De Cossío, Ignacio: Cossío y los Toros

El aprendizaje taurino de Cossío se realizó, por consi-guiente, en Salamanca –lo mismo que le ocurriera a su sobrino y autor del libro que glosamos–, donde si, primero, tuvo inten-sos contactos con los ganaderos y las dehesas, con las ganade-


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Revista de Estudios TaurinosN.º 11, Sevilla, 2000, págs. 279-298Cossío y los Torosde Alba, Madrid, Espasa-Calpe, 1999, vol. 11 de la nuevaLa Tauromaquiacubierta de Tasmania, cubierta en pasta dura.
Cossío y los TorosCasona de Tudanca.
Maestro. Yes precisamente este sacrificio cruento, esa san-abrigásemos alguna duda, Lorca, como se apercibe Amorós,lar, de eficacia demoledora... «Que no hay cáliz que la con-ca a un niño que lleva una «blanca sábana». Amorós recuer-bajo la apariencia inocente e infantil, el ángel exterminador,el que anuncia el sacrificio. Amedida que releemos el modelo ejemplar del andaluz y, más allá, como nos ha per-mitido descubrir el libro de Amorós, se funde, en una inquie-Fundación de Estudios Taurinos
Pedro Romero de Solís
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torero de Gelves (Sevilla), hoy, sin embargo, más conocido. Así pues, según dijera el ara-en la Real Academia de la Lengua, de Cossío: La pertenencia de Cossío a la Academia, desde el pri-Real Academia, sigamos al autor que nos precisa que sutío, aunque nacido en Valladolid en 1892 era, por líneada familia conserva desde el siglo XVun hermoso castillo–y de Tudanca (Santander) –en cuya casona Cossío gustabatura española más extraordinarios que hayan existido, hoy,
Recensiones de libros
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Cossío y los torosLos toros: tratadoobra fue proseguida por Díaz Cañabate y, recientemente,Los Toros en la Poesía Castellana.Estudio y Antologíamás importante que a la sazón otorgaba la Real Academiade la Lengua y con el que alcanzó, en primer lugar, la famay, en segundo, el salvoconducto necesario para que las ins-zo de los toros, y, tercero, a instancias de Juan Ignacio Lucade Tena, Gregorio Marañón y Eugenio d’Ors, la propiaentrada en dicha Academia (1949). Ylo que son las coinci-
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una relación personal a raíz de haberlo visitado en su habita-matador, con el ganadero Alipio Pérez-Tabernero, hermano deotros tantos ganaderos: Graciliano, Antonio y Argimiro. Conmotivo de la presentación que hiciera de Antonio Pérez-Tabernero en Madrid previa a un discurso que debía pronun-en la memoria... y a Antonio [Pérez-Tabernero] y todos lossuyos que me enseñaron a quererlo. Va a hablarnos Antonioimaginarme que vuelvo a pisar sus dehesas. Ya guarecermebajo las encinas del Villar y de San Fernando, del Campillo y
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«En la ciudad del Tormes vivió José María, concretamen-te en el viejo hotel del Comercio; a lo largo de sus dos añosvelty, en la majes-yor, hasta que,la plaza de Anayadonde surge en lossu sobrino Ignacio, fue a lo largo de toda su vida un acendra-
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Fig. n.º 22.– Fachada de estilo gótico de la casafamiliar de los Cossío en Sepúlveda (Segovia)(Cossío, I., 1999: 160-161).
cio Sánchez Mejías, en particular. Cossío Pérez de Mendozaprejuicios «europeizantes» de la generación literaria anterior,sío, junto con Gerardo Diego, fue el principal organizador delcatar» la obra poética de dicho autor, entonces, olvidado,
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Los Toros. Tratado técnico e históricoadornándose ante una becerra en el Villar de los Álamos (Salamanca) (Cossío, I.,
“Hernandinos”, “San Fernando”, “El Villar de losLlen”, “Terrubias” o “Carreros”, entre otros, pues con sulargos inviernos, eran signos evidentes de su extensa dura-de la madrugada. Allí se discutía de campo, de toros, decaballos, de poesía, de pintura, de Tudanca, de Salamanca,el ingenio y la energía desborante de su antepasado. Jaime y Agustín de Foxá, el Conde de Colombí, MarcialRevista de Estudios Taurinos
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Advertencias y reglaspara torear a caballo, ellos a los siglos XVII y XVIII. Todos estos históricos textostoreros célebres, y entre otras figuran las de Antonio Rever-(el Espartero) (Tragabuches). peñas, bares, tabernas y viejos aficionados del lugar, a las últi-Tudanca» (I. Cossío, 1999: 88).
