los países con un menor desarrollo socio-económico y con mayor distancia jerárquica son los que conceden más importancia a los aspectos amistosos y prácticos del amor. Por tanto, estos resultados corroboran lo que se ha encontrado en estudios precedentes (Hendrick y Hendrick, 1986, Dion y Dion, 1988), es decir, la mayor prevalencia del estilo de amor pragmático y de compañero (storge) entre los países africanos y orientales colectivistas y las naciones menos desarrolladas.
Capítulo 15: Relaciones Íntimas: Atracción, Amor y Cultura 19
En las culturas individualistas que valoran más al individuo y con alta evitación de la incertidumbre que son más normativas y emocionales, se da más intensamente el estilo maníaco que está relacionado con la posesión y alta activación afectiva.
Por último el estilo de amor lúdico es más valorado en culturas colectivistas, de bajo desarrollo socio-económico y de baja evitación de la incertidumbre. En estas culturas, por ejemplo, los países africanos, tanto por la ausencia de parejas masculinas con recursos como por una cierta mayor tolerancia y aceptación al sexo casual, es más frecuente la sexualidad extra-marital.

Tipos de Amor y Diferencias de Género
Con respecto a las diferencias de género, los resultados muestran que las mujeres, comparadas con los hombres, están significativamente más de acuerdo con el amor pragmático y el amor storge, mientras que valoran más negativamente el amor ludus y el amor ágape (véase tabla 2).

Tabla 2. Medias de la Importancia Otorgada a los Estilos de Amor por Género y País

Estilos de Amor

EROS
LUDUS
STORGE
PRAGMA
MANIA
ÁGAPE
Países
H
M
H
M
H
M
H
M
H
M
H
M
Argentina
2.42
2.41
3.31
3.58
3.45
3.40
3.90
3.76
2.81
2.90
2.29
2.74
Angola
2.28
2.33
2.96
3.22
1.89
1.72
2.28
2.26
2.84
2.66
2.38
2.42
Bélgica
2.65
2.41
2.65
2.41
3.59
3.71
4.17
3.87
2.61
2.48
2.19
2.57
Brasil
2.29
2.33
3.05
3.56
2.40
2.48
2.99
2.72
3.19
3.07
2.40
2.91
Cabo Verde
2.44
2.13
3.33
3.72
2.17
2.00
2.86
3.07
3.13
2.81
2.46
2.50
España
2.34
2.25
3.36
3.55
2.54
2.65
3.67
3.71
2.82
3.08
2.18
2.76
Francia
2.27
2.09
3.38
3.87
3.38
3.24
4.14
3.96
2.57
2.72
2.65
2.53
Mozambique
2.33
2.31
2.79
3.16
2.50
2.17
2.99
2.88
3.18
3.05
2.57
2.44
Portugal
2.29
2.20
3.36
3.91
2.66
2.73
3.41
3.50
3.03
3.04
2.58
2.72
Suiza
2.39
2.44
3.41
3.65
3.05
2.97
4.15
3.78
2.93
2.88
2.52
2.76
USA
2.30
2.30
3.10
3.60
2.60
2.50
3.00
2.80
3.10
3.00
2.30
2.40
Japón
2.84
2.77
3.83
3.77
2.93
2.84
3.63
3.42
2.64
2.92 Rusia
2.27
2.41
3.08
3.13
2.97
2.95
3.52
3.66
2.85
2.56 Media Total
2.39
2.34
3.21
3.47
2.78
2.72
3.44
3.34
2.90
2.86
2.41
2.61
Fuente: Hendrick y Hendrick (1986).