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diciembre al acto celebrado en el Ateneo de Sevilla comociaron en una postal firmada por Gerardo Diego, José Berga-mín, Dámaso Alonso y Jorge Guillén que llevaba, a modo detu ausencia...»– que apostilló Rafael Alberti con un «¡Quévergüenza!» (I. Cossío, 1999: 83).Los Torosdocumentación taurina en el Archivo Histórico Nacional, en laTratadoLos Toros,
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siglo pasado. Allí encontró a Juan Pablo Pérez Caballero, unra a la habitación del matador. Una vez allí, conoció al jovenganadero charro Alipio Pérez-Tabernero como ya he tenidoocasión de comentar. En la habitación José Gómez Ortega se
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Academia de la Lengua ante su director, a la sazón, 1948, Ramón Menéndez
por el general Varela que le conmutó la pena de muerte por cár-ahora, en atención a la delicada salud del poeta. No pudo ser.moría en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alican-soportar los rigores del frío invernal. Años después, por expre-
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parte del patronato del Museo Taurino de Las Ventas y a serinvitado a integrarse en el Club Taurino de Nueva York. Es,das y, con ese motivo,
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de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de
Revista de Estudios Taurinos.dad sorprendente y, como un miembro más de la cuadrilla,y los mismos restaurantes» y, mientras tanto, mira y admira«En la Casona de Tudanca aún se guarda el “billete kilomé-Los torosto que le lleva a presidir el Club Taurino de Madrid, a formar
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»Yla mujer que quiero, »Yusted, José Mari... Ustedes mis amigos que adorna las montañas de Tudanca
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el saludo gentil, que allá en Tudanca »Tu carta iba leyendo
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Cossío y los TorosUniversidad de Sevilla y sevillano de adopción, y AntonioEn efecto, en los salones del café Aquarium, del Kutzen la Gran Vía, Lyon d’Or de la calle Peligros, el café Lyon
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Mariano Cossío. Casona de Tudanca (Santander) (García-Ramos y Narbona,
Cossío y los Toros1934, cuando ambos estaban participando en los cursos orga-de los ruedos. Tal fue su influencia en su profesión y con suRevista de Estudios Taurinos
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Un ejemplar mecanografiado de la misma, no sé si original o copia, se halladepositado en el Museo de García Lorca de Fuentevaqueros (Granada)..
Curro Romero. En las tertulias del Lyon d’Or se dejabanépoca como los Pérez-Taberneros ya citados por otro moti-vo, García-Aleas y Atanasio Fernández de Salamanca;Pepe Cova, Salvador Guardiola y Antonio Urquijo de Sevi-lla, etc... Yallí, en medio, siempre... ¡Cossío! En fin, aun-actores de la Tauromaquia en dicha agitación (I. Cossío,Los Toroslos dos buques insignias de la editorial Espasa-Calpe y, comohablar ni para escribir de toros. Todavía en estos días cual-las bibliotecas más importantes de Europa y América o deCambridge y Oxford, las americanas Yale y Harvard, lasRoma y las rusas de Moscú y San Petersburgo, entre otras
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Ignacio Zuloaga, el bailarín Miguel Albaicín, los toreros JuanFernando Domínguez, Rafael Albaicín y Rafael Pérez de Ayala, José María Pemán, Eugenio Montes y CésarGonzález Ruano; con los apoderados Miguel Prieto y ArturoBarrera, la dama sevillana María Teresa Pickman y otrasvez mayor de tertulianos. En la del Lyon d’Or se sentaban elacadémico Dámaso Alonso, el cineasta y escritor EdgarVivanco, Dionisio Ridruejo, Adriano del Valle, LeopoldoPanero, entre otros. Así, a lo largo de la tarde se iban reu-Aestas tertulias, al principio, acudían pocos toreroscomo Antonio y Pepe , Manolo Vázquez
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Revista de Estudios TaurinosN.º 11, Sevilla, 2000, págs. 299-304Burgos, Antonio: Curro Romero. La esencia
Fig. n.º 27.– Cubierta del libro Curro Romero. La esencia, de Antonio Burgos.