En las culturas femeninas (vs. masculinas) es donde se encuentran más diferencias entre mujeres y hombres en la valoración que hacen del estilo de amor lúdico. Por tanto, los hombres valoran más el amor lúdico y en particular son los hombres de culturas femeninas los que valoran más que las mujeres el amor de juego.
20 Psicología Social, Cultura y Educación
También se ha constatado que los países colectivistas y con un menor desarrollo social muestran una mayor diferencia entre mujeres y hombres en la valoración que hacen del amor storge. Si bien en todas las culturas las mujeres manifiestan más acuerdo con el estilo de amor amistoso que los hombres, este tipo de amor era más enfatizado por las mujeres de sociedades colectivistas y menos desarrolladas, probablemente como una forma de compensar los menores recursos y autonomía.
Los resultados también indican que los hombres y las mujeres de los países individualistas muestran una mayor diferencia en la valoración que hacen del estilo pragma. Es decir, las mujeres manifiestan más acuerdo con el aspecto práctico del amor que los hombres en las culturas individualistas, aunque es en los países colectivistas donde tanto hombres como mujeres lo valoran de forma más importante. Asimismo, las diferencias entre hombres y mujeres en la valoración que hacen del estilo pragma eran mayores en las culturas masculinas que en las culturas femeninas. Por tanto, el amor pragmático era más enfatizado por las mujeres que por los hombres en las culturas individualistas y competitivas, probablemente como una forma de adaptase a su entorno.
El amor y el atractivo físico son más valorados como criterios de elección de pareja en las culturas individualistas, que enfatizan los sentimientos y decisiones personales a la hora de establecer relaciones íntimas, y en las culturas que se caracterizan por establecer relaciones sociales más igualitarias o menos jerárquicas y de mayor desarrollo social. Por el contrario, la valoración de la castidad, del status social y de la buena salud es más importante en sociedades con menos recursos, de menor desarrollo social y fuertemente jerarquizadas. La mayor valoración de los aspectos más materiales y realistas del amor parece coherente con el contexto socio-cultural, dado que los componentes de supervivencia y adaptación social de las relaciones íntimas son más relevantes en estos contextos.

Sección Práctica: Opinión sobre el Amor como Pre-Requisito del Matrimonio y Factores Socio-Culturales

Práctica sobre Amor (Buss, 1985)
Por favor, conteste a la siguiente pregunta:
Si un hombre o una mujer tiene todas las cualidades que Ud. desea, ¿Se casaría Ud. con esta persona si no estuviera enamorado/a de él ella?
Sí ______ No _____ Indeciso _______ Claves de Corrección
Si has contestado que sí estarías dispuesto a casarte con esa persona aunque no estuvieras enamorado/a, has respondido como el 8% de la muestra de estudiantes españoles. Si has contestado que no estarías dispuesto a casarte con esa persona aunque no estuvieras enamorado/a, has respondido como el 79% de la muestra de estudiantes españoles. Si has elegido la respuesta indeciso, entonces has respondido como el 13% de la muestra de estudiantes españoles.
Capítulo 15: Relaciones Íntimas: Atracción, Amor y Cultura 21
El 50% de las personas de culturas colectivistas responde que estaría dispuesta a casarse con una persona aunque no estuviera enamorado/a. Los estudios han confirmado que la mayoría de las personas rechaza casarse con alguien que posee todos los requisitos sin estar enamorado de él/ella y sólo una minoría lo acepta
1
(véase tabla 3). Pero, especialmente son los individuos de los países individualistas y masculinos los que manifiestan estar menos de acuerdo con casarse con una persona que reúne todas las cualidades, pero de la cual no se está enamorado. Además, son los países con un mayor desarrollo social y menos jerárquicos los que conceden más importancia al amor como pre-requisito para el establecimiento de relaciones íntimas y de pareja. Por tanto, estos resultados confirman los estudios que señalan que el amor tendía a ser más importante en los países occidentalizados, más desarrollados e individualistas, como EE.UU., seguido de Brasil, Inglaterra y Australia, y menos importante en naciones menos desarrolladas, más jerarquizadas y colectivistas de Oriente como India, Pakistán, Tailandia y Filipinas. Los dos países menos colectivistas y económicamente más desarrollados de los países asiáticos, Japón y Hong-Kong, le otorgaban al amor una mayor importancia. Estos estudios sugieren que la satisfacción de las necesidades básicas permite desarrollar más necesidades de realización y expresión personal, como el amor romántico, y que el individualismo y las relaciones culturales igualitarias aumentan la importancia de los atributos internos y decisiones personales con respecto al matrimonio y a la pareja.

Tabla 3. Porcentaje Medio de Respuestas por País a la Pregunta ‘Si un/a Hombre/Mujer tuviera todas las Cualidades que Tú deseas, ¿Te casarías con esta Persona si no estuvieras Enamorado?’