Cossío y los TorosEdad de Oro de la Tauromaquia, a los historiadores de la Cul-AIgnacio de Cossío mi felicitación y mi gratitud porva, de la que su protagonista se sentiría doblemente orgullo-Fundación de Estudios Taurinos
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torero de Gelves (Sevilla), hoy, sin embargo, más conocido. Así pues, según dijera el ara-en la Real Academia de la Lengua, de Cossío: La pertenencia de Cossío a la Academia, desde el pri-Real Academia, sigamos al autor que nos precisa que sutío, aunque nacido en Valladolid en 1892 era, por líneada familia conserva desde el siglo XVun hermoso castillo–y de Tudanca (Santander) –en cuya casona Cossío gustabatura española más extraordinarios que hayan existido, hoy,
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Cossío y los torosLos toros: tratadoobra fue proseguida por Díaz Cañabate y, recientemente,Los Toros en la Poesía Castellana.Estudio y Antologíamás importante que a la sazón otorgaba la Real Academiade la Lengua y con el que alcanzó, en primer lugar, la famay, en segundo, el salvoconducto necesario para que las ins-zo de los toros, y, tercero, a instancias de Juan Ignacio Lucade Tena, Gregorio Marañón y Eugenio d’Ors, la propiaentrada en dicha Academia (1949). Ylo que son las coinci-
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una relación personal a raíz de haberlo visitado en su habita-matador, con el ganadero Alipio Pérez-Tabernero, hermano deotros tantos ganaderos: Graciliano, Antonio y Argimiro. Conmotivo de la presentación que hiciera de Antonio Pérez-Tabernero en Madrid previa a un discurso que debía pronun-en la memoria... y a Antonio [Pérez-Tabernero] y todos lossuyos que me enseñaron a quererlo. Va a hablarnos Antonioimaginarme que vuelvo a pisar sus dehesas. Ya guarecermebajo las encinas del Villar y de San Fernando, del Campillo y
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«En la ciudad del Tormes vivió José María, concretamen-te en el viejo hotel del Comercio; a lo largo de sus dos añosvelty, en la majes-yor, hasta que,la plaza de Anayadonde surge en lossu sobrino Ignacio, fue a lo largo de toda su vida un acendra-
Pedro Romero de Solís
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Fig. n.º 22.– Fachada de estilo gótico de la casafamiliar de los Cossío en Sepúlveda (Segovia)(Cossío, I., 1999: 160-161).
cio Sánchez Mejías, en particular. Cossío Pérez de Mendozaprejuicios «europeizantes» de la generación literaria anterior,sío, junto con Gerardo Diego, fue el principal organizador delcatar» la obra poética de dicho autor, entonces, olvidado,
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Los Toros. Tratado técnico e históricoadornándose ante una becerra en el Villar de los Álamos (Salamanca) (Cossío, I.,
“Hernandinos”, “San Fernando”, “El Villar de losLlen”, “Terrubias” o “Carreros”, entre otros, pues con sulargos inviernos, eran signos evidentes de su extensa dura-de la madrugada. Allí se discutía de campo, de toros, decaballos, de poesía, de pintura, de Tudanca, de Salamanca,el ingenio y la energía desborante de su antepasado. Jaime y Agustín de Foxá, el Conde de Colombí, MarcialRevista de Estudios Taurinos
Pedro Romero de Solís
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Advertencias y reglaspara torear a caballo, ellos a los siglos XVII y XVIII. Todos estos históricos textostoreros célebres, y entre otras figuran las de Antonio Rever-(el Espartero) (Tragabuches). peñas, bares, tabernas y viejos aficionados del lugar, a las últi-Tudanca» (I. Cossío, 1999: 88).