Porcentajes medios
Países
Sí
No
Indecisos
Angola
6.20
34
56.70
Argentina
3
80
17
Australia
4.80
80
15.20
Bélgica
2.90
71.40
25.70
Brasil
4.30
85.70
10
Cabo Verde
8
47.30
44.60
Chile
8
82
10
España
8.30
79
13
Filipinas
11.40
63.60
25
Francia
7.50
77.60
14.90
Hong-Kong
5.80
77.60
16.70
India
49
24
26.90
Inglaterra
7.30
83.60
9.10
Japón
2.30
62
35.70
Méjico
10.20
80.50
9.30
Mozambique
13.90
44.60
41.60
Pakistán
50.40
39.10
10.40
Portugal
3.60
74.90
21.50
Suiza
18.10
79.90
0
Tailandia
18.80
33.80
47.50
USA
3.50
85.90
10.60
Rusia
19.0
81.0
--
Fuente: Levine et al., 1995; Sprecher et al.,1994 y datos propios de los autores del capítulo


1
M rechazo = 66%; M aceptación = 13%
22 Psicología Social, Cultura y Educación

Resumen

Se considera que la afiliación es una necesidad del ser humano para garantizar la supervivencia tanto del individuo como de la especie y que está vinculada a la atracción.
Requisitos de la atracción:
La atracción se asocia a la proximidad física, siempre y cuando la persona inicialmente nos resulte positiva o neutra.
Ciertas características de personalidad, sobre todo los rasgos que pueden beneficiar la relación son los que más se valoran, mientras que aquellos que puedan perjudicarla son los que se consideran más negativos.
Nos atraen las personas cuyas actitudes y opiniones son similares a las nuestras.
Uno de los factores que también influye en el establecimiento de relaciones afectivas es la existencia de reciprocidad en la relación.
Atractivo Físico:
Existe un acuerdo general entre las personas de diferentes culturas en los rasgos que se consideran atractivos.
Aunque las teorías evolucionistas explican en parte este alto acuerdo inter-cultural, existen una serie de hechos que cuestionan esta hipótesis. El argumento evolucionista que mejor explica este acuerdo es aquel que afirma que el atractivo es un indicador general de buena salud.
Las personas perciben, evalúan y tratan de forma más favorable a las personas atractivas. Aunque esta tendencia a percibir que ‘lo que es bello es bueno’ es común en todas las culturas estudiadas, lo que difiere son los rasgos positivos que se infieren.
La afiliación y la atracción pueden dar paso al establecimiento de relaciones amorosas.
Dentro del amor podemos distinguir dos tipos básicos como son el amor pasional y el amor romántico. La fuerte atracción sexual inicial puede dar lugar en un plazo de dos años en un amor de compañero.
Psicólogos, antropólogos y otros estudiosos creen que el amor es un fenómeno universal, aunque su significado concreto puede variar notablemente de una cultura a otra en diferentes épocas.
Las personas de los países más desarrollados, individualistas, masculinos y menos jerarquizados son las que consideran de forma más importante que el amor es un requisito imprescindible para establecer relaciones íntimas.
Capítulo 15: Relaciones Íntimas: Atracción, Amor y Cultura 23

Los estilos de amor más valorados en orden de importancia son el amor erótico, seguido del estilo storge, manía, ludus y pragma.
Los estilos de amor storge y pragma se valoran más en las culturas colectivistas, con un menor desarrollo socio-económico, de baja evitación a la incertidumbre y con mayor distancia jerárquica. El amor ludus también es más valorado en las culturas colectivistas, de bajo desarrollo socio-económico y de baja evitación de la incertidumbre.
Las mujeres valoran más positivamente el amor pragma y storge, mientras que valoran más negativamente el amor ludus y el amor ágape.
El amor storge es más valorado por las mujeres de las sociedades colectivistas y con un menor desarrollo social, y son las mujeres de los países individualistas y masculinos las que valoran de forma más importante el amor pragma.
En prácticamente todos los países, el amor es la condición más importante para establecer relaciones íntimas y es más valorado que el atractivo físico, la buena salud, el status social, el ser buen amo/a de casa y la castidad.
El amor y el atractivo físico son más valorados en las culturas individualistas, menos jerarquizadas y con un mayor desarrollo social, mientras que la castidad, el status social y la buena salud son más importantes en sociedades con menos recursos y muy jerarquizadas.
La mayoría de las diferencias que se han encontrado entre sexos a la hora de valorar la importancia de distintos estilos de amor y de los criterios para establecer una pareja íntima están de acuerdo con las hipótesis planteadas por la perspectiva evolucionista.
24 Psicología Social, Cultura y Educación

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