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diciembre al acto celebrado en el Ateneo de Sevilla comociaron en una postal firmada por Gerardo Diego, José Berga-mín, Dámaso Alonso y Jorge Guillén que llevaba, a modo detu ausencia...»– que apostilló Rafael Alberti con un «¡Quévergüenza!» (I. Cossío, 1999: 83).Los Torosdocumentación taurina en el Archivo Histórico Nacional, en laTratadoLos Toros,
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siglo pasado. Allí encontró a Juan Pablo Pérez Caballero, unra a la habitación del matador. Una vez allí, conoció al jovenganadero charro Alipio Pérez-Tabernero como ya he tenidoocasión de comentar. En la habitación José Gómez Ortega se
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Academia de la Lengua ante su director, a la sazón, 1948, Ramón Menéndez
por el general Varela que le conmutó la pena de muerte por cár-ahora, en atención a la delicada salud del poeta. No pudo ser.moría en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alican-soportar los rigores del frío invernal. Años después, por expre-
Pedro Romero de Solís
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parte del patronato del Museo Taurino de Las Ventas y a serinvitado a integrarse en el Club Taurino de Nueva York. Es,das y, con ese motivo,
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de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de
Revista de Estudios Taurinos.dad sorprendente y, como un miembro más de la cuadrilla,y los mismos restaurantes» y, mientras tanto, mira y admira«En la Casona de Tudanca aún se guarda el “billete kilomé-Los torosto que le lleva a presidir el Club Taurino de Madrid, a formar
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»Yla mujer que quiero, »Yusted, José Mari... Ustedes mis amigos que adorna las montañas de Tudanca
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el saludo gentil, que allá en Tudanca »Tu carta iba leyendo
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Cossío y los TorosUniversidad de Sevilla y sevillano de adopción, y AntonioEn efecto, en los salones del café Aquarium, del Kutzen la Gran Vía, Lyon d’Or de la calle Peligros, el café Lyon
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Mariano Cossío. Casona de Tudanca (Santander) (García-Ramos y Narbona,
Cossío y los Toros1934, cuando ambos estaban participando en los cursos orga-de los ruedos. Tal fue su influencia en su profesión y con suRevista de Estudios Taurinos
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Un ejemplar mecanografiado de la misma, no sé si original o copia, se halladepositado en el Museo de García Lorca de Fuentevaqueros (Granada)..
Curro Romero. En las tertulias del Lyon d’Or se dejabanépoca como los Pérez-Taberneros ya citados por otro moti-vo, García-Aleas y Atanasio Fernández de Salamanca;Pepe Cova, Salvador Guardiola y Antonio Urquijo de Sevi-lla, etc... Yallí, en medio, siempre... ¡Cossío! En fin, aun-actores de la Tauromaquia en dicha agitación (I. Cossío,Los Toroslos dos buques insignias de la editorial Espasa-Calpe y, comohablar ni para escribir de toros. Todavía en estos días cual-las bibliotecas más importantes de Europa y América o deCambridge y Oxford, las americanas Yale y Harvard, lasRoma y las rusas de Moscú y San Petersburgo, entre otras
Recensiones de libros
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Ignacio Zuloaga, el bailarín Miguel Albaicín, los toreros JuanFernando Domínguez, Rafael Albaicín y Rafael Pérez de Ayala, José María Pemán, Eugenio Montes y CésarGonzález Ruano; con los apoderados Miguel Prieto y ArturoBarrera, la dama sevillana María Teresa Pickman y otrasvez mayor de tertulianos. En la del Lyon d’Or se sentaban elacadémico Dámaso Alonso, el cineasta y escritor EdgarVivanco, Dionisio Ridruejo, Adriano del Valle, LeopoldoPanero, entre otros. Así, a lo largo de la tarde se iban reu-Aestas tertulias, al principio, acudían pocos toreroscomo Antonio y Pepe , Manolo Vázquez
